El sistema del perro agente - Capítulo 199
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Capítulo 199: Waqrapukara
—Ya ves, eso pasa por hacerle caso a esa voz extraña —dijo Liam, mientras algunos, como Billy, luchaban por respirar. La falta de oxígeno era evidente en el lugar, y varios miembros del grupo comenzaban a marearse.
En ese momento, una voz familiar los llamó desde atrás:
—Oigan, niños, ¿se pueden bajar de mi espalda? —dijo Dustin, refiriéndose a Riota y Floud, quienes habían caído encima de él tras el brusco aterrizaje.
Cuando todos comenzaron a caer, Lita rápidamente utilizó sus poderes de naturaleza para crear una red de raíces y lianas que brotaron del suelo, amortiguando la caída de varios compañeros antes de que impactaran contra el duro terreno. Hela, por su parte, empleó su necromancia para manipular huesos y formar plataformas etéreas que sostuvieron a quienes aún estaban desorientados.
Claude reaccionó con agilidad, creando múltiples copias de sí mismo para atrapar a quienes aún no lograban recuperar el equilibrio, asegurándose de que nadie se lastimara al tocar el suelo. Benny también entró en acción, estirando su cuerpo elástico para formar una especie de red flotante que interceptó a varios compañeros justo antes de su impacto.
Unos cuantos más fueron salvados por los cabellos de Andre, que se extendieron como tentáculos protectores, envolviendo con precisión a quienes estaban a punto de desplomarse sin control. Finalmente, Aiden y Podbe fueron auxiliados por los poderes psíquicos combinados de Leila y Mark. Estos últimos crearon un campo mental que los bajó con suavidad, como si una fuerza invisible los acunara hasta depositarlos sanos y salvos en el suelo, evitando cualquier fractura o lesión.
Mientras tanto, el resto del grupo intentaba adaptarse al entorno hostil, algunos recuperando el equilibrio y otros todavía luchando contra el vértigo causado por la altura. A pesar de las circunstancias, todos estaban ilesos gracias a la rápida intervención de sus compañeros y a la diversidad de habilidades que conformaban el equipo.
A pesar de las dificultades iniciales, todos lograron evitar lesiones graves gracias a la rápida intervención y la diversidad de habilidades dentro del equipo, demostrando una vez más cómo su unidad y coordinación eran esenciales para superar cualquier obstáculo.
—¿Están todos bien? —preguntó Aiden, preocupado, aunque a todos les faltaba el aire debido a la gran altura en la que se encontraban. Todos menos Dustin, quien parecía inmune al efecto del soroche.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Floud, tratando de mantenerse consciente mientras sentía cómo el mal de altura empezaba a afectarla.
—Pues parece una fortaleza —respondió Billy, haciendo un esfuerzo por hablar, aunque la falta de oxígeno era evidente en su voz entrecortada.
—No debimos hacerle caso a esa voz —se quejó Abel, mirando a Aiden con una mezcla de frustración y cansancio.
Justo entonces, la voz volvió a hablar, esta vez con un tono casi casual:
—Qué bueno que vinieron. Estamos en una gran fortaleza antigua, a más de cuatro mil metros de altura.
—¡Idiota! ¡Nos hubieras dicho eso antes! —gritó Caín, visiblemente molesto mientras trataba de recuperar el aliento.
Dustin, sarcásticamente, añadió:
—Hay, jefe, siempre tienes que estar en estos lugares, ¿eh?
—¡jefe! —exclamaron todos al unísono, dirigiendo sus miradas hacia la figura que emergía de entre las sombras proyectadas por las rocas.
Un hombre de cabello negro apareció lentamente, con una sonrisa confiada en el rostro. Justo cuando estaba a punto de presentarse, todos perdieron el conocimiento, cayendo desmayados uno tras otro.
—¡Ups! —indicó el sujeto con un tono casual, como si acabara de cometer un pequeño error sin importancia—. Creo que debí alertarlos a todos sobre esto.
—¿Tú crees? —respondió Dustin con sarcasmo evidente, cruzándose de brazos mientras observaba cómo algunos miembros del grupo aún luchaban por recuperarse del mal de altura.
—Bueno, será mejor que los ayude a entrar y hacerlos recuperarse —añadió el hombre, avanzando hacia el grupo con paso tranquilo pero decidido.
Todos empezaban a cerrar los ojos, sucumbiendo al mareo y el agotamiento provocado por el mal de altura. Josh, aun luchando por mantenerse consciente, alcanzó a ver cómo el misterioso sujeto se acercaba con paso tranquilo pero decidido. A su lado, Dustin ya estaba en acción, cargando a los demás uno por uno, asegurándose de que nadie quedara desprotegido mientras intentaban adaptarse al entorno hostil. Levantado primero a Riota, Akira y Floud, quienes habían caído cerca de él, y los colocó en un lugar seguro antes de regresar por los demás. Su energía parecía inagotable, incluso en medio de la adversidad.
Al final, uno por uno, todos fueron cediendo a la pesadez que invadía sus cuerpos y mentes. El agotamiento, combinado con el efecto del mal de altura y la energía misteriosa del lugar, los arrastró lentamente hacia un profundo letargo. Sus párpados se cerraron sin resistencia, como si una fuerza invisible acunara sus pensamientos y los sumiera en un gran sueño colectivo.
El sonido del viento se desvaneció, las voces se apagaron y el mundo a su alrededor quedó en silencio. Solo Josh permaneció consciente por unos segundos más, pero incluso él no pudo luchar contra la oleada de somnolencia que lo envolvía. Finalmente, el último par de ojos se cerró, y el grupo quedó inmóvil, entregado por completo al abrazo de un sueño profundo y desconocido.
Aiden empezó a experimentar pequeños flashbacks en este estado, de lo que había ocurrido después de la batalla con Zeus. Recordaba vívidamente cómo había ingresado solo, sin nadie a su lado, a través de una gran puerta. Sus manos y pies estaban encadenados con pesadas esposas, como si fuera un vil villano. Al entrar, varias luces se encendieron de golpe, iluminando un espacio lleno de líderes mundiales reunidos en una cumbre extraordinaria. El muchacho quedó en el centro de todas las miradas, rodeado de voces que resonaban en sus oídos.
—Eres alguien peligroso —dijeron los líderes al unísono, con tonos que oscilaban entre el miedo, la preocupación y la codicia.
Algunos murmuraban que era un error dejarlo libre, otros discutían que una persona con tanto poder debería ser controlada. Las preguntas se acumulaban: ¿Qué pasaría si abre otro portal, como el que trajo al guardián Urion? ¿O ese último donde regresó junto con Zeus, trayendo consigo visiones de terrores desconocidos?
Algunos líderes estaban visiblemente preocupados, otros parecían absortos en sus pensamientos, y unos pocos incluso emocionados ante la idea de usarlo como un arma. Hablaban de buscar nuevos mundos para poblar, de explorar dimensiones desconocidas y de aprovechar su poder para beneficio propio. Pero lo que todas las voces tenían en común era el miedo: miedo a lo desconocido, miedo a que un niño no pudiera manejar semejante poder sin perder el control.
—¿Y si envía el planeta a otro lugar? ¿O peor aún, lo destruye por completo? —interrumpió Hela, una de las líderes de Cuadrado, presente en la cumbre junto con el presidente de su país.
Su voz cortante atravesó el murmullo general como un relámpago, dejando un silencio incómodo en la sala. Todas las miradas se volvieron hacia ella mientras sus palabras resonaban en el aire, cargadas de una mezcla de miedo y advertencia. La tensión ya era palpable, pero su intervención añadió una capa adicional de gravedad al ambiente, como si hubiera puesto en palabras el peor temor de todos los presentes.
Bronjort, con una expresión seria, abrió una enorme puerta e ingresó a la sala. Todos callaron momentáneamente al verlo, aunque las tensiones seguían latentes.
—Tranquilos, yo puedo encargarme de esto —declaró Bronjort con firmeza, mirando cómo los demás acosaban al pequeño Aiden.
Hela, sin embargo, no se contuvo y lanzó otra pulla:
—¿Tú? El mismo que dirige una agencia de agentes secretos con poderes… La misma que no pudo vencer a Zeus. Si no hubiera sido por ese perro, ya habríamos sido dominados por ese sujeto.
Los demás líderes mundiales comenzaron a murmurar nuevamente, dejando claro su descontento. Bronjort levantó una mano, pidiendo tranquilidad, y continuó:
—Es verdad que vivimos una impotencia de primera mano al no poder ver lo que se tergiversaba en las sombras durante el enfrentamiento con Zeus. Y es precisamente por eso que hoy más que nunca necesitamos héroes que puedan servirnos y apoyar al mundo. Si mis agentes necesitan mejorar, tenemos a ella… La que puede cambiarlo todo.
Su declaración dejó a todos en silencio, intrigados por quién podría ser “ella” y qué papel jugaría en el futuro inmediato.
—¿Se refieren a esa mujer? —preguntaron todos al unísono, intercambiando miradas entre ellos.
—Sí, así es. ¿Quién más que ella podría encargarse de todo y hacerlos mejores para la protección del planeta? Serán la primera fuerza contra cualquier problema que se presente —declaró Bronjort con firmeza, aunque su tono escondía una pizca de inseguridad.
Algunos líderes dudaban, otros asintieron con aprobación. Después de un breve debate, todos llegaron a un acuerdo: sí, aceptarían la propuesta, pero con condiciones estrictas. Aiden debía llevar un rastreador para monitorear su ubicación en todo momento, además de un inhibidor de poder similar al que Adrián había creado para inmovilizar a Zeus. Como medida adicional, alguien debía estar con él las 24 horas del día.
Hela, siempre calculadora, propuso colocar a Jake como el guardaespaldas permanente de Aiden. Su sugerencia sonaba práctica, incluso lógica, dadas las circunstancias. Sin embargo, lo que Hela desconocía era que Jake no era simplemente un aliado leal al grupo: en realidad, era un agente encubierto. Trabajaba directamente para la agencia de Drake, cuyas operaciones estaban bajo el control estratégico de Bronjort.
Detrás de su apariencia amigable y discreta, Jake guardaba secretos que podrían cambiarlo todo. Mientras Hela creía estar tomando una decisión táctica, en realidad estaba jugando directamente en las manos de una red de espionaje mucho más compleja de lo que nadie en esa sala podía imaginar.
Sin más discusión, todas estas decisiones fueron acordadas. Aiden, quien aún procesaba lo ocurrido, vio cómo Podbe entraba por otra puerta. Bronjort se acercó al muchacho antes de marcharse, con una expresión seria pero cargada de expectativas. Su mirada era penetrante, como si intentara ver más allá de las palabras que estaba a punto de pronunciar.
—Bien, muchacho, espero muchas cosas de ti —dijo con firmeza, su voz resonando con un tono que no admitía réplica—. Espero que no desperdicies esta oportunidad… esta “libertad” entre comillas que pude conseguirte. Si no fuera por mí, estarías encerrado en una celda junto a tu tío abuelo. No me falles.
Sus últimas palabras fueron casi un susurro, pero cargadas de peso, como una advertencia implícita. Bronjort sostuvo la mirada de Aiden por unos segundos más, asegurándose de que el mensaje quedara claro antes de girarse y alejarse, dejando al muchacho inmóvil bajo el peso de sus palabras.
Aunque su tono era firme, por dentro Bronjort sentía una punzada de tristeza. Sabía que las decisiones tomadas no eran justas para Aiden, pero no podía vacilar ni mostrar debilidad frente a los demás, especialmente ante Hela y los otros miembros del Cuadrado, quienes solo buscaban su caída para reemplazarlo con alguien “más competente” según sus criterios.
En ese momento, una voz interrumpió los recuerdos de Aiden:
—¡Oye, niño, despierta! ¡Despiértate ya de una vez! Creo que le pegó más fuerte la altura que a los demás.
Aiden abrió los ojos de golpe, sintiendo la húmeda lengua de Podbe pasarle por toda la cara.
—¡Ah! ¡Ya no, Podbe! ¡Para! —exclamó el muchacho, apartando al animal con una mezcla de risa y fastidio.
—Veo que tuviste otra vez una pesadilla —comentó Riota mientras observaba a Aiden levantarse, notando el sudor frío que cubría su frente.
—Sí —respondió Aiden con un susurro, tratando de disimular su agitación.
—Podbe… ¿me hablaste? —preguntó Aiden con una mezcla de asombro y esperanza en su voz, girándose rápidamente hacia el can.
El corazón de Aiden latía con fuerza. Habían pasado meses desde el incidente, y durante todo ese tiempo, Podbe había permanecido en silencio, incapaz de emitir palabra alguna. Escuchar una voz que parecía provenir de él despertó una oleada de emociones en el muchacho: nostalgia, alegría, incluso un atisbo de alivio.
Pero entonces, la sonrisa de Aiden se desvaneció tan rápido como había aparecido. La voz que había escuchado no era la de Podbe. Era alguien más, alguien que ahora estaba frente a ellos, observándolos con una expresión tranquila pero misteriosa.
—No fui yo —respondió la persona que los había traído a este lugar, rompiendo el momento con calma deliberada. Luego, añadió con un tono burlón pero amigable:
—¿Por qué las caras largas, niños? Qué bueno que despertaste, muchacho.
La decepción en los ojos de Aiden fue evidente, pero rápidamente intentó disimularla. Sin embargo, su cambio de ánimo no pasó desapercibido para algunos de sus compañeros, quienes intercambiaron miradas preocupadas.
—Por nada —mintió Aiden, intentando ocultar lo que había visto en sus recuerdos. Luego preguntó con curiosidad—: Tú eres el que nos estuvo hablando, ¿verdad?
El hombre frente a él asintió. Era un sujeto que aparentaba unos treinta años, vestido como un arqueólogo clásico: chaqueta de cuero, botas resistentes y gafas de sol colgando del cuello de su camisa. Su apariencia reflejaba una herencia china y latinoamericana, con ojos almendrados que se iluminaban sobre una piel cálida y un cabello negro azabache. El verde intenso de su mirada brillaba como esmeraldas bajo la luz, otorgándole un contraste único.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Aiden, mirando a su alrededor con curiosidad mientras trataba de procesar el entorno.
El hombre sonrió con aire tranquilo antes de responder:
—Esto, muchacho, es mi pequeña base. Mi gran monumento, mi querida fortaleza: “Waqrapukara”. Es como un hogar para mí. Yo soy algo así como un ermitaño.
El lugar parecía una mezcla entre un búnker moderno y un santuario tecnológico antiguo. Había camas, máquinas avanzadas y artefactos que parecían integrarse perfectamente con la tecnología ancestral del sitio. Era evidente que aquel lugar era tanto un refugio como un laboratorio secreto.
—Tranquilos si pensaban que los turistas nos molestarían aquí —añadió el hombre con tono calmado—. Solo vienen a ver el exterior; por dentro, el único que puede ingresar soy yo.
Hizo una pausa breve antes de continuar:
—Lamento haberlos traído abruptamente sin considerar que la altura les afectaría a todos. Por suerte, gracias a estas hierbas que les transfundí con esta máquina —dijo señalando una especie de dispositivo de transfusión conectado a varios tubos—, ya están inmunizados contra los efectos del soroche. Lo siento mucho —se disculpó nuevamente con sinceridad.
Akira, asombrada por el lugar, pensó para sí misma: Quiero preguntarle tantas cosas… Este sitio es increíble.
El hombre, notando la atención de todos sobre él, decidió presentarse formalmente:
—Tú debes ser Aiden, ¿verdad? Eso fue lo que tus amigos dijeron cuando hablaron de ti. ¡Ah, disculpen! Donde están mis modales… Soy el profesor de arqueología Yu-Wen Teller Valle. O, bueno, como ustedes usan códigos, pueden llamarme el agente E-1.
—¡Ah! Entonces es por eso que Dustin te llamó “jefe” —comentó Amaya con una sonrisa traviesa.
—Y, si podemos preguntar… ¿Por qué nunca te hemos visto? —preguntaron Timmy y Floud al unísono, intercambiando miradas curiosas.
Yu-Wen respondió con calma:
—Bueno, me gusta viajar y explorar diversas culturas y lugares extraños llenos de historia, como esta gran fortaleza que he adaptado como mi hogar. Por eso no paso mucho tiempo en la agencia.
Aiden, siempre directo, intervino:
—Señor, cuéntenos más, por favor.
Yu-Wen sonrió amablemente:
—Prefiero que me digas Yu, si no te importa, muchacho.
—Bien, Yu —respondió Aiden, ajustándose ligeramente.
Dustin, siempre serio, añadió:
—Oye, que ese chico no sea muy confianzudo, con usted señor.
—Tranquilo, todos pueden decirme Yu si quieren —respondió el profesor con un gesto relajado.
—Sí, señor —respondieron los demás en coro, algunos con una pizca de incomodidad ante tanta familiaridad.
Yu regresó al tema principal:
—Ahora, sobre lo que mencionabas, niño… Puedo ayudarte a recuperar a tu amigo. Es por eso que te contacté.
Billy, siempre imprudente, interrumpió:
—¡Él no es su amigo!
María rápidamente le tapó la boca con una mano, lanzándole una mirada severa.
—Profesor, por favor, continúe —dijo ella con diplomacia.
Yu asintió, ignorando la interrupción:
—Como decía, puedo ayudarlos, pero tú, muchacho, eres la llave que los llevará hasta allá. Tú, mi pequeño amigo, usarás esto.
Con un ademán dramático, Yu-Wen retiró unas cortinas, revelando algo detrás de ellas que dejó a todos boquiabiertos.
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