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El sistema del perro agente - Capítulo 182

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  4. Capítulo 182 - 182 100 Por Ciento Maldad
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182: 100 Por Ciento, Maldad 182: 100 Por Ciento, Maldad Podbe cayó al suelo con un golpe sordo, el sonido resonó como un eco distante mientras su cuerpo quedaba inmóvil.

Todos sus sentidos se apagaron, sumiéndolo en una oscuridad absoluta.

Solo podía escuchar, débilmente, la voz de Aiden a lo lejos, desesperada y llena de culpa.

“¡No!

¡Podbe, es mi culpa!

Ese rayo venía para mí y tú me empujaste para protegerme… Debí haber muerto yo.

¡No!

¡Reacciona, amigo mío!” gritaba Aiden mientras trataba de hacer reaccionar a Podbe, sacudiéndolo con fuerza, pero sin resultado.

Sus manos temblaban, y lágrimas silenciosas comenzaron a rodar por su rostro.

Todos miraron horrorizados el panorama, paralizados por la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

En su mente, Podbe repetía: “Lo siento, Aiden… No pude cumplir mi promesa de siempre estar junto a ti, pero lo bueno es que te pude salvar.

¡Lo siento!” Pero las palabras no salían de su boca; solo resonaban dentro de su mente, atrapadas en un cuerpo que ya no respondía.

Mientras tanto, Zeus limpió el polvo de sus manos con un gesto arrogante.

Con un solo pisotón, la electricidad en sus pies hizo que todo el techo desapareciera, dejando ver un vasto océano a su alrededor.

El horizonte se extendía infinito, iluminado por destellos oscuros que emanaban de su figura.

“Cuidado,” advirtió Adrián rápidamente.

Junto con Rafael, crearon grandes platos de metal que flotaban en el aire, desviando los trozos de tierra y metal que salieron disparados por la explosión.

Sin embargo, era evidente que estaban luchando contra algo mucho más poderoso que ellos.

“Todo esto es su culpa.

Ahora tendré que rehacer las cosas con mi poder.” Zeus estaba endemoniado.

La carga eléctrica que emanaba de su cuerpo cambió a un color negro y rojo, oscuro y amenazante.

Sus ojos brillaban con un fulgor carmesí, y toda su ropa se transformó en un traje negro que parecía tragarse la luz a su alrededor.

Desbordaba energía maligna de su ser, una presencia opresiva que hacía difícil incluso respirar.

Con cada paso que daba, todo a su alrededor se iba convirtiendo en polvo.

Repetía una y otra vez, con una voz fría y despiadada: “Yo solo quiero que mi mundo sea solo mío.

Y si tengo que erradicar y purgarlo, lo haré.” Zeus se teletransportaba con cada paso que daba, acercándose inexorablemente hacia donde estaba Aiden.

“¡No!

¡No te le acerques!” gritaron sus amigos, pero fueron repelidos por la sola presencia de Zeus, lanzados por los aires como hojas arrastradas por un huracán.

Menos mal que Leila actuó rápido y los sostuvo con su telequinesis, evitando que terminaran gravemente heridos.

“No está en sí,” dijo Drake, observando con preocupación cómo Zeus avanzaba erráticamente.

“Sí, parece errático y quiere a Aiden,” indicó Eduard, señalando al villano con urgencia.

“Rápido, debemos de protegerlo,” dijo Adía con determinación.

“Pero eso es imposible.

Ese sujeto está a otro nivel,” respondió Azulema, cruzándose de brazos, pero con una expresión de angustia en su rostro.

“Lo sé, pero debo intentar salvar a mi nieto,” afirmó Adía con firmeza.

Adía comenzó a crear campos de fuerza con varias capas, uno tras otro, tratando de proteger a Aiden.

Pero con un solo dedo, Zeus destruía cada barrera como si fuera la cáscara de un huevo.

Megumi intentó crear una barrera de tierra, pero esta fue pulverizada al instante por Zeus.

Su avance era implacable e inevitable.

Floud lanzó poderes mágicos, pero parecía que eran absorbidos como un vórtice al pasar cerca de Zeus.

Riota iba a intervenir, pero Gat lo detuvo y le indicó que no arriesgara su vida.

“Ese sujeto es mucho para ti,” le dijo con gravedad.

Aragón también intentó atacar, lanzando sus ataques de AURA conjuntamente con otros aliados, pero ni siquiera estos le hicieron cosquillas a Zeus.

El villano caminaba erráticamente, decidido a acabar con Aiden, culpándolo de su fracaso y de haber forzado su poder al límite.

Drake utilizó su poder, creando armas y herramientas con rapidez, pero sus creaciones eran destruidas al instante, igual que las de Amaya.

Los demás intentaron atacar cuerpo a cuerpo, lanzándose hacia Zeus con determinación desesperada, pero con un simple golpe de sus dedos medio y pulgar, los repelía como si fueran marionetas rotas.

Nada parecía detener su avance.

“Debes irte.

Usa tus portales para escapar de aquí,” indicó Adía mientras lanzaba hechizos tras hechizos, tratando de frenar el implacable avance de Zeus.

Pero Aiden, paralizado por la culpa y la angustia, intentó innumerables veces crear portales sin éxito.

Su mente estaba nublada, incapaz de concentrarse mientras veía el cuerpo inerte de Podbe en el suelo.

A su lado, Reia lo tomó de la mano con firmeza.

“Es mejor salir de aquí… Podbe está muerto.

Ya no siento sus latidos,” le dijo, su voz cargada de dolor, pero también de urgencia.

Intentó correr junto con él, jalándolo con fuerza, pero el niño era obstinado.

No quería abandonar el cuerpo inerte de su amigo, incluso cuando sabía que ya no había esperanza.

En ese momento, ambos sintieron cómo algo los inmovilizaba.

Era como si una fuerza invisible los hubiera atrapado, dejándolos completamente indefensos, incapaces de moverse o hablar.

Zeus, con un movimiento casual, lanzó a Adía contra uno de los muros restantes.

Unas estacas eléctricas la sujetaron firmemente, clavándola contra los escombros con una brutalidad fría.

“Nadie te salvará, tonto muchacho,” dijo Zeus, mirando a Aiden con una sonrisa cruel.

Con un gesto amplio, señaló a todos los que lo acompañaban, ahora inutilizados y esparcidos por el suelo.

“Por todo lo que me has causado, tendrás el privilegio de morir por mis propias manos.” Con un movimiento despectivo, arrojó a Reia a un lado como si fuera una hoja de papel.

Luego se acercó a Aiden y lo levantó del suelo con una sola mano, aferrándose firmemente al cuello del muchacho.

“¡Podbe!” gritaba Aiden mentalmente, pero las palabras no salían de su boca.

Sus ojos reflejaban pánico y desesperación mientras luchaba inútilmente por liberarse.

“Me encanta tu expresión,” dijo Zeus con una sonrisa siniestra.

“Una expresión que me satisface: llena de miedo.” Adía, aún atrapada por las estacas eléctricas, intentaba zafarse con todas sus fuerzas.

“¿Es que mi magia no puede hacer nada?”, murmuró con frustración.

Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro mientras veía la escena escalofriante que estaba a punto de desenlazarse frente a ella.

“No puedo perder a Aiden… Él fue bueno y lo acompañé en su viaje.

Además, ¿cómo iba a saber que era mi nieto?

Si no hubiera hecho esa tontería de remover mis pensamientos y de mis seres queridos, nunca hubiera pasado nada de esto…”, se decía a sí misma, consumida por la culpa y el miedo.

Melisa y su grupo observaban la transmisión, horrorizados.

“¿Acaso este es el fin de la humanidad como la conocíamos?”, preguntó Melisa en voz baja, su tono tembloroso reflejando la incredulidad general.

La gente alrededor del mundo miraba consternada, rogando en silencio para que algo, cualquier cosa, detuviera lo que estaba ocurriendo.

Incluso los otros agentes querían intervenir, pero no sabían dónde estaba el lugar exacto o estaban demasiado lejos para llegar a tiempo.

Marie también estaba viendo el video, horrorizada por lo que estaba a punto de suceder.

Sus manos temblaban mientras intentaba procesar la magnitud de la tragedia que se desarrollaba ante sus ojos.

“¡Podbe!”, llamó una voz suave pero firme.

“¿Tú otra vez, nube mujer?”, respondió Podbe con una mezcla de sorpresa y fastidio mientras flotaba en el limbo donde se encontraba.

“¿Nube mujer?

Eso nunca me lo habían dicho,” replicó la figura etérea con una risa ligera.

Luego, su tono se volvió más serio.

“¿Por qué te das por vencido?

Tienes el poder más grande en tus manos, y por una simple herida piensas rendirte.

Mira…” La nube le mostró una escena desgarradora: Zeus sosteniendo a Aiden del cuello, apretando cada vez más fuerte mientras el muchacho luchaba por respirar.

La angustia en los ojos de Aiden era palpable, y el miedo en su rostro hizo que algo dentro de Podbe se encendiera como una chispa en medio de la oscuridad.

“¿Vas a permitir eso, pequeño héroe?

¿Vas a permitir que maten a tu mejor amigo?” preguntó la nube, su voz resonando con urgencia.

“¡No!

¡Nunca!

No me voy a dar por vencido, y menos verlo así.

Esto no puede acabar tan mal,” dijo Podbe con determinación renovada.

Sus palabras vibraban con una fuerza que parecía sacudir el propio limbo.

“Por favor, devuélveme hacia ellos,” pidió Podbe, su voz cargada de desesperación.

“Lo siento, muchacho,” respondió la nube con calma.

“¿Pero no me estás diciendo que debo ir por él?” preguntó Podbe, buscando confirmación.

“Sí, eso sí te dije.

Pero tú mismo puedes ir y salvarlo, muchacho.

Vamos, ¡dale con todo a ese villano!” exclamó la nube antes de desvanecerse por completo, dejando a Podbe solo en el limbo.

En ese momento, una luz brillante envolvió a Podbe mientras lágrimas de determinación rodaban por su rostro.

“Aiden, no dejaré que mueras,” prometió en un susurro que resonó como un juramento.

Mientras tanto, en el mundo real, Zeus reía con crueldad mientras aumentaba la presión sobre el cuello de Aiden.

“Bien, niño, este es tu fin.

Te apretaré poco a poco mientras me deleito con tus gritos de dolor,” dijo con una sonrisa siniestra.

La barrera que inmovilizaba a Aiden comenzó a desaparecer, permitiéndole luchar débilmente contra el agarre implacable de Zeus.

Pero cuanto más luchaba, más fuerte se volvía el apretón, hasta que Aiden apenas podía emitir un gemido de agonía.

“Es que no se puede hacer nada,” murmuró Drake con impotencia, observando la escena con los puños apretados mientras intentaba encontrar una manera de llegar a su nieto.

En ese preciso instante, un grito desgarrador resonó en el aire, como un trueno que atravesó el silencio opresivo.

Era un sonido visceral, cargado de dolor y agonía, que parecía surgir desde lo más profundo del alma.

Su eco heló la sangre de todos los presentes, atravesando sus corazones con una intensidad que no podían ignorar.

“¡No!”, se escuchó claramente en el aire, un rugido lleno de sufrimiento que vibró como una advertencia inquietante.

El sonido reverberó por el campo de batalla, deteniendo incluso a Zeus por un breve momento.

Todos los ojos buscaron frenéticamente su origen, pero lo que vieron —o más bien, lo que temieron ver— los dejó paralizados.

Aiden estaba en el suelo, inmóvil, mientras Zeus permanecía de pie sobre él, su figura imponente proyectando una sombra oscura sobre el cuerpo caído del muchacho.

Los amigos de Aiden y los aliados que aún podían moverse lanzaron exclamaciones de horror.

“¡No puede ser!”, gritó Reia, con lágrimas en los ojos mientras intentaba levantarse, aunque su cuerpo aún estaba débil por el ataque previo de Zeus.

“¡Aiden!”, murmuró Adía con voz ahogada, luchando inútilmente contra las estacas eléctricas que la mantenían clavada al muro.

Sus ojos reflejaban una mezcla de incredulidad y devastación.

Drake, Megumi, Floud y los demás intercambiaron miradas llenas de impotencia y rabia, incapaces de procesar lo que acababan de presenciar.

El grito había sido tan real, tan lleno de agonía, que nadie dudó de lo que parecía obvio: Aiden había caído.

Pero entonces… ¿por qué Zeus seguía de pie?

¿Por qué no celebraba su victoria?

En lugar de eso, su postura era extraña, como si algo lo hubiera perturbado profundamente.

El aire estaba cargado de incertidumbre.

Nadie hablaba.

Nadie se movía.

Solo el eco del grito seguía resonando en sus mentes, como una advertencia que nadie podía descifrar.

¿Qué había pasado realmente?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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