El sistema del perro agente - Capítulo 184
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- Capítulo 184 - 184 Lobo Universal vs Evil Zeus 2
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184: Lobo Universal vs Evil Zeus (2) 184: Lobo Universal vs Evil Zeus (2) El gran monstruo extendió sus alas con un rugido atronador, preparándose para atacar.
De sus tres bocas brotó una combinación devastadora de fuego y electricidad, una tormenta infernal que iluminó el cielo como un amanecer apocalíptico.
Podbe reaccionó al instante, invocando un campo de fuerza en forma de media luna que brillaba intensamente frente a él.
El ataque impactó contra la barrera con un estruendo ensordecedor antes de desviarse hacia el mar, provocando un tsunami que se elevó como una pared líquida hacia la costa.
Megumi actuó rápidamente, levantando un muro de tierra imponente para proteger al grupo del embate del agua.
Al mismo tiempo, Adía creó un domo protector que amortiguó el impacto residual, sellando a todos dentro de un refugio temporal.
A pesar de su esfuerzo combinado, el temblor del suelo y el rugido distante del monstruo recordaban a todos la magnitud de la amenaza que enfrentaban.
En otro lugar, las personas que seguían la transmisión miraban con horror cómo el gigantesco reptil dominaba el horizonte.
Aquellos que estaban cerca del lugar podían verlo a lo lejos, una silueta colosal que parecía sacada de una antigua leyenda.
Sus cabezas múltiples giraban en el aire, buscando su próxima presa, mientras sus ojos ardían con una luz siniestra.
“Si cuando era un hombre o dios, como decía, no podíamos contra él, ni siquiera el perro pudo detenerlo…
¿y ahora cómo vamos a poder contra una gigantesca lagartija que, si la cortas, le crece otra cabeza?” comentó Choy con sarcasmo, su frustración evidente.
Su voz temblaba ligeramente, aunque intentaba disimularlo con humor.
“Cálmate,” dijo Philip, colocando una mano tranquilizadora sobre su hombro.
Sin embargo, antes de que Choy pudiera responder, sintió un golpecito en la cabeza.
Michele lo miró con una mezcla de reproche y preocupación.
“Tranquilízate y no te alteres,” le dijo con firmeza, aunque su tono suave revelaba cuánto se preocupaba por él.
“Bien, normalmente a la hidra la matan cauterizando las cabezas destruidas,” explicó el profesor Kile, ajustándose las gafas mientras observaba la escena con atención.
“Pero esta es diferente: puede volar, tiene ataques de fuego y electricidad, y además parece regenerarse más rápido de lo habitual.” “Pues debe haber una forma científica de acabar con esa cosa,” sugirió Adrián, cruzándose de brazos mientras analizaba el problema con determinación.
“¿Y qué tal si la meto en uno de mis portales y la encerramos de por vida?” propuso Aiden, rompiendo el silencio tenso que se había apoderado del grupo desde que la batalla había escalado al cielo.
Su voz sonó calmada pero decidida, como si acabara de dar con una solución viable.
Sin embargo, su idea provocó miradas escépticas entre los demás.
“Es algo arriesgado,” respondió Eduard, frunciendo el ceño mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.
Su expresión reflejaba una mezcla de preocupación y duda.
“Pero, ¿cómo harías para que ese semejante animal entre en uno de tus portales?
No sería fácil.” Su tono era medido, pero cargado de un escepticismo palpable.
El grupo estaba reunido en una pequeña isla cercana, tratando de planear su siguiente movimiento mientras observaban a lo lejos cómo Podbe luchaba desesperadamente contra la hidra-dragón en el cielo.
El rugido distante de la criatura resonaba en sus oídos, recordándoles constantemente la magnitud de la amenaza que enfrentaban.
Las olas del mar chocaban contra las rocas cercanas, añadiendo un ritmo constante y casi hipnótico al ambiente tenso.
Mientras tanto, Podbe continuaba enfrentándose al monstruo en el aire.
Usando los aretes lunares que llevaba en las orejas, logró elevarse con gracia, dejando un rastro de brillo plateado tras él.
“Vaya, no sabía que podías volar,” comentó Floud, intrigado por la habilidad recién revelada del can.
“Al parecer sí puede,” añadió Reia, observando atentamente.
“Creo que es gracias a esos adornos en forma de media luna que lleva en las orejas.
Mira, cuando está en el aire, emiten un brillo intenso.” Los más jóvenes del grupo intercambiaron miradas de admiración al escuchar las palabras de Reia.
La hidra, sin embargo, no estaba dispuesta a dejar escapar a su presa.
Con movimientos rápidos y precisos, persiguió a Podbe por el cielo, destruyendo todo a su paso.
La batalla ahora se libraba en las alturas, donde cada choque entre ambos combatientes enviaba ondas de energía que iluminaban el firmamento.
Podbe intentó lanzar uno de sus ataques, pero la criatura anticipó su movimiento, posicionando sus cabezas estratégicamente para obligarlo a detenerse.
Sabía que, si destruía una de ellas, solo crecerían más.
En un descuido, las cabezas de la hidra lo atraparon entre sus fauces, obligándolo a actuar rápidamente.
Con un rugido feroz, lanzó un Corte de garras en forma de estrellas llamada “STAR CLAW”, destruyendo dos cabezas de golpe.
Pero, como era de esperar, cuatro más surgieron en su lugar.
“¡Maldición!” exclamó Podbe, frustrado.
“En momentos como este desearía tener a Reia en mi mente,” murmuró para sí mismo, buscando una solución desesperadamente.
El monstruo no le dio tiempo para pensar.
Las cabezas comenzaron a lanzar rayos eléctricos en todas direcciones, mientras sus cuellos se alargaban y se retraían con una velocidad sobrenatural.
Además, de sus alas brotaban descargas de energía que desintegraban cualquier cosa que tocaban, creando una lluvia de relámpagos que caía sobre el campo de batalla.
El aire vibraba con cada descarga, y el olor a ozono llenaba el ambiente, haciendo que cada respiración fuera una prueba de resistencia.
“Esa cosa es muy poderosa, y a Podbe se le va a acabar su poder de lobo universal si continúa así,” dijo Aiden, su voz cargada de preocupación mientras observaba cómo el combate en el cielo se volvía cada vez más desesperado.
En ese momento, Aiden se dirigió a Leila.
“¿Podrías realizar un enlace psíquico con Podbe?
Necesitamos apoyarlo y ver qué podemos hacer.” Leila asintió sin dudar.
“Sí,” respondió, cerrando los ojos y concentrándose.
En cuestión de segundos, todos estaban conectados con Podbe a través del vínculo mental.
“¡Vamos, Podbe!
¡Tú puedes vencer a esa cosa!” exclamó Aiden con determinación.
“Hemos peleado contra cosas mucho peores, y siempre encontramos la forma de vencerlas,” añadió, tratando de infundir confianza en su amigo.
“¡Sí, Podbe!
¡Tú puedes!” gritaron los demás al unísono, habiendo sido arrastrados al enlace gracias a Azulema.
De repente, un coro ensordecedor comenzó a resonar por todo el mundo: “¡Podbe!” Era como un vitoreo colectivo que parecía surgir desde cada rincón del planeta.
“Tal vez esto ayude, pero solo será por unos instantes,” explicó Azulema, su voz débil debido al enorme esfuerzo de usar casi toda su mana para conectar a millones de personas simultáneamente, con la ayuda de su equipo.
Drake, mirando impresionado, no pudo evitar comentar: “Vaya, si podías hacer algo así, ¿por qué no lo hiciste antes?” Azulema lo fulminó con la mirada, su aura irradiando una energía intimidante.
“Porque luego drena la energía de todos y nos quedamos sin mana.
Es algo de último recurso.
Si puede ayudar a darle más confianza a Podbe, lo hacemos,” respondió con firmeza.
Drake bajó la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada, y guardó silencio.
“¡Guau!
Así que todo el mundo me está dando su apoyo… ¡Qué genial!” exclamó Podbe, sonriendo brevemente mientras esquivaba los ataques de las cabezas de la hidra-dragón.
Sin embargo, su expresión rápidamente volvió a ser seria cuando una descarga eléctrica pasó rozándole el pelaje.
Adía y Megumi trabajaban juntas para proteger las ciudades cercanas, creando barreras y desviando los impactos destructivos de la criatura hacia zonas desoladas.
Podbe seguía sobrevolando el campo de batalla, pero se detenía antes de lanzar cualquier ataque directo contra la hidra.
Sabía que, si cortaba una de sus cabezas, otras más crecerían en su lugar.
La hidra-Zeus aprovechaba esos momentos para burlarse de él.
“Ahora no eres tan fuerte como antes, ¿verdad?
Sigues siendo un pequeño perro indefenso,” siseó con una voz que retumbaba como un trueno distorsionado.
Aiden, aún conectado a través del enlace psíquico, intervino.
“Lo único que se me ocurre, Podbe, es usar mi portal y llevarlo hacia allá.
Pero no quiero perderte como aquella vez con Urion.” “Tranquilo, esta vez no me perderás,” respondió Podbe con seguridad, su voz firme a pesar de la situación.
“Bien, lo haré,” dijo Aiden, cerrando los ojos y comenzando a dibujar un gran portal con las manos.
“Pero necesito tiempo para crear uno lo suficientemente grande como para absorber a ese animal.” Podbe asintió a través del vínculo mental y redobló sus esfuerzos para esquivar los ataques de Zeus en su forma draconiana-hidra.
Las cabezas múltiples lanzaban rayos y fuego en todas direcciones, mientras sus alas desprendían descargas eléctricas que iluminaban el cielo nocturno.
“¿Ustedes creen que lo logre?” preguntó Choy, observando a Aiden concentrarse intensamente mientras dibujaba el portal con movimientos precisos.
“Si lo puede hacer, pero deja de estar hablando,” respondió Aiden con impaciencia, su frente perlada de sudor por el esfuerzo.
“Choy, cierra esa boca.
El niño necesita concentrarse,” dijo Michele, fulminándolo con la mirada.
“Sí,” murmuró Choy, bajando la cabeza y guardando silencio.
En su mente, pensaba: Primero nos teletransportamos en sombras, y ahora va a abrir un portal… Ya quisiera yo tener poderes como estos sujetos.
Aiden cerró los ojos, concentrando toda su mana en un esfuerzo sobrehumano.
En ese momento, escuchó la voz suave y tranquilizadora de la nube femenina resonar en su mente.
“Tú puedes, muchacho, pero no vayas a drenar demasiado de tu mana, o te quedarás sin energía.” “No importa,” respondió Aiden con determinación, su voz firme, aunque cargada de cansancio.
“Mientras pueda ser útil, lo haré.” La nube guardó silencio por un instante antes de responder: “Bien, si estás dispuesto a eso, te deseo buena suerte.
Y si lo logras…
nos volveremos a ver.” Con renovada resolución, Aiden abrió los brazos tan ampliamente como pudo, extendiéndolos hacia el cielo como si quisiera abrazar el universo entero.
Sus labios se movieron en una súplica silenciosa: Por favor, que esto funcione.
Lentamente, en el mar frente a ellos, comenzó a formarse una gran esfera circular, brillante y pulsante, como una puerta hacia lo desconocido.
La superficie del portal vibraba con una energía extraña, mostrando un interior oscuro e infinito que parecía tragarse todo a su alrededor.
“Podbe, debes traer a Zeus hasta aquí,” dijo Aiden, su voz débil y entrecortada por el tremendo esfuerzo que estaba realizando.
“No sé cuánto tiempo pueda mantenerlo abierto.
Es demasiado grande, y me costó muchísimo crearlo.” Choy observaba con asombro, sus pensamientos corriendo a toda velocidad.
Eso es genial, pensó para sí mismo, aunque trató de disimular su admiración fingiendo indiferencia.
Sin embargo, su expresión de felicidad lo delataba.
Los demás también parecían impresionados, aunque algunos, especialmente los más jóvenes, apenas podían ocultar su asombro.
Nunca habían visto un portal tan colosal ni entendían del todo su funcionamiento.
Era un misterio, incluso para aquellos que conocían algo sobre magia.
“El poder de este muchacho es temible,” pensó el general para sí mismo, observando a Aiden con una mezcla de admiración y preocupación.
“No se puede predecir qué hay dentro de esas cosas, y es precisamente por eso que mis colegas le temen.
Pero peor aún es que él mismo no sabe controlarlo del todo.” “La pregunta es, ¿cómo hacemos para llevar a esa cosa hasta allá?” murmuró Drake, frunciendo el ceño mientras analizaba la situación.
Podbe, quien seguía enfrentándose a la hidra-dragón en el aire, tuvo una idea repentina.
Era arriesgada, peligrosa incluso, pero sabía que no había otra opción.
Si fallaba, la criatura podría regenerar más cabezas, multiplicando el peligro.
Sin embargo, no había tiempo para dudar.
Con un rugido feroz, Podbe se elevó rápidamente, posicionándose justo encima de la criatura.
Agachándose ligeramente, preparó sus piernas para el ataque final.
“¡NOVA STOMP!” gritó, lanzándose hacia abajo como una estrella fugaz, directo hacia el nido de cabezas de la hidra.
El impacto fue devastador.
Con una fuerza sobrehumana, Podbe empujó al monstruo hacia el portal a gran velocidad.
Sin embargo, algo salió mal.
“¡Maldición!
¡No puedo frenar!” exclamó Podbe, su voz llena de pánico mientras sentía cómo la gravedad del portal lo arrastraba junto con la criatura.
“Creo que es un adiós otra vez, Aiden.
Lo siento.” Ambos estaban entrando al portal a toda velocidad.
Aiden observó con impotencia cómo su amigo era arrastrado por la criatura, pero antes de que pudiera reaccionar, la cola de la hidra se extendió con rapidez inusitada y lo atrapó también.
Sin tiempo para resistirse, Aiden sintió cómo era jalado hacia el interior del portal junto con Podbe y la bestia.
En ese breve instante, sus pensamientos se agolparon: ¿Qué había al otro lado?
¿Habría alguna forma de regresar?
Pero no hubo tiempo para respuestas.
El portal se cerró de golpe tras ellos, desapareciendo en un instante y dejando solo silencio y vacío allá donde antes había estado.
El grupo en la isla quedó paralizado, mirando fijamente el lugar donde el portal había estado apenas unos segundos antes.
Michele fue la primera en romper el silencio.
“¿Qué…
qué acabamos de presenciar?” murmuró, su voz temblorosa.
Nadie respondió; todos estaban demasiado impactados para hablar.
Solo el sonido del viento y las olas llenaba el espacio, como si el mundo mismo se negara a continuar sin ellos.
En algún lugar distante, la nube femenina observó lo ocurrido con una mezcla de preocupación y esperanza.
“Este no es el final,” susurró, aunque nadie podía escucharla.
“Pero el verdadero desafío apenas comienza.”
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