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El sistema del perro agente - Capítulo 191

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  4. Capítulo 191 - 191 La Calma antes de la Tormenta 2
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191: La Calma antes de la Tormenta 2 191: La Calma antes de la Tormenta 2 —¿Escuela?

—repitieron los chicos mientras subían al autobús que los llevaría al lugar indicado por Marie.

Aiden subió junto con Podbe y se dirigió directamente al fondo del vehículo.

Se sentó en silencio, observando a través de la ventana mientras el perro descansaba a sus pies.

Los demás lo miraban de reojo, algunos preocupados, otros curiosos.

Aiden no había estado interactuando mucho con el grupo en los últimos meses, y su actitud distante empezaba a generar murmullos.

Algunos lo veían como alguien sombrío y misterioso, pero otros, como Caín y Hela, encontraban su comportamiento intrigante.

Decidieron sentarse cerca de él, intercambiando miradas cómplices mientras trataban de iniciar conversaciones que apenas recibían respuestas.

Riota, por su parte, no podía evitar sentirse culpable.

Miraba hacia todos lados, buscando a Benjamín, pero este no estaba en ninguna parte del autobús.

“¿Y si todo esto es mi culpa?”, pensó, frustrado por no haber notado antes lo que pasaba con su amigo.

Floud, ajeno a la tensión general, se sentó a su lado emocionado, moviendo las piernas con entusiasmo.

—¡Qué emoción!

¡Vamos a la escuela!

—exclamó, sonriendo ampliamente.

En otro asiento, Akira estaba absorto arreglando piezas y tuercas con delicadeza, mientras a su lado estaban, Max y Liam, discutían en voz baja.

Ambos estaban visiblemente frustrados porque no podían estar con su hermano mayor Axel.

Según las reglas, todos los menores de dieciocho años debían asistir a la escuela, y esta sería la primera vez que se separarían el trio.

—¿El trío de hermanos Rightyard sin nosotros?

Esto no tiene sentido —murmuró Max, cruzándose de brazos.

Liam asintió, compartiendo su descontento.

Gat, sentado en un rincón apartado, miraba distraídamente a los demás.

Un breve flashback cruzó su mente: —¿Por qué tengo que estar aquí?

¡Yo tengo veintiséis!

—había protestado Gat frente a Ezequiel.

—Irás con los demás —respondió Ezequiel con firmeza—.

Ahora eres un adolescente de trece, como Aiden.

Así que irás a la escuela… como castigo por lo que hiciste.

Ya me comentaron los demás.

—Está bien —había respondido Gat finalmente, resignado.

Mientras tanto, Rayna y Arryn, conocidas como “Las Chicas de Oro y Plata”, estaban ocupadas probándose distintos aretes que creaban usando sus poderes.

Las joyas brillaban bajo la luz tenue del autobús, reflejando destellos dorados y plateados que llamaban la atención de quienes las rodeaban.

En otro asiento, Timmy miró fijamente a Lita, quien mantenía las manos escondidas bajo la manga de su sudadera.

—Oye, ¿por qué escondes las manos?

—preguntó Timmy con curiosidad.

Diego, sentado cerca, abrió los ojos, alarmado y golpeó el brazo de Timmy.

—¡Oye!

No le preguntes eso —dijo rápidamente, temiendo la respuesta.

Todd apareció de repente al lado de Timmy, asustándolo aún más.

—Amigo, mejor ni le preguntes —añadió Todd, lanzando una mirada nerviosa hacia Lita.

Lita levantó la vista tranquilamente y respondió con calma: —Es porque nací sin brazos.

Su declaración dejó helados a todos los que estaban cerca.

Timmy tragó saliva, sintiéndose culpable por su pregunta.

—Pero…

no tenías brazos durante el entrenamiento tampoco —balbuceó, tratando de entender cómo eso era posible.

Antes de que alguien pudiera decir algo más, alguien subió al autobús y comenzó a dar indicaciones.

Era un hombre alto y musculoso, con una presencia serena pero imponente.

Vestía jeans ajustados y una camisa de manga corta que resaltaba su físico tonificado; llevaba un silbato colgando del cuello y unos lentes negros que ocultaban sus ojos.

Su cabello castaño, corto y pegado, combinaba con su piel ligeramente bronceada por largas horas bajo el sol.

Aparentaba unos veintiséis años, pero su aura transmitía una autoridad incontestable.

Con pasos firmes, avanzó por el pasillo mientras su voz resonaba por todo el vehículo, silenciando el barullo instantáneamente.

Llegó hasta el fondo, donde Aiden estaba sentado, y lo miró fijamente.

—Así que tú eres al que tengo que cuidar —dijo, bajando brevemente sus gafas para revelar unos ojos cafés penetrantes que inspiraban tanto respeto como temor—.

Espero que no seas problemático como algunos en este autobús.

El mensaje era claro, y todos en el vehículo sintieron un escalofrío recorrerles la espalda.

Incluso Caín y Hela se sintieron intimidados, aunque su expresión apenas lo delataba; ambos siempre mantenían una fachada dura ante cualquier situación.

Sin embargo, Abel fue quien realmente mostró miedo.

Siempre pegado a su hermano debido a la maldición que unía sus poderes —la cual les impedía alejarse el uno del otro por mucho tiempo—, Abel no pudo evitar encogerse en su asiento al sentir la presencia imponente del hombre musculoso.

Aiden, por su parte, respondió solo con un leve movimiento de cabeza.

Aunque intentó mantenerse impasible, también sintió un escalofrío recorrerle la espalda al ver al sujeto.

Sin más palabras, el autobús emprendió la marcha, dejando atrás cualquier indicio de tranquilidad.

Pero justo cuando las ruedas comenzaron a girar, un grito desesperado resonó desde afuera.

Benny, el chico elástico, corría hacia el vehículo con torpeza.

Intentó alcanzarlo, pero tropezó y terminó enredado bajo la parte baja del autobús, atrapado entre cables y polvo.

Nadie dentro del vehículo parecía haber notado su desafortunada situación.

Mientras el autobús avanzaba, Aiden se sumergió en sus pensamientos, recordando la conversación que había tenido con Marie antes de partir.

—Lo siento, Aiden, pero tu padre no podrá estar contigo.

Tiene trabajo que hacer como agente —le había dicho ella con voz calmada, aunque sus ojos reflejaban cierta incomodidad.

—Pero desde que él despertó, solo lo he podido ver un par de veces.

¡Eso no es justo!

—respondió Aiden, su voz cargada de frustración e injusticia.

Marie miró al muchacho con tristeza mientras observaba cómo bajaba la cabeza, derrotado.

Se agachó un poco, levantándole el rostro delicadamente para consolarlo.

—Lo sé… Nada está bien.

Incluso ahora te tienen prohibido usar tus poderes, y esa cosa que te colocaron en el tobillo para bloquearlos… Es cruel, lo sé.

Créeme, me apena mucho lo que estás pasando, pero la vida es así.

Solo debes seguir adelante y reponerte.

—¡Pero no es justo!

—insistió Aiden, señalando su tobillo con rabia—.

Pasé de estar encerrado en un orfanato sin libertad a explorar el mundo, conocer a mi padre, y ahora… Ahora me siento prisionero otra vez.

—Lo sé, Aiden… Como te dije, nada es justo —repitió Marie con un suspiro pesado.

Lo abrazó brevemente y añadió—: Además de Jake, que te vigila desde las sombras literalmente —hizo una pausa significativa—, también habrá un segundo agente asignado a vigilarte: el agente E-2.

Al retirarse, Aiden se volvió hacia Podbe, sentado a su lado en silencio.

Acarició suavemente la cabeza del perro mientras murmuraba: —Bueno, al menos aún te tengo, amigo… Pero lo malo es que ya no puedo comunicarme contigo como antes.

El agente E-2, el mismo hombre alto y musculoso que acababa de subir al autobús.

Luego de un rato de viaje, el autobús frenó abruptamente.

El agente E-2 se levantó y les ordenó descender.

Al bajar, los estudiantes se encontraron frente a un enorme complejo educativo llamado “Blue Hills”.

Era un instituto impresionante, diseñado para albergar a una gran cantidad de estudiantes.

Sus muros altos y robustos rodeaban todo el perímetro, claramente diseñados para mantener a los curiosos y “chismosos” alejados.

Ubicado entre una ciudad y un pueblo, el lugar tenía un aire tanto moderno como imponente.

Cuando todos bajaron del autobús, algo extraño emergió de la parte baja del vehículo.

Una masa amorfa, cubierta de hollín y suciedad, rodó hacia el suelo.

Algunos gritaron, otros retrocedieron asustados.

Pero pronto la forma comenzó a cambiar, estirándose y moldeándose hasta revelar la figura de Benny.

El agente E-2 lo miró con desagrado evidente.

—¿Qué demonios?

—gruñó, cruzándose de brazos—.

Vete inmediatamente a darte un baño y cámbiate de ropa.

Esto es ridículo.

Benny, visiblemente avergonzado, asintió rápidamente y corrió hacia el edificio principal, dejando detrás unas pequeñas huellas negras.

—Pobre Benny, siempre se mete en problemas —comentó Abel con un suspiro, observando cómo el chico elástico desaparecía hacia el edificio principal.

Caín, con su habitual tono indiferente pero curioso, preguntó: —¿Y cuál era su código de agente?

Antes de que alguien pudiera responder, el agente E-2 apareció frente a ellos con una postura imponente.

Su voz resonó clara y autoritaria mientras se presentaba: —Soy Dustin Changement, y estaré a cargo de vigilarlos.

No se les olvide, muchachos.

¿Queda claro?

Todos asintieron rápidamente, impresionados por su seriedad.

Dustin añadió: —Regresaré con alguien que les enseñará todo lo que necesitan saber del lugar.

No se muevan de aquí.

Una vez que el agente se alejó, Marin no pudo evitar comentar: —¿Esto es un cuartel militar o una escuela?

Miren cómo nos trata.

Megumi, siempre práctica, respondió: —Mejor no digas nada.

Podría escucharte.

Amaya, con una sonrisa cálida, añadió: —Aunque parezca estricto y serio, en el fondo es una buena persona.

Solo está haciendo su trabajo.

Los muchachos asintieron en silencio y comenzaron a ingresar al lugar.

Aiden, junto con los demás, estaba asombrado por la magnitud del complejo.

Era enorme, como un parque de diversiones en Miami, lleno de edificios interconectados.

Había canchas deportivas, piscinas, áreas para competencias y espacios verdes perfectamente cuidados.

Todo el lugar irradiaba una mezcla de modernidad y funcionalidad.

De repente, Aiden escuchó voces familiares llamándolo desde la distancia.

—¡Aiden!

¡Aiden!

Se giró rápidamente y vio a María y Billy corriendo hacia él.

Ambos vestían el uniforme de la escuela: camisa blanca con un chaleco negro, shorts negros, medias oscuras y zapatos elegantes; las chicas llevaban faldas del mismo color.

Sin pensarlo dos veces, los tres amigos se abrazaron con fuerza.

Habían pasado casi un año sin verse, y el reencuentro fue emocionante.

Por unos momentos, Aiden dejó escapar una sonrisa sincera, permitiéndose disfrutar la calidez del momento.

Pero pronto su rostro volvió a adoptar esa expresión seria que había caracterizado su actitud últimamente.

Mark y Leila, quienes observaban desde lejos, intercambiaron miradas.

—Así ha estado desde ese día —murmuró Mark, refiriéndose a la batalla contra Zeus.

María, notando la presencia de otros compañeros, preguntó: —¿Y tú qué haces aquí?

Pensé que te habías quedado con tu unidad.

Mark sonrió de lado, recordando cómo algunas de las chicas del grupo se habían puesto tristes cuando tuvo que partir.

Algunas incluso intentaron aferrarse a él.

—Es… una larga historia —respondió finalmente, evitando entrar en detalles.

Leila, mirando a su alrededor, preguntó: —¿Y dónde está Elena?

Billy señaló un árbol lejano donde alguien descansaba sobre la hierba.

Mientras tanto, María se acercó a Podbe, quien permanecía junto a Aiden.

Acarició suavemente la cabeza del perro y dijo: —¡Podbe!

Qué bueno que dejaron ingresar a un can en este lugar.

El aspecto de Podbe había cambiado ligeramente desde la última vez que María lo vio.

Ahora era un poco más grande, aunque tenía tamaño medio, con un pelaje brillante y saludable que lo hacía lucir imponente pero amigable.

Billy, observando atentamente, notó un bulto sospechoso en la media derecha de Aiden.

Estaba a punto de preguntarle al respecto cuando Leila lo detuvo con un gesto sutil.

“No”, parecía decir con los ojos, indicándole que no era el momento adecuado.

De pronto, tres figuras aparecieron frente a ellos.

Los recién llegados eran un poco más altos que Aiden y tenían una actitud arrogante que inmediatamente llamó la atención del grupo.

El chico del centro, con el pelo corto en punta, negro como el carbón y unos ojos cafés penetrantes, se dirigió directamente a Aiden: —Así que tú eres el mocoso de los portales, ¿eh?

A su lado, dos chicos que parecían gemelos completaban el grupo.

Ambos tenían cabello corto y ojos marrones claros, y sus expresiones eran igual de desafiantes.

—¿Así que él es el famoso?

¿no, jefe?

—preguntó uno de los gemelos con tono burlón.

—¡Bah!

Así que los rumores son ciertos —intervino Leonard, el muchacho de pelo oscuro, cruzándose de brazos con arrogancia—.

No puedes usar tus poderes… ¿Y de qué sirve tener a alguien como tú aquí?

Además, no eres el único que sabe hacer “esas cosas”.

De pronto, un círculo oscuro comenzó a formarse en las manos de Leonard.

Este creció rápidamente hasta alcanzar el tamaño de su cuerpo, y sin previo aviso, él se metió dentro.

Un segundo después, reapareció detrás del grupo a través de otro círculo que había creado en el aire.

—¿Lo ves?

Yo soy mejor.

Y, a diferencia de ti, puedo usar mis poderes cuando me dé la gana —dijo Leonard con una sonrisa petulante mientras señalaba el tobillo de Aiden—.

No como tú, que tienes un grillete que te limita.

—¿Qué grillete?

—preguntó Aiden, confundido.

—Pues ese —respondió el muchacho con un tono desafiante mientras chasqueaba los dedos.

De inmediato, unos círculos oscuros comenzaron a formarse en el aire, flotando a los costados del pie de Aiden y también alrededor de los gemelos que lo acompañaban.

Los círculos emitieron un leve destello antes de activarse, y las manos de los gemelos fueron absorbidas por ellos como si atravesaran una dimensión invisible.

Un segundo después, sus manos reaparecieron directamente sobre la pierna de Aiden, moviéndose con precisión para bajarle la media rápidamente.

El artefacto metálico adherido a su tobillo quedó expuesto ante todos, brillando bajo la luz tenue del entorno.

Era un dispositivo pequeño pero intimidante, con líneas finas que parecían pulsar débilmente, como si estuviera vivo.

La mirada de Aiden se endureció mientras sentía cómo la humillación lo invadía, aunque intentó mantener la compostura.

—Como lo suponía —dijo Leonard con desdén—.

Con eso no puedes usar tus poderes.

Eres como un animal domado, como un preso.

Solo te utilizan cuando les conviene.

Billy y María fruncieron el ceño al ver el artefacto, claramente molestos por cómo Leonard y los gemelos habían humillado a Aiden.

Podbe también reaccionó, gruñendo amenazadoramente hacia los tres intrusos.

Los demás compañeros de Aiden, indignados, comenzaron a avanzar hacia ellos, listos para defenderlo.

—¿Qué pasa?

¿Quieren pelea?

—respondió Leonard, sin inmutarse.

Luego se dirigió a los gemelos—: Prepárense, chicos.

Señalando a Podbe y a los agentes que estaban cerca, Leonard añadió: —Ese perrito no me da miedo, y mucho menos todos tus amiguitos.

Antes de que la situación escalara, una voz femenina interrumpió el enfrentamiento.

—Vete de aquí.

No molestes a los demás, Leonard.

Todos giraron para ver a una chica de cabello corto acercarse con calma, pero firmeza.

Era Elena.

—¡Señorita Elena!

—exclamaron los gemelos al unísono, ruborizándose visiblemente al verla.

Leonard, aunque fingió indiferencia, respondió rápidamente: —¡Bah!

Está bien, solo por ti, preciosa.

Pero hazle un favor a ese chico —dijo, señalando a Aiden con desprecio—.

Dile que no se haga el importante solo porque salió en las noticias internacionalmente.

Aunque tengo entendido que fue su tío quien causó todo el caos.

Con una última mirada desafiante, Leonard y los gemelos se alejaron, dejando al grupo en un silencio incómodo.

Aiden, todavía molesto y avergonzado, no sabía si ir tras ellos o simplemente dejar pasar el momento.

Había estado guardando el secreto del artefacto precisamente para evitar situaciones como esta.

La chica que había intervenido se acercó tranquilamente y le subió la media, cubriendo nuevamente el dispositivo.

—Tranquilo —dijo con voz suave—.

Todo está bien.

Elena, con una dulzura reconfortante, añadió: —Qué bueno que nos volvemos a ver, Aiden.

El muchacho se sonrojó ligeramente al escuchar su voz.

Había algo en ella que siempre lograba calmarlo, incluso en los momentos más difíciles.

En ese instante, Dustin apareció exaltado y molesto.

—¡Les dije que no se movieran!

—gritó, fulminando a todos con la mirada.

Luego señaló a una joven que acababa de llegar—.

Bien, todos ustedes, vengan conmigo.

Ella los llevará.

Los amigos de Aiden comenzaron a despedirse rápidamente.

—Nos vemos al rato, Aiden —dijeron Billy y María antes de volver a sus aulas.

—Sí, nos vemos —respondió Aiden, aún algo distraído por lo ocurrido.

La joven guía se acercó a él con una sonrisa amable.

—Hola, Aiden.

Que haces por aquí.

¿No te acuerdas de mí?

Soy… —¡Lidia!

Aquí estabas.

Te estaba buscando —interrumpió un joven que venía corriendo hacia ellos—.

Ya tengo a alguien más esperándonos.

El recién llegado saludó a Aiden con una sonrisa cálida.

—Hola, Aiden.

Soy yo, Rino, ¿que no te acuerdas de nosotros?

—Hola, chicos —dijo Aiden con una sonrisa algo forzada, todavía procesando el encuentro incómodo con Leonard y su grupo.

Lidia lo observó con curiosidad mientras caminaban.

—Estabas en una especie de trance —comentó ella, inclinando ligeramente la cabeza—.

¿Te pasa algo?

Gat, siempre con su peculiar sentido del humor, intervino: —Sí, creo que estaba en el “trance del amor”.

Josh no perdió la oportunidad de responderle con sarcasmo: —Por lo visto, tú no aprendes, Gat.

Mientras tanto, Lidia y Rino se acercaron a Podbe, quien permanecía al lado de Aiden.

—Hola, Podbe —dijeron ambos al unísono, pero el can solo les respondió con un ladrido cortés, como si estuviera evaluándolos antes de decidir si confiar en ellos.

Rino cruzó los brazos, pensativo.

—Entonces es cierto lo que decían por ahí… —murmuró, mirando de reojo a Aiden.

Lidia, con una expresión de compasión en su rostro, añadió: —Pobre Aiden… No debe ser fácil para él enfrentarse a todo esto.

De pronto, la voz autoritaria de Dustin interrumpió la conversación.

—Por favor, síganme —ordenó, cortando abruptamente la amena reunión.

Antes de que el grupo comenzara a avanzar, Dustin los miró fijamente y añadió—: Los estaré vigilando.

Aunque su tono era firme, sus ojos se desviaron hacia una sombra proyectada en el suelo.

—Espero que tú también —dijo, dirigiéndose a la figura oscura que parecía moverse entre las sombras del lugar.

En un planeta lejano, en una instalación científica avanzada, los preparativos estaban en marcha.

Dos figuras seleccionadas cuidadosamente se encontraban frente a un equipo de científicos.

Ambas vestían trajes plateados oscuros que cubrían completamente sus cuerpos, incluidos sus rostros, dejando solo una leve silueta bajo la luz tenue.

Uno de ellos era más alto que el otro, y ambos irradiaban una mezcla de determinación y tensión.

Una voz grave resonó desde las sombras.

—Espero que no me fallen —advirtió la figura oculta, cuya presencia imponente llenaba la habitación.

Ambos sujetos respondieron al unísono, sus voces amortiguadas por los cascos de sus trajes: —No, señor.

Uno de los científicos avanzó hacia ellos, entregándoles un dispositivo circular que parecía un reloj futurista.

—Esto les permitirá viajar a la Tierra y regresar —explicó el científico, entregando un tercer dispositivo especial—.

Y este lo usarán para traer al chico con poderes.

Los dos candidatos asintieron con decisión.

Sabían que no había margen para errores.

El científico levantó la mano, señalando el portal que comenzaba a formarse frente a ellos.

—Tres… dos… uno… Y con un destello de luz, ambos desaparecieron, listos para cumplir su misión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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