El sistema del perro agente - Capítulo 183
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- Capítulo 183 - 183 Lobo Universal vs Evil Zeus 1
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183: Lobo Universal vs Evil Zeus (1) 183: Lobo Universal vs Evil Zeus (1) Un grito desgarrador atravesó el aire, tan potente que pareció estremecer hasta el último rincón del lugar.
El sonido reverberó en los oídos de todos como un eco interminable, y aunque muchos creyeron que provenía de Aiden, pronto descubrieron que era Zeus quien gritaba.
Una espada de luz, brillante y afilada como el filo de un rayo, había cortado su mano con una precisión aterradora.
Zeus se tambaleó hacia atrás, su rostro contorsionado por una mezcla de dolor y furia desenfrenada.
Los músculos de su cuerpo se tensaron mientras rayos y truenos brotaban de él como si fuera una tormenta encarnada.
El aire vibraba con cada descarga eléctrica, y el olor acre del ozono llenaba el ambiente.
“¿Estás bien, Aiden?” se escuchó una voz profunda y calmada que contrastaba con el caos reinante.
“Podbe”, murmuró Aiden al ver a su amigo, cuya figura imponente emergió de entre las sombras para sostenerlo con cuidado.
“Disculpa por preocuparte, amigo”, dijo Podbe con una sonrisa tranquilizadora.
“Pero ya estoy aquí.” “Sabía que no habías muerto y que seguías vivo algo en mi me lo decía”, respondió Aiden, abrazando a Podbe con fuerza.
En ese momento, sintió cómo una oleada de alivio recorría su cuerpo, como si el peso del mundo se hubiera levantado de sus hombros.
“Déjame encargarme de esto”, continuó Podbe, su mirada fija en Zeus.
“Una nube en común me dio las fuerzas para continuar.
Debo acabar con ese sujeto antes de que se acabe el poder que tengo.” Aiden asintió lentamente, aunque la preocupación aún se reflejaba en sus ojos.
“Bien, solo…
no pierdas, amigo”, dijo con voz firme pero cargada de emoción.
En el centro de la escena, Zeus irradiaba una oscuridad palpable, teñida de destellos carmesí que danzaban sobre su piel como brasas encendidas.
Sus ojos ardían con una ira demoníaca mientras miraba a Podbe con odio absoluto.
“Maldito Podbe”, rugió con una voz que parecía surgir directamente del infierno.
“Me cortaste la mano…
¡pagarás por esto!” De la herida comenzó a brotar una nueva extremidad, pero esta vez no era una mano humana.
En su lugar, garras afiladas y negras como obsidiana tomaron forma, curvándose con una precisión letal, como las armas naturales de un depredador ancestral.
Cada movimiento de Zeus irradiaba una energía oscura y amenazante, como si la maldad misma estuviera fluyendo por sus venas.
“Bien, ahora que ya estás listo, volvamos al combate”, declaró Zeus con una risa burlona que resonó en el aire antes de lanzarse hacia adelante con una velocidad sobrenatural.
“Será mejor que te alejes, Aiden,” exclamó Podbe, su voz firme pero cargada de preocupación mientras mantenía su posición frente al enemigo.
Sus ojos brillaban con determinación, sabiendo que proteger a los demás era tan importante como enfrentar a Zeus.
El muchacho asintió rápidamente, comprendiendo la gravedad del momento.
Sin perder tiempo, retrocedió hacia donde estaban los demás, sus pasos ligeros pero apresurados resonando contra el suelo irregular.
El viento azotaba su cabello mientras miraba hacia atrás, asegurándose de que Podbe aún estaba listo para enfrentar lo que se avecinaba.
El choque fue brutal.
Golpe tras golpe, ambos combatientes demostraban una fuerza sobrehumana.
Cada impacto resonaba como un trueno, y con cada colisión, el suelo bajo ellos temblaba y se agrietaba.
Relámpagos siniestros surcaban el aire cuando Zeus lanzó una ráfaga de energía hacia Podbe, quien respondió creando una esfera azul resplandeciente que repelió todos los ataques sin esfuerzo.
El entorno comenzó a colapsar a su alrededor.
Con cada puñetazo que intercambiaban, fragmentos de roca y polvo caían de lo que quedaba de techo, convirtiendo el lugar en un caos creciente.
Zeus extendió su brazo, y de él emergió una cadena de rayos que serpenteó hacia Podbe, enrollándose alrededor de su brazo.
“¡Toma un millón de voltios!” gritó Zeus, enviando una corriente eléctrica devastadora a través de la cadena.
Sin embargo, Podbe estaba preparado.
Su pelaje, normalmente suave y plateado, se erizó y se expandió por sus brazos como una armadura natural.
Con un movimiento rápido, utilizó su corte de garra dorada para cortar la cadena, liberándose de la descarga mortal.
“Es hora de acabar contigo, maldito demonio del rayo”, declaró Podbe con una determinación implacable.
Zeus, sumido completamente en su maldad, abrió la boca y lanzó un rayo rojo intenso que iluminó el lugar como un sol moribundo.
Pero Podbe respondió con un aullido poderoso que resonó como un trueno primordial, bloqueando y desviando el ataque hacia el cielo.
“Toma mi ira del cielo”, rugió Zeus mientras se elevaba sobre ellos, envuelto en un energia de electricidad oscura.
Desde lo alto, invocó miles de relámpagos negros que cayeron sobre Podbe uno tras otro.
Cada impacto sacudió el suelo, formando cráteres gigantescos que amenazaban con tragarse a todos.
“Este sitio va a colapsar”, advirtió Azulema con urgencia, su voz apenas audible sobre el estruendo de la batalla.
“¡Debemos salir de aquí lo antes posible!” Pero antes de que pudieran moverse, toda la estructura se colapsó, arrastrándolos hacia el laboratorio subterráneo de Maos.
Entre el caos, Melisa proyectaba imágenes para todos, mostrando a Zeus tal como realmente era: una figura que ya no parecía un dios benevolente, sino un demonio sediento de destrucción.
Algunos espectadores murmuraban entre sí, horrorizados.
“Está mostrando su verdadera forma”, decían.
“Su alma es tan negra como su apariencia actual.” Zeus seguía desatando su furia sin control, lanzando relámpagos hacia el suelo con una ferocidad implacable.
Parecía que cualquier rastro de raciocinio había abandonado su mente, dejando solo un torbellino de odio y destrucción.
“¡Mueran!
¡Mueran!” gritaba, su voz resonando como un trueno distorsionado mientras sus ataques caían sin piedad sobre el campo de batalla.
De pronto, el rombo lunar en la frente de Podbe comenzó a brillar con intensidad.
Las medias lunas que lo rodeaban giraron rápidamente, formando una esfera luminosa que absorbió cada uno de los relámpagos lanzados por Zeus.
La esfera creció hasta envolver al dios enfurecido, atrapándolo en su interior.
Un instante después, estalló en una explosión cegadora que sacudió el aire con tanta fuerza que el impacto se sintió incluso en las costas de los países cercanos.
Un haz de luz pura iluminó el cielo, como si el mismísimo sol hubiera descendido para presenciar el enfrentamiento.
“¿Todos están bien?” preguntó Podbe, mirando a su alrededor mientras los demás se reunían en una plataforma flotante cubierta de símbolos antiguos creada por él.
Estos símbolos parecían reflejar los mismos patrones que decoraban la túnica de Podbe, como si ambos compartieran un origen místico.
“Sí, gracias a ti”, respondió Aiden con gratitud, su voz cargada de alivio.
“¿Creen que con eso lo hayamos vencido?” preguntó Billy, rompiendo el silencio momentáneo.
Nadie respondió de inmediato.
Reia frunció el ceño, sus pensamientos oscuros reflejándose en su expresión.
“No lo sé… Con ese sujeto, todo es posible”, murmuró finalmente.
Luego, dirigiéndose a Podbe, añadió: “No bajes la guardia.” El gran lobo universal asintió en silencio, su postura tensa y alerta.
“Vaya, casi no queda nada de la isla flotante”, comentó Riota, observando con preocupación cómo la estructura donde habían estado apenas unos momentos antes comenzaba a desmoronarse y ser tragada por el océano.
Ahora solo quedaba la plataforma donde Melisa y sus compañeros intentaban mantenerse firmes, aunque el suelo bajo ellos crujía amenazadoramente.
La estructura donde estaba Melisa empezó a colapsar, fragmentándose lentamente.
Ella vaciló por un momento, dividida entre la importancia de continuar la transmisión y la necesidad de salvar a los demás.
Pero antes de que pudiera tomar una decisión, el agente Sombra reapareció de la nada, envolviéndolos en una sombra protectora y transportándolos instantáneamente a la plataforma creada por Podbe justo antes de que la torre se derrumbara por completo.
“Maldición, perdimos la primicia y la noticia”, se lamentó Melisa, frustrada, mientras entraba en las sombras de Jake para protegerse.
“Es mejor que no hayas perdido la vida, amiga”, le dijo Michele con firmeza, colocando una mano tranquilizadora en su hombro.
“Tranquila, la transmisión aún continúa”, intervino Creg, sonriendo con orgullo.
Mientras estaban arriba, él había logrado codificar la cámara con la tecnología satelital, asegurando que siguiera grabando gracias a la ayuda del profesor Kile.
“Bueno, yo también pude ayudar un poco”, añadió Choy tímidamente, rascándose la nuca.
Esas palabras devolvieron algo de calma a Melisa, quien recuperó la determinación para continuar con su trabajo de documentar los eventos con la mayor precisión posible, aun siendo parte de ellos.
La isla artificial finalmente se hundió en el abismo, revelando que nunca había sido más que un constructo creado para albergar aquel enfrentamiento épico.
Con sumo cuidado, Podbe llevó a todos a una pequeña isla cercana, depositándolos suavemente en el suelo.
Sin embargo, algo no andaba bien.
Sus orejas de lobo, siempre atentas, captaron vibraciones extrañas en el aire, confirmando sus sospechas.
De repente, una figura oscura emergió del cielo, imponente y amenazante.
Era Zeus, todavía vivo, como si la muerte misma rehuyera tocarlo.
“Ese sujeto es como las cucarachas, nunca muere”, comentó Benjamín y eso que fui que con mis poderes me convertí en una añadió con asombro, su tono mezcla de admiración y frustración.
“Si, tienes razón”, coincidió Riota, apretando su mano con fuerza mientras miraba hacia el cielo con temor.
La pesadilla aún no había terminado.
“Entonces, ¿cómo matamos a ese sujeto?” preguntó Akira, con una mezcla de frustración y desesperanza en su voz.
Sus palabras flotaron en el aire como un eco pesado, pero nadie respondió de inmediato.
El silencio se extendió entre ellos, denso y opresivo, como una sombra que se cernía sobre el grupo.
Finalmente, Adora rompió el mutismo, su tono cargado de amargura y resentimiento.
“Pues mis golpes no le hicieron nada, y eso que soy la más fuerte del grupo.
Mi resistencia tampoco sirvió, incluso contra sus ataques más poderosos.” Su mirada estaba fija en el horizonte, donde Zeus había desaparecido entre las nubes, pero sus palabras parecían dirigidas más a sí misma que a los demás.
Mukio asintió lentamente, su expresión pensativa mientras observaba el suelo agrietado bajo sus pies.
“No podemos enfrentarlo directamente,” murmuró, casi para sí mismo.
“¡Oye, viejo!” gritó Gat, dirigiéndose a Eduard con urgencia.
“¿No tienes más de ese elixir mágico?” Su voz era insistente, esperanzada, aunque todos sabían que incluso recuperar sus energías no sería suficiente para hacerle frente a Zeus.
Gat miró al anciano con ojos suplicantes, como si el simple hecho de recuperarse pudiera cambiar el curso de la batalla.
Eduard bajó la cabeza, negando lentamente.
“Lo siento, pero ya no queda nada,” respondió con voz apagada, aunque sus dedos instintivamente tocaron un pequeño frasco oculto en su túnica.
Aún guardaba una última dosis, su brebaje que había estado reservando para algo que sentía, en lo más profundo de su ser, estaba por suceder.
Pero no podía decírselo al grupo, no en ese momento.
Sabía que usarlo ahora sería desperdiciarlo, y el presentimiento que lo acosaba desde hacía días solo crecía con cada segundo que pasaba.
El viento sopló suavemente, trayendo consigo un olor metálico a sangre y tierra quemada.
Todos intercambiaron miradas incómodas, conscientes de que estaban atrapados entre la desesperación y la inevitabilidad de lo que vendría después.
“¿Y tú, Adía?
¿No puedes usar tu magia curativa?” preguntaron algunos miembros del grupo.
Ella negó con la cabeza, su expresión preocupada.
“No me queda mucha mana para eso.
Necesito conservar la magia que me queda para protegerlos ante cualquier ataque.” Mientras discutían, una voz resonó desde lo alto, furiosa y distorsionada.
“¡Ustedes!” rugió Zeus, cuyo cuerpo aún mostraba quemaduras severas por el ataque de Podbe.
Su piel estaba chamuscada, y sus ojos ardían con una luz carmesí que iluminaba la escena como brasas encendidas.
“Ya me tienen harto.
No me van a humillar ni destruir mi sueño,” declaró, su voz vibrando como un trueno.
Comenzó a convulsionar violentamente, retorciéndose como si algo dentro de él estuviera luchando por salir.
Con su mano de garras afiladas, empezó a desgarrar su propia piel, dejando escapar chorros de sangre oscura que brotaban sin control.
La sangre comenzó a girar en remolinos carmesíes que ascendieron hacia el cielo, formando una nube de tormenta densa y opresiva.
Lentamente, todo el cuerpo de Zeus fue elevándose hacia lo más alto, hasta desaparecer completamente entre las nubes.
“Se auto asesinó,” pensó Choy en voz alta, su rostro reflejando incredulidad.
“¡Sí, bro!
Eso no se ve todos los días,” comentó Ian, tratando de aligerar el ambiente con su sarcasmo habitual, aunque su tono vacilaba.
De repente, de las nubes oscuras emergió una cabeza enorme, similar a la de un dragón.
Un momento después, el monstruo reveló su cuerpo completo: un titán alado que parecía haber salido de una pesadilla primordial.
Sus escamas brillaban débilmente bajo la luz tenue, y sus ojos ardían con una ira inhumana.
“¿Qué te has hecho, hermano?” murmuró Drake, observando con horror cómo su hermano se había transformado en esa bestia imponente.
Sin dudarlo, Podbe lanzó sus Corte de garra dorada como cuchillas relucientes hacia la cabeza del monstruo, cortándola limpiamente en un solo movimiento.
Pero, para el asombro de todos, dos cabezas más brotaron de donde había caído la primera.
“Genial, ahora es una hidra,” dijo Choy con ironía, señalando al enorme monstruo frente a ellos.
“¿Y ahora cómo vamos a destruir esa cosa?” pensó Billy en voz alta, su voz temblorosa.
Ezequiel, con una expresión sombría, añadió: “Creo que ahora sí estamos perdidos.” Un grito gutural resonó por todo el lugar, tan profundo y atronador que hizo temblar la plataforma a sus pies.
Era como si la criatura misma estuviera burlándose de ellos, anunciando su supremacía sobre el campo de batalla.
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