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El sistema del perro agente - Capítulo 181

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181: Poder Perruno 181: Poder Perruno “Bien, ahora continuaré con lo mío.

Para ello necesito eliminarlos”, les dijo Zeus a todos con una frialdad escalofriante.

Su voz resonó como un eco ominoso mientras su figura irradiaba energía oscura, como si el mismo aire a su alrededor estuviera cargado de electricidad estática.

“¡No!

¡Podbe!” gritó Aiden al ver el cráter que dejó el ataque de Zeus con su poder devastador y no encontrar rastro alguno de su amigo Podbe.

Su voz se quebró, llena de desesperación, mientras sus ojos recorrían el paisaje destrozado en busca de alguna señal de vida.

La ausencia de Podbe era como un vacío que se expandía en el corazón de todos los presentes.

Melisa, observando la escena desde su posición, murmuró con desánimo: “Todo está perdido.” Sus palabras reflejaban la sensación de derrota que comenzaba a apoderarse de los espectadores en sus respectivos lugares.

Algunos lloraban en silencio, otros se cubrían el rostro con las manos, y muchos sentían una impotencia abrumadora al ver cómo el malo parecía salirse con la suya.

Zeus, cargado de energía e ira, comenzó a acercarse hacia los agentes, cada paso resonando como un trueno que anunciaba la tormenta que estaba por desatarse.

Pero entonces, una voz familiar resonó en el aire: “NOVA STOMP.” Una sombra descendió rápidamente desde el cielo, ejecutando una patada aérea devastadora que impactó directamente en el rostro de Zeus.

El golpe fue tan poderoso que el dios salió despedido hacia el suelo, rebotó con fuerza y cayó varios metros más allá.

Ian, notando el cambio en la atmósfera, llamó a Melisa, quien había bajado la cabeza, convencida de que Zeus había ganado con su ataque anterior.

Al ver a Podbe de nuevo en escena, su desánimo se transformó en entusiasmo renovado.

“¡Esperen!

¡Podbe está de vuelta!”, exclamó Melisa con una mezcla de asombro y alegría.

Con renovada energía, continuó narrando la batalla frente a ella, transmitiendo cada detalle a los espectadores.

La gente que miraba la transmisión estalló en vítores, sintiendo que aún había esperanza en medio de la desesperación.

“¡Podbe!” gritaron todos al verlo descender majestuosamente y mandar nuevamente lejos al villano.

Si ese es el poder que tienes, debes de ser muy débil”, le dijo Podbe con calma, dirigiendo su mirada hacia donde Zeus había caído.

“¡Eso es, muchacho!” dijo Aiden con entusiasmo.

“¡Acaba con él!” añadió Reia, aunque su tono tenía un deje de preocupación.

Sin embargo, Podbe simplemente se quedó mirando a Zeus, confiado de que, si ese era todo el poder de su adversario, la batalla acabaría en cualquier momento.

“Pero qué obstinado este perro”, comentó Reia con una mezcla de frustración y admiración.

“¿Es que el poder se le subió a la cabeza?

Tiene una actitud altanera y poco responsable”, añadió, cruzándose de brazos.

“¡Vamos, amigo!

¡Acaba con ese sujeto!

¡Dale su merecido!” gritaban Billy y María, animando a Podbe con fervor.

Mientras tanto, Zeus, tendido en el suelo, se curaba lentamente.

“¿Cómo mi ataque falló?” se decía a sí mismo, furioso y confundido.

“Tonto animal, no me dejarás en ridículo.” Con un rugido ensordecedor, Zeus se levantó y se lanzó nuevamente hacia Podbe, cargado de energía eléctrica.

Golpeaba el pecho y el rostro de Podbe una y otra vez, pero sus ataques no parecían tener efecto.

“¿Qué imposible?” murmuró Zeus, incrédulo ante la resistencia de su oponente.

Entonces, Podbe lo miró directamente a los ojos y dijo con calma: “Te voy a enseñar el verdadero poder.” Gritando con fuerza, Podbe invocó su habilidad: “¡Poder Perruno!” Sus guantes, que ya se asemejaban a patas de lobo, comenzaron a brillar intensamente.

Las almillas en la palma de sus manos emitieron un resplandor azul vibrante, casi cegador.

Sin perder un segundo, lanzó miles de golpes embebidos en fuego azul, moviéndose a una velocidad tan vertiginosa que ni el ojo humano podía seguirlo.

Zeus, sin embargo, podía ver cada golpe con claridad.

Cada uno acertaba su objetivo con precisión implacable, enviándolo nuevamente a volar y dejándolo en ridículo frente a todos.

“¡Poder Perruno!

¿Qué es eso?” dijeron Aiden, Billy y Reia al unísono, sus voces llenas de asombro y curiosidad.

“Es algo que se me ocurrió,” dijo Podbe con calma, como si la pregunta fuera algo trivial.

“Qué original,” indicó Azulema en tono sarcástico, arqueando una ceja mientras cruzaba los brazos.

Su expresión reflejaba una mezcla de admiración y diversión, como si disfrutara del ingenio poco convencional de Podbe.

En la cabina donde Melisa y los demás estaban observando la batalla, Choy comentó: “Bueno, es un perro, y pues… nada más por eso dijo esa frase, pienso yo.” El profesor, pensativo, añadió: “He escuchado eso antes… pero ¿dónde?” Se llevó una mano al mentón, sumido en sus pensamientos, mientras intentaba recordar el origen de aquella frase.

Abajo, Drake le dijo a Eduard: “Me hizo recordar a un dibujo que veía antiguamente.” “Sí, ese de los perros… ¿Cómo se llamaba?” indicó Ezequiel, inclinándose hacia adelante con interés.

Pero antes de que Drake pudiera responder, Zeus volvió cargado de energía y enfurecido, lanzando relámpagos en todas direcciones.

Podbe bloqueó todos los ataques con una especie de esfera azul que creó en sus manos.

La esfera brillaba intensamente, absorbiendo los rayos como si fueran meras chispas.

Con un movimiento fluido, redirigió la energía acumulada hacia su enemigo.

Zeus fue golpeado una y otra vez por sus propios ataques, ahora devueltos con mayor fuerza.

Con la ropa un poco destrozada en el torso, Zeus salió con sangre en la boca.

Se tocó las heridas, hirviendo de rabia, y estas se restauraron mágicamente mientras él se paraba nuevamente.

En su mente, decidió: Voy a subir mi poder al 75 por ciento.

Al hacerlo, su cuerpo comenzó a transformarse.

Sus músculos se endurecieron como si fuera una persona que había entrenado durante años, volviéndose más sólido y resistente.

Su aura eléctrica brillaba con una intensidad abrumadora, iluminando el campo de batalla como un sol oscuro.

Zeus volvió al ataque con una ferocidad renovada.

Desde sus brazos parecían emanar anguilas eléctricas que serpenteaban desde su codo hasta sus dedos, brillando con un fulgor azul intenso que iluminaba el campo de batalla como relámpagos encadenados.

Haciendo un puño, embistió a Podbe con una fuerza devastadora.

El impacto resonó como un trueno lejano, lanzando a Podbe varios metros hacia atrás.

Su cuerpo fue desplazado como si fuera una hoja arrastrada por una tormenta feroz, dejando marcas profundas en el suelo mientras intentaba recuperar el equilibrio.

Zeus parecía moverse como una estrella fugaz, rápida e imparable, surcando el aire con una velocidad sobrehumana.

Golpeaba sin dar tregua a Podbe, cada ataque cargado de energía eléctrica que chisporroteaba y crepitaba al entrar en contacto con el cuerpo de su oponente.

Cada impacto hacía retroceder más y más a Podbe, quien comenzaba a moverse como si una fuerza invisible lo empujara hacia atrás, luchando contra una presión abrumadora que amenazaba con aplastarlo.

El aire vibraba con cada golpe, lleno de electricidad estática que erizaba la piel de quienes observaban desde lejos.

La tierra bajo sus pies se agrietaba y levantaba nubes de polvo, como si el propio suelo no pudiera soportar la magnitud del enfrentamiento.

Podbe, aunque resistiendo con tenacidad, comenzaba a mostrar signos de fatiga.

Sus movimientos, antes fluidos y precisos, ahora parecían más forzados, como si algo más allá de los ataques físicos de Zeus estuviera drenando su energía.

“¡Ahora ya no te crees tanto, ¿eh?!

¡Tonto animal!” decía Zeus mientras le propinaba una paliza implacable.

Su voz era un rugido constante, cargado de odio y arrogancia.

Sin embargo, Podbe levantó una ceja y respondió con calma: “Me aburres.” Comenzó a bloquear los ataques nuevamente, esta vez con una técnica diferente.

De sus nudillos surgieron rayos que se transformaron en sogas luminosas, atando las manos de Zeus con precisión quirúrgica.

Luego, de sus palmas emergieron dos estrellas brillantes que, al juntarse, crearon un rayo descomunal.

“STAR RAY,” anunció Podbe, su voz resonando con autoridad.

“A ver si esta energía la puedes responder.” Con un gran estruendo, el rayo atravesó el campo de batalla como un torrente desbordado de energía pura, destruyendo una de las paredes de la base y haciendo desaparecer a Zeus en el acto.

El impacto iluminó el área como un amanecer violento, cegador y abrasador, mientras la luz reverberaba en cada rincón del campo de batalla.

El cráter humeante dejado por el ataque se extendía como una herida abierta en la estructura de la base, desgarrando el metal reforzado y exponiendo sus entrañas mecánicas al aire frío.

Trozos de escombros caían desde lo alto, creando ecos sordos al impactar contra el suelo.

Una atmósfera cargada de energía residual flotaba en el ambiente, como si el aire mismo estuviera impregnado de electricidad estática.

Pequeñas chispas saltaban entre los restos metálicos dispersos, mientras el olor acre de metal quemado invadía los sentidos.

La escena era apocalíptica: nubes de polvo y humo se elevaban lentamente desde el cráter, mezclándose con el resplandor residual del rayo.

El silencio que siguió fue opresivo, como si la propia tierra contuviera el aliento, esperando alguna señal de movimiento o vida.

Sin embargo, Zeus había desaparecido completamente, tragado por la devastación del ataque.

“Creo que con eso basta,” dijo Podbe, cruzándose de brazos.

“Ese sujeto es muy débil.” “¡Ay, no!

Se volvió todo un presumido y se le alzaron los humos,” dijo Reia, alzando una ceja con una mezcla de exasperación y diversión.

“Bien, creo que ya todo acabó,” dijo Podbe al acercarse a Aiden.

“Ya nos podemos ir,” les indicó, su tono sereno pero firme.

“¡Ah!

¡Maldición!

¿Cómo ese perro me puede estar ganando?

Nadie debería poder obtener tanto poder con este sistema… Yo mismo debo obtenerlo para mi beneficio.

Se lo arrancaré de su cuerpo frío una vez que lo derrote,” pensó Zeus con furia desbordante.

Su mente bullía de rabia mientras culpaba a otros por su humillación.

“Toda la culpa la tiene ese mocoso Aiden.

Si no lo hubiera encontrado, esto no estaría pasando.

¿Por qué tenían que estar esos dos juntos?

Acabaré con ambos; ya no son necesarios.” Zeus estaba endemoniado por perder contra Podbe, incapaz de razonar.

La frustración lo consumía por completo.

“No me queda de otra… Debo subir mi poder al 100 por ciento.” Pero entonces, la imagen de Gol apareció en su mente, interrumpiendo sus pensamientos.

“No.

Si subes tu poder al 100 por ciento en el estado en el que se encuentra tu mente, no podrás controlarlo.

Destruirás todo a tu paso, incluso la Tierra.

¿Es que acaso no quieres gobernarla?

Si la destruyes, no tendrás ni siquiera un reino.” “¡No dejaré que ese animal me deje en ridículo!” respondió Zeus, ignorando las advertencias de Gol.

“¡Te dije que no me estén dando órdenes!

¡Yo soy todopoderoso!” Con un rugido ensordecedor, Zeus agarró a Gol del cuello, tal como había hecho con Eros, y comenzó a absorber su energía.

“¡No!

¡Detente, maldito!

¡Esto será tu error y tu perdición!” gritaba Gol mientras era absorbido, su voz desgarrada por el dolor y la desesperación.

Sus palabras resonaban como ecos distantes, entrecortadas y cada vez más débiles, mientras su cuerpo comenzaba a desvanecerse lentamente, como si fuera consumido por una fuerza invisible.

Pero ya era tarde.

Zeus no entendía razones.

Su mente estaba cegada por la ira y la ambición, incapaz de escuchar advertencias o considerar las consecuencias de sus actos.

Con un último grito agonizante, Gol desapareció por completo, dejando tras de sí solo un vacío ominoso.

Al terminar de absorber la energía y esencia de Gol, algo inusual ocurrió: una gota de un líquido oscuro emergió del cuerpo de Zeus, brillando con un resplandor siniestro que parecía pulsar con vida propia.

La gota cayó al suelo con un sonido casi imperceptible, pero su impacto fue inmediato.

El lugar donde tocó el suelo comenzó a humear ligeramente, como si el líquido estuviera devorando la materia misma.

Luego, desapareció sin dejar rastro, fundiéndose con la tierra como una sombra que se disuelve en la oscuridad.

El aire a su alrededor parecía más denso, cargado de una energía opresiva que hacía difícil incluso respirar.

Era como si el mismo ambiente estuviera reaccionando al oscuro poder que ahora fluía dentro de Zeus, una fuerza que ni él mismo podía controlar por completo.

Entre los escombros en los que se encontraba, Zeus comenzó a sentir un gran dolor interno.

Su boca se cerró repentinamente, como si alguna magia desconocida lo hubiera paralizado.

Gruñó de frustración, pero su cuerpo parecía haber perdido momentáneamente el control.

“¡Y ya!” dijo Choy, levantando los brazos con entusiasmo.

“¡Al fin vencieron a ese loco!” exclamó Michele, suspirando aliviada.

“Así parece,” indicó el profesor Kile, observando la estela de destrucción que dejó el ataque de Podbe.

Melisa, con una sonrisa de satisfacción en el rostro, anunció: “Entonces, señoras y señores, la batalla ha concluido.” Quiso abrazar a Ian y Greg, pero algo en su interior le decía que algo no cuadraba.

Una sensación incómoda recorrió su espina dorsal, como un presentimiento oscuro que no podía ignorar.

Abajo, en el campo de batalla, Podbe bajó la guardia por unos segundos, dirigiéndose hacia Aiden con una expresión de alivio en su rostro.

Este último venía corriendo hacia él, con los brazos extendidos, pensando que la pelea había terminado y que finalmente podrían celebrar la victoria.

Sin embargo, justo antes de que pudieran tocarse, Podbe sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

Algo perturbó sus sentidos, como una advertencia silenciosa pero urgente.

En la distancia, distinguió una voz fría y resonante pronunciar: “JUDGMENT BOLT.” Con un movimiento rápido e instintivo, Podbe empujó a Aiden a un lado, salvándolo de un peligro inminente.

El rayo, una estela de luz finísima pero letal, atravesó el aire con una velocidad sobrehumana y se clavó directamente en el pecho de Podbe.

El impacto fue devastador, como si una lanza de energía pura lo hubiera empalado.

El golpe lo lanzó hacia atrás con una fuerza brutal, su cuerpo deslizándose varios metros sobre el suelo mientras dejaba una estela de sangre que brillaba bajo la tenue luz del campo de batalla.

La sangre se derramaba en un rastro espeso y oscuro, marcando su trayectoria hasta que finalmente cayó pesadamente, inmóvil.

El silencio que siguió fue ensordecedor.

El aire parecía vibrar aún con la energía residual del ataque, mientras los presentes observaban con horror cómo el cuerpo de Podbe quedaba tendido en el suelo, inerte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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