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El sistema del perro agente - Capítulo 190

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  4. Capítulo 190 - 190 La Calma antes de la Tormenta 1
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190: La Calma antes de la Tormenta 1 190: La Calma antes de la Tormenta 1 Arco 2: Lux Saga Han pasado casi un año, desde que nuestros héroes frustraron los planes malvados de Milo, aquel que se hacía llamar “Zeus”.

Aunque el mundo había sido salvado del borde del desastre, no todo era felicidad para ellos.

El peso de lo que habían enfrentado aún resonaba en sus corazones, como ecos de una batalla que nunca se apaga del todo.

—¿Quién hizo ese ruido?

—pregunté yo, el escritor, rompiendo el silencio.

—Fui yo —respondió una voz familiar, aunque llevaba consigo un tono irritante.

—Ah, eres tú.

¿Qué quieres ahora?

—inquirí, frunciendo el ceño.

—Veo que planeabas comenzar con un salto temporal insípido.

Mejor déjame esto a mí —interrumpió la voz, con un aire arrogante.

—Pero soy yo el escritor —le recordé, molesto.

—Y yo quiero narrar —replicó sin vacilar—.

Pero bueno, ya sabrás quién soy pronto… Con una mezcla de frustración y curiosidad, me quito el control.

En fin, retomemos donde lo dejamos.

Después de su épico enfrentamiento contra su tío abuelo Milo, Aiden, Podbe y sus nuevos compañeros lograron salvar al mundo de la destrucción total.

Sin embargo, no todo fue celebración.

Casi un año después, Aiden enfrentaba desafíos que lo atormentaban en silencio.

Su vínculo con Podbe, su fiel compañero canino, se había debilitado drásticamente.

Ya no podía comunicarse con él como antes, y ese vacío resonaba en su corazón como un eco constante.

Cada vez que miraba a Podbe, sentía una mezcla de nostalgia y frustración, deseando desesperadamente recuperar esa conexión especial que alguna vez compartieron.

Para empeorar las cosas, los gobiernos del mundo comenzaron a observar a Aiden con creciente recelo.

Sus poderes extraordinarios, que una vez salvaron al planeta, ahora despertaban sospechas y temores entre las figuras políticas más influyentes.

Algunos incluso hablaban abiertamente de cómo manejar —o controlar— a alguien tan poderoso.

Y como si eso no fuera suficiente, la tensión política escaló aún más cuando algunos miembros de la agencia que ayudaron a detener a Milo fueron expuestos públicamente.

Sus rostros aparecieron en noticias globales, revelando la existencia de agencias secretas que hasta entonces habían operado en las sombras.

El descubrimiento generó un caos diplomático, alimentando teorías conspirativas y aumentando la presión sobre aquellos que formaban parte de estas organizaciones clandestinas.

El mundo ya no veía a Aiden y sus compañeros únicamente como héroes; ahora también los consideraba una amenaza potencial, un recordatorio perturbador de que las líneas entre salvadores y vigilados podían ser demasiado finas.

La única salida por ahora era fortalecerse para cualquier posible ataque y demostrar al mundo que pueden confiar en ellos.

Por eso, Aiden y los demás fueron enviados a entrenar en un lugar secreto: una isla remota en Asia, oculta entre montañas y rodeada de naturaleza exuberante.

Allí, separado de Billy, María, Elena y sus demás amigos del orfanato, serían supervisados por la organización conocida como El Cuadrado, cuya verdadera naturaleza aún estaba envuelta en misterio.

Después de semanas de arduo entrenamiento físico y mental, los jóvenes merecían un merecido descanso.

—Bien, muchachos, pueden relajarse aquí —anunció una voz autoritaria.

Al levantar la vista, descubrieron que estaban frente a un resort escondido entre las montañas.

Las aguas termales humeaban bajo la luz dorada del atardecer, dividiéndose estratégicamente en áreas separadas para chicos y chicas.

Era un pequeño oasis de paz, diseñado para ofrecer un momento de tranquilidad antes de que sus vidas volvieran a cambiar para siempre.

Solo los agentes más jóvenes permanecieron; el resto regresó a cumplir con sus deberes.

Aiden y sus compañeros avanzaron hacia las aguas termales, sintiendo cómo el calor reconfortante empezaba a aliviar la tensión acumulada en sus cuerpos.

Mientras tanto, junto a la zona masculina, Riota observaba a Benjamín con una mezcla de curiosidad y diversión.

—Oye, ¿qué pasa contigo?

—preguntó Riota, señalando la enorme toalla que Benjamín sostenía alrededor de su cuerpo, cubriéndolo de pies a cabeza.

—¿Qué pasa con qué?

—respondió Benjamín, claramente incómodo.

—Es esa toalla tan grande.

¿Por qué la traes así?

—insistió Riota, sonriendo burlonamente.

—Es que… me da mucha pena bañarme con tanta gente —confesó Benjamín, su voz temblorosa y su rostro teñido de carmesí.

Riota soltó una risita ligera, intentando calmarlo.

—Tranquilo, todos aquí somos chicos.

Nadie te va a juzgar.

A pesar de las palabras tranquilizadoras, Benjamín seguía visiblemente nervioso, ajustando la toalla con manos temblorosas.

Su timidez contrastaba con la confianza despreocupada de los demás, creando una escena que reflejaba tanto vulnerabilidad como camaradería.

Riota tomó a Benjamín de la mano con firmeza, pero con ternura.

—Está bien si sientes nervios —le dijo con una sonrisa tranquilizadora—.

Pero no olvides que estaré contigo en todo momento.

Nos conocemos desde que éramos bebés, ¿recuerdas?

Aunque Riota intentaba infundir confianza, había algo que incluso él desconocía: Benjamín guardaba un secreto.

Un peso que lo acompañaba desde hacía tiempo, uno que nunca se había atrevido a revelar.

Cuando llegaron al área de las aguas termales, los demás ya estaban disfrutando del calor reconfortante.

En una esquina, alejado del bullicio, estaba Aiden.

Junto a él, Podbe, su fiel perro, descansaba tranquilamente.

Sin embargo, los ojos de Aiden reflejaban tristeza.

Sabía que ya no podía comunicarse con Podbe como antes, ni con Reia.

Ambos vínculos habían sido truncados, dejando un vacío que aún no lograba llenar.

—Pobre Aiden —murmuró Riota con genuina preocupación—.

Ha dejado atrás a sus amigos del orfanato, su compañero canino ya no puede hablarle como antes, solo vio por poco tiempo a su verdadero padre y ahora los gobiernos del mundo lo tienen vigilado.

Benjamín asintió lentamente, sintiendo cómo el peso de sus propias inseguridades palidecía frente a las luchas de Aiden.

—Tienes razón… Mis nervios no son nada comparados con lo que él está enfrentando —dijo, armándose de valor y tratando de dejar atrás su timidez.

Justo cuando ambos estaban a punto de entrar al agua, una figura apareció detrás de ellos.

Antes de que pudieran reaccionar, alguien le quitó la toalla de encima a Benjamín con una risa traviesa.

—¡Vamos, estamos entre amigos!

¡Además, todos somos chicos aquí!

El lugar quedó en silencio.

Los presentes intercambiaron miradas incómodas, algunos sonrojándose al ver a Benjamín.

Incluso Riota se sintió avergonzado, aunque trató de disimularlo.

En un arrebato de desesperación, Benjamín actuó sin pensar.

Con un rápido movimiento, dio una fuerte cachetada a Riota y, sin dar más explicaciones, se transformó en un gato y escapó corriendo del lugar.

—¿Qué fue eso?

¿Por qué todos se pusieron rojos y pálidos como ese personaje de anime al que le sangra la nariz?

—preguntó Floud, rascándose la cabeza con genuina confusión.

Sus enormes ojos, llenos de inocencia, recorrieron el lugar mientras buscaba alguna respuesta lógica a lo que acababa de presenciar.

Dante, aún sumergido hasta los hombros en las cálidas aguas termales, dejó escapar una risita baja, casi inaudible.

Sacudió la cabeza lentamente, observando a Floud con una mezcla de diversión y resignación.

—Eres muy inocente, Floud.

Nunca cambies —respondió Dante con una media sonrisa, hundiéndose un poco más en las cálidas aguas.

—Deberías saberlo —intervino Mark, cruzándose de brazos—.

Según los reportes, tú tienes ocho años… Bueno, tal vez nueve ahora.

—¡Esos reportes están mal!

—protestó Floud, inflando las mejillas—.

Tengo seis digo siete.

Josh comenzó a decir algo, pero Marcus lo interrumpió rápidamente, tapándole la boca con la mano.

—Olvídalo, sigue en lo tuyo —le ordenó, lanzando una mirada significativa a Josh.

La tensión aumentó cuando Andre señaló acusadoramente a Gat, quien estaba cerca de los arbustos.

—¡Todo esto es tu culpa, Gat!

¿No te da vergüenza hacer este tipo de cosas?

Ya no eres un niño.

Gat levantó las manos en señal de rendición, aunque su expresión era de ligera frustración.

—¡Bueno, no es mi culpa!

Ese loco del tiempo me hizo más joven… Creo que también afectó mi mente.

Ahora luzco y pienso como un chico de trece años.

Desde una esquina, un joven pelirrojo de lentes ajustó su postura.

Su cabello ondulado caía sobre su frente, y sus ojos verdes brillaban con un destello casi mecánico, como si llevara un reloj dentro de ellos.

—Ya dije que lo sentía —murmuró, su voz apenas audible.

Jake salió de las sombras, su tono serio y cortante.

—Eso no importa.

Lo que hiciste es imperdonable.

Tommy asintió, cruzándose de brazos.

—Esto amerita un castigo.

Claus, ve por Gat.

Claus, siempre obediente, invocó miles de clones idénticos a sí mismo, preparados para actuar.

El aire se llenó de un ruido ensordecedor mientras los clones rodeaban a Gat.

—¡Esperen!

—gritó Gat, retrocediendo—.

¡Escuchen!

¡Yo no sabia que era…!

En medio del caos, Aiden permaneció en silencio, observando a Podbe con una mezcla de esperanza y melancolía.

No perdía la fe de que algún día su amigo volvería a hablarle.

Mientras tanto, los ecos de la discusión resonaban en el fondo, distantes pero persistentes.

—Vaya tontos —murmuró Caín con los ojos cerrados, su voz cargada de desdén.

A su lado, Akira y Piti intercambiaron miradas nerviosas, incómodos por la presencia aterradora que emanaba de él.

—Caín —dijo Akira en voz baja—, ¿te has preguntado dónde está ese chico plástico?

—¿Benny?

—respondió Caín sin abrir los ojos—.

Probablemente esté metido en algún lío como siempre.

Mientras tanto, Benny llegaba exhausto a la recepción del resort, jadeando por el esfuerzo.

Al parecer, nadie le había informado que ya podían descansar.

Se acercó al mostrador con paso cansino y anunció: —Soy el agente B-9.

La joven recepcionista lo miró con curiosidad antes de revisar su registro.

Después de unos momentos, levantó la vista con expresión confundida.

—Lo siento, pero ya hemos registrado a alguien con ese código clave.

Benny frunció el ceño, incrédulo.

—¿Cómo puede haber alguien más con este código?

¡El mismo jefe Ezequiel me lo asignó!

La chica negó con la cabeza, firme en su decisión.

—No puedo admitir personas ajenas a la agencia.

Lo siento.

Sin más explicaciones, lo echó del lugar.

Benny se quedó afuera, rendido sobre el suelo, demasiado agotado para protestar.

En su mente, solo podía pensar en lo injusto que era todo.

Él también quería relajarse después de semanas de entrenamiento intenso.

“Seguramente mi líder cometió un error, ese tonto”, pensó, resignado.

En un lugar remoto, muy lejos de la isla, Ezequiel estornudó repetidamente, sacándose lágrimas de los ojos.

—Salud —dijo Eduard, observándolo con preocupación.

—¿Se encuentra bien, señor?

—preguntó Ray.

Ezequiel se sonó la nariz con un pañuelo antes de responder: —Sí… Creo que alguien debe estar hablando mal de mí.

Todos los presentes intercambiaron miradas.

Había algo extraño en el ambiente.

No solo Ezequiel parecía diferente; todos lucían más jóvenes, como si el tiempo hubiera retrocedido para ellos.

En el baño de las chicas, Dove y Adora conversaban animadamente sobre sus experiencias durante el entrenamiento cuando algo pasó rápidamente frente a ellas.

Un grito ahogado resonó en el aire.

Becky fue la más asustada, convencida de que había visto un roedor.

Lita reaccionó de inmediato, invocando su magia de naturaleza para crear unas enredaderas que atraparon al supuesto intruso.

Las demás chicas rodearon la escena con curiosidad.

—Esperen —dijo Amaya, acercándose para examinar al animal atrapado.

Su expresión cambió de sorpresa a reconocimiento cuando vio la cara triste del gato.

—Benjamín, ¿qué haces aquí?

Un murmullo de indignación recorrió el grupo.

—¡Un chico en el baño de chicas!

¡Eso es imperdonable!

—exclamó Abel, cruzándose de brazos.

—Veamos qué castigo le ponemos —propuso otra de las chicas, mirando a Benjamín en su forma de gato con desaprobación.

—Esperen un momento —intervino Amaya, indicándole a Lita que retirara la trampa de enredaderas.

Lita obedeció, liberando al gato.

Amaya lo tomó delicadamente en sus brazos y comenzó a consolarlo.

—Está bien, tranquilo —le dijo suavemente, buscando una toalla cercana.

Benjamín se transformó nuevamente en humano, sus ojos llenos de lágrimas mientras explicaban lo sucedido.

—Solo quería estar cerca de Riota… Por eso fingí ser quien no soy —confesó entre sollozos.

Amaya lo miró con una mezcla de comprensión y reproche.

—Eso pasa cuando juegas a ser alguien que no eres, Benjamín.

Pero… ¿por qué hacerlo hasta este extremo?

Las demás chicas intercambiaron miradas sorprendidas.

—No nos digas que tú eres… —comenzó una de ellas, incapaz de terminar la frase.

De vuelta en el baño de hombres, Riota aún procesaba la revelación.

—No puedo creer que él… Ella… ¡Siempre he estado con él desde que nació!

—balbuceó, tratando de asimilar la información.

En simultaneo, Gat permanecía atado en un rincón, con algunos golpes visibles causados por los clones de Claus.

Aunque intentaba mantenerse estoico, era evidente que el castigo había sido severo.

Y te disculparas con él digo ella dijo Tommy.

—Sin duda, este será un tema de conversación durante mucho tiempo —murmuraron todos entre sí, aun procesando lo sucedido con Benjamín.

Tras el incidente, Benjamín desapareció completamente.

Nadie lo volvió a ver cerca de Riota ni en ningún otro lugar del resort.

Su ausencia dejó un vacío palpable en el grupo, especialmente para Riota, quien luchaba por reconciliar la imagen del amigo que creía conocer con la revelación impactante de su verdadera identidad.

Al día siguiente, el equipo recibió nuevas instrucciones.

Una nave los recogió desde la isla y los transportó a una nueva ubicación secreta: una base oculta en los Estados Unidos.

Al bajar de la nave, fueron recibidos por Marie, cuya postura imponente y voz firme dejaban claro que estaba al mando.

—Bienvenidos, chicos —dijo ella con una sonrisa apenas perceptible—.

Es hora de que vayan a clases.

—¿Clases?

—repitieron los más jóvenes, incrédulos.

Marie asintió con calma.

—Así es.

Solo los más jóvenes regresarán a la escuela.

Deben retomar sus estudios; mañana mismo comenzarán.

Los jóvenes intercambiaron miradas confundidas y algo frustradas.

Habían estado entrenando intensamente para enfrentarse a amenazas globales, y ahora se les pedía que volvieran a una rutina escolar.

¿Cómo podían conciliar ambas responsabilidades?

—¿Escuela?

—preguntó uno de ellos, expresando la incredulidad colectiva.

Mientras algunos murmuraban entre sí, otros lanzaron miradas preocupadas hacia Marie, buscando respuestas.

Pero ella simplemente señaló una imagen en una pantalla a donde iban a partir de mañana.

En un lugar muy, muy lejano, en una instalación científica avanzada, un equipo de investigadores trabajaba frenéticamente bajo luces parpadeantes y el zumbido constante de máquinas.

Después de meses de experimentación, finalmente lograron completar su proyecto más ambicioso: un suero experimental con propiedades únicas.

Uno de los científicos se acercó a su líder, un hombre misterioso cuyo rostro permanecía oculto tras sombras proyectadas por la luz tenue del laboratorio.

—Señor, el suero está listo —anunció con reverencia—.

Sin embargo, solo puede utilizarse para un viaje de ida y vuelta.

El líder asintió lentamente, sus ojos brillando con determinación.

—Bien.

Busquen a los dos mejores hombres disponibles.

Envíenlos a la Tierra.

Su misión es clara: deben encontrar al muchacho del portal y traerlo.

Los científicos intercambiaron miradas nerviosas, pero obedecieron sin rechistar.

Sabían que fallar no era una opción.

Durante ese lapso, el líder se retiró a una sala adyacente, donde contempló un holograma tridimensional de la Tierra girando lentamente.

En su mente, los planes ya estaban en marcha.

El destino del universo dependía de ese muchacho… y de lo que él representaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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