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El sistema del perro agente - Capítulo 28

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28: Impacto Descendiente 28: Impacto Descendiente Mientras todos comenzaban a caminar, Ezequiel le preguntó a Eduard: “Si ella es Adía, la líder de los agentes A, ¿no debería ser más vieja?” Adía, al escuchar esto, le dio un bastonazo en la cabeza.

Ezequiel reprimió el dolor por dentro, pero por fuera mantuvo la tranquilidad.

Eduard le indicó: “Me olvidé de decirte que a ella no le gusta que hablen de cuántos años tiene, aunque los tiene todos.” Poco después, otro palo golpeó la cabeza de Eduard.

Voltearon a verla y vieron fuego en sus ojos y una cara muy molesta.

Marie, Lidia y María tuvieron que sujetarla para que no continuara.

Se podían ver las venas en la frente de Adía de lo molesta que estaba.

Lidia quiso romper el hielo diciendo que a las mujeres nunca se les debe preguntar su edad, pero se tuvo que callar porque Adía la miró con cara de enojo.

Calmados los ánimos, Adía le preguntó a Marie por esos dos niños: “¿No son muy jóvenes para ingresar a la academia de agentes?” Marie respondió: “Vinieron sin ser invitados, toda cortesía de tu amigo Eduard.” Adía suspiró y dijo: “Sí, así es él.” Marie añadió: “Y esa niña que viaja con ustedes, así como el chico que vamos a buscar, también salieron de la nada y ahora tenemos que llevarlos conmigo.” Ambas se rieron un poco, aunque Marie era un poco seca, riéndose en voz baja.

Mike indicó que debían escalar aquella montaña, ya que pasando esta montaña se encontraba el edificio de Radar.

“Papá, ¿no necesitamos sogas o algún equipo para subir?” preguntó Elena.

Su padre respondió: “No es necesario, hay una especie de ascensor escondido en forma de roca.” Todos subieron a la plataforma y comenzaron a ascender la montaña.

Una vez arriba, pudieron divisar una gran estructura entre dos cerros, un edificio de unos siete u ocho pisos.

Mike comentó que no importa ese edificio, sino lo que está debajo.

Aunque antes de entrar, hay algunas trampas y armas que se activarán al ver intrusos.

Marie preguntó: “¿Y cómo vamos a entrar sin ser detectados?” Mike indicó que él podía entrar como colaborador y activar la alarma contraincendios, y en el caos, ustedes podrían entrar.

“Es un buen plan,” dijo Ezequiel, “pero ¿cómo caminaremos hasta allá?” Adía interrumpió: “Hagámoslo más simple y sin tanta complicación.

Toma esta carta, una vez que actives la alarma colócala en el piso.” “¿Colocarla en el piso?” preguntó confundido.

“Sí, solo hazlo,” replicó ella.

“¿Qué hacemos con los niños?” comentó Rino, mirando a Elena, María y Billy.

“Los niños quieren ir a rescatar a su amigo, yo me encargaré de protegerlos,” precisó Eduard.

Mike comenzó a caminar hasta la puerta del edificio donde un guardia robot lo escaneó y le indicó: “Buenos días, señor Mike, por favor pase.” Estaba un poco nervioso por lo que iba a hacer.

Ingresó al edificio y sentía mucho miedo por ser atrapado; la adrenalina corría por todo su cuerpo.

Se acercó a uno de los interruptores y activó la alarma.

Se abrieron todas las puertas y unos robots comenzaron a salir e indicar a las personas presentes en el edificio que salgan con cuidado.

Mike estaba sudando frío, se le notaba el sudor por los nervios que traía.

Tenía un auricular y una cámara consigo con la cual los demás podían ver el interior.

Adía estaba mirando el lugar y le indicó que busque un lugar seguro fuera de cámaras y haga lo que ella le había pedido.

Él salió de su miedo y caminó hacia la puerta de las escaleras, que solo tienen acceso algunos empleados.

Revisó el lugar y tiró la carta al suelo.

Afuera, Lidia indicó que era la señal y Adía les pidió a todos que se colocaran detrás de ella.

Todos lo hicieron porque Eduard les dijo que confíen en ella.

Rápidamente, Adía formó un círculo con su bastón y una luz brillante los envolvió a todos.

Comenzaron a verse transparentes hasta desaparecer por completo, reapareciendo donde el padre de Elena había dejado la carta.

Mike estaba sorprendido por tal suceso, al igual que los otros presentes, menos Eduard, porque ya conocía las habilidades de ella.

Los niños estaban muy impresionados y querían preguntarle qué clase de truco era ese.

“Es magia, simplemente,” precisó Adía, sin entrar en detalles.

“Apeguémonos al plan de salvar a Aiden, luego habrá tiempo para explicaciones.” Mike volteó a verlos y les indicó que debían bajar por las escaleras hasta el estacionamiento; ahí hay un ascensor y, si estoy en lo correcto, Aiden debe estar en lo más profundo, siendo conejillo de pruebas o algo por el estilo.

Marie le preguntó a Adía si podía hacer lo mismo para llegar donde el muchacho, a lo que ella respondió que no: “Primero tengo que darle esa carta impregnada con magia a alguien y tengo que ver el lugar, sino el hechizo no funcionará.” Todos bajaron las escaleras hasta llegar a un gran estacionamiento que parecía albergar unos doscientos carros.

Ezequiel comenzó a buscar cámaras de seguridad y vio tres que, de ser cruzadas, alertarían a los robots vigías, comprometiendo su plan.

Gat intervino diciendo: “Déjamelas a mí,” y sacó de su bolsillo una liga y unos papelitos en forma de bolas.

Lanzó los papelitos a las cámaras, adhiriéndose a ellas como si fueran imágenes.

“Yo también tengo mis trucos,” dijo, mirando a todos.

Con el problema de las cámaras resuelto, Mike buscó el ascensor para acceder a los pisos inferiores.

Encontró un botón en una de las paredes que, al presionarlo, reveló un ascensor bastante grande.

Todos entraron, excepto el robot Tron, quien se quedó vigilando bajo la instrucción de Adía.

Mike no sabía qué botones tocar para descender.

“Déjamelo a mí,” dijo Ezequiel, quitándose las gafas y utilizando sus habilidades para ver los botones que accionaban la máquina.

Le indicó a Marie qué botones presionar y el ascensor comenzó a hacer ruido mientras las puertas se cerraban.

“Con qué clase de gente nos hemos topado,” comentó Mike a Elena.

“Sí, papá, tienen habilidades casi como esos sujetos de prueba de los videos,” respondió Elena.

María y Billy estaban emocionados por la demostración de habilidades de estas personas.

Una vez cerradas las puertas, la máquina comenzó a descender.

Todo parecía tranquilo en el ascensor hasta que comenzaron a escucharse ruidos en uno de los costados, sacudiendo un poco el aparato.

Pensaron que era normal debido a la velocidad a la que descendían.

Mike notó que por la mitad del ascensor empezaban a aparecer grietas en el suelo, cada vez más grandes, mientras que una de las paredes comenzaba a crujir.

El ascensor comenzó a partirse por la mitad y Mike, en un último acto de valentía, besó la cabeza de su hija y la abrazó antes de empujarla hacia el lado izquierdo del ascensor, ya que el centro estaba comprometido.

“Sé feliz, Elena,” le dijo mientras su cuerpo caía rápidamente junto con las dos mitades del ascensor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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