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El sistema del perro agente - Capítulo 195

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  4. Capítulo 195 - 195 La Calma antes de la Tormenta 6
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195: La Calma antes de la Tormenta 6 195: La Calma antes de la Tormenta 6 —¿Alguna noticia de los sujetos con que nos enfrentamos?

—preguntó Nick a través de su comunicador, dirigiéndose a Adrián con urgencia en su tono.

Adrián respondió tras un momento de silencio: —No, pero al parecer están usando alguna especie de tecnología fuera de este mundo.

Las armaduras que llevan… Con las imágenes que me mandaste, me recuerdan mucho al metal Luxteno.

Nick frunció el ceño, procesando la información.

—Seguiremos trabajando y te avisaremos —continuó Adrián con seriedad—.

Pueden estar en cualquier lugar; no hay rastro de ninguno.

Mandaré el aviso a todos los agentes, pero les advertiré que no los enfrenten solos.

Esas armaduras son impenetrables.

Ambos cortaron la comunicación.

Nick se quedó pensativo, mirando hacia el horizonte mientras reflexionaba en silencio: “Algo así me temía… Vienen de otro planeta a buscar algo.

Espero que mi hijo esté bien… Lamento no estar con él.” Aiden había salido corriendo del lugar cuando todos lo señalaron como si fuera el villano de la historia.

No solo eso: tampoco regresó a su dormitorio, lo que comenzó a preocupar a sus compañeros de cuarto.

Incluso Podbe estaba intranquilo, rascando insistentemente la puerta y aullando desesperado, como si intentara encontrar a su amigo.

A la mañana siguiente, los jóvenes agentes se reunieron junto con María y Billy para discutir qué habia pasando con Aiden.

Sin embargo, notaron algo extraño: al intentar preguntar o simplemente mirar a los demás estudiantes, estos evitaban hacer contacto visual o se alejaban sin dar explicaciones.

Solo Abigail y Elena permanecían cerca, aunque Elena estaba visiblemente distante, recordando la amenaza que Leonard le había hecho el día anterior: “No te entrometas, o serás la siguiente en la lista.” Los agentes decidieron dividirse en grupos para actuar con mayor eficiencia.

Un equipo se encargaría de buscar pruebas en el lugar de los hechos, otro iría al edificio donde estaban los profesores, y un tercer grupo se centraría en localizar a Aiden.

Sin embargo, pronto notaron que también faltaba Podbe.

Floud fue el primero en percatarse de esto: —¿Dónde está Podbe?

Hace un momento estaba aquí, pero ahora ha desaparecido.

De la nada apareció, Lidia, claramente preocupada.

—¿Alguien sabe dónde se ha ido Aiden?

No fue a clases hoy —preguntó, pero nadie pudo darle una respuesta.

Lidia decidió enviar a Rino a buscarlo, pero tampoco tuvo éxito.

Después de un momento de deliberación, alguien sugirió: —Debemos ir con Dustin.

Tal vez él sepa algo.

Al revisar más a fondo, notaron algo aún más inquietante: Podbe, el fiel amigo canino de Aiden, también había desaparecido.

Esto les pareció sumamente extraño, ya que Podbe siempre estaba cerca de Aiden, como su sombra inseparable.

La ausencia del pequeño canino solo aumentó su preocupación, generando un ambiente de urgencia entre ellos.

Con una sensación de alarma creciente, decidieron actuar de inmediato.

Era evidente que algo no cuadraba, y sabían que necesitaban ayuda para resolver este misterio antes de que fuera demasiado tarde.

Sin desperdiciar un segundo más, se movilizaron rápidamente en busca de respuestas, dejando claro que el tiempo no estaba de su lado.

Por otro lado, Akira, Dante y Lita estaban en la cancha de baloncesto, revisando cuidadosamente el lugar en busca de algún posible artefacto que pudiera ayudarles a entender lo que había ocurrido.

Liam y Max usaban sus poderes para escanear el área, buscando anomalías o pistas que pudieran haber pasado desapercibidas.

En ese momento, Max encontró algo en el suelo: una cámara de seguridad completamente destruida.

Aunque estaba dañada, todavía parecía funcional.

Sin perder tiempo, regresaron con el equipo para repararla y recuperar las imágenes almacenadas en su memoria.

Akira decidió encender la cámara una vez que fue reparada.

En las imágenes se veía a Aiden entrar al lugar, pero de repente, un halo de luz cubrió toda el área.

Después de eso, no se escuchaba ni veía nada más, hasta que finalmente aparecía Aiden nuevamente, solo y visiblemente triste en el mismo lugar.

—¿Qué habrá pasado?

—se preguntaron todos, desconcertados.

Los hermanos Rightyard intercambiaron miradas frustradas.

—Esto en vez de ayudarnos nos dio más preguntas que respuestas —dijeron al unísono, dejando claro que aún estaban lejos de resolver el misterio.

Lita suspiró, intentando mantener la calma: —Espero que los otros encuentren algo.

Nosotros ya hicimos todo lo posible aquí.

En el Edificio Tres, Todd estaba tratando de usar sus poderes para atravesar la puerta, pero algo bloqueaba su habilidad.

Frunció el ceño, visiblemente molesto.

—Parece que hay un campo que impide usar mis poderes de traspaso de objetos —murmuró, cruzándose de brazos.

Leila sugirió rápidamente: —¿Y si usamos poderes telequinéticos?

Podríamos intentar abrir la puerta.

Claus negó con la cabeza, analizando el perímetro con sus múltiples copias.

—No creo que sea posible.

Detecté muchas alarmas activadas.

Este lugar está completamente protegido.

Hela intervino, levantando una mano: —¿Qué tal si uso mi magia de huesos?

Tal vez pueda desactivar algo desde adentro.

Sonia, siempre dispuesta a colaborar, añadió: —O podría usar mi poder de sangre.

Pero tampoco creo que funcione… Caín, impaciente como siempre, respondió con una sonrisa traviesa: —Entonces derribemos todo.

Siempre funciona.

Abel lo fulminó con la mirada, recordándole su último incidente.

—No, hermano.

No puedes destruir propiedad privada.

Nos castigarían.

¿Recuerdas lo que pasó la última vez?

Caín bufó, claramente frustrado.

—Le quitas lo divertido a las cosas, hermana.

Lania, quien observaba desde atrás, murmuró con complicidad: —Yo también hubiera querido hacer eso.

Benny, siempre creativo, levantó la mano para intervenir: —Mejor déjenmelo a mí.

Puedo caber por esas rendijas con mi poder de elasticidad y buscar al jefe.

Además, me debe unas explicaciones.

Las chicas de oro y plata asintieron en señal de aprobación.

—Bien —dijo Piti, dándole luz verde a Benny.

Sin perder tiempo, Lania usó a sus amigos que salieron de sus tatuajes para interferir con las cámaras de seguridad, asegurándose de que no detectaran a Benny mientras este se deslizaba sigilosamente por debajo de la puerta.

A la par, Marcus, Josh, Riota y Gat estaban buscando a Aiden y Podbe.

Gat, impaciente, se dirigió a Josh: —Oye, tú no eres un hombre lobo.

¿Por qué no usas tu poder y lo buscas?

Josh titubeó, rascándose la nuca: —Eh… Bueno, yo… Floud interrumpió con una carcajada: —Claro que no lo usa porque si no, ¡se queda sin ropa!

Amaya, siempre práctica, intervino para calmar la situación: —Tranquilos, esta vez no será un problema.

Recuerden que este traje escolar que nos dieron es especial y se amolda a los poderes del portador.

Timmy, confundido, preguntó: —¿Y cómo sabes eso?

—Pues porque yo leí el manual que nos dieron —respondió Amaya con una sonrisa ligeramente burlona, cruzándose de brazos—.

¿Es que nadie lee las instrucciones en este tiempo?

Los demás solo silbaron incómodos, evitando mirarla directamente mientras trataban de desviar el tema.

Era evidente que ninguno había considerado leer el manual, pero tampoco querían admitirlo frente a Amaya, cuya eficiencia siempre parecía dejarlos en evidencia.

—Bueno, no es como si fuera tan importante… —murmuró Floud, aunque su tono vacilante lo delató al instante.

Amaya levantó una ceja, claramente disfrutando del momento.

—Claro, claro… Seguro que “no era tan importante” cuando estaban tratando de descubrir cómo activar sus dispositivos ayer, ¿verdad?

Los demás intercambiaron miradas culpables, pero prefirieron guardar silencio.

Después de todo, no había mucho que pudieran decir para defenderse.

Josh, aliviado, se transformó en un lobo en lugar de un hombre lobo y comenzó a olfatear el aire en busca del rastro de Podbe.

Todos coincidían en que, si encontraban a Podbe, seguramente encontrarían a Aiden también.

En otro lado, María, Billy, junto con Diego, Marin, Megumi y Lumi, estaban buscando al niño que los había guiado hacia la cancha ese día.

Megumi comentó con un tono pensativo: —Creo que mejor hubiéramos traído a Floud para que sea alguien más amigable y acorde a su edad.

María bromeó, señalando a Billy: —Pero Billy también se ve igual… Solo que es más alto.

Diego, riendo entre dientes, añadió: —Sí, pero no es exactamente lo que buscamos.

Todos soltaron una risa ligera, aunque seguían preocupados por la desaparición de Aiden y Podbe.

—Dejen de hacer eso.

Estamos aquí buscando qué pasó con nuestro amigo.

Un poco más de seriedad, por favor —dijo Billy, aunque un ligero sonrojo se asomaba en sus mejillas debido a los comentarios burlones de sus compañeros.

Marin asintió, intentando mantenerse seria: —Es verdad… Aunque sí me causó gracia lo que dijeron sobre Billy.

Los seis decidieron separarse para cubrir más terreno rápidamente.

Antes de dispersarse, acordaron mantenerse en contacto mediante los dispositivos especiales creados por Akira, ya que los celulares no eran permitidos en la escuela.

Mientras tanto, Benny había logrado infiltrarse en el edificio gracias a sus poderes de elasticidad.

Al entrar, se alargaba y transformaba en diversas formas para pasar desapercibido ante las cámaras y cualquier posible vigilante.

Su habilidad le permitía moverse como una sombra silenciosa, deslizándose entre rendijas y adaptándose al entorno.

Los demás, afuera, montaban guardia cuando de repente escucharon pasos acercándose.

Rápidamente, se ocultaron tras unos arbustos cercanos.

Para su sorpresa, eran Lidia y Rino, quienes venían apresurados, claramente en búsqueda de Ezequiel o alguien que pudiera ayudarles con la situación.

Por otro lado, Benny continuó escabulléndose por los pasillos hasta llegar a una puerta roja.

Desde adentro, se escuchaban voces discutiendo algo referente a la “dualidad de agentes”.

Reconoció inmediatamente la voz de su líder.

El joven Benny murmuró para sí mismo: —¡Bingo!

Pero antes de que pudiera entrar y hablar con él, la puerta se abrió de golpe.

Ray y Ezequiel salieron rápidamente, dirigiéndose a otra sala.

Benny no tuvo más opción que transformarse en una masa flexible y meterse por las rejillas del sistema de ventilación para evitar ser descubierto.

Ezequiel parecía visiblemente molesto mientras caminaba junto a Ray.

Ambos se dirigieron a una sala donde ya los esperaban Lidia y Rino.

Una vez dentro, Ezequiel les explicó brevemente la situación.

—Les informaré a Dustin y su equipo —dijo Ezequiel con tono firme—.

Ahora estamos ocupados con asuntos importantes.

Por favor, esperen instrucciones.

Sin más, despacharon a Lidia y Rino, quienes no tuvieron más remedio que confiar en que Dustin investigaría pronto el caso de Aiden.

En simultaneo, Podbe seguía el rastro de Aiden con su olfato mejorado.

El canino avanzaba decidido, moviendo la nariz constantemente para captar el aroma familiar de su amigo.

Finalmente, el rastro lo llevó hasta una especie de construcción a medio terminar en los jardines traseros del complejo.

Con determinación, Podbe continuó buscando hasta encontrar a Aiden.

El muchacho estaba sentado en posición de cuclillas, con la cabeza hundida entre las rodillas, cerca de un rincón oscuro.

Parecía estar sumido en sus pensamientos, tratando de encontrarle sentido a todo lo que había pasado.

Aiden no podía entender por qué alguien le tendría tanto recelo y odio.

Incluso en el orfanato, nunca había enfrentado ese tipo de problemas.

¿Cómo fue posible que todos, de un momento a otro, se volvieran en su contra solo por las palabras de Leonard?

Era algo que simplemente no lograba comprender.

Las frases hirientes de los estudiantes resonaban en su mente como ecos incesantes: “Eres un fraude.” “¿Por qué dejan admitir a un villano en este instituto?” Cada palabra era como una pequeña puñalada que se repetía una y otra vez, alimentando su confusión y dolor.

No había comido ni bebido nada desde que ocurrió el incidente, pero ni siquiera el hambre o la sed parecían importar en ese momento.

Su mente estaba completamente invadida por los eventos recientes, incapaz de encontrar paz o una explicación lógica para lo que estaba viviendo.

Todo lo que veía eran rostros fríos y acusadores, palabras cargadas de desprecio que lo hacían cuestionarse a sí mismo.

¿Realmente era él quien había cambiado, o eran los demás quienes habían decidido verlo diferente?

El joven cerró los ojos con fuerza, intentando bloquear el torrente de pensamientos negativos, pero las voces seguían allí, persistentes, como un recordatorio constante de que ya no pertenecía.

O al menos, eso era lo que sentía en ese momento.

Podbe se acercó lentamente y se sentó junto a él, apoyando su cabeza en la pierna de Aiden.

El muchacho levantó la mirada y acarició suavemente al canino, sintiendo un poco de consuelo en su compañía.

A pesar de todo, sabía que al menos Podbe siempre estaría a su lado.

El perro, gracias a su vista aguda, se acercó lentamente hasta Aiden.

Con su hocico, comenzó a jalar suavemente del polo de la camisa del muchacho, haciendo pequeños sonidos lastimeros como si intentara decirle: “No te pongas triste.

Vuelve en ti.” Podbe no se detuvo ahí.

Con insistencia, el pequeño can se metió entre las piernas de Aiden, moviéndose inquieto y lamiéndole los brazos y la cara hasta lograr sacarlo del trance en el que estaba sumido.

Finalmente, tras varios forcejeos, el muchacho reaccionó.

Miró al perro con ojos llorosos y lo abrazó con fuerza.

Aiden se limpió las lágrimas con los antebrazos, secando también algunos restos de fluido de su nariz.

Con voz temblorosa, murmuró mientras sostenía a Podbe en sus brazos: —Es verdad… Te tengo a ti.

No sé por qué me importaría lo que digan los demás si tú estás a mi lado.

Y aunque ya no pueda hablar contigo, sigues aquí presente.

El pequeño can ladeó la cabeza, como si entendiera cada palabra.

Aiden respiró hondo, se puso de pie y, junto con Podbe, comenzó a caminar hacia la salida del oscuro rincón donde había estado refugiado.

Mientras avanzaban, escucharon pasos apresurados y voces llamándolos desde la distancia: —¡Aiden, ¿dónde estás?!

¡Podbe!

Al final del camino, vieron cómo un lobo se acercaba corriendo hacia ellos.

Era Josh, quien rápidamente recuperó su forma humana al llegar junto a Aiden.

Detrás de él venían Gat, Riota, Amaya y otros agentes que habían estado buscándolo.

Gat fue el primero en acercarse, dándole un codazo amistoso en el brazo.

—No hay nada que perder, ¿sabes?

Si esos tontos no quieren estar contigo, nosotros sí —dijo con una sonrisa sincera.

Riota se unió al abrazo, seguido poco a poco por los demás.

Uno a uno, fueron rodeando a Aiden, ofreciéndole palabras de apoyo y consuelo.

—Estamos contigo, Aiden.

No importa lo que pase, vamos a descubrir qué está sucediendo —dijo Josh con firmeza—.

Los demás están ayudando a investigar qué fue lo que pasó.

Aiden sintió cómo una oleada de gratitud lo invadía, calmando momentáneamente el torbellino de emociones que había estado arrastrándolo hacia abajo.

Por primera vez en mucho tiempo, se dio cuenta de que no estaba solo.

A pesar de todo lo que había enfrentado, tenía a estos amigos que siempre habían estado a su lado, incluso en los momentos más difíciles.

Recordó cómo los gobiernos lo habían visto como una amenaza debido a sus poderes, planeando separarlo de quienes él consideraba su familia y de Podbe, su fiel compañero.

Recordó también la impotencia que sintió al ser forzado a usar un dispositivo que restringía sus habilidades, limitando no solo su fuerza, sino también su conexión con quienes más amaba.

Y cuando perdió la capacidad de comunicarse con Podbe y Reia, fue un golpe devastador que lo sumió en una profunda tristeza.

Fue entonces cuando su mentalidad cambió: de ser un chico sonriente y optimista, se volvió apático, distante, como si hubiera perdido una parte fundamental de sí mismo.

Sin embargo, en cada uno de esos momentos oscuros, sus amigos estuvieron allí.

No solo le ofrecieron palabras de apoyo, sino que lucharon junto a él, enfrentándose incluso a sistemas opresivos para evitar que lo alejaran de quienes amaba.

Habían sido su ancla cuando todo parecía desmoronarse, recordándole que aún había personas que creían en él, que lo veían más allá de sus poderes o de las decisiones injustas de otros.

Ahora, mientras los miraba a todos, reunidos alrededor de él con expresiones sinceras y gestos de apoyo, Aiden comprendió algo importante: no importaba cuántas veces el mundo intentara marginarlo o hacerlo sentir como un extraño; siempre tendría a estas personas que lo aceptaban tal como era.

Su lealtad y cariño eran inquebrantables, y eso le daba una nueva fuerza, una razón para seguir adelante.

Amaya, siempre observadora, añadió con tono pensativo: —Sabemos que fue Leonard y su grupo, pero algo no cuadra.

¿Cómo pudo convencer a todos tan rápido?

Aquí hay gato encerrado… Es demasiado extraño.

Los presentes asintieron, dispuestos a analizar ese detalle, cuando de repente escucharon un fuerte estruendo que resonó en el aire.

Una nube de polvo se levantó a lo lejos, captando la atención de todos.

Sin dudarlo, decidieron dirigirse hacia allá para averiguar qué estaba ocurriendo.

A lo lejos, Leonard estaba tranquilo, deleitándose con los resultados de su plan mientras jugaba distraídamente creando pequeños agujeros oscuros en sus manos.

A su lado, los gemelos sonreían satisfechos, disfrutando del caos que habían sembrado.

Pero de pronto, frente a ellos, algo cayó del cielo con un impacto ensordecedor, levantando una densa nube de polvo.

Cuando esta comenzó a disiparse, dos figuras emergieron: los sujetos de armadura plateada que habían estado sobrevolando el área anteriormente.

Uno de ellos señaló directamente a Leonard con una voz fría y autoritaria: —Te encontramos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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