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El sistema del perro agente - Capítulo 188

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188: Nuevos Horizontes (1) 188: Nuevos Horizontes (1) “Así es”, respondió el hombre con una sonrisa que destilaba arrogancia mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.

“Soy yo: Zeus”.

Su voz resonó con un eco artificial, como si quisiera imitar el trueno mismo del cielo.

Drake avanzó un paso, sus botas crujiendo contra el suelo arenoso.

Su expresión se endureció como piedra bajo la luz tenue del crepúsculo.

“¡Milo!” gruñó, apretando los puños hasta que sus nudillos palidecieron.

“Otra vez tú…

¡Encima copiaste mi cara!” Milo –o Zeus– soltó una carcajada baja y burlona, dejando escapar un suspiro exagerado.

“Claro, hermano”, dijo con desdén, inclinando ligeramente la cabeza.

“A veces hice algunas… pequeñas modificaciones para llevar a cabo mi plan.” Sus ojos brillaron con malicia mientras extendía los brazos, como si estuviera disfrutando cada segundo de ese momento dramático.

“Pero ahora, gracias a ustedes, han destruido años de arduo trabajo.

Tendré que empezar de nuevo…

aunque esta vez, ustedes desaparecerán de la ecuación.” Su sonrisa se torció en una mueca macabra, y el aire pareció enfriarse alrededor de ellos, cargado de electricidad estática.

Drake sintió cómo la ira le quemaba las entrañas, pero antes de que pudiera responder, Milo continuó: “Yo nunca muero como Zeus, Drake.

Me hago más fuerte con cada paso que doy.” El general Bronjort dio un paso al frente, su figura alta y robusta proyectando sombras largas bajo la luz anaranjada del atardecer.

“Milo West, estás bajo arresto”, declaró con firmeza, su voz cortante como un cuchillo.

“¿Ah?, ¿sí?

¿Usted y cuántos más, general?” replicó Milo con una calma irritante, casi como si estuviera aburrido.

“No tengo el poder de Geros, pero sigo siendo más poderoso que todos ustedes juntos.

Además, no tienen más armas en su bóveda para usar esos juguetitos suyos.

Hubieran hecho algo útil con ellas, ¿no?” En ese instante, Melisa permaneció inmóvil, incapaz de apartar la mirada de la gigantesca mano dorada que aún flotaba en el cielo, iluminada por los últimos rayos del sol.

Era como si el mundo entero se hubiera detenido bajo esa visión surrealista.

Creg la jaló suavemente del brazo, arrancándola de su trance.

“Vamos, Melisa.

Necesitamos que narres lo que está pasando desde aquí.

La gente necesita saber”, le dijo con urgencia.

De repente, cadenas metálicas surgieron de la nada, envolviendo los brazos de Milo y clavándolo al suelo con un estruendo ensordecedor.

“¡Vaya!

Te demoraste mucho, Adía”, comentó Milo con una sonrisa socarrona, como si estuviera disfrutando incluso de su propia derrota momentánea.

“Acabaré contigo, maldito”, escupió Adía, sus ojos ardiendo con furia contenida mientras avanzaba hacia él.

“¡Acaba si puedes!” desafió Milo, liberándose con un rugido poderoso.

Las cadenas se rompieron en pedazos con un destello de energía pura, su aura verde envolviéndolo como una tormenta eléctrica.

El aire vibró con la fuerza de su poder, y Aragón, quien acababa de entrar a la escena, lanzó un juramento entre dientes.

“Ese maldito es peligroso incluso sin esos poderes divinos”, murmuró Aragón, ajustando su postura de combate.

“Aún sigue siendo increíblemente fuerte por su dominio del AURA.” Decidido, Aragón se lanzó cuerpo a cuerpo contra Milo, pero este, en lugar de retroceder, parecía recargado, como si cada golpe solo alimentara su energía.

Devolvió los ataques con una velocidad sobrehumana, bloqueando cada intento de Aragón con precisión letal.

Finalmente, con un movimiento rápido y brutal, lanzó a Aragón por los aires.

El impacto de su cuerpo contra el agua fue tan fuerte que levantó una columna de espuma y salpicaduras que brillaron bajo la luz del ocaso.

“¡Maldición!

Necesitamos a Podbe como Lobo Universal”, gritó Billy, nervioso, mientras se agachaba detrás de una roca para evitar ser alcanzado por los restos de la batalla.

“Con él ya le hubiéramos pateado el trasero a este Zeus o Milo, o como quiera que se llame.” “Creo que eso no será posible”, respondió Aiden, consultando rápidamente con Reia.

“El sistema está en modo reposo.” Adía, ignorando la conversación, se lanzó nuevamente al ataque.

Esta vez, canalizó toda su magia en una ráfaga devastadora: rayos zigzagueantes, llamas voraces, corrientes de aire cortante y olas de agua que chocaban entre sí en un caos controlado.

Pero Milo se movía con una agilidad sobrenatural, esquivando cada ataque con una facilidad casi insultante.

Ni siquiera el uso combinado de los elementos logró hacerle un rasguño.

Melisa, recuperando la compostura, retomó su narración con voz temblorosa pero decidida.

“La batalla ha vuelto a dar inicio.

Milo, el enemigo que creíamos derrotado, ha regresado para enfrentarse a los agentes.

Parece ser que Podbe solo logró quitarle sus poderes divinos, pero, aun así, sigue siendo extremadamente peligroso.

Los agentes están luchando con todas sus fuerzas, pero Milo parece…

invencible.” El cielo comenzó a oscurecerse, y las primeras estrellas titilaron en el horizonte, testigos mudos de una lucha que prometía cambiar el destino de todos.

“¡Vaya!

Aún le queda toda esa energía”, murmuró Drake con asombro, observando cómo Adía lanzaba una ráfaga tras otra contra Milo.

Aunque este esquivaba cada ataque con una agilidad casi sobrehumana, Adía no le daba tregua, bloqueando cualquier intento de avance.

“No creo que le quede mucha mana”, indicó Eduard, ajustándose los lentes mientras analizaba la escena con preocupación.

Adía, furiosa, seguía desatando oleadas de magia sin detenerse, como si estuviera decidida a acabar con todo de una vez.

“¿Tú?” Adrián lo miró fijamente, acomodándose sus propios lentes con un gesto nervioso.

“Viéndola así, ¿cuánto crees que pueda seguir?” “Pues yo diría que un par de minutos más”, respondió Eduard después de una breve pausa.

“¿Por qué?” preguntó Eduard, inclinando ligeramente la cabeza.

“Por nada”, replicó Adrián con rapidez.

“Ya regreso.” Sin dar más explicaciones, Adrián se alejó apresuradamente hacia donde Rafael estaba parado.

Le comenzó a explicar su plan en voz baja, moviendo las manos con urgencia.

“¿Qué traman?” preguntó Azulema, cruzándose de brazos mientras observaba a Adrián con curiosidad.

Como Adrián estaba enamorado de ella, no pudo evitar contárselo todo.

Azulema, sin perder ni un segundo, reunió al grupo y les dio una orden clara: “Mantengan ocupado a Milo por cinco minutos.” Nadie sabía exactamente por qué, pero entendieron que era crucial.

Todos asintieron con determinación.

Floud se unió al combate, lanzando bolas de fuego que iluminaban el campo de batalla con destellos anaranjados.

Rayos eléctricos zigzagueaban en el aire, seguidos de ráfagas cortantes de viento y fragmentos de tierra que se levantaban del suelo como misiles.

Amaya, por su parte, utilizó sus ositos de goma, convirtiéndolos en explosivos vivientes.

Estas pequeñas gomitas saltaban sobre Milo, abrazándolo antes de estallar en destellos de luz y sonido, envolviéndolo en humo y cenizas.

Megumi lanzó rocas afiladas como cuchillas, que cortaban el aire con un silbido agudo antes de dirigirse hacia Milo.

Este, sin embargo, parecía anticipar cada movimiento.

Con un rugido ensordecedor, liberó su técnica devastadora del AURA: el “NUBIA DRAGON RAGE”, una explosión de energía dorada que se expandió en todas direcciones, repeliendo todos los ataques como si fueran hojas secas arrastradas por una tormenta.

La energía de Adía comenzaba a disminuir.

Sus movimientos eran menos precisos, sus hechizos más débiles.

Cuando finalmente se quedó sin mana, Eduard, Ezequiel, Adora y Mukio entraron en acción, lanzándose al combate cuerpo a cuerpo.

Gabriel también se recuperó de su confusión inicial, procesando lentamente las revelaciones que había recibido.

Con renovada determinación, se unió a la lucha.

Riota, sacándose el brazo de Gat que lo retenía, intentó acercarse a Milo, pero este lo evitó hábilmente.

Sabía que, si Riota lo tocaba, podría copiar sus habilidades físicas de fuerza.

Para protegerse, Milo usó su AURA como una armadura impenetrable, brillando como un sol dorado.

Benjamín, transformándose en un oso gigante, embistió a Milo con toda su fuerza bruta.

Pero los golpes apenas lograron hacerle cosquillas; Milo apenas se inmutó, como si estuviera jugando con ellos.

Uno por uno, los agentes fueron derrotados, recibiendo una paliza contundente que dejó claro quién tenía el control absoluto.

Jake intentó usar su sombra como látigos oscuros, extendiéndolos hacia Milo como tentáculos de un pulpo.

Pero Milo activó la primera forma de su AURA, creando una barrera invisible que repelió el ataque con facilidad.

Piti corrió a toda velocidad, lanzando golpes rápidos y certeros, pero incluso sus ataques más precisos rebotaron sin causar daño alguno.

Finalmente, Milo detuvo su avance con un solo movimiento de su mano, empujándolo hacia atrás con tanta fuerza que chocó contra los demás.

Gat, lanzando sus famosos rayos de energía, intentó atravesar la defensa de Milo.

Pero estos también fueron desviados, como si chocaran con una barrera invisible que lo hacía impenetrable.

“Espero que funcione lo que dijiste, Adrián”, murmuró Azulema con urgencia, mirando hacia donde Rafael, Akira y Becky estaban construyendo algo a toda prisa.

“Te daremos todo el tiempo posible.” Adrián asintió con firmeza, sus ojos fijos en la escena, mientras observaba a Azulema liderar el ataque.

Leila, Mark y los demás, junto con ella, comenzaron a doblegar a Milo utilizando una combinación de telequinesis y objetos lanzados con precisión.

Intentaban inmovilizarlo, pero Milo se envolvió en su energía AURAL, brillando como un sol dorado.

Con un rugido poderoso, repelió los proyectiles que le lanzaron y zafó del agarre telequinético como si fuera una simple brisa que intentara detenerlo.

Billy, Elena y María solo podían observar desde la distancia, impotentes.

Sus habilidades aún eran incipientes, especialmente las de Billy, quien todavía no había descubierto cuál era su verdadero poder.

La frustración se dibujaba en sus rostros mientras veían cómo sus compañeros luchaban desesperadamente contra un enemigo que parecía invencible.

Drake entró en la batalla con cuatro guerreros de barro, creados con su poder de materialización.

Los colosos avanzaron hacia Milo con pasos pesados, levantando nubes de polvo a su paso.

Pero Milo los destruyó con facilidad, como si fueran jarrones frágiles impactados por una resortera.

Los pedazos de barro cayeron al suelo con un golpe sordo, dejando claro que ni siquiera esa estrategia funcionaría.

Todos seguían intentando hacerle frente a Milo, pero a pesar de haber perdido su supuesta divinidad, parecía imposible derrotarlo.

Los agentes se levantaban una y otra vez, como si su voluntad renovada pudiera compensar la falta de fuerzas.

Gracias a los sacrificios previos de Podbe y Aiden, habían logrado quitarle el poder de la piedra negra, pero, aun así, les faltaba más energía para acabar con él.

“¿Por qué no se le acaba la mana?” se preguntaban todos, sus voces cargadas de incredulidad y cansancio.

“Eso es porque está usando el AURA como su fuente de energía”, explicó Aragón, recuperándose después de salir empapado del agua.

Su ropa goteaba mientras regresaba al combate, sus ojos llenos de determinación.

“Ese maldito tiene poder ilimitado”, gruñó Gat, lanzando otro rayo de energía hacia Milo, aunque este lo desvió sin esfuerzo.

“Mientras que nosotros estamos al límite.” En otro lado del campo de batalla, Adrián y los cuatro integrantes de su equipo trabajaban frenéticamente.

Las piezas que habían estado construyendo comenzaron a ensamblarse bajo sus manos expertas.

“Falta esta pieza aquí… y esta allá”, murmuraba Adrián, concentrado como nunca antes.

Su mente trabajaba a toda velocidad, calculando cada detalle.

“Listo”, anunció Rafael finalmente, secándose el sudor de la frente.

“Espero que funcione.” “No hay tiempo para probarlo”, respondió Adrián con urgencia.

“Aiden”, llamó, girándose hacia el joven.

“Ven, necesito que hagas una última tarea.

Y tú eres el indicado.” Aiden se acercó rápidamente, su expresión decidida.

“Puedes contar conmigo para acabar con ese sujeto de una vez”, dijo sin dudar.

Adrián le susurró el plan al oído, y los ojos de Aiden se iluminaron con comprensión.

Sin perder un segundo, Aiden y Podbe se prepararon para el ataque.

Justo antes de lanzarse al combate, Eduard sacó algo de su bolsillo: una pequeña botella que contenía un brebaje brillante.

“Esto es lo último que tengo”, dijo Eduard, lanzándoles la botella.

“Lo guardé para una emergencia mayor, y esta sin duda es esa.” Ambos bebieron el contenido rápidamente, sintiendo cómo sus energías se restauraban de inmediato.

Gat, que había escuchado con anterioridad a Eduard decir que no tenía más pociones, quiso protestar, pero al ver la situación, comprendió.

“No importa”, murmuró para sí mismo, lanzando otro ataque hacia Milo.

Entendía por qué Eduard había entregado la poción a Aiden y Podbe: ellos eran los únicos que podían cambiar el rumbo de la batalla.

Con las energías restauradas, Aiden creó un pequeño portal frente a él, su expresión tensa mientras rogaba que funcionara.

Diseñado para transportar a alguien de un punto corto a otro, pero nunca lo había probado en combate.

El portal se abrió con un destello azulado, revelando una pequeña puerta del tamaño de un humano.

Sin dudarlo, Aiden entró, seguido de cerca por Podbe.

Ambos desaparecieron en un parpadeo, dejando solo un eco vibrante en el aire.

Simultáneamente, todos los agentes se lanzaron al ataque contra Milo.

Absolutamente todos, incluyendo el equipo de Adrián, se metieron en la pelea.

Necesitaban ganar tiempo y mantener a Milo distraído.

Adía también regresó a la batalla, aunque su energía estaba casi agotada.

Sus movimientos eran lentos y pesados, como si cada paso le costara un esfuerzo sobrehumano.

Cuando todos intentaron rodear a Milo, este liberó un poder de repulsión con su AURA.

Una onda expansiva dorada surgió de su cuerpo, lanzando a todos por los aires como hojas arrastradas por un huracán.

Pero Milo no se percató de que un portal se había abierto justo detrás de él.

“Podbe, el sistema está en línea de nuevo”, indicó Reia en su mente.

Sin pensarlo dos veces, Podbe emergió del portal, sus ojos brillando con determinación.

Con un rugido feroz, utilizó todas sus habilidades al mismo tiempo: Cabezazo de fuego, Mordedura de acero, Corte de garra dorada, Dureza y Aliento de rayo.

Cada ataque impactó con fuerza devastadora, aunque sabía que su mana se estaba agotando rápidamente.

Gabriel y Aragón, viendo la oportunidad, canalizaron todo su poder de AURA para respaldar a Podbe.

Juntos, lanzaron una combinación de ataques que golpearon un solo punto en la armadura de AURA que Milo había creado.

Este no tuvo tiempo de sellar esa pequeña brecha, ya que Aiden salió corriendo del portal como si no hubiera un mañana.

En sus manos llevaba un objeto extraño, un cuadrado metálico que lanzó hacia la espalda de Milo.

El cuadrado atravesó la pequeña abertura en la armadura de AURA y, al hacer contacto con la piel de Milo, comenzó a transformarse.

Se expandió rápidamente, convirtiéndose en un chaleco que se adhirió a su cuerpo como un imán.

Antes de que Milo pudiera reaccionar, el chaleco se ajustó firmemente, imposible de quitar.

La clave del éxito radicaba en los nanobots invisibles que Adrián y su equipo habían dispersado previamente durante la pelea.

Nadie los había percibido, ni siquiera Milo.

Al escuchar el impacto del cuadrado contra su espalda, los nanobots saltaron desde su escondite y se adhirieron al villano, completando el dispositivo.

Milo intentó quitarse el chaleco, pero era inútil.

De pronto, Adrián apretó unos botones en su muñequera, y el dispositivo cobró vida.

Milo sintió una oleada de dolor recorrer su cuerpo, como si algo estuviera drenando su energía vital.

Su AURA comenzó a desvanecerse, y su postura arrogante se tambaleó.

“Espero que funcione”, murmuró Adrián mentalmente, cruzando los dedos con fuerza.

Todos miraron la escena con escepticismo mezclado con esperanza.

¿Habían logrado finalmente detener a Milo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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