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El sistema del perro agente - Capítulo 27

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27: Revelaciones Peligrosas 27: Revelaciones Peligrosas Ya en el camino, los chicos estaban boquiabiertos porque era la primera vez que viajaban por los aires y también la primera vez que salían desde que estaban en el orfanato.

Cuando estaban en el auto, solo podían ver el interior del mismo para no ser sorprendidos por Lidia y Rino.

Pero esta vez fueron incluidos como parte de la tripulación gracias al señor Eduard.

La nave comenzó a desaparecer en el aire una vez que cruzaron la frontera, gracias a su camuflaje.

Dentro de la nave, Lidia, Rino y los dos niños le hacían preguntas a Eduard sobre cómo había quedado en esa situación por el agente B.

Eduard solo los miraba con una cara seria hasta que comentó que fue producto de una pelea con unos protectores de la casa, unos sujetos bastante fuertes.

Ezequiel, sumido en sus pensamientos, se preguntaba de qué estaban hechos esos sujetos.

No quería preguntarle nada a Eduard, pero parecía que Eduard había leído sus pensamientos, porque comenzó a explicarles a todos que esos sujetos estaban construidos con componentes alienígenas y un poco de magia.

Dependiendo de su nivel, podían ser más fuertes que un elefante, indicó él.

Los demás estaban sorprendidos por la explicación cuando el piloto interrumpió para indicar que ya estaban en la dirección que le habían señalado.

Pronto, el artefacto descendió y se pusieron detrás de la casa donde se hospedaba Adía.

Eduard bajó primero para evitar que volviera a suceder lo mismo que en la casa de Adía, mirando con una sonrisa a Ezequiel.

Inspeccionó el lugar; los dos dragones de la puerta lo escanearon, como hicieron con Adía y Aiden, y lo dejaron pasar.

Al ingresar, comenzó a llamar a Adía, pero nadie contestaba.

Caminó hasta una de las paredes y se levantó un muro, en el cual se mostró una computadora.

Digitó algunas cosas y dijo: “Ya veo, así que están en movimiento”.

Salió y les indicó que debían seguir este rastro por tierra.

Del suelo salió un vehículo, grande como una camioneta, de color negro, con dos puertas y cuatro llantas.

Eduard les pidió a los demás que bajaran y se subieran rápidamente al vehículo para alcanzarlos, ya que el vehículo emergido tenía un sistema para localizar el carruaje de Adía.

Todos obedecieron y descendieron de la nave.

Marie le dijo al piloto que marchara y, antes de bajar, sacó un paquete y se lo entregó a Ezequiel.

Él abrió el paquete y encontró una nueva camisa y un saco nuevo.

Le dio las gracias a ella y se dirigieron al vehículo terrestre.

El vehículo no era pequeño por dentro; parecía un cuarto, como si una dimensión estuviera dentro de él.

Pero por fuera era solo un vehículo pequeño.

Una vez dentro, Eduard cerró las puertas y otro robot, parecido al que acompañaba a Adía, lo saludó y le solicitó instrucciones.

Eduard le indicó que siguiera el rastro ingresado en el sistema del auto, y el robot confirmó y comenzó a andar el vehículo.

Eduard le indicó a Ezequiel que se podía cambiar en una de las puertas.

En las montañas se encontraba el equipo de Adía en su carruaje.

En el trayecto, el padre de Elena le indicó a Adía que tenía un video en su celular, uno que su esposa grabó para exponer a estas personas.

Ella le indicó que lo pusiera en una especie de caja que proyectó el video y todos pudieron ver el contenido.

En el video se podía apreciar un laboratorio con varios especímenes, algunos con forma humana y otros con forma animal o algo parecido.

Mientras avanzaba el video, se escuchaba de fondo una voz femenina.

Elena supo que era de su madre y sintió un poco de felicidad por escuchar su voz una vez más.

La voz indicaba que estos experimentos eran aberraciones de la naturaleza, creados por la compañía Radar.

Raptaban personas que nadie nunca buscaría, en especial bebés, niños y adolescentes, que eran los que podían tolerar el poder que les inyectaban, así como animales callejeros.

Las imágenes eran horrendas, y el padre de Elena tuvo que taparle los ojos a su hija en varias ocasiones.

La madre de Elena seguía hablando e indicó que esta compañía era una fachada; durante los años, había tenido muchos nombres, uno de los últimos fue Oceans, entre otros como X o Sigma, comentaba la audaz reportera.

Terminó su informe indicando que esto debía parar, que alguien debía detenerlos, y que este video debía llegar a las manos correctas.

Se despidió Nora Ribs, y antes de que acabara el video, expresó su amor por su hija diciendo: “Te quiero, mi amada, mi pequeña Elena”.

Elena, al escuchar esto, se entristeció y su padre solo la abrazó.

“Gat, así que es una empresa fachada.

Esos malditos de Oceans saben cómo esconderse.

Es por eso que no los podía localizar”, expresó molesto golpeando sus puños.

“Es una razón más para frenarlos de una vez”, añadió.

“Bien, hemos llegado”, indicó Mike Laros, el padre de Elena.

Adía le indicó a su robot que parara.

Todos los presentes se extrañaron porque no había nada, pero él les indicó: “No podemos avanzar más allá sin ser detectados.

Una vez que vean tu vehículo, será destruido”, expresó Mike.

“Será mejor seguir a pie”, añadió.

Todos descendieron del vehículo, pero antes de avanzar se percataron de que venía otro vehículo a toda marcha.

Adía les indicó que no temieran.

Al parecer ese viejo loco ha venido.

No sé por qué, pero mientras más seamos, mejor”, pensó mientras veía que el vehículo se acercaba.

Del vehículo descendió el equipo que venía con Eduard.

Él se acercó a Adía y la saludó, preguntándole qué hacía por esos lares, a lo que ella le respondió lo mismo.

Ambos se rieron.

“Veo que estás usando tu antiguo traje.” “Sí, así es, tengo que salvar al muchacho.

Han capturado a Aiden.” Marie entró en la conversación e interrumpió.

“¿Dónde está el perro que venía con ellos?” “¿El perro?”, preguntó ella.

“¿Y ustedes quiénes son?”, mirándola a los ojos.

“Tranquila”, le indicó Eduard.

“Estos son mis aliados, vinieron a ayudar a encontrar a Aiden.” Antes de que Marie pudiera responder, Ezequiel le puso la mano en la boca y asintió con la cabeza.

Se presentaron todos y Adía les explicó la situación.

Podbe se acercó a todos para ver quiénes eran.

“Ese es el perro, debemos llevarlo”, indicó Marie a Ezequiel.

Ella les hizo una seña a Lidia y Rino para que trajeran al can, pero Adía no lo permitió colocando su bastón delante del can.

Hubo un poco de tensión entre las partes hasta que Gat se acercó y, reconociendo a Ezequiel, le dijo: “Maestro, ¿qué hace por estos lugares?

¿No estaba de vacaciones?” Ezequiel se sorprendió al verlo y le preguntó lo mismo.

Y comenzaron a decir: “No, tú primero.” “No, tú.” Así estuvieron por un rato, hasta que Adía y Marie les dieron un golpe en la cabeza a cada uno de ellos.

“Bien”, indicó Ezequiel, “hemos venido buscando el rastro de ese can.

Tiene algo que nos puede ayudar con el agente B doce.” “¿El agente B doce está mal?”, preguntó Gat.

“¿Qué, no lees los reportes?”, le indicó un tanto molesta Marie.

“Bueno, señorita, ¿y usted no sabe quién es ella?”, por Adía.

Otra vez comenzaron una disputa, hasta que Eduard los separó a todos con sus grandes manos.

Una vez calmados, Ezequiel les explicó la situación del agente B doce, o Nick, para el selecto grupo que sabía los nombres reales de los agentes.

Una vez aclarada la situación y entendiendo por parte de Adía y Gat, ambos les indicaron que no podían dar al can sin el consentimiento de su dueño, Aiden, al cual debían rescatar de Radar, una empresa de Oceans.

“¿Oceans?”, dijeron sorprendidos Ezequiel y Marie.

“Sí”, respondió Gat.

“Estamos aquí para salvar al muchacho, para que no le pase lo que les pasó a muchos jóvenes en el pasado.” Se sentía un ambiente de disgusto por los agentes.

“Si no hay de otra, Marie, vamos a salvar a ese muchacho”, argumentó Ezequiel, quien se puso del lado de Adía.

Todos decidieron guardar sus diferencias para después y proseguir con la misión.

“Cada uno tiene la oportunidad de un nuevo comienzo.

No importa hacia dónde te dirijas; si avanzas con amor y felicidad, siempre encontrarás un nuevo amanecer.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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