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El sistema del perro agente - Capítulo 196

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196: La Calma antes de la Tormenta 7 196: La Calma antes de la Tormenta 7 —Te encontramos.

Vendrás con nosotros —dijeron los dos sujetos blindados con voz firme y autoritaria, mientras se posaban frente a los tres con pasos calculados y resonantes.

Su presencia imponente parecía llenar el espacio, irradiando una mezcla de poder y amenaza que no dejaba lugar a réplicas.

Leonard los miró desafiante, cruzándose de brazos con gesto arrogante.

—Yo no voy con nadie, y menos con inútiles desconocidos que ocultan su rostro —respondió con frialdad, su tono cargado de desprecio mientras clavaba sus ojos en los sujetos blindados.

Sin darles tiempo a replicar, giró la cabeza hacia sus amigos, los gemelos, quienes ya estaban listos para actuar.

—Vamos, pateémosles el trasero a estos sujetos vestidos con armaduras baratas —les indicó con una media sonrisa burlona, visiblemente confiado en su superioridad.

Entre tanto, María y Billy estaban buscando al pequeño niño con el oso de peluche cuando, de repente, alguien pasó corriendo rápidamente frente a ellos.

Era el niño, visiblemente nervioso.

Al ver a los dos jóvenes, exclamó: —¡Yo no tuve nada que ver!

—y siguió corriendo sin detenerse.

—¡Espera!

—gritó María, tratando de frenar su avance para hablar con él.

Pero el niño parecía demasiado asustado como para detenerse.

Les hizo una hábil finta y continuó escapando con su peluche firmemente aferrado en su mano.

Megumi, utilizando su poder sobre la tierra, intentó interceptarlo según la descripción que le habían dado María y Billy.

Sin embargo, pese a sus esfuerzos, el pequeño demostró ser extremadamente ágil y logró esquivar cada obstáculo que ella creaba.

Pasó corriendo junto a Marin y Lumi, quienes trataron de atraparlo, pero terminaron chocando entre ellas en el intento.

El muchacho corría con gracia y velocidad impresionantes, aprovechando su pequeño tamaño para moverse entre los espacios reducidos.

Su cabello corto, con un estilo fade degradado y laterales rasurados, era un corte poco común que resaltaba aún más su aire juvenil.

Mientras zigzagueaba ágilmente entre los estudiantes, su figura llamaba poderosamente la atención.

Los presentes lo observaban sorprendidos, incapaces de apartar la mirada de sus movimientos rápidos y precisos.

El contraste entre su apariencia única y su asombrosa agilidad dejaba a muchos boquiabiertos, como si estuvieran presenciando algo fuera de lo ordinario.

—¡Espera!

¡Solo queremos hablar!

—gritaba María mientras lo perseguía, jadeando ligeramente por el esfuerzo.

El niño ya había llegado al área de las canchas de soccer y rugby, donde continuaba escapando con habilidad.

—¡Vaya!

Creo que nunca había visto a alguien tan ágil… —comentó Lumi, tratando de recuperar el aliento después de fallar en su intento de atraparlo.

De pronto, Diego decidió intervenir.

Varias estructuras puntiagudas emergieron del suelo, rodeando al niño.

Cuando este tocó una de ellas, saltó hacia atrás como si algo lo hubiera repelido.

—Vaya, creo que debí haber usado esto desde el principio —dijo Diego con una sonrisa satisfecha, orgulloso de su estrategia.

Sin embargo, el niño no se rendía.

Aunque estaba atrapado, seguía tocando las puntas eléctricas repetidamente, como si buscara una salida.

Esto llamó la atención de Megumi, quien frunció el ceño, preocupada.

—Diego, creo que deberías desactivar tu poder.

Esto parece arriesgado… —le advirtió Megumi, observando cómo el niño comenzaba a temblar ligeramente.

En ese momento, algo inesperado ocurrió.

Cuando el niño volvió a tocar una de las trampas eléctricas, un ente oscuro surgió del osito de peluche que llevaba consigo.

Este ente se evaporó casi instantáneamente, dejando al niño inconsciente en el suelo.

Marin y Lumi retrocedieron asustadas.

—¿Qué fue eso?

—preguntaron al unísono, mirando hacia donde el niño yacía.

Megumi fulminó a Diego con la mirada, sus ojos reflejaban una mezcla de frustración y preocupación.

—Creo que te pasaste con el niño —dijo con tono severo, cruzando los brazos mientras observaba al pequeño tendido en el suelo—.

¿Estará… vivo?

Su voz tembló ligeramente al formular la última pregunta, como si temiera la respuesta.

Todos los presentes se quedaron en silencio por un momento, pendientes de la respiración débil pero constante del niño.

Por suerte, Billy y María llegaron justo a tiempo.

María, aunque aún no dominaba completamente su magia curativa, logró sanar al pequeño sin mayores problemas.

—Respira normalmente.

Está bien, solo está inconsciente —anunció María, suspirando aliviada mientras examinaba al niño.

Luego de un rato, el niño abrió lentamente los ojos.

Al ver a todos alrededor, se asustó un poco y trató de incorporarse rápidamente.

—Te dije que te pasaste con tu poder —le reprochó Lumi a Diego, cruzándose de brazos.

Diego, sin embargo, fingió no escucharla y comenzó a silbar despreocupadamente, mirando hacia otro lado.

María intentó calmar al niño, acercándose con suavidad.

—Tranquilo, no te vamos a hacer daño.

¿Sabes dónde estás?

—preguntó con tono amable.

El niño la miró confundido, como si no recordara lo que había pasado.

—No… No lo sé… ¿Qué pasó?

Ella le sonrió con dulzura, tratando de ganar su confianza.

—Está bien, no te preocupes.

Solo dinos tu nombre.

El pequeño respondió en voz baja: —Col… Billy, visiblemente molesto por todo lo que había ocurrido con Aiden, intervino impaciente: —¿Cómo no sabes lo que ha pasado?

¿O te haces?

¡Queremos respuestas!

El niño negó con la cabeza, visiblemente asustado.

—Yo… Yo no recuerdo nada… Megumi interrumpió antes de que Billy pudiera presionarlo más.

—Tranquilícense, chicos.

Está claro que no está fingiendo.

Déjenlo respirar.

El niño preguntó por el oso —y no por su oso—, con un nerviosismo que se reflejaba en su voz temblorosa y sus manos inquietas.

Era evidente que algo lo perturbaba profundamente.

Marin aprovechó el momento para formular una pregunta crucial, su tono serio pero cuidadoso: —Col, ¿qué era esa cosa que salió de tu peluche?

Las palabras resonaron en el aire, cargadas de curiosidad e inquietud, mientras todos los presentes dirigían su atención al pequeño, esperando ansiosos su respuesta.

Al oír esto, el niño se puso pálido y comenzó a temblar.

—N-no sé qué era… Por favor, no me pregunten eso… Lumi intentó calmarlo, colocando una mano sobre su hombro.

—Tranquilo, Col.

Ya no tienes que preocuparte.

Esa cosa…

ya se esfumo.

Diego, siempre arrogante, añadió con una media sonrisa: —Sí, yo la freí.

Estás a salvo.

El niño los miró con ojos llenos de lágrimas.

—¿En serio?

¿Ya no está?

Sin poder contenerse más, rompió a llorar.

Las chicas se acercaron rápidamente para consolarlo mientras Billy seguía insistiendo, aunque ahora con menos intensidad.

—¿Por qué en ese momento dijiste “lo siento”?

¿Qué fue lo que hiciste?

Col bajó la mirada, aún confundido.

—No lo sé… No recuerdo mucho de lo que pasó… Pero sí sé algo sobre esa cosa oscura en mi oso… Bueno, más o menos.

El niño les conto su relato, pero antes de que pudiera todos responder a lo contado, un estruendo resonó en la distancia.

Todos se detuvieron, sorprendidos por el sonido.

Parecía que alguien estaba peleando.

Sin dudarlo, decidieron dirigirse hacia allá para investigar qué estaba ocurriendo.

En paralelo, los chicos que estaban en el edificio prohibido también escucharon el ruido.

Dejaron atrás a Benny, quien quedó nuevamente solo, lidiando con su frustración mientras trataba de avanzar sin ser detectado.

El equipo que acompañaba a Akira también oyó el estruendo y decidió ir a investigar, dejando sus tareas momentáneamente.

Los primeros en llegar al lugar de los hechos fueron Aiden y su grupo.

Lo que encontraron los dejó atónitos: los gemelos yacían inconscientes en el suelo y heridos, mientras dos sujetos desconocidos en armadura permanecían de pie.

Uno de ellos tenía a Leonard desmayado colgando de su hombro, como si fuera un saco de patatas.

—Tenemos lo que vinimos a buscar.

Es hora de irnos —dijo el más pequeño de los sujetos mientras su compañero cargaba al desmayado Leonard sobre su hombro como si fuera un peso insignificante.

—¡Hey!

¿Qué hacen?

¿Por qué se lo llevan?

—gritó Aiden, mirándolos con incredulidad y preocupación.

Sin darles tiempo a responder, el equipo decidió actuar.

Aunque Leonard había causado mucho daño a Aiden, no podían permitir que lo secuestraran sin luchar.

Riota fue el primero en acercarse, utilizando su poder de super fuerza para golpear a uno de los sujetos.

Sin embargo, para su asombro, ni siquiera logró rayar su armadura.

El sujeto más grande reaccionó rápidamente, lanzando una patada directa hacia Riota.

Por suerte, Piti llegó justo a tiempo, impulsándose con su velocidad sobrehumana para sacarla del camino antes de que el ataque la alcanzara.

El impacto del pie del sujeto dejó un enorme cráter en el suelo, demostrando la fuerza devastadora detrás de cada movimiento.

—Gracias —dijo Riota, recuperando el aliento mientras miraba el cráter con los ojos bien abiertos.

Josh y Podbe también se unieron al ataque, pero el otro sujeto sacó un arma avanzada y comenzó a disparar ráfagas de energía hacia ellos.

Aiden, mientras tanto, intentaba arrastrar a los gemelos heridos fuera del campo de batalla junto con Timmy, protegiéndolos como podía.

Marcus y Gat no se quedaron atrás.

Marcus creó un escudo protector para bloquear los disparos, mientras Gat lanzaba ráfagas de energía desde sus dedos, tratando de debilitar a los enemigos.

Sin embargo, todo parecía inútil: las armaduras de los sujetos no tenían ni un solo rasguño, y sus movimientos eran precisos e implacables.

—¿Quiénes son?

¡Se ven demasiado poderosos!

—exclamó Timmy, frustrado al ver que sus ataques no surtían efecto alguno.

De pronto, comenzaron a llegar los demás refuerzos.

Los dos sujetos intercambiaron una mirada y dijeron con voces medio robóticas: —No podemos seguir jugando con ustedes.

Debemos irnos.

Liam y Max llegaron corriendo, dispuestos a usar sus habilidades de control de máquinas para desactivar a los sujetos.

Apuntaron con confianza hacia ellos, pero para su sorpresa, sus poderes no funcionaron en absoluto.

—¡¿Qué?!

¡Esto no tiene sentido!

—exclamó Liam, incrédulo al ver fallar sus habilidades por primera vez.

Sin perder más tiempo, ambos enemigos activaron algún tipo de dispositivo en sus trajes y desaparecieron en un destello de luz, llevándose a Leonard consigo.

Los presentes se quedaron en silencio, procesando lo que acababa de suceder.

—¿Por qué?

¿Por qué se llevarían a Leonard con ellos?

—se preguntaban entre sí, sus voces cargadas de confusión y desconcierto.

Y, aún más inquietante: ¿Quiénes eran esos sujetos de armaduras plateadas?

Las preguntas resonaban en el aire mientras las mentes de todos trabajaban a toda prisa, intentando encontrar sentido a lo que acababan de presenciar.

Sin embargo, cada respuesta parecía generar aún más dudas, dejándolos sumidos en un mar de incertidumbre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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