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El sistema del perro agente - Capítulo 24

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24: Revelaciones y Rescates 24: Revelaciones y Rescates Ya no estoy en servicio, muchacho.

Dejé la agencia hace mucho tiempo.

Soy la agente A o lo era; hoy solo utilizo mi nombre civil.

¿Qué esperamos?

Debemos irnos.

En ese momento, ella se quitó lo que llevaba puesto frente a él, quien colapsó, rojo de vergüenza, al verla en ropa interior mientras ella abría un maletín con un traje especial hecho a su medida.

Gat tenía las manos en la cara para no ver nada.

Mientras ella se cambiaba, le dijo: —No te dé pena, yo ya me he acostumbrado a cambiarme delante de los demás por las misiones que tuve.

Luego le preguntó por qué él estaba en la ciudad o por qué la agencia lo había enviado allí.

Él respondió, con las manos aún en la cara para no ver: —Estoy en la búsqueda del grupo Oceans.

Según informes, se encuentran escondidos en alguna parte de esta zona.

Y bueno, viendo que no has sido informada o no tienes mucha información, te contaré que el agente B doce fue herido en su más reciente misión enfrentando a esta organización, y su estado es reservado —comentó Gat.

—¡Ay, no!

¡Pobre Nick!

—respondió Adía con preocupación—.

Se veía un buen muchacho inquieto, pero bueno, me hacía reír, y ahora quedar inmóvil…

—Gat, veo que conoces los nombres de los agentes.

—Bueno, muchacho, solo conozco la identidad de algunos.

Por ejemplo, la tuya ni la conocía.

No has de ser muy bueno —lo dijo en tono sarcástico.

Gat se molestó un poco y se sacó las manos de la cara, pero luego recordó por qué las tenía allí y se contuvo.

Se podía sentir cómo la habitación se calentaba con su irritación.

—Bien, ya estoy lista.

Ya puedes mirar —dijo ella.

Al bajar las manos, pudo ver el traje que ella llevaba: un uniforme azul marino ajustado con una gema brillante en el centro del pecho, una falda del mismo color, botas negras y unos guantes tipo mitones de color marrón con gemas incrustadas.

Además, sostenía un báculo similar al de un mago, con una piedra resplandeciente en la punta.

El muchacho se sorprendió al verla en ese atuendo, sonrojándose ligeramente.

Ella le dijo: —¿No traes tu uniforme de combate?

—Yo no necesito nada de esas cosas —respondió él con orgullo.

—Ahora sí, podemos irnos.

Bajaron las escaleras y le indicó al robot que preparara el vehículo.

Los cuatro subieron al vehículo junto con el robot Tron y se dirigieron a la casa de Elena.

Al llegar, su padre se encontraba en la sala con unos papeles, hablando solo.

Elena lo llamó por su nombre, y su padre volteó a verla, diciéndole: —Lo siento, cariño, pensé que te iba a perder como a tu madre.

—¿Como a mi madre?

Papá, no me dijiste que mi madre nos abandonó —respondió Elena con confusión.

El padre vio que su hija no estaba sola; estaba acompañada por otras dos personas y un perro.

Le preguntó: —¿Y quiénes son ellos?

Pero ella no iba a decir nada hasta que él le revelara la verdad.

—Padre, ¿qué me ocultas?

—le reprochó Elena con firmeza.

Adía intervino, presentándose: —Mi nombre es Adía, y este es Podbe.

—Gat la miró, preguntándose por qué no lo mencionaba.

Al notarlo, ella añadió—: Ah, y ese es Gat.

—Bien, ahora que nos hemos presentado, puede decirle a la chica la verdad, y así podremos ayudarla a encontrar a Aiden —indicó Adía.

El padre, comprendiendo entonces que su hija había hecho lo que su jefe Zeus le había ordenado, la miró a los ojos y le dijo: —Está bien, cariño.

Tú no tienes la culpa; no tenías otra opción.

Esos malditos…

—Verán, mi esposa no nos abandonó —continuó—, sino que la compañía en la que trabajo la desapareció y me indicaron que dijera eso a todos los que me conocían, incluyendo a mi hija.

Elena comenzó a llorar, y los demás en la casa sintieron su tristeza.

Gat se aclaró la garganta e interrumpió, preguntando para qué compañía trabajaba, cortando la escena de angustia que se respiraba en el lugar.

El padre les explicó que trabajaba para Radar, una gran empresa a nivel mundial dedicada a crear tecnología y nuevos avances científicos.

Sin embargo, sabía que no todo era ético; esta compañía violaba varias leyes y cometía actos delictivos en secreto.

Su esposa, periodista, había descubierto esto, pero él nunca denunció nada por temor a represalias contra su hija.

Ahora no podía seguir callando y debía hacer algo.

—Bien, puede empezar diciéndonos dónde queda la empresa.

Hay un niño que salvar —comentó Adía con determinación.

—Pero yo quiero saber qué hacía usted en esa empresa y por qué necesitaban a Aiden —expresó Gat con curiosidad.

El padre de Elena no sabía a quién responder primero, pero comenzó dirigiéndose a Gat: —Yo era parte de un proyecto llamado Odiseo.

—¿Odiseo?

—preguntaron los presentes, intrigados.

—Sí —respondió él—.

El proyecto Odiseo se encargaba de buscar sujetos de prueba con alto grado de habilidades, buscando su poder oculto mediante métodos poco ortodoxos.

Capturaban personas de todo el mundo con falsas promesas como concursos de modelaje, problemas de salud y cosas por el estilo.

Generalmente decían que, mientras más jóvenes, mejor.

Si se han fijado en el niño, seguramente Zeus sintió algo en él.

Adía, en su mente, pensó que este proyecto se parecía o era exactamente igual al proyecto Nébula.

“No puede ser, ese científico loco murió en esa oportunidad.

Quizá se trate de alguien que esté continuando con la investigación”, se repetía, negándose a creer que era posible el resurgimiento de este proyecto oscuro.

Gat chasqueó los dedos porque le pareció que Adía estaba en trance.

—¿Te encuentras con nosotros?

—le preguntó él.

A lo que ella respondió con un fuerte: —¡Sí!

—que asustó a los presentes.

—Gracias por la historia, señor, pero dígame dónde está esa empresa para que yo misma pueda traer a Aiden —dijo Adía con decisión.

El padre le indicó que no era tan fácil entrar y salir del lugar; estaba muy bien resguardado.

Además, el edificio era una fachada; el verdadero terror estaba abajo, en los siete subsuelos.

Seguramente tenían al muchacho en el último nivel.

—No se preocupe, yo lo sacaré de ahí —aseguró ella con confianza.

—Vaya, veo que tiene mucha confianza en sí misma —indicó el padre—.

Le diré dónde está, pero si me hace el favor de llevarme consigo, es hora de terminar con ese lugar de una vez por todas.

Adía aceptó, pero le manifestó que Elena debía quedarse porque no podría proteger a tanta gente.

Elena tomó valor y le indicó que había sido su culpa y que tenía que ir para poder disculparse con Aiden personalmente.

—Yo me encargo de proteger a la señorita —dijo Gat—.

¿Y qué hay del perro?

Podbe le gruñó fuertemente.

—Creo que eso responde tu pregunta; él está dispuesto al riesgo —le indicó Adía.

Sin más remedio, todos se subieron al vehículo y tomaron rumbo a Radar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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