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El sistema del perro agente - Capítulo 30

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  3. Capítulo 30 - 30 Pirámide Invertida 1
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30: Pirámide Invertida (1) 30: Pirámide Invertida (1) Una de las partes del ascensor que cayó a la izquierda se estampó entre dos de los pisos, frenando el golpe.

Dentro de él estaba Eduard, protegiendo a todos los chicos.

A último minuto, movió a todos detrás de él y sacó de la bolsa que traía consigo una especie de guantes grandes que calzaban en sus brazos, haciéndolo ver imponente como un gorila.

Usó estos guantes para protegerlos.

“¿Todos están bien?” preguntó Eduard.

Los que estaban con él se levantaron, medio desorientados por el impacto, y asintieron con la cabeza en señal de aprobación.

Con él estaban Lidia, María, Billy, Elena y Podbe.

Ah, y Elena, que había sido lanzada por su padre hasta este lugar.

Ella no dijo nada; estaba en estado de shock por lo que había presenciado: la pérdida de su padre.

No lo podía creer, solo titubeaba, y de su boca no salía ninguna palabra.

De su mejilla comenzaron a correr lágrimas hasta su barbilla, como si dos ríos se conectaran.

Eduard se acercó a la chica, la miró y le dijo: “No te sientas mal, niña.

Perder a alguien es un proceso que lleva tiempo.” Ella comenzó a gritar de dolor y a decir: “Ahora ya no tengo a nadie.

Perdí a mi madre y ahora a mi padre, y todo por culpa de esta tonta empresa,” refiriéndose a Radar.

Comenzó a maldecir, gritar y llorar con rabia.

Lidia quería consolarla, pero al verla en ese estado no se atrevió.

En cambio, María y Billy se acercaron a ella y la abrazaron.

“No sabemos lo que se siente perder a tus padres o seres queridos, pero sí sabemos lo que es ser huérfano,” precisaron ambos.

Elena poco a poco se fue calmando.

Luego, Podbe se acercó a ella y le dio una lamida en la cara en señal de perdón.

Reia, en su mente, también se sintió mal por lo que le pasó a la muchacha.

En un primer momento pensó que lo tenía merecido por lo que le hizo a Aiden, pero luego de conversar con Podbe y ver la escena, llegó a la conclusión de perdonarla, al igual que el can.

Todos, con la mirada encendida en una sola meta: salvar a Aiden y acabar con esta compañía de una vez por todas.

Adicionalmente, Elena tenía la misión de disculparse con Aiden por lo que había hecho.

Al calmarse un poco la situación, comenzaron a ver que estaban entre dos pisos y lo que quedaba del ascensor estaba oscilando; en cualquier momento se podría caer.

Eduard vio una parte del piso frente a ellos que parecía estable, como una plataforma.

Les indicó que se juntaran otra vez y, con sus gigantescos guantes, los agarró a todos y, tomando un poco de impulso, saltó como un saltamontes hasta la otra orilla.

Una vez en el otro lado, vieron que el pedazo de la máquina en la que estuvieron comenzó a caer al fondo.

Todos suspiraron aliviados por haber salido ilesos y a tiempo de ese aparato o lo que quedaba de él.

Una vez en tierra firme, comenzaron a caminar y encontraron un pasadizo.

A lo lejos, vieron una puerta y empezaron a caminar más rápido.

Pero antes de llegar a la puerta, una garra salió y mandó a volar a Eduard por los aires.

La puerta también salió volando y se pudo apreciar una especie de criatura, como un topo gigante, con garras muy grandes y filosas.

Los chicos no sabían qué hacer; se estaban muriendo de miedo y no se movían.

El animal comenzó a acercarse a ellos, pero antes de volver a lanzar una de sus garras, se escuchó el choque de dos metales cuando se golpean.

Era Eduard, que había vuelto para proteger a los chicos.

Les indicó que retrocedieran.

“Déjenme encargarme de esto,” dijo.

El animal emprendió otra vez su ataque, pero esta vez más rápido, destruyendo todo a su alrededor.

Eduard se protegía de los golpes, pero incluso para él eran muy rápidos; casi le acierta un golpe.

A pesar de su tamaño, el animal era extremadamente ágil.

En ese momento, otras garras se vieron salir de la pared, que se rompió al instante.

Era otro animal igual al que estaba peleando.

“Oh no, es otro de esos molestos topos,” pensó él.

Enfrentarse a uno ya era difícil, ahora a dos, pensó Lidia, que estaba atrás con los chicos.

El otro topo que había entrado en combate fue directo hacia Eduard, pero solo pudo hacerle un pequeño rasguño en la espalda, gracias a que pudo girar en el último minuto.

Eduard se retorció de dolor, pero tenía que mantener la compostura para no distraerse con el otro enemigo.

Ambos animales lo atacaron a la vez; eran muy rápidos, pero él no se quedaba atrás y trataba de protegerse, una mano para cada topo.

Eduard comenzaba a cansarse; después de todo, era humano.

Mientras veía que uno de los animales iba hacia los niños, corría y se volvía a poner delante de ellos para protegerlos.

El otro topo, que se quedó atrás, se metía por las paredes y salía en el último minuto para atacarlo.

Sangre salía de la espalda de Eduard al igual que de sus brazos.

“Maldición, estoy perdiendo esta batalla.

Ya no soy el mismo de antes, pero no puedo darme por vencido; estos niños me necesitan.” Con su último aliento, se colocó delante de todos tratando de protegerlos como pudiera.

Antes de que ambos topos lo aniquilaran, vio un destello delante de él.

Era Podbe, el perro, que se había posicionado delante.

Reia dentro de Podbe dijo: “Has activado dureza.

Se resta veinte de mana por cada uso, se activa la habilidad por cinco minutos.” Reia leyó una notificación que apareció en pantalla.

La notificación indicaba: “Tienes dos enemigos formidables adelante, demuestra tu talento.

Acaba con uno y subirás de nivel instantáneamente.

Acaba con dos y subirás al nivel seis.

Misión opcional: protege a los que te rodean, no dejes que nada les pase, obtendrás un punto de habilidad extra.” Podbe le preguntó a Reia: “¿Y qué pasa si fallo?” A lo que ella le respondió: “No lo sé, y no quiero averiguarlo.” Todos los presentes se quedaron impresionados por el can, ya que al ser tocado por las garras de esos animales no recibió daño alguno.

María se percató de un extraño letrero en forma de pirámide invertida que le señaló a Billy.

Ambos se preguntaban a qué se debía esa señal.

“¿Estás listo, Podbe?” le expresó ella, y el perro ladró en respuesta.

“Pues vamos a la carga.” Y así inicia el camino por el subsuelo para nuestro héroe, en lo que parece ser una pirámide invertida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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