El sistema del perro agente - Capítulo 32
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32: Pirámide Invertida (2) 32: Pirámide Invertida (2) Podbe comenzó a atacar a los dos monstruosos topos con una energía feroz, mientras Lidia, junto con los demás, se apresuraban a sacar a Eduard del campo de batalla.
Cada golpe que lanzaban los colosales animales hacía temblar el pasillo, rompiendo las paredes y ampliando el espacio a su alrededor.
Afortunadamente, las columnas permanecieron intactas; de lo contrario, el techo se habría desplomado sobre ellos, sepultándolos bajo toneladas de escombros.
Billy, siempre alerta, se acercó al letrero que indicaba con una flecha: “Usted está aquí”, señalando el segundo piso de la pirámide invertida.
Al observarlo con detenimiento, descubrió que el laboratorio estaba ubicado en el séptimo nivel.
Miró a los demás con urgencia y les dijo: —Debemos bajar para llegar donde Aiden.
Sin embargo, todos estaban absortos en la pelea de Podbe.
Incluso María, quien normalmente mantenía un semblante serio, no pudo evitar distraerse viendo cómo el pequeño can luchaba con valentía.
Billy también sintió una punzada de admiración, pero rápidamente agarró a María de la mano para traerla de vuelta a la realidad.
—Una vez de vuelta, la miró a los ojos y le indicó con firmeza: —Debemos bajar.
María asintió, aunque su voz tenía un dejo de preocupación.
—Sí, pero antes debemos deshacernos de lo que tenemos enfrente.
No sé si el perrito pueda durar más que Eduard.
En ese momento, Podbe lanzó uno de sus ataques más devastadores: un cabezazo de fuego.
De pronto, llamaradas envolvieron su cabeza mientras cargaba hacia los enormes topos, impactando con fuerza en el estómago de uno de ellos.
El animal rugió de dolor, retorciéndose como si hubiera sido alcanzado por un rayo.
Reia, con su característico tono analítico, le informó: —Menos veinte de mana, te quedan sesenta puntos de mana.
Te quedan dos minutos de dureza activa.
Luego añadió: —Ese ataque fue efectivo, pero tienes que ser certero.
El perrito respondió con un ladrido mental, claramente molesto: —No me digas lo obvio, necesito más espacio para poder evadirlos o hacer que se separen.
Mientras tanto, Lidia observaba la escena con una mezcla de asombro y admiración.
Pensó para sí misma: —Ahora entiendo por qué Marie quería tanto obtener a este animal.
Tiene habilidades extraordinarias.
Ningún perro común puede hacer algo así, al menos no que yo recuerde.
A pesar de su velocidad mejorada, Podbe comenzaba a sentir la presión de enfrentarse a dos enemigos a la vez.
Una garra casi rozó su cola, pero su tamaño reducido le permitió zafarse con facilidad.
Sin embargo, los topos mutados, ahora conscientes de su estrategia, mantenían una distancia estratégica, dificultando cualquier intento de acercamiento.
Cuatro garras fueron lanzadas hacia él, pero Podbe utilizó su cabezazo de fuego dos veces consecutivas.
Reia, sin perder detalle, le informó: —Menos cuarenta de mana, te quedan veinte puntos de mana disponibles.
El perrito gruñó, frustrado: —Maldición.
Solo nos queda una última oportunidad.
Si fuera más fuerte… María, recordando súbitamente la botella con el brebaje que Eduard les había dado, sacó el frasco y vertió unas gotas en la boca del cansado Podbe.
Instantáneamente, el can recuperó su energía.
De estar al borde del colapso, regresó a su estado inicial, incluso parecía más ágil que antes.
Elena y Lidia intercambiaron miradas de asombro al ver cómo Eduard, tras beber otro sorbo del brebaje, se levantó como si nada hubiera ocurrido.
Lidia murmuró, intrigada: —¿Qué contiene esa botella?
Eduard, ahora recuperado, les indicó con decisión: —Retrocedan y denme espacio.
Voy a apoyar al can.
Con un golpe contundente de sus grandes guantes, Eduard lanzó a uno de los topos hacia la puerta destrozada.
Miró al perrito y le dijo: —Bien, muchacho, ve por el otro.
Yo contendré a este.
Podbe ladró en señal de aprobación y comenzó a cargar hacia el topo restante.
Mientras corría, le indicó a Reia: —Tengo una idea.
—¿Cuál?
—preguntó ella, curiosa.
—Espero que el topo lance sus garras.
Entonces podré usarlas como escalera para llegar a su cabeza.
Si le dolió el ataque en el estómago, tal vez su punto débil sea la cabeza o el corazón.
Uno de esos puntos debería detenerlo.
Reia analizó al topo frente a ellos y asintió: —Puedes ir por la cabeza.
—Sí, que sí —respondió Podbe, decidido.
El perrito corrió aún más rápido.
Cuando el topo lanzó sus garras, una tras otra, Podbe trepó por ellas con agilidad felina.
Una vez cerca de la cabeza del topo, saltó y activó su ataque.
Internamente pensó: “Cabezazo de fuego”, aunque solo se escucharon gruñidos y ladridos desde afuera.
El impacto fue certero, y el enorme animal cayó al suelo, desvaneciéndose en una nube de polvo.
Reia le informó con rapidez: —Has subido de nivel a nivel cinco.
Has recuperado los puntos de mana, pero tu habilidad de dureza ha acabado.
Debes esperar una hora para volver a activarla.
Además, Podbe, has ganado un punto para actualizar tus estadísticas; eso lo veremos luego.
Todos quedaron impresionados por los talentos del pequeño can.
Eduard, con una sonrisa orgullosa, le dio un pulgar arriba y le dijo: —Yo lo entretendré.
¿Crees que puedas con este otro?
Podbe movió la cabeza en señal de aprobación.
El último topo, ahora solo y furioso, se lanzó al ataque con ferocidad.
Eduard bloqueó sus garras mientras el topo trataba de morderlo.
Aprovechando la distracción, Podbe corrió hacia el estómago del topo y lanzó su ataque.
—Menos veinte puntos de mana —indicó Reia.
El topo se tambaleó, pero Podbe no le dio tiempo de recuperarse.
Con un salto preciso, se abalanzó directo al corazón del oponente y lanzó un ladrido triunfal, pensando: “Cabezazo de fuego”.
El golpe fue certero, y la bestia cayó al suelo, desvaneciéndose como su compañero.
Reia anunció: —Menos cuarenta puntos de mana.
Todos celebraron con alegría y alivio.
Acariciaron la cabeza de Podbe, diciendo: —Buen chico.
Después de la breve celebración, comenzaron a avanzar hacia la puerta.
Encontraron unas escaleras y empezaron a descender.
Durante el trayecto, Reia y Podbe discutieron las recompensas obtenidas tras la victoria.
Reia leyó las notificaciones en voz alta: —Has ganado un punto de habilidad, has subido al nivel seis, has obtenido un punto de habilidad.
¡Felicidades!
Has logrado salir victorioso y cumplir con la misión adicional.
Has obtenido un punto de habilidad extra.
—Bien, Podbe, ¿dónde quieres colocarlos?
—le preguntó ella—.
Normalmente Aiden me ayudaba con eso, pero esta vez voy a dejar que tú elijas.
El can observó el árbol de habilidades, que más parecía una pata de perro, con todas las habilidades bloqueadas.
—Vamos a ver… —murmuró, pensativo—.
Uno en intelecto, otro en percepción y uno más en fuerza.
El can le dio su aprobación.
Se activaron dos ramificaciones del árbol: —Fuerza nivel cuatro más intelecto nivel dos ha habilitado la mordedura de acero de nivel uno.
Cantidad requerida de mana: diez.
—Genial —dijo el can, emocionado.
—Pero aún hay más —añadió Reia—.
Fuerza nivel cuatro más percepción nivel dos activa el modo detective en nivel uno.
Podbe ladeó la cabeza, confundido: —¿Modo detective?
¿Qué es eso?
Bueno, la mordedura la entiendo, pero el modo detective… —Según las especificaciones, aumenta tus sentidos y puedes ver detrás de las paredes, como el superhéroe que Aiden nos contó —explicó Reia.
—Sí, como ese —indicó ella—, pero como es de nivel uno, solo paredes no muy fortificadas.
El perro se entristeció un poco: —Yo quería ser como ese superhéroe que tanto me contó Aiden, pero bueno, habrá que esperar.
Ladró suavemente mientras continuaban descendiendo, dejando atrás el eco de su determinación.
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