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El sistema del perro agente - Capítulo 186

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  4. Capítulo 186 - 186 30 Minutos
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186: 30 Minutos 186: 30 Minutos El reloj comenzó a caminar con una cuenta regresiva que parecía resonar en el aire como un eco ominoso.

Podbe y Aiden se prepararon para la batalla final, sus cuerpos tensos y alertas ante lo que estaba por venir.

Del suelo emergió Zeus en su forma de hidra, ahora más imponente que nunca.

Miles de cabezas brotaban de su cuerpo retorcido, cada una lanzando un ataque diferente: rayos, fuego, hielo, y hasta vientos cortantes.

Cuando estos ataques se combinaron, formaron un enorme rayo horizontal del tamaño de un edificio de seis pisos, iluminando el espacio como un relámpago devastador.

“¡Cuidado!” gritó Podbe mientras invocaba una media luna brillante que utilizó como un escudo reflectante, desviando el rayo hacia el vacío.

“Eso estuvo cerca,” murmuró Aiden, su respiración agitada mientras observaba cómo el impacto del rayo desaparecía en la lejanía.

“¿Qué vamos a hacer?” pensó Aiden en voz alta, mirando a su alrededor.

No había dónde esconderse, y la situación se volvía más complicada con cada segundo.

“Además, no puedes protegerme y pelear al mismo tiempo.

Mis portales no me ayudan a luchar de esta manera,” reflexionó, sintiendo el peso de su propia impotencia.

Podbe lanzó fuegos azules desde sus guantes, que impactaron contra la hidra.

Sin embargo, la criatura respondió generando aún más cabezas, que surgieron de su cuerpo como tentáculos insaciables.

“¡Podbe, no hagas eso!

Este lugar ya está demasiado lleno; todas esas cabezas están por todas partes,” advirtió Aiden, señalando cómo el espacio se reducía rápidamente.

Desde un lado del lugar, la Superioridad observaba el espectáculo con una mezcla de curiosidad y diversión.

“¡Vaya!

Tienes mucha confianza en ese niño, ¿nube galáctica?” comentó, dirigiéndose a la nube que flotaba a su lado.

“Si, ellos van a poder ganarle,” respondió la nube con firmeza, aunque en su mente añadió: “Eso espero.” “Espero que el espectáculo sea entretenido,” replicó la Superioridad con una sonrisa sutil, cruzándose de brazos mientras seguía observando.

“Y qué tal si reflejas sus ataques, Podbe, y haces que le caigan.

Quizá eso pueda dañarle,” sugirió Aiden, su mente trabajando rápidamente para encontrar una solución.

Podbe asintió y sacó de su manto un bastón con una media luna en cada extremo.

La hidra lanzó una ráfaga de ataques simultáneos: rayos, fuego, hielo y energía pura.

Con movimientos precisos, Podbe giró el bastón a gran velocidad, creando una barrera rotatoria que bloqueaba cada ataque.

Cuando uno de los proyectiles de hielo se acercó peligrosamente, Podbe lo golpeó con una de las medias lunas del bastón, devolviéndolo directamente hacia una de las cabezas de la hidra.

El impacto fue certero.

Aunque la cabeza no se destruyó ni se multiplicó, el golpe logró infligirle un daño visible.

Mientras tanto, Podbe colocó una barrera lunar alrededor de Aiden para protegerlo.

“Lo siento, Podbe, por ser una carga para ti,” dijo Aiden, su voz cargada de culpa.

“No te preocupes,” respondió Podbe con determinación mientras seguía repeliendo los ataques.

“Estamos juntos en esto.” La hidra, molesta por el contraataque, reunió todas sus cabezas en un solo punto y lanzó un rayo conjunto que combinaba todas sus energías destructivas.

Era un ataque tan potente que incluso doblegó a Podbe, quien luchaba por mantenerse en pie.

Sin embargo, con un grito feroz, Podbe exclamó: “¡Luna protectora!” Al instante, dos mitades de una esfera luminosa emergieron a su alrededor, uniéndose para formar una barrera que repelió el ataque devastador, protegiéndolos a ambos.

“Eso estuvo cerca,” dijo Podbe, recuperando el aliento.

“¡Podbe, debemos acabar con ese sujeto!

¡El reloj está avanzando rápido!” le recordó Aiden, señalando el contador que seguía disminuyendo implacablemente.

Era difícil acercarse al animal gigante y, al mismo tiempo, proteger a Aiden de los ataques constantes que llovían desde todas direcciones.

“¡Ilusión lunar!” exclamó Podbe, y de inmediato, múltiples imágenes suyas aparecieron alrededor de la hidra, moviéndose con rapidez y agilidad.

Las cabezas de la criatura comenzaron a disparar rayos cargados de voltaje hacia cada una de las ilusiones, pero la mayoría de los ataques las atravesaban sin causar daño.

En ese momento, Podbe tuvo una idea.

“Hey, Aiden,” dijo, dirigiéndose a su amigo.

“¿Crees que puedes usar la materialización para hacer que estas imágenes sean reales y no solo ilusiones?” “No soy muy diestro con eso,” respondió Aiden, vacilando un poco.

“Pero lo intentaré.” Concentró su mirada en todas las copias de Podbe que flotaban alrededor de la hidra.

Canalizando su energía como cuando hizo aparecer a Reia en el mundo real, gritó: “¡Materialización!” Un destello de luz cayó sobre las imágenes, transformándolas en entidades sólidas.

Aiden cayó de rodillas, exhausto por la pérdida repentina de mana.

“Creo que sí pude, Podbe,” dijo Aiden con voz débil, su cuerpo temblando ligeramente por el esfuerzo.

“Pero no creo que duren por mucho tiempo.” Su respiración era entrecortada, y sus manos aún brillaban con los últimos vestigios de energía que había canalizado.

“Lo probaré de todas maneras,” indicó Podbe, su tono firme pero cargado de confianza.

Sabía que, aunque fuera por poco tiempo, cualquier ventaja podría marcar la diferencia en esa batalla desesperada.

“Bien,” asintió el can, sus ojos reluciendo con una determinación inquebrantable.

La luz de las medias lunas en sus orejas parecía intensificarse, reflejando la resolución que ardía en su interior.

Estaba listo para actuar, dispuesto a aprovechar al máximo el esfuerzo de Aiden, sin importar cuánto tiempo tuvieran.

Podbe y sus copias, ahora reales gracias a la intervención de Aiden, crearon cadenas lunares en cada mano.

Lanzaron las cadenas hacia las cabezas de la hidra, aprisionando a algunas de ellas y dejando solo dos libres, que lanzaban rayos furiosos por sus bocas.

“¡Eso es, Aiden!

¡Funcionó!

Creo que no eres tan inútil como decías,” halagó Podbe a su amigo con una sonrisa fugaz antes de regresar su atención a la batalla.

“¡Vaya!

Ese niño tiene otro poder oculto interesante,” comentó la Superioridad, observando con interés cómo los jóvenes seguían enfrentándose a la bestia.

El tiempo seguía corriendo rápidamente; faltaban 15 minutos.

Las cabezas libres de la hidra se dieron cuenta del peligro y comenzaron a lanzar relámpagos devastadores, destruyendo las cadenas que las aprisionaban.

Una vez liberadas, dirigieron su furia hacia Podbe y sus copias, lanzando un rayo masivo que amenazaba con aniquilarlos.

“No puedo perder el tiempo ni mis copias,” murmuró Podbe mientras invocaba nuevamente su “Luna protectora”.

La barrera brillante surgió a su alrededor, desviando el ataque y protegiéndolos momentáneamente.

“¡Otra vez!” exclamó Podbe a sus creaciones, que ahora tenían vida propia gracias a Aiden.

“Necesitamos aprisionar a todas las cabezas y dejar al menos una libre.” “¿Qué tienes en mente, amigo?” preguntó Aiden, tratando de ponerse de pie a pesar de su cansancio.

“Es algo loco y arriesgado, Aiden, pero espero que funcione,” respondió Podbe, su tono firme pero lleno de determinación.

“Bueno, confío en ti, mi amigo,” dijo Aiden con una pequeña sonrisa.

En ese momento, Podbe miró a sus copias, y todas se pusieron de acuerdo con una coordinación perfecta.

Una vez desaparecida la “Luna protectora”, las copias se abalanzaron nuevamente sobre la hidra, lanzando sus cadenas lunares con precisión.

Esta vez, cada copia sacó dos cadenas, cuyas puntas se dividieron en dos, multiplicando su alcance y efectividad.

Las cadenas envolvieron las cabezas de la hidra, aprisionándolas firmemente, aunque dejaron a dos cabezas libres, cuyos ojos ardían con ira combativa mientras lanzaban ataques desesperados.

“¡Estamos listos, jefe!” exclamaron las copias.

“Espero que esto funcione,” murmuró Podbe mientras corría a toda velocidad hacia la bestia.

Justo antes de llegar a ella, activó el poder de sus pendientes lunares y comenzó a volar, elevándose rápidamente hasta posicionarse frente a una de las cabezas libres.

Quedaban apenas 5 minutos para que se terminara el tiempo que les había dado la Superioridad.

Si no lograban derrotar a la hidra antes de que el contador llegara a cero, tendrían que enfrentarla nuevamente en la Tierra, donde sería aún más destructiva y acabaría con el planeta entero.

Podbe miró fijamente a las cabezas libres de la hidra, tratando de llamar su atención.

Golpeó ligeramente a una de ellas para separarla, mientras clavaba su mirada en la otra.

La cabeza restante, como si hubiera percibido su desafío, abrió sus fauces enormes y, sin previo aviso, lo engulló completamente.

“¡No!

¡Podbe, qué has hecho!” gritó Aiden, horrorizado, mientras intentaba levantarse con desesperación.

Pero sus piernas no respondían, débiles por el esfuerzo anterior y el agotamiento mental.

Observó impotente cómo la hidra, liberándose de las cadenas que la aprisionaban, rugía con furia renovada.

Sus cabezas se sacudieron violentamente, rompiendo las ataduras que las copias de Podbe habían creado.

Una vez libre, la criatura lanzó un rayo devastador hacia las copias, desintegrándolas en un instante.

La hidra comenzó a reír, un sonido siniestro que resonó como truenos en el espacio oscuro.

Sus múltiples cabezas se movían en perfecta sincronía mientras se burlaba de Aiden, disfrutando de su triunfo.

“¿Qué te parece eso, niño?

Me he comido a tu amigo,” dijo con una voz escalofriante, todas sus cabezas hablando al unísono.

“Ahora es tu turno.” Aiden sintió cómo su corazón se aceleraba, paralizado por el miedo y la impotencia.

Miró hacia el contador en la pared: “Queda menos de un minuto.

Cuenta regresiva activada.” Los números brillaban con intensidad, marcando inexorablemente el tiempo que les quedaba.

El silencio en el espacio era ensordecedor, solo interrumpido por las risas burlonas de la hidra y el eco lejano de la cuenta regresiva.

Aiden sabía que, sin Podbe, enfrentarse a la bestia sería prácticamente imposible.

Pero, aun así, algo dentro de él se resistía a rendirse.

Y trato de levantarse una vez más para enfrentarse al inmenso monstruo.

El aire vibraba con energía estática mientras la hidra se preparaba para lanzar su golpe definitivo.

Aiden cerró los ojos por un breve instante, concentrándose en el latido acelerado de su corazón.

“No voy a rendirme…

no aquí, no ahora,” se dijo a sí mismo.

Pero ¿qué podía hacer realmente?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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