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El sistema del perro agente - Capítulo 193

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  4. Capítulo 193 - 193 La Calma antes de la Tormenta 4
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193: La Calma antes de la Tormenta 4 193: La Calma antes de la Tormenta 4 Podbe y Aiden ya estaban a punto de abrir la puerta cuando alguien detrás de ellos habló: —A mí también me tocó con ustedes —dijo Riota, acompañado de Akira y Diego, quienes cargaban sus pertenencias con expresiones algo cansadas pero curiosas.

Al abrir la puerta, los tres se llevaron una sorpresa.

Desde la oscuridad de la habitación, una voz resonó con calma pero inquietante: —¡Ah!

Eres tú… ¿Qué hacen aquí?

—dijo una voz desde la oscuridad, haciendo que todos se paralizaran de miedo.

Diego, temblando visiblemente, pensó haber visto pesadillas cobrar vida entre las sombras.

Sin embargo, cuando alguien encendió la luz, descubrieron que no era otra cosa que Caín, sentado tranquilamente en su cama mientras jugaba con hilos de oscuridad que flotaban a su alrededor como serpientes invisibles.

—¡Oye!

No hagas eso.

¡Casi se le sale el corazón a Diego!

—exclamó Akira, cruzándose de brazos con una mezcla de frustración y alivio.

Su tono era severo, pero había un deje de preocupación en su voz mientras miraba a Diego, quien aún parecía paralizado por el susto.

—¡Hola!

¿Tierra llamando a Diego?

—añadió Akira, agitando una mano frente a él como si intentara despertarlo de un trance.

Diego estaba pálido, sus ojos aún muy abiertos por el susto.

Intentó recuperar la compostura, pero en su nerviosismo accidentalmente liberó una pequeña descarga eléctrica que afectó a todos en la habitación, incluyendo a Caín.

—¡Auch!

—gritaron todos al unísono, sobándose donde les había picado la electricidad.

—Creo que no deberías asustar a la gente así —comentó Riota, tratando de sonar firme, aunque él mismo estaba algo asustado.

Caín suspiró, levantando las manos en señal de rendición.

—Está bien, está bien.

Pero así es como me mantengo entretenido, después de todo soy un mago que manipula la oscuridad.

Lo haré por el bien de todos, supongo… —añadió con un tono algo sarcástico.

El cuarto era amplio y funcional, con un baño incluido, camarotes separados por cortinas y una cama individual en una esquina.

Caín rápidamente reclamó su espacio: —Pido esa cama.

—Sí, es mejor que esté por allá —murmuró Riota, mirando de reojo a Diego—.

Además, Diego te tiene miedo.

—¿Miedo?

¡No!

Solo fue un pequeño juego —respondió Diego con una risa nerviosa, aunque su voz temblorosa lo delataba.

—Claro, seguro… —replicó Akira con sarcasmo, sacudiendo la cabeza.

Finalmente, decidieron quién ocuparía cada cama: Akira durmió arriba de Aiden y Podbe, Riota tomó el camarote del costado quedándose en la planta baja, mientras que Diego quedó arriba.

Todos se fueron a dormir, agotados después de un día lleno de emociones intensas.

Antes de apagar la luz, Riota se acercó a Aiden, quien parecía pensativo y algo triste.

—¿Sabes?

Extraño mucho a Benjamín… No puedo dejar de pensar en él —confesó Riota en voz baja.

Aiden lo miró con comprensión y le respondió con calma: —Tranquilo, ya verás que en cualquier momento se le pasa y lo volverás a ver.

Mientras tanto, Diego seguía mirando de reojo desde su cama hacia la esquina donde Caín estaba sentado, rodeado de pequeños ojos brillantes que flotaban en la oscuridad de la noche.

Aunque intentaba mantenerse calmado, su respiración entrecortada revelaba su incomodidad.

A la mañana siguiente, todos se alistaron para su primera clase.

Lidia y Rino entregaron tabletas con los horarios asignados, y los estudiantes comenzaron a dirigirse a sus respectivas aulas.

Lógicamente, Podbe tuvo que quedarse en la recámara, ya que las clases eran exclusivamente para materias académicas.

En la sección asignada a Aiden, estaban Gat, Max, Caín, Abel y Akira, junto con otros agentes conocidos como Claus, Markus y Max, además de algunos chicos que antes habían sido controlados por el malvado Zeus.

Entre ellos destacaban Leonard y los gemelos, acompañados de Elena, cuya presencia siempre parecía imponer cierta tranquilidad en el ambiente.

El aula era un caos total.

María y Billy, quienes ya habían encontrado sus asientos, llamaron a Aiden para que se sentara cerca de ellos.

Justo cuando todos comenzaban a organizarse, alguien tocó a la puerta.

El bullicio cesó de inmediato, y todos se giraron para ver quién entraba.

La puerta se abrió lentamente, revelando a una persona ligeramente más baja que Aiden.

En ese momento, alguien ingresó al aula.

Era bajo, con un báculo en la mano, cabello pelirrojo ondulado que caía sobre su frente y lentes ajustados que resaltaban sus ojos verdes.

Había algo peculiar en su mirada, casi mecánica, como si llevara un reloj dentro de ellos.

Su apariencia lo hacía parecer un niño de diez años, aunque irradiaba una extraña autoridad.

—¿Qué hace usted aquí?

Pensé que lo habían suspendido o retirado luego de lo que hizo —dijo Gat, claramente molesto, cruzándose de brazos mientras observaba al recién llegado.

El hombre ajustó su postura y respondió con calma: —Tranquilo, no hay problema.

Solo me dejaron enseñar —dijo, sonriendo levemente antes de agregar—.

Además, qué bueno que esté en clase; quizá aprendas modales y conocimiento.

Uno de los estudiantes, tratando de hacerse el gracioso, intervino: —¿Tú conoces al enano?

El supuesto “enano” frunció el ceño y replicó con firmeza: —No soy un enano, ni un niño.

Soy un profesor de renombre tengo sesenta años, y mi nombre es Zath Clock, o agente A-6.

El muchacho de cabello lacio, quien seguía intentando ser el centro de atención, respondió con una sonrisa burlona: —Pues a mí me parece un niño, como casi cualquiera aquí… Aunque creo que más pequeño que los presentes.

Zath respiró hondo, tratando de mantener la compostura.

—No voy a hacerle caso.

¿Dónde está el verdadero profesor?

No trate de hacer bromas —respondió el muchacho, aún desafiante.

—Así que te gusta hacerte el gracioso de la clase, ¿eh?

Si sigues así, lo llevaré donde el director —advirtió Zath, clavando su mirada en él.

El muchacho estaba a punto de responder cuando Lidia entró al aula.

Al verla, todos se quedaron en silencio.

Ella se dirigió directamente hacia Zath y lo llamó formalmente: —Profesor.

El comentario dejó sin palabras al muchacho burlón, quien rápidamente se calló, aunque no pudo evitar sonrojarse ante la presencia de Lidia.

No era el único afectado; varios estudiantes también parecían admirados por ella.

Lidia entregó la lista de alumnos a Zath y se retiró sin más.

Zath revisó rápidamente la lista y encontró el nombre del muchacho: Gil.

Mirándolo fijamente, dijo: —Ya veremos más tarde qué hago contigo.

Después de eso, Zath recorrió el aula con la mirada, asegurándose de que nadie más se atreviera a interrumpir.

Sin más preámbulos, comenzó su clase.

El tema: Historia.

—Qué aburrido —murmuró Caín, inclinándose hacia su hermana Abel—.

Despiértame cuando termine la clase.

Entre tanto, en otra parte del aula, los gemelos se acercaron a Leonard, murmurando: —¿Qué no le dijiste que se fuera de aquí?

¡Eh, jefe!

Leonard, con una sonrisa arrogante, respondió: —Bueno, si no hizo caso a la primera advertencia, pagará las consecuencias.

Clavó su mirada hacia Aiden, quien permanecía en silencio, ignorando deliberadamente las provocaciones.

En otra aula, Floud estaba sentado junto a Timmy, quien parecía frustrado por haber sido asignado a una clase con estudiantes más jóvenes.

—Pero si tienes nuestra edad… casi —dijo Floud, tratando de consolarlo.

—Sí, estás por ahí con nosotros, chico moco —respondió Dante, asintiendo con indiferencia, aunque un leve tono burlón se colaba en su voz.

A pesar de su aparente desinterés, sus ojos brillaban con diversión mientras observaba a Timmy, quien fruncía el ceño ante el apodo poco halagador.

Era evidente que Dante disfrutaba sacar de quicio a los demás, incluso si lo hacía de forma casual.

Timmy, visiblemente molesto, protestó con un tono que oscilaba entre indignación y frustración: —¡No soy chico moco!

Luego, señalando hacia afuera mientras su ceño se fruncía aún más, añadió: ¡Sí, pero cómo es que Akira está en una clase avanzada!

Lita, desde el otro lado del aula, susurró con sorna: —Es que él es más inteligente que tú.

—¿Quién dijo eso?

—preguntó Timmy, girando la cabeza rápidamente mientras buscaba al culpable.

Por su parte, Riota estaba sumido en sus pensamientos, observando a Abigail desde lejos.

Sin embargo, ella parecía completamente desinteresada en él, manteniendo su atención en otra dirección.

Un silencio incómodo llenó el aula cuando una mujer hermosa entró con paso firme.

Floud, al reconocerla, intentó esconderse detrás de su mochila.

—¡Ay, no!

Es Azulema —susurró, claramente nervioso.

Timmy lo miró confundido.

—¿Pero?

¿cómo sabes que es ella?

Por lo que sé, ella ya era una anciana… La mujer, escuchando el comentario, clavó sus ojos en Timmy con una mirada que helaba la sangre.

—¿A quién llamas anciana, jovencito?

—preguntó con un tono que resonó como un trueno en el aula.

—¡A nadie!

—respondió Timmy rápidamente, casi temblando de miedo y con la cara roja de vergüenza.

Azulema sonrió para sí misma, pensando: “Qué bueno que me tocó con todos estos niños.

Hay tantas mejillas que apretar.” —Tranquila, jefa —dijo Brea, quien también lucía mucho más joven de lo esperado—.

¿Por qué no vamos las dos juntas?

Lástima que no me tocó con mi Marky, pero me conformo.

Todas las miradas en el aula estaban llenas de terror ante la presencia de ambas mujeres.

Era evidente que nadie quería ser el blanco de sus “cariños”.

En ese momento, alguien irrumpió en el aula gritando y literalmente envuelta en llamas.

Era Ramona, quien también lucía extremadamente joven, como si tuviera veinte años.

—¡Señora Ramona!

—exclamó Lita emocionada, levantándose de su asiento—.

¡Ella nos salvará!

Ramona cruzó los brazos y lanzó una mirada severa a Azulema y Brea.

—Par de pervertidas lunáticas, menos mal que vine a tiempo, o ya habrían empezado con sus locuras.

Creo que mejor yo impartiré la clase aquí.

Ustedes, vayan a apoyar en el área de ciencias —ordenó, señalando hacia la puerta.

Ambas mujeres salieron refunfuñando, dejando al grupo de estudiantes visiblemente aliviados.

Floud, aún algo confundido, murmuró para sí mismo: —Alguien sabe… ¿por qué todos se ven más jóvenes?

Dante, quien estaba cerca, respondió en voz baja: —No lo sé, pero parece lo mismo que pasó con Gat.

Las clases siguieron su curso hasta que llegó el momento de las sesiones de entrenamiento.

Aiden, debido al dispositivo restrictivo en su tobillo, no pudo participar y solo observó desde las gradas.

Leonard, aprovechando la oportunidad para destacar, hizo alarde de sus habilidades.

Con movimientos precisos y dominio total de sus poderes, creó círculos oscuros que aparecían y desaparecían a voluntad.

Cada vez que realizaba una maniobra espectacular, lanzaba una mirada burlona hacia Aiden, como si quisiera restregarle su incapacidad de usar sus propios poderes.

El instructor encargado era Ray, quien también lucía increíblemente joven, como si apenas tuviera veintitantos años.

Desde una sala cercana, otra persona joven observaba atentamente a través de un monitor.

—Señor Ezequiel, ¿cómo va todo?

—preguntó Ray a través de un comunicador.

La voz calmada de Ezequiel respondió: —Parece que todo va bien.

Hay muchos posibles candidatos para que se inserten en las misiones.

Continúen con el entrenamiento.

Entre los estudiantes, Elena destacaba por su gracia y control al usar sus poderes de fuego.

Las llamas danzaban a su alrededor con una precisión casi hipnótica, dejando a los demás asombrados.

Parecía tener muchos seguidores entre los presentes, quienes aplaudían cada uno de sus movimientos.

Billy y María también hicieron su mejor esfuerzo, aunque aún no dominaban completamente sus habilidades.

Billy podía manejar máquinas con notable facilidad, similar a las personas del equipo de Adrián.

Sin embargo, había algo en lo que no destacaba: el control preciso sobre un metal específico.

Curiosamente, Akira y Becky compartían esta limitación.

De hecho, eran los únicos en su unidad incapaces de realizar tal hazaña, lo que los diferenciaba del resto de sus compañeros.

En simultaneo, Benny, intentó acercarse a la sala donde estaba Ezequiel.

—¡Señor Ezequiel, así que está ahí!

—dijo, estirándose para llegar hasta él.

Sin embargo, antes de que pudiera avanzar más, Ray bloqueó su camino con firmeza.

—Este sitio está prohibido para los alumnos.

No puedes hablar con él —dijo Ray, deteniendo a Benny con una expresión seria.

Benny retrocedió, algo decepcionado, pero obedeció sin protestar.

—¿Pero por qué?

—insistió Benny con frustración—.

Necesito preguntarle algo importante.

Quiero saber por qué me dio el código de agente que tengo si dicen que hay otro con mi mismo código.

Ray lo miró con paciencia, pero su tono fue firme: —Eso no lo sé, muchacho.

Ya se lo preguntarás después de clases.

Pero debes reservar una reunión formal.

No puedes simplemente irrumpir así.

En paralelo, Leonard escuchaba atentamente a los gemelos, quienes lo incitaban a sojuzgar aún más a Aiden.

—Jefe, ¿no le va a dar una lección a ese tal Aiden?

—preguntaron los gemelos con una sonrisa maliciosa—.

Parece que se hace el confiado por eso no muestra sus poderes a los demás.

¿No cree que los videos que vimos sean mentiras?

O tal vez… es un creído.

Leonard frunció el ceño, pensativo.

—No creo que sea eso —respondió finalmente—.

Debe ser por esa cosa que le mostramos a sus amigos.

Pero sería bueno que se lo mostremos a todos aquí, para que vean que es un inútil sin poderes… y un vil criminal —añadió con desdén, mientras una sonrisa arrogante se dibujaba en su rostro.

Los gemelos intercambiaron miradas cómplices antes de preguntar: —¿Quiere que hagamos lo mismo que la primera vez que lo vio?

La idea cruzó rápidamente por la mente de Leonard, pero algo dentro de él buscaba algo más grande, algo que dejara a Aiden completamente humillado frente a todos.

Necesitaba un plan mejor, algo que asegurara que nadie volviera a respetarlo jamás.

En un lugar lejano, sobre el vasto océano, uno de los sujetos con armadura plateada señaló un destello en su dispositivo holográfico.

—Otra vez se activó lo que buscamos —dijo el más bajo, ajustando su rumbo mientras seguían sobrevolando las aguas oscuras.

El más alto asintió con impaciencia.

—Será mejor que nos apuremos y salgamos de este planeta lleno de simios.

Este lugar es demasiado primitivo para nosotros.

Sin más palabras, ambos aceleraron sus propulsores silenciosos, desapareciendo entre las nubes como estrellas fugaces en el cielo nocturno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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