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El sistema del perro agente - Capítulo 29

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  3. Capítulo 29 - 29 Sombras y Poder
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29: Sombras y Poder 29: Sombras y Poder Aiden abrió los ojos y vio una figura borrosa acercándose mientras se frotaba los ojos con las manos.

“Hola, veo que ya despertaste, niño.

Aiden, así te llamas, ¿verdad?” dijo una voz femenina.

“¿Dónde estoy?” preguntó Aiden, mirando su ropa que parecía de hospital.

La figura se acercó más, revelando a una mujer de mediana edad, pero con un rostro sorprendentemente joven.

“Hola de nuevo, parece que no me escuchaste.

Debes estar desconcertado por no saber dónde estás.

Mi nombre es la doctora Brenda, Brenda Swang,” dijo ella con una sonrisa.

“Tienes un cabello muy bonito, siempre quise tenerlo así de largo.” Se desvió del tema por un momento, pero volvió al asunto cuando vio la expresión de confusión de Aiden.

“Pues verás, Aiden, ¿te puedo llamar así, ¿no?” El muchacho asintió.

“Fuiste seleccionado por esta persona que está aquí a mi lado.” Aiden se movió para ver a un hombre de estatura un poco más baja que la suya.

“Él es el doctor Richard Laos, un magnate en su campo y el encargado de este experimento.” Aiden puso una cara de pánico, preguntándose qué experimento sería y si la prueba que recordaba no había sido un sueño.

“¿Qué clase de experimento?” balbuceó.

“Qué bueno que preguntas, muchacho,” expresó el doctor Laos.

“Parece que algún familiar tuyo o tus padres, que participaron en un experimento similar, te heredaron un poder oculto y queremos despertarlo.

La única forma de activarlo es mediante una situación muy difícil, incluso de riesgo de vida,” explicó el doctor.

Aiden no lo podía creer.

¿Poderes ocultos?

¿Familiares en experimentos?

“No conocí a mis padres ni a ningún antepasado.

Siempre he vivido en un orfanato,” dijo, arrugando las sábanas con las manos.

“No quiero ser parte de ningún experimento, no creo que esas cosas existan.

Quiero regresar con mi perro y salir de aquí,” comenzó a llorar.

Se levantó de la cama y, en el proceso, le dio un golpe en la cara a la doctora.

Bajó de la cama, pisando al doctor, y comenzó a correr hacia la puerta, pero tres sujetos que ayudaban al doctor lo detuvieron antes de que pudiera salir.

La doctora Brenda, mirando su rostro en un espejo pequeño, le dijo a Aiden con furia: “Pequeño demonio, casi dañas mi hermoso rostro.” Luego, mirando a Richard, añadió: “Intenté hacerlo de manera tranquila y fácil, pero veo que este mocoso no cooperará y el jefe quiere resultados.

Es tu turno, Richard.” “Bien, muchacho, debes darle las gracias al señor Zeus, quien te trajo gracias a tu amiguita Elena,” dijo el doctor Laos, riéndose.

“A veces no debes confiar en la gente.” Soltó una risa maléfica.

Aiden recordó esa voz, era la misma que le había hecho sufrir hasta desmayarse.

Intentó forcejear con los tres que lo sujetaban, pero sin efecto.

Dos lo agarraron de los brazos y uno de las piernas.

“Es hora de duplicar la dosis,” dijo el doctor, indicando a sus asistentes que lo llevaran a la máquina, y todos salieron de la habitación rumbo a la máquina.

En la parte más alta de Radar, Zeus estaba en una reunión cuando fue interrumpido por el sonido de la alarma.

Uno de los robots de seguridad le informó a través del panel que se había activado el interruptor de incendios.

Zeus mantuvo la calma y pidió a todos que se tranquilizaran.

“Este piso es a prueba de todo,” les dijo.

Luego, indicó al robot que verificara dónde estaba el fuego y que lo apagara a la brevedad posible.

“Quiero un informe,” añadió.

El robot respondió: “A la orden, mi señor,” y el monitor se apagó.

La sala se cerró automáticamente de manera hermética.

Zeus se giró hacia las ocho personas que estaban sentadas en una mesa redonda.

“Prosigamos con la reunión,” dijo.

La empresa Radar se encargaba de adelantos científicos, armas y medicamentos, pero esta reunión no era para esos fines.

El objetivo de Zeus siempre había sido crear al humano perfecto, alguien bajo su mando que pudiera dominar el mundo y traer la paz, al menos en su retorcida visión.

“Amigos míos,” comenzó Zeus.

“Hoy, después de tantos intentos fallidos, por fin tenemos algo…

mejor dicho, alguien que nos podrá ayudar a seguir con nuestros planes y llevarnos al siguiente nivel.” Una bocanada de aire rompió el silencio, seguida de murmullos.

Las ocho personas en la sala se quedaron escépticas ante las palabras de Zeus.

“¿Cómo puede ser eso posible?” preguntó Led Wargen, un hombre mayor con uniforme militar verde oscuro y hombreras rojas.

“Los anteriores sujetos de prueba que escaparon hace años ahora luchan contra nosotros.

¿Qué le hace pensar que uno de ellos cooperará con nosotros?” “Sí, ¿cómo va a hacerlo?

No nos estará engañando de nuevo como antes,” expresó Lady Ria, la segunda al mando y encargada de la división de tecnología.

Ella parecía una mujer joven con un traje negro.

Tres personas más, Aragón Barns de la división Americana, Irina Agos de la división de Oceanía y Aldos Etron de la división de África, comenzaron a asentir.

Eliot Page, de la división de Europa, observaba en silencio, al igual que Jeti Fin, de la división de Asia.

El último miembro hizo un fuerte ruido con las manos, silenciando el bullicio en la sala.

Era Sir Larot, un hombre en una armadura negra con un visor polarizado.

Era el encargado de realizar todos los trabajos difíciles y turbios sin dejar rastros.

“Dejen hablar a Zeus,” dijo con voz grave e imponente, y Zeus le dio una señal de agradecimiento.

“Todos ustedes son mis ocho líderes, los más importantes en esta empresa, y me han acompañado a lo largo del tiempo, no solo en esta compañía, sino en otras anteriores.

Basta de palabrerías, vamos al grano,” dijo Zeus, sacando un control y bajando un monitor.

En la pantalla aparecieron los resultados del sujeto de prueba, Aiden.

Una aura de asombro se sintió en la sala.

“¿Es real?” preguntaron todos.

“Oh, sí,” respondió el jefe.

Cambió la pantalla y llamó al doctor Richard.

“¿Cómo va el proceso?

¿Ya encontraste la forma de activar los poderes del muchacho?” preguntó.

El doctor respondió que estaban en proceso y que iban a hacer otro estudio.

“Bien,” dijo Zeus, relamiéndose los labios.

“Queremos ver el proceso en vivo y en directo.” El doctor pensaba para sí mismo que no le gustaba ser observado, pero tenía que acatar por el bien de todo.

Mientras colocaba a Aiden en la máquina junto a sus ayudantes, el monitor se activó nuevamente.

El robot informó a Zeus que no había ningún problema de incendio, pero que el ascensor a los pisos inferiores estaba dañado y destruido.

“Necesito ese ascensor funcionando y que los empleados vuelvan a laborar,” precisó Zeus.

Luego, el doctor comenzó a colocar las ataduras en la silla de Aiden y a inyectar algunos líquidos de diversos colores en el muchacho, haciendo que se retorciera de dolor por momentos.

“¿Cómo están sus signos?” preguntó el doctor a Swang.

“Parecen estables, pero todos esos químicos han desencadenado todos sus niveles vitales,” respondió ella.

“Sigue monitoreando,” señaló el doctor.

En su mente, el doctor se decía a sí mismo: “Pronto, papá.

Muy pronto volveré a crear o quizás sean mejores los que alguna vez llamaste METALUX.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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