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El sistema del perro agente - Capítulo 25

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  3. Capítulo 25 - 25 Descubrimientos y Consecuencias
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25: Descubrimientos y Consecuencias 25: Descubrimientos y Consecuencias El equipo de Marie llegó al pueblo de Arnoldstein.

Descendieron de los vehículos y comenzaron a preguntar a la gente si habían visto al muchacho de la imagen en la tableta.

Las personas del lugar no les prestaban mucha atención, pues se preparaban para el festival anual que se celebraba ese mismo día.

Todos estaban ocupados terminando de preparar sus cosechas para el concurso, decorando el pueblo, armando el escenario, organizando la banda, seleccionando la música y alistando a los animales, entre otras cosas.

Marie indicó a Lidia y Rino que tomaran el camino de la derecha para preguntar, mientras ella y los demás tomarían el de la izquierda.

Se separaron, y cada grupo tomó su rumbo en la búsqueda del muchacho.

Frustrados porque nadie les prestaba atención, especialmente Rino, se sentaron un rato en una de las fuentes del centro.

Lidia miraba su tableta con una sonrisa, pues estaba chateando con Tecro, el artista de criminalística que había conocido en la oficina de policía en Estiria.

Habían estado escribiéndose durante todo el recorrido hasta llegar allí.

Al parecer, ni sus compañeros ni el jefe Jeff sabían nada sobre esto.

Rino intentaba acercarse para ver qué hacía que su compañera sonriera y se sonrojara, pero cada vez que lo intentaba, Lidia le lanzaba una mirada de advertencia que lo hacía retroceder de inmediato.

Mientras tanto, María y Billy estaban dentro del vehículo de los agentes, observando desde la parte trasera cómo los agentes descansaban en la fuente.

A Billy le dio hambre, pues llevaban mucho tiempo en el auto y también tenía ganas de comer y de ir al baño.

María le dijo que aguantara hasta asegurarse de que Aiden estuviera bien, pero el estómago de ella también comenzó a rugir.

Desesperados, comenzaron a buscar algo de comer dentro del auto, pero solo encontraron un par de botellas de agua.

Después de beberse dos o tres botellas cada uno, las ganas de ir al baño se intensificaron.

Abrieron la puerta con cuidado para que Lidia y Rino no los vieran.

Nadie notó cómo salieron.

Una vez afuera, comenzaron a mezclarse con la gente y fueron a un pequeño mercado a preguntar por los servicios higiénicos.

Una vez adentro, cada uno fue al baño.

Al terminar, se encontraron afuera y aún sentían hambre, pues no habían comido desde el inicio del viaje.

Billy dijo: “Ya no puedo más, estoy famélico.

Siento que voy a desfallecer”, y se echó en la vereda lamentándose por haber aceptado la propuesta de María de seguir a esas personas.

María también se sintió un poco mal y se recostó a su lado.

De pronto, vieron una figura alta y grande, del tamaño de un cerro, o eso pensaban.

Se asustaron un poco, pero no podían moverse debido al hambre.

Al acercarse la figura, vieron que era un señor de edad avanzada.

La persona les dijo: “Veo que están hambrientos y por eso no pueden moverse”.

De inmediato, el sujeto sacó una bolsa de su cintura y de ella extrajo un termo.

Se acercó primero a María y le dijo: “Debes tomar esto rápido si quieres recuperar tus fuerzas”.

La niña hizo un gesto de asentimiento y bebió un poco del líquido que contenía el termo.

Miró al hombre con una expresión de asco por el sabor, y el hombre le dijo: “Es una medicina especial, sé que es un poco amarga”.

Al instante, la chica comenzó a sentirse mejor; no podía creer lo que ese horrendo brebaje había hecho por ella tan rápidamente.

El hombre se acercó al muchacho, quien, antes de beber, miró a María, y ella le dio una señal de aprobación.

El muchacho bebió y tuvo una reacción de cerrar los ojos y fruncir el ceño instintivamente, diciendo: “¡Ugh, esto sabe a rayos!”.

“Lo sé”, respondió María, “pero te sentirás mejor”.

El muchacho levantó el pulgar y, con un ojo medio cerrado, le dio su aprobación.

Una vez recuperados, ambos le dieron las gracias al señor, quien les preguntó de dónde venían, por qué estaban en ese estado y dónde estaban sus padres.

María manifestó: “Mi nombre es María y este es mi hermanito Billy.

Nuestros padres salieron al festival y venimos de Estiria.” Billy la miró un tanto sorprendido por lo dicho por ella.

“Entiendo”, señaló el señor.

“Yo me llamo Eduard y vivo en esa colina que ven por allá.

Hace un par de días también hubo un niño que venía de ese lugar…

¿cómo se llamaba?” Eduard comenzó a recordar, y luego de un rato dijo: “Ah, sí, se llamaba Aiden.” Ambos niños se quedaron mirándolo con una cara de alegría y le indicaron que lo conocían y querían saber hacia dónde se fue.

Eduard los miró y les preguntó por qué querían saberlo.

“¿No que habían venido con sus padres?

¿Acaso ustedes también se escaparon como él?

Vaya, ese orfanato debería tener mayor seguridad”, dijo, captando la mentira de María.

María se sintió mal por haberle mentido al señor Eduard, que había sido bueno con ellos.

Agachó la cabeza y pidió disculpas por la pequeña mentira, inclinando también la cabeza de Billy en señal de arrepentimiento.

“Parecen ser buenos niños y seguro andan buscando a su amigo”, dijo Eduard.

“Bueno, les diré que su amigo se fue con una vieja amiga mía a Italia.” Eduard sintió escalofríos al llamar a Adía vieja, imaginando cómo ella lo miraría con una cara muy severa.

Luego de sacudir sus recuerdos, les indicó que Aiden se fue con Adía y que posiblemente se encuentren en Milán.

Los chicos se quedaron pensando en dónde podría estar Aiden.

“Así que Italia, eh”, precisó María.

“Nunca pensé que lograría salir del orfanato y mucho menos del país.” “Ese Aiden está cumpliendo sus sueños de ver más allá de una sola ventana y no estar toda su vida en una jaula”, agregó Billy.

“Vaya, el chico también hablaba”, indicó Eduard.

El señor les dio su botella y dijo: “Lleven esto consigo; les será útil si vuelven a tener ese problemita.” Además, sacó de su mochila un paquete de galletas para el camino.

Los niños le dieron las gracias y se dirigieron a la camioneta de los agentes.

“Vaya, estos jóvenes de ahora quieren hacer todo rápido.

En mis tiempos, teníamos que pedir permiso para adentrarnos en una aventura”, señaló Eduard, observando a los niños correr y voltear por una de las calles.

Marie y Ezequiel continuaban preguntando por el lado que tomaron, pero nadie les daba una respuesta.

Una persona les indicó que creyó ver al niño en la casa de Adía.

Les señaló dónde estaba, pero, como estaba apurado, los dejó rápidamente.

Ambos siguieron el camino y llegaron a la casa de Adía.

Tocaron la puerta, pero nadie respondía, entonces Marie le indicó a Ezequiel que usara su habilidad.

Él se sacó los lentes y comenzó a usar su habilidad, mostrando a una mujer, al niño Aiden y a un perro subiendo a una especie de vehículo.

Al terminar su visión, dijo: “Creo saber por dónde se fueron.” Antes de salir del lugar, un hombre alto se paró detrás de ellos y les expresó en un tono alto: “¿Por qué están husmeando en esta casa?” Ezequiel se volvió preparado para indicar quiénes eran, pero antes de poder hablar, el hombre alto, con sus grandes y largos brazos, golpeó el suelo donde estaban, haciendo que los dos fueran enviados unos metros hacia atrás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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