El sistema del perro agente - Capítulo 192
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- Capítulo 192 - 192 La Calma antes de la Tormenta 3
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192: La Calma antes de la Tormenta 3 192: La Calma antes de la Tormenta 3 —¿Y a dónde iremos exactamente?
Ese planeta es enorme —indicó el más alto y corpulento de los dos sujetos, mirando al científico con cierta impaciencia.
El científico respondió sin inmutarse: —Eso no importa.
Irán a uno de los portales activos.
Luego, con este artefacto, podrán encontrar otro.
Sin más explicaciones, ambos desaparecieron del laboratorio en un destello de luz.
Instantes después, reaparecieron en lo que parecía ser una enorme tumba antigua, rodeada de misterio y sombras.
Sin perder tiempo, comenzaron a buscar la salida.
Mientras avanzaban, se toparon con alguien que les preguntó con autoridad: —¿Qué hacen aquí?
Ambos sujetos reaccionaron rápidamente, sacando unas pistolas futuristas de sus cinturones y disparando sin vacilar.
El que les llamo la atención resultó ser un policía del recinto, quien logró solicitar refuerzos antes de caer abatido.
Sus compañeros llegaron al lugar poco después, pero fueron neutralizados con la misma facilidad por las armas avanzadas de los extraños visitantes de armadura plateada.
Las alarmas comenzaron a sonar estridentemente, inundando el ambiente con luces rojas parpadeantes.
Una voz familiar emergió desde un dispositivo similar a un reloj que llevaba uno de los agentes cercanos.
Era Marie.
—La persona que tiene el reloj es nada más y nada menos que el agente B-12 —dijo ella con calma—.
Aunque esto debería verlo el equipo de Eduard, ya saben… cosas paranormales.
—Hizo una pequeña pausa, como si estuviera bromeando—.
Pero bueno, ni modo, lo haré yo.
El agente B-12, que lucía notablemente más joven (como si tuviera veintiséis años en lugar de su edad real), asintió y se preparó para actuar.
En ese momento, Nick llegó al lugar en su jeep, acelerando hacia la escena.
De repente, un enorme rayo salió disparado desde una de las pirámides cercanas: eran los dos sujetos de armadura plateada.
Sin dudarlo, Nick entró en combate, disparando su arma hacia ellos.
Sin embargo, pronto notó algo inquietante: las balas no les hacían ningún daño.
Peor aún, rebotaban al impactar contra ellos.
—Esto no tiene sentido —murmuró Nick, frunciendo el ceño mientras observaba cómo las balas rebotaban inútilmente contra los sujetos de armadura plateada.
Decidió cambiar de táctica e intentó embestirlos con el vehículo, acelerando a toda velocidad hacia ellos.
Justo antes de que el jeep impactara contra los enemigos, Nick saltó ágilmente desde el asiento del conductor, rodando sobre el suelo para amortiguar la caída.
—¡Hey!
Nick, ¡no destruyas monumentos!
—resonó la voz de Marie desde el reloj, cargada de frustración—.
Además, necesitamos a esos sujetos vivos para interrogarlos.
Nick se disculpó rápidamente, levantándose del suelo con una expresión algo avergonzada.
Para su sorpresa, los sujetos no solo estaban ilesos, sino que también demostraron una fuerza sobrehumana.
El más alto levantó el jeep sin esfuerzo aparente, como si fuera un simple juguete, y lo lanzó hacia un lado con un movimiento fluido.
El vehículo cayó a pocos metros de Nick con un estruendo metálico que resonó en todo el lugar.
El sujeto más bajo comenzó a disparar directamente hacia Nick, quien logró esquivar los rayos con agilidad.
Sin embargo, no se percató de que el más grande se había lanzado hacia él con una fuerza brutal, como si fuera un jugador de rugby en pleno ataque.
El impacto fue devastador: Nick salió disparado por los aires, girando varias veces antes de comenzar a descender hacia el suelo.
Pero justo antes de que tocara tierra, unos vendajes surgieron de debajo del suelo, envolviéndolo y amortiguando su caída.
Nick miró hacia arriba, visiblemente aliviado.
—¡Ah!
¡Eres tú!
Gracias —dijo, reconociendo a Isis, quien había llegado para apoyarlo.
Isis no estaba sola.
A su lado, Eduard, su líder, observaba la escena con expresión seria.
Al igual que Nick, él lucía mucho más joven, como si el tiempo hubiera retrocedido décadas.
En lugar de sesenta, parecía tener treinta años.
Marie, desde el reloj, no pudo evitar pensar en voz alta: —¿Por qué todos se ven tan jóvenes?
Esto es muy extraño… Nick y otros miembros del equipo compartieron la misma pregunta en silencio, mientras observaban a los dos sujetos de armadura plateada prepararse para su próximo movimiento.
—Luego hablaremos de ello —dijo Eduard con firmeza, mientras se lanzaba hacia el enemigo más grande con un puño enorme directo a su rostro.
Un estruendo resonó por todo el lugar al impactar contra el sujeto, pero para su sorpresa, el golpe no pareció hacerle ningún daño.
—¿Pero?
¿cómo…?
—murmuró Eduard, incrédulo.
Sin embargo, no tuvo tiempo de reaccionar cuando el enemigo respondió con un potente derechazo que lo envió volando por los aires como si fuera una hoja al viento.
En simultaneo, Isis utilizó sus vendajes para intentar quitarle el arma al otro sujeto, quien seguía disparando sin cesar.
Al tocar el arma, esta emitió una especie de defensa eléctrica que provocó una descarga intensa.
Isis se retorció de dolor, cayendo de rodillas mientras los vendajes regresaban a su forma original.
Desde dentro de las armaduras plateadas, una voz fría y autoritaria resonó: —No estén jugando y busquen lo que tienen que traer.
Ambos sujetos intercambiaron una mirada rápida antes de presionar algo en sus brazos.
En un instante, lanzaron una explosión cegadora que iluminó todo el campo de batalla.
Los agentes se cubrieron los ojos, desorientados, y cuando finalmente lograron abrirlos nuevamente, los enemigos ya no estaban.
Los empleados de la agencia llegaron poco después para establecer un perímetro y buscar algún rastro de los intrusos.
Sin embargo, no encontraron nada.
Era evidente que los sujetos poseían una tecnología muy avanzada, completamente desconocida para la Tierra.
Nick y Eduard, todavía recuperándose del enfrentamiento, se preguntaban quiénes eran esos extraños y qué podrían estar buscando aquí.
En el cielo, invisibles gracias a sus trajes, ambos sujetos volaban silenciosamente usando unos pequeños cohetes integrados que no emitían sonido alguno.
—Así que esta es la Tierra —comentó el más pequeño con desdén, observando desde las alturas—.
Son inútiles y tienen una tecnología ridícula.
Sería muy fácil apoderarnos de este planeta.
—Sí, pero esa no es nuestra misión —respondió el más alto con frialdad—.
Nuestra misión es traer a alguien que tiene el poder de abrir portales.
—Bien, vamos por él.
De uno de los trajes emergió nuevamente la voz del científico, instruyéndolos: —Adopten la forma de los humanos y usen este dispositivo para localizar lo que están buscando.
Un aparato emergió del brazo de uno de ellos, proyectando un mapa holográfico.
En él, apareció una anomalía destacada sobre Estados Unidos.
—Bien, vamos para allá —dijo el más grande.
Ambos activaron al máximo los propulsores de sus trajes, desapareciendo del lugar como estrellas fugaces en el cielo nocturno.
Mientras tanto, en la escuela Blue Hills, Lidia y Rino guiaban a los nuevos estudiantes por las instalaciones.
Durante el recorrido, se encontraron nuevamente con Benny, quien lucía mucho mejor ahora que se había limpiado el hollín que cubría su cuerpo.
Junto a él estaba una chica de cabello rubio largo, que llevaba lentes y cubría uno de sus ojos con un mechón de pelo.
—Ah, sí.
Ustedes son Benny, según lo que me comentaste —dijo Lidia, señalando al chico elástico con una sonrisa amable.
Luego dirigió su atención hacia la joven—.
¿Y tú eres…?
—Ella es Abigail —respondió Rino rápidamente, haciendo un gesto hacia la chica.
Abigail asintió con cortesía, aunque su expresión era reservada.
Su único ojo visible brillaba con curiosidad detrás de los lentes, evaluando a los recién llegados.
Algo en la chica llamó la atención de Riota.
Había algo inusual en ella, pero Abigail se limitaba a cubrirse con su cabello rubio, evitando mirar directamente a los recién llegados.
—Presumida —murmuró Lita al ver cómo Abigail volteaba sin prestar atención a nadie.
Amaya, siempre observadora, sonrió ante el comentario de Lita.
Miró a la chica por un momento y luego volvió a sonreír para sí misma, como si supiera algo que los demás no alcanzaban a percibir.
Una vez reunidos todos, Lita y Rino comenzaron a guiar a los chicos en un recorrido detallado por el complejo escolar, mostrándoles cada uno de los edificios.
La mayoría de los estudiantes estaban fascinados por las estructuras imponentes y modernas, aunque otros, como Caín, parecían aburridos e indiferentes.
—Este lugar tiene tres grandes edificios —explicó Lita con claridad mientras caminaban—.
El primero es para clases comunes, como historia, matemáticas y esas materias básicas.
El segundo es para entrenar sus poderes y habilidades, fue hecho con materiales resistentes.
Y el tercero… bueno, ese es para profesores, docentes y programas avanzados.
En otras palabras: zona restringida.
Así que aléjense de ese lugar, ¿entendido?
Sus palabras resonaron en la mente de todos, pero especialmente en Caín, Lania y Sonia, quienes intercambiaron miradas cómplices.
Estaba claro que tenían intenciones de visitarlo de todas formas, sin importar las advertencias.
Finalmente, ellos les explicaron que también había actividades al aire libre, similares a las de cualquier colegio tradicional.
Entre ellas destacaban el soccer, lo cual llamó la atención de Dante, y el atletismo, que despertó el interés de Piti.
Después de completar el recorrido, los chicos recibieron sus uniformes, idénticos a los que llevaban María y Billy.
También les informaron que serían separados por niveles de conocimiento y edades.
Además, les explicaron que detrás del edificio principal había otro destinado a las habitaciones donde vivirían durante su estancia.
—Prepárense —anunció Lidia con voz firme—.
Ya elegimos con quién se quedarán.
Serán cinco por habitación, claro está: hombres separados de mujeres.
Floud levantó la mano, preocupado.
—¿Y Podbe?
Rino sonrió antes de responder: —Claro, él irá con Aiden.
Así que no está considerado dentro de los cinco.
Sin más demoras, los chicos recogieron sus uniformes y algunas prendas adicionales antes de dirigirse a instalarse en sus respectivas habitaciones.
Aiden y Podbe recibieron la llave de su alojamiento y se dirigieron hacia la puerta correspondiente.
Con cierta curiosidad, Aiden giró la llave y abrió lentamente la puerta.
Para su sorpresa, una voz los recibió desde el interior.
—¡Ah!
Eres tú —dijo la voz, dejando helados tanto a Aiden como a Podbe.
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