El sistema del perro agente - Capítulo 189
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189: Nuevos Horizontes (2) 189: Nuevos Horizontes (2) “¡Funciona!” exclamó Adrián al ver que el dispositivo cumplía su propósito.
Sin perder un segundo, aumentó la potencia desde su muñequera.
Milo lanzó un grito desgarrador mientras caía de rodillas, sus manos temblorosas intentando desesperadamente arrancarse el chaleco adherido a su cuerpo.
“¿Qué… qué es esto?” balbuceó con voz entrecortada, su arrogancia desmoronándose junto con sus fuerzas.
“¿Por qué pierdo mis poderes?” Su voz se convirtió en un gemido ahogado antes de desplomarse completamente, rendido por el dolor.
El gran enemigo, Milo, cayó inconsciente sobre el suelo empapado de sudor y polvo.
Por fin, después de tanto esfuerzo, estaba derrotado.
“Y decías que mi poder era inútil”, dijo Adrián desde su posición, con una sonrisa triunfal dibujada en su rostro.
Rafael aplaudió con admiración, aunque su cuerpo aún mostraba señales de agotamiento.
“Lamebotas”, murmuró Akira con una mueca burlona, pero Becky solo soltó una pequeña sonrisa, demasiado cansada para hacer algún comentario mordaz.
“Aunque usé mi cabeza”, añadió Adrián con modestia fingida, provocando risas entre los presentes.
“¿Qué fue lo que le hiciste?” preguntaron todos, mirando a Adrián con curiosidad renovada.
Este explicó con orgullo: “Guardé unas partes del arma del general antes de que fueran destruidas.
Esas piezas sirvieron para algo útil: crear una poderosa arma capaz de inhibir los poderes de un Metalux.
Al drenar su energía, lo debilita hasta dejarlo inconsciente, básicamente copie lo que hacía, pero mejore su función y lo volví pequeño y fácil de llevar.
Pensé que no funcionaría debido a la premura del momento.” Adrián suspiró, como si apenas pudiera creer que su plan había dado resultado.
“Caray, sí que eres bueno”, comentó Azulema, enviándole un cumplido sincero.
“Esta vez, la mente venció a los músculos.” Adrián se sonrojó al instante, bajando la mirada mientras las risas de sus compañeros llenaban el aire.
Todos, a pesar de estar completamente agotados, comenzaron a reírse del comentario.
Sus cuerpos magullados y exhaustos cayeron al suelo uno tras otro, incapaces de mantenerse en pie por más tiempo.
“Ahora sí, esto se acabó”, dijeron al unísono, dejándose caer con un suspiro colectivo de alivio.
Melisa terminó su reporte frente a la cámara, su voz firme y emocionada: “Se logró vencer al mal y poner fin al reino del terror de Milo, alias Zeus.
Presenciamos la caída de este sujeto que, al final, pudo ser vencido.” Una sonrisa de satisfacción iluminó su rostro y con una frase final: los falsos dioses caen.
mientras se apagaba la cámara, justo después de grabar la última palabra.
El equipo se abrazó mutuamente, celebrando haber salido vivos de esa pesadilla.
“Bien, de aquí me encargo yo.
Pondré a este sujeto bajo custodia”, anunció el general Bronjort, acercándose junto con el mayor Mike, quien ya se encontraba mejor.
“Pensamos que había muerto, pero aún respiraba.” Bronjort cargó a Milo sobre su hombro como si fuera un costal pesado, sin mostrar ninguna señal de esfuerzo.
En ese momento, el rugido de un helicóptero resonó en el cielo.
Los demás miembros del Cuadrado descendieron con caras serias y molestas, claramente ansiosos por tener una reunión importante con Bronjort.
El general asintió con solemnidad mientras seguía cargando a Milo.
Un grupo de soldados salió de la nave para escoltar a los líderes del Cuadrado, asegurando que todo estuviera bajo control.
“Hicieron un buen trabajo, agentes”, dijo Bronjort, dirigiéndose especialmente a Podbe y Aiden.
“Aunque no son agentes oficiales, su contribución fue invaluable.” Antes de partir, Bronjort se acercó a Drake con una expresión seria.
“Por ahora, te dejaré a cargo de los niños controlados”, dijo, su voz firme pero calmada.
“Volveré con una respuesta que espero sea satisfactoria después de reunirme con mis colegas.” “¿Y qué hay de Aiden?” preguntó Drake, señalando a su nieto.
Bronjort no detuvo su paso, simplemente respondió sin mirar atrás: “Ya lo veremos.” En ese momento, los soldados tomaron a Aiden por los brazos, intentando colocarle unas esposas como si fuera un villano más.
El grupo estalló en protestas.
“¡Hey!
¡No se lo pueden llevar!” gritaron sus amigos, mientras Melisa y su equipo, junto con los agentes que comenzaban a reunirse, se acercaban rápidamente.
Incluso Jake, el agente sombra —un triple agente que reportaba tanto a Drake, Bronjort y Hela— intervino.
“¡Sin él no hubiéramos podido vencer al malo!” “¡Héroe!” exclamó Hela una de las lideres del cuadrado con desdén, señalando a Aiden.
“Ese chico es peligroso.
Y también deberíamos llevárnoslo a ese perro”, añadió, refiriéndose a Podbe, quien estaba completamente agotado, incapaz de moverse tras haber gastado toda su mana.
Luego, dirigiéndose a Azulema y su equipo, continuó: “Además, la unidad C pueden borrar las mentes de todos aquí y plantar recuerdos falsos para que piensen que fue otra cosa.” “Esa señora es una pesada”, murmuró María, cruzándose de brazos.
Azulema, con una mirada llena de desprecio hacia Hela, replicó: “Ni yo ni mi equipo haríamos algo así.” El conflicto parecía a punto de escalar cuando Bronjort interrumpió el altercado.
Golpeó el suelo con fuerza usando su bota, provocando un estruendo que silenció a todos.
“¡Basta!”, ordenó con una voz autoritaria que resonó en el aire.
“Debemos discutir este asunto entre nosotros y dejar al muchacho por ahora.
Recuerden que, para los ojos del mundo, él es un héroe.” “No”, insistió Hela, su mirada fría y calculadora fija en Bronjort.
“El chico es peligroso, y ese perro también debe venir con nosotros.” Los demás miembros del Cuadrado asintieron, mostrando su acuerdo.
Tu rompiste nuestra confianza le decía ella al hacer cosas a nuestras espaldas sin reportar al CUADRADO como se debe.
“¿Confianza?” dijo Bronjort, arqueando una ceja con ironía.
Sacó un pequeño fragmento de caramelo de su bolsillo y lo rompió frente a ellos, revelando un diminuto micrófono oculto dentro.
“¿Qué clase de confianza es esta?” preguntó, sosteniendo el micrófono entre sus dedos.
Lucas, quien había estado comiendo caramelos hasta hacía unos momentos, tragó saliva nerviosamente.
Fue él quien colocó el micrófono, pensando que el general no se daría cuenta.
Bronjort clavó su mirada penetrante en el grupo, su rostro serio como una máscara de piedra.
“Dejemos al muchacho con su familia…
¿no?” propuso, aunque sus palabras sonaron más como una orden que como una sugerencia.
Luego levantó a Milo, aún inconsciente y cargado sobre su hombro con el chaleco inhibidor puesto, como si quisiera recordarles quién era el verdadero trofeo de esa batalla.
Los líderes del Cuadrado intercambiaron miradas incómodas, visiblemente nerviosos ante la actitud dominante del general.
Hela cerró la boca, intimidada por la mirada amenazadora de Bronjort.
Los demás murmuraron un rápido “Bien, por ahora”.
Finalmente, uno de ellos habló: “Es todo por hoy.
Mañana ya veremos las cosas.
Hay peligros que debemos discutir, pero lo haremos más tarde o mañana.” Bronjort asintió con decisión.
Mientras tanto, en su mente, Hela pensaba: Esto lo van a saber mis superiores.
Ya verás, Bronjort.
Sin más discusión, Bronjort les indicó a los guardias que soltaran a Aiden.
“Déjenlo libre.
Por ahora, puede volver con sus amigos.” Los soldados obedecieron, liberando al joven, quien regresó corriendo hacia su grupo, recibido con abrazos y palmadas en la espalda.
Una vez que los agentes fueron recogidos —gracias a que Rafael, con la poca mana que le quedaba, logró crear una radio improvisada—, una nave apareció en el horizonte.
A bordo venían Marie y Omar, quienes se encargaron de transportar al grupo hasta lo que quedaba de la base secreta.
Lo que alguna vez fue un refugio secreto ahora era poco más que ruinas expuestas, un recordatorio de las batallas recientes.
Todos fueron en la base incluso el equipo de Melisa y los dos ex soldados de Zeus Aragón y Gabriel.
Aragón y Gabriel permanecían algo alejados del grupo, observando desde las sombras.
Por el momento, nadie los había identificado como villanos; el Cuadrado solo tenía conocimiento del “caballero oscuro”, pero no había descripciones claras que los incriminaran.
Todos querían celebrar la gran hazaña, pero en medio del bullicio, Marie levantó la voz: “¿Y el agente B-12?
¿Dónde está Nick?” La pregunta flotó en el aire, cargada de preocupación.
Jake, siempre callado y observador, extendió su mano hacia su propia sombra, extrayendo un contenedor.
Dentro, Nick permanecía en estado de coma.
“No podía llevar a todos en mi sombra”, explicó Jake con simpleza.
“Mi mana estaba al límite solo para ocultarlo.” Todos sintieron alivio por lo dicho por Jake en especial Marie.
Luego de eso un pequeño festejo comenzó entre los presentes, compartiendo lo poco que tenían.
Azulema, fiel a su palabra, cumplió con su cita con Adrián en plena reunión.
Este, completamente rojo y nervioso, apenas podía articular palabra mientras ella le lanzaba miradas coquetas.
Mientras Mark era perseguido por las chicas de su equipo para ver con quien le tocaba salir hoy.
Los cadetes Rino y Lidia, junto con otros miembros de la base, felicitaron al equipo, llenando la sala de risas y conversaciones animadas.
En medio del tumulto y el griterío, Aiden optó por salir un rato de esa sala abarrotada.
Podbe lo siguió, y juntos comenzaron a recorrer lo que quedaba de las instalaciones.
Entre los escombros y restos de tecnología, encontraron el contenedor donde Nick seguía en coma.
Aiden se acercó lentamente, observando el cuerpo inmóvil de Nick dentro del contenedor.
Podbe se colocó a su lado, y Aiden dijo mediante enlace mental: “Es curioso…
Todo empezó con él dándote el sistema que ahora llevas.” En ese momento, una notificación parpadeó en el sistema de Podbe.
Reia intervino: “Recuerdan la misión que estaba en interrogantes…
Ahora se muestra este mensaje: Devuelve lo que no es tuyo a un agente.” “¿Se referirá a la voz?” pensó Podbe en voz alta.
“No lo sé,” respondió Aiden, dubitativo.
Cuando Podbe colocó su pata sobre el contenedor, un mensaje emergió frente a ellos: ¿Sí?
¿No?
“Tal vez sea lo correcto,” reflexionó Podbe.
“Quizá con esto Nick pueda recuperarse y salir de ese estado.
Será mejor que le devuelva lo que sea que tenga que devolverle.” “Pero…
¿y si te pierdo?” preguntó Aiden, su voz temblorosa.
“Tranquilo, no quieres conocer a tu padre” respondió Podbe con calma.
“Siempre seré tu perro y tu mejor amigo.” “También me tienen a mí,” añadió Reia, su tono suave pero firme.
“Es verdad los tengo a ambos, y si me gustaría conocer a mi padre el de verdad no la visión mental que estaba en tu espacio mental Podbe” continuó Aiden, perdido en sus pensamientos.
“Durante este viaje conocí a mucha gente…
Incluso encontré a mi familia, aunque sea rara y excéntrica.
También conocí a algunos endemoniados que tenían delirios de grandeza, como Milo…
Y a un tío que intentó asesinarme,” dijo, refiriéndose a Gabriel cuando estaba bajo el control de Geros.
“Me pregunto dónde se habrán metido.
No los vi ni a él ni a Aragón después de bajar de la nave.” Ambos se miraron, indecisos pero determinados.
Finalmente, dijeron al unísono: “Bien, juntos.” Juntos, Aiden y Podbe decidieron presionar el botón en el espacio mental, sellando su decisión con confianza mutua.
Al presionar el botón, Aiden fue abruptamente retirado del espacio mental de Podbe.
Reia intentó alcanzarlo, su mano extendida como si quisiera sujetarlo, pero todo a su alrededor comenzó a desvanecerse en un torbellino de luces y sombras.
Cuando volvió en sí, se encontró frente al tubo donde Nick, el agente B-12, había estado en coma.
Para su asombro, el cuerpo dentro del contenedor empezó a moverse lentamente, y sus ojos se abrieron con un brillo débil pero consciente.
“¡Hola, mi muchacho!” dijo Nick con una sonrisa cálida, su voz cargada de afecto.
Aiden sintió un nudo en la garganta mientras observaba cómo su padre —porque ahora sabía que Nick era mucho más que un simple agente— lo miraba con orgullo.
Era un momento tan íntimo que ni siquiera las palabras lograban capturar la magnitud de la emoción.
En un lugar muy, muy lejano, alguien estaba sentado en un trono oscuro y majestuoso, rodeado por sombras que parecían vivas, moviéndose como serpientes invisibles en el aire.
La figura permanecía inmóvil, envuelta en un halo de poder y misterio.
De pronto, un soldado irrumpió en la sala, corriendo hacia el trono con urgencia.
“Mi señor,” dijo el soldado, inclinándose profundamente.
“Hemos logrado interceptar unas ondas…
¡Pero no es cualquier mensaje!
Es uno de Urion, y hemos logrado transcribirlo.” El individuo en el trono levantó una mano enguantada, indicando silencio.
“Dame el mensaje,” ordenó con una voz fría y autoritaria.
El soldado se acercó, temblando ligeramente, y entregó un pequeño dispositivo.
El sujeto lo leyó detenidamente, sus ojos recorriendo cada línea con precisión calculadora.
Al comprender la codificación de Urion, una sonrisa siniestra se dibujó en su rostro.
“Así que…
hay alguien que puede abrir portales,” murmuró para sí mismo, su tono lleno de malicia contenida.
Levantó la vista hacia el soldado.
“Puedes retirarte.” El soldado obedeció rápidamente, desapareciendo entre las sombras.
La figura en el trono se puso de pie y caminó hacia una habitación aún más oscura, donde una silueta encadenada permanecía inmóvil en la penumbra.
Solo se escuchaba el eco de sus pasos resonando en el vacío.
“Aún tengo posibilidades de encontrar lo que quiero…
¡La tierra, eh!” dijo con una risa baja y retorcida, su voz resonando como un eco siniestro en la habitación oscura.
Su sonrisa malévola se iluminó brevemente cuando un destello de luz atravesó las sombras, revelando apenas los contornos afilados de su rostro antes de que las tinieblas lo devoraran nuevamente.
La silueta encadenada permaneció inmóvil, pero el aire en la habitación pareció hacerse más pesado, cargado de una energía opresiva que erizaba la piel.
Era como si el mismísimo destino del mundo estuviera suspendido en ese instante, esperando el siguiente movimiento de esa figura envuelta en misterio.
Una sensación de peligro inminente flotaba en el ambiente, tan densa que casi podía sentirse en cada respiración entrecortada.
El universo estaba a punto de cambiar, y no necesariamente para bien.
Final del Arco 1.
Si has terminado de leer o escuchando esta historia y llegar al final del primer arco, quiero decirte algo desde el fondo de mi corazón: ¡muchas gracias!
Tu apoyo durante esta primera parte de la historia ha sido increíblemente valioso para mí.
Cada vez que alguien decide acompañarme en este viaje, siento que todo el esfuerzo, las horas y las ideas cobran vida de verdad.
Este primer arco ha sido solo el comienzo.
Ha contado con un poco de acción, revelaciones y personajes que espero hayan logrado conquistar un espacio en tu corazón (o al menos en tu curiosidad).
Pero créeme, esto no termina aquí.
La historia continuará en el próximo arco, y prometo traerte aún más emoción, giros inesperados y momentos que espero te mantengan al borde de tu asiento.
Me encantaría saber qué te pareció este primer arco.
Deja un comentario o comparte tus pensamientos; cada palabra que me dejes es un tesoro para mí y me ayuda a seguir mejorando como creador.
Una vez más, mil gracias por acompañarme hasta aquí.
Este proyecto no sería posible sin personas como tú, que han decidido darle una oportunidad y quedarse hasta el final.
Con gratitud infinita, del autor Cocoelcool38/Shadowcoco P.D.: ¡Nos vemos en el próximo arco!
Prepárate, porque lo que viene será aún más grande y épico aumentare la dosis de acción.
Esto apenas empieza…
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