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El sistema del perro agente - Capítulo 194

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  4. Capítulo 194 - 194 La Calma antes de la Tormenta 5
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194: La Calma antes de la Tormenta 5 194: La Calma antes de la Tormenta 5 A la hora del descanso, algunos huérfanos que anteriormente habían sido controlados en la batalla contra Zeus, reconocieron a Aiden y lo saludaron con entusiasmo.

Sin embargo, él solo respondía de manera seca y distante, aún abrumado por todo lo que había tenido que enfrentar.

María y Billy, notando su estado emocional, intervinieron amablemente, explicando a quienes lo saludaban que no se encontraba del todo bien.

Por otro lado, los gemelos comenzaron a esparcir rumores maliciosos sobre Aiden.

Decían que era arrogante por haber aparecido en televisión internacional y que, al ser considerado un “salvador”, ahora creía ser superior a los demás.

Según ellos, Aiden no se mezclaba con “la chusma” porque se sentía por encima de todos.

Algunos estudiantes caían en sus engaños, otros dudaban, pero muy pocos cuestionaban estas afirmaciones.

Como cereza del pastel, los gemelos añadieron otra mentira: aseguraron que Aiden no podía usar sus poderes a voluntad y que era tan débil como las personas sin habilidades especiales, como algunos profesores de unidades menores (X, Y o Z) que impartían clases de defensa personal y manejo de armas.

Para demostrarlo, instaron a todos a reunirse en el recinto donde estaba la cancha de básquetbol.

—¿Y cómo piensas que vaya para allá, jefe?

—preguntaron los gemelos a Leonard, curiosos por conocer su plan.

Leonard sonrió con suficiencia antes de responder: —Pues muy fácil.

Haremos que alguien lo lleve hasta allí.

Es medio ingenuo y siempre está dispuesto a ayudar a los demás, así que caerá fácilmente.

Sin más, los tres maquinaron su plan con precisión.

Mientras tanto, Aiden y sus amigos seguían disfrutando del descanso cuando, de repente, apareció un pequeño niño.

Con lágrimas en los ojos, le dijo a Aiden que había perdido su osito de peluche y que necesitaba ayuda para encontrarlo.

Al principio, Aiden vaciló, pero al ver la expresión triste y desconsolada del niño, decidió acompañarlo junto con María, Billy y Podbe.

No tenía idea de lo que le esperaba.

Cuando le preguntaron al niño cuál fue el último lugar donde vio al osito, este respondió nerviosamente: —En la cancha de básquetbol interna.

Sin sospechar nada, los cuatro, junto con Podbe y el niño agarrado de la mano de Aiden, se dirigieron hacia el lugar.

En simultaneo, en el recinto ya comenzaba a llenarse de alumnos curiosos que querían saber qué estaba ocurriendo.

Los gemelos, al notar que muchos no les hacían caso, idearon una nueva estrategia.

Anunciaron que estaban regalando muestras gratis de dulces, pero que debían esconderse detrás de las gradas y permanecer en silencio para recibir una “gran sorpresa”.

Poco a poco, el lugar se llenó de estudiantes ocultos tras las sombras.

Las luces estaban apagadas, creando un ambiente tenso y expectante.

—Bien, escóndanse —indicaron los gemelos con una sonrisa maliciosa, señalando que la “sorpresa” ya estaba por llegar.

Cuando Aiden y los demás entraron al recinto, las puertas se cerraron abruptamente detrás de ellos.

Podbe comenzó a ladrar, alerta ante la situación, pero de pronto desapareció frente a sus ojos, dejando a Aiden atónito.

Lo mismo ocurrió con María, Billy y el niño: uno a uno, se fueron esfumando sin dejar rastro.

Aiden intentó moverse para buscar al niño, pero también este había desaparecido.

Confundido y asustado, empezó a caminar lentamente hasta llegar al centro de la cancha.

De pronto, una luz brillante se encendió directamente sobre él, iluminándolo como si fuera el protagonista involuntario de una obra teatral.

—Estimados, con ustedes… ¡el chico de los portales!

—anunció Leonard con tono burlón mientras aparecía al costado de Aiden, quien permanecía inmóvil bajo el foco de luz.

Leonard se acercó aún más y le susurró con desdén: —¿Por qué no les demuestras a todos tu gran poder de hacer portales?

Aiden respondió con firmeza, aunque su voz denotaba frustración: —No puedo.

—¿No puedes o no quieres porque somos menos para ti?, ¿eh?

¡Héroe!

—lo recriminó Leonard con sarcasmo, clavando sus ojos en él.

—No puedo porque me indicaron que no los usara —respondió Aiden, tratando de mantener la calma.

Leonard sonrió con crueldad antes de continuar: —Entonces, solo eran mentiras mientras estabas en televisión, ¿verdad?

Dijeron que fuiste uno de los que salvó la Tierra.

Pero, además, ese malvado era de tu sangre… O sea, tu tío abuelo.

¿O vas a negarlo también?

Aiden apretó los puños, luchando contra la rabia que crecía dentro de él.

—Yo no tengo nada que ver con lo que pasó ni con la destrucción.

De hecho, ni siquiera conocía a Zeus hasta el año pasado, cuando lo enfrentamos.

Leonard fingió sorpresa, luego negó con la cabeza, como si estuviera decepcionado.

—Así que… Tú y tu tío abuelo son responsables de todo.

Si no fuera así, no llevarías puesto un grillete como los malos.

De pronto, una fuerza invisible inmovilizó a Aiden, dejándolo completamente paralizado.

—¿Qué es esto?

—preguntó Aiden, tratando de mantener la calma.

—Tranquilo, son los gemelos —respondió Leonard con indiferencia, tocando algo invisible en el aire frente a él—.

Ellos te tienen bien sujeto con sus poderes.

En ese momento, los murmullos entre los estudiantes comenzaron a crecer.

Todos esperaban ansiosos la “gran sorpresa”.

—¡Tranquilos!

Aquí viene —anunció Leonard con una sonrisa triunfal.

De repente, una pantalla gigante descendió lentamente del techo, captando la atención de todos en el recinto.

En ella, se proyectó en vivo y en directo lo que Aiden llevaba en la pierna: una imagen ampliada del dispositivo restrictivo que sujetaba su tobillo.

La cámara enfocó el artefacto con precisión, destacando cada detalle de su diseño metálico y sus luces intermitentes, como si fuera una prueba irrefutable de algo oscuro.

La multitud reaccionó al instante.

Susurros de asombro y desprecio comenzaron a propagarse como olas, creciendo en intensidad.

Las miradas que antes eran de curiosidad o indiferencia ahora se volvieron denunciantes, cargadas de juicio y desconfianza.

Algunos estudiantes intercambiaron comentarios en voz baja, mientras otros simplemente observaban la pantalla con expresiones de incredulidad y rechazo.

Aiden sintió cómo el peso de esas miradas caía sobre él como una avalancha.

Su respiración se aceleró, pero no podía apartar los ojos de la pantalla.

Aquel dispositivo, que siempre había sido una carga física y emocional, ahora era expuesto ante todos como una marca de culpabilidad.

—Ya ven —dijo Leonard, señalando la pantalla—.

Un héroe no lleva estas cosas.

Solo los villanos las usan.

—¡No, yo no soy un villano!

—exclamó Aiden, ahora visiblemente nervioso y triste.

Pero nadie parecía escucharlo.

Las miradas de los presentes se volvieron frías y cargadas de desconfianza.

Leonard aprovechó el momento para rematar: —Ya lo ven, chicos.

Estamos rodeados de gente que aspira a ser agente o… simplemente, de criminales en este lugar.

Aiden, sintiéndose traicionado y humillado, intentó hablar nuevamente: —¿Pero?

¿qué te pasa?

¿Qué tienes contra mí?

Leonard lo miró fijamente, sus ojos ardientes de odio mientras su mandíbula se tensaba.

Cada palabra que salió de su boca fue como un golpe calculado, cargado de resentimiento y desprecio.

—¿Qué?

¿Qué me pasa?

—repitió Leonard con una voz baja pero llena de ponzoña, acercándose un paso más hacia Aiden—.

Me quitaste todo lo que pudo haber sido una vida feliz.

No pararé hasta que salgas de este lugar…

o te hunda por completo en la soledad.

Su tono era frío, casi inhumano, como si cada sílaba estuviera diseñada para perforar el alma de Aiden.

La amenaza no solo resonó en las palabras, sino también en la intensidad de su mirada, que parecía querer atravesarlo.

Con esas palabras, Leonard desapareció en el acto a través de uno de sus agujeros oscuros, dejando a Aiden solo bajo el peso de las miradas acusadoras.

Las luces se encendieron por completo, y los estudiantes comenzaron a salir lentamente de sus lugares.

Sin embargo, ninguno se atrevió a dirigirle la palabra a Aiden, limitándose a mirarlo con desconfianza antes de abandonar el recinto.

Afuera, Podbe, Billy y María esperaban preocupados, incapaces de entrar debido a la multitud que bloqueaba las puertas.

Cuando finalmente estas se abrieron y los estudiantes comenzaron a salir, vieron al pequeño niño que los había llevado hasta allí, ahora con su osito de peluche en mano.

El niño poso por el lado de ellos con timidez y dijo: —Lo siento… Los tres ingresaron rápidamente al recinto.

Podbe fue el primero en notar a Aiden arrodillado en el centro de la cancha, con la cabeza gacha y lágrimas deslizándose silenciosamente por sus mejillas.

María y Billy intentaron acercarse a él, preocupados por su estado, pero antes de que pudieran decir algo, Aiden se levantó abruptamente y salió corriendo del lugar, dejando incluso a su fiel compañero Podbe atrás.

Billy y María intercambiaron miradas desconcertadas, mientras Podbe ladeaba la cabeza, confundido por la repentina partida de su dueño.

—¿Pero?

¿qué pasó aquí?

—murmuraron ambos al unísono, sin comprender lo que había ocurrido.

Intentaron preguntarles a algunos de los estudiantes que salían del recinto, pero nadie les respondió.

Las miradas frías y despectivas que recibieron dejaron claro que, al ser amigos de Aiden, también estaban siendo señalados.

—No entiendo nada… —dijo Billy, frustrado.

Al día siguiente, Aiden no apareció en ninguna de las clases.

Sus amigos, así como los agentes que lo acompañaban, comenzaron a preocuparse seriamente.

Ni siquiera sus compañeros de cuarto sabían dónde estaba.

Mientras tanto, los demás alumnos empezaron a tratar mal no solo a María y Billy, sino también a Floud, Riota y otros jóvenes que solían estar cerca de Aiden.

—¿Pero?

¿qué está pasando?

—se preguntaron todos ellos en voz baja, al notar que nadie les dirigía la palabra ni los miraba con amabilidad.

Elena interceptó a Leonard y a los gemelos en uno de los pasillos, visiblemente molesta.

—Esta vez te pasaste, Leonard —le dijo con firmeza.

Leonard simplemente sonrió con desdén, cruzándose de brazos.

—¡Bah!

Se lo merecía.

Por su culpa pasó lo que tenía que pasar.

Por su culpa perdí el lugar donde estaba a gusto, perdí una gran oportunidad.

Lo odio.

Y tú deberías agradecérmelo, querida —respondió con frialdad antes de avanzar junto a los gemelos, dejando a Elena aún más consternada.

Mientras observaba cómo se alejaban, Elena no pudo evitar preguntarse: —¿Qué fue lo que hizo que este chico sintiera tanto resentimiento hacia Aiden para llegar a esto?

Por otro lado, Andre se reunió con Billy, María y los demás para discutir lo sucedido.

—Algo está raro.

Debemos investigar —propuso Andre con determinación.

—¿Pero por dónde empezamos?

Nadie nos hace caso —añadió Billy, visiblemente frustrado.

Riota intervino: —Si el señor Ezequiel estuviera disponible, seguro nos ayudaría con esto.

Benny, quien estaba cerca, replicó con fastidio: —Sí, está, pero debes sacar una reunión formal.

Según lo que me dijo Ray.

—Bien, entonces iré a verlo —anunció Riota decidido.

Josh lo interrumpió: —¿Pero no sabes que tendrás que ir al edificio restringido?

Ese lugar está prohibido para los estudiantes.

Hela y Caín se acercaron rápidamente.

—Si vas, yo voy contigo —dijo Hela con firmeza.

—Yo también —añadió Caín, cruzándose de brazos.

Akira, siempre práctica, sugirió: —Quizá pueda encontrar alguna cámara de seguridad en ese lugar.

Nos podría ayudar a entender qué pasó.

María asintió con determinación: —Bien, entonces vamos a buscar respuestas sobre lo que pasó en ese lugar.

Timmy, quien parecía igualmente confundido, comentó: —Es raro el cambio repentino de todos los estudiantes en la escuela.

Menos nosotros.

Gat intervino con seriedad: —Entonces es un plan.

Josh, siempre sarcástico, respondió: —Sí, pero no estabas incluido.

Gat ignoró el comentario y añadió: —No importa lo que paso antes.

Lamento lo que pasó con Benjamín, pero a mí sí me importa Aiden y todo lo que ha pasado.

¿Verdad, Podbe?

Diego miró a su alrededor y notó algo extraño.

—Pero… Podbe no está.

¿Adónde se habrá ido?

Amaya frunció el ceño, preocupada: —Tal vez fue a buscar a Aiden.

En otro lugar, dos figuras con trajes plateados sobrevolaban el letrero de Blue Hills.

Una voz resonó desde el dispositivo en sus trajes: —Señor, creo que hemos llegado.

¿Cómo lo saben?

Uno de los sujetos respondió con calma: —Porque se activó nuevamente el dispositivo, mostrando la anomalía.

Una orden clara llegó desde el otro lado: —Bien, tráiganlo.

Y no fallen.

Ambos sujetos respondieron al unísono: —Entendido.

Con un rugido sutil de sus propulsores, desaparecieron en dirección al campus, listos para cumplir su misión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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