Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El sistema del perro agente - Capítulo 40

  1. Inicio
  2. El sistema del perro agente
  3. Capítulo 40 - 40 La Batalla en El Jardín Congelado
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

40: La Batalla en El Jardín Congelado 40: La Batalla en El Jardín Congelado Podbe seguía el camino que el ducto le había fijado con precisión.

Antes de llegar a un ducto transversal, un leve sonido resonó en la distancia.

Alguien venía.

Reia, siempre alerta, le indicó: “Prepárate para la pelea”.

Sin embargo, antes de que Podbe pudiera actuar, distinguió dos figuras conocidas: María y Billy.

Con rapidez, Reia intervino, enviando un toque sutil al sistema nervioso del perro, provocando que los niños solo vieran a Podbe moverse de manera cómica, como si bailara torpemente sobre sus patas traseras.

“¿Por qué haces eso?” exclamó Podbe, molesto por la burla implícita.

Reia respondió con tono jocoso: “¿Por qué no usaste tu habilidad para ver quién venía?”.

Después de la breve conmoción, el can se acercó a los niños, quienes lo recibieron con cariño.

El perro les dio un lengüetazo en la mano a cada uno, y ambos lo abrazaron con ternura.

Billy rompió el silencio: “Si puedes oírme, amigo perro, ¿puedes ayudarnos a liberar a los demás?” María añadió con determinación: “Sí, hazlo por favor”.

Decidido, Podbe activó su habilidad.

“Modo detective activado”, anunció Reia dentro de su mente.

Esta vez, gracias a la delgadez de los ductos de ventilación, pudo ver más allá.

Detectó numerosas formas de vida al otro lado, donde los niños aún no habían llegado.

Ladró para llamar su atención, pero al no entenderlo, jaló suavemente la chompa de Billy.

El niño interpretó el gesto y le indicó a María que debían seguir al perro.

Mientras avanzaban, el aire en el ducto se volvió gélido.

“¡Uy!

Qué frío”, dijo María, buscando refugio en el abrazo de Billy.

Él se sonrojó ligeramente ante la cercanía de ella, pero el ladrido de Podbe los sacó de su momento incómodo.

Ambos intercambiaron miradas avergonzadas y se separaron, continuando su camino detrás del can.

Al llegar a las rejillas, descubrieron un vasto jardín cubierto de estatuas heladas.

Entre ellas, reconocieron a Marie y al resto del grupo.

“Es por eso que no los vimos por ningún lugar”, comentó María con seriedad.

“Están aquí, formando parte de este paisaje gélido”.

Billy señaló una máquina imponente al fondo.

“¡Miren esa gran máquina de ahí!

Creo que de ahí provienen los juguetes”.

María asintió, completando su pensamiento: “Sí, mira, de ahí salen.

Pero también es su fuente de control”.

Dentro de Podbe, Reia analizó los cables conectados a las máquinas.

“Tengo una idea”, dijo con entusiasmo.

“Y los niños nos ayudarán”, añadió con convicción.

Con una de sus garras, Podbe comenzó a dibujar en el metal, produciendo un chirrido agudo que hizo que los niños se taparan los oídos.

Sus trazos eran rudimentarios, pero María logró interpretar algo.

“Creo que quiere jugar”, dijo ella.

Billy respondió con frustración: “No es tiempo para juegos”.

“No, Billy”, replicó ella.

“Creo que no es solo un juego, sino ese juego en el que debes adivinar”.

Billy comprendió de inmediato.

“Ya veo”, dijo él.

El perro asintió con la cabeza.

María observó el dibujo con detenimiento.

“Ese cuadrado grande que dibujaste es la máquina”, afirmó.

El perro confirmó moviendo la cabeza arriba y abajo.

“Y esas dos bolas somos nosotros”, dedujo Billy.

El perro negó con un movimiento lateral.

“Ya entendí”, dijo María.

“Somos nosotros, pero esos pequeños círculos alrededor…

¿quieres que los distraigamos mientras tú destruyes la máquina?” El perro asintió con energía.

“¿Eso nada más querías que hiciéramos?” preguntó María con una sonrisa sarcástica.

Billy intervino, preocupado: “¿Estás loco, perro?

¿Cómo vamos a correr con esas cosas persiguiéndonos?

La última vez, si no fuera por Eduard y los demás, no habríamos podido escapar”.

María lo miró con firmeza.

“Lo haremos si no hay otra opción”, declaró con determinación.

“Debemos hacerlo por los demás y por el señor Eduard, que fue bueno con nosotros”.

Billy suspiró, resignado.

“¡Bien!

Pues ya que se va a hacer”.

Antes de salir, divisaron a una figura encapuchada conversando con un pájaro robótico.

La persona comentaba lo hermoso que estaba quedando su jardín con las nuevas esculturas, aunque lamentaba que aún faltaran “ese tonto perro y esos mocosos” para completar su colección.

La mujer desapareció tras unas puertas automáticas, dejando a la vista unas escaleras que conducían al jardín.

El aire se volvió aún más frío, y los tres se prepararon.

A unos veinte metros del objetivo, abrieron la rejilla y salieron uno por uno.

Podbe activó su modo detective para planificar la ruta óptima.

“Menos diez puntos de maná”, informó Reia.

“Aún no puedes usar tu habilidad de dureza; falta media hora”.

María, sin avisarle a Billy, gritó: “¡Hola!” Los juguetes reaccionaron al instante, dirigiéndose hacia ellos.

Ella tomó a Billy del hombro y ambos echaron a correr.

Al pasar junto a Podbe, María le hizo una seña con el pulgar hacia arriba, y el perro inició su ataque.

Los helicópteros y carros de bomberos lanzaron líquidos hacia los niños, pero estos corrían con agilidad.

El área amplia les permitía evadir a sus perseguidores.

Mientras tanto, Podbe se acercó a la máquina y lanzó un cabezazo de fuego, causando una abolladura.

Sin embargo, la máquina seguía funcionando y comenzó a generar más juguetes.

“Maldición”, murmuró el perro, frustrado.

“Ya sé, ¿y si probamos con tus colmillos?” sugirió Reia.

Podbe retrocedió, tomó impulso y utilizó su habilidad de colmillo de acero en el mismo punto.

Un crujido resonó, seguido de una explosión que llenó el ambiente de vapor.

Los aspersores se activaron, al igual que la alarma, alertando al guardián del piso.

Los juguetes se desactivaron en cadena, salvando a María y Billy en el último instante.

Las puertas se abrieron nuevamente, revelando a la figura encapuchada con su pájaro metálico en el hombro.

“Ustedes, ¿cómo se atreven?” dijo la voz delicada y aguda de la mujer.

Se quitó la capucha, revelando un rostro elegante y labios pintados de azul brillante.

Su vestido rojo contrastaba con su fuerza física evidente, y su cabellera permanente le daba un aire teatral.

“Yo soy Dior, el guardián del quinto piso”, anunció con orgullo.

Cuando se quitó el micrófono, su voz chillona resonó en el aire.

Del humo emergió la silueta de Podbe, mientras las estatuas comenzaban a derretirse por el calor.

“Tú, todo este desastre es tu culpa.

Pagarás por haber destruido mi jardín gélido de ensueño”, declaró Dior, enviando a su pájaro robótico al ataque.

El pájaro se lanzó en picada, pero Podbe saltó y lo golpeó con un cabezazo de fuego.

El ave cayó al suelo, y Dior corrió hacia ella, llorando de rabia.

“Pajarito, ¿te encuentras bien?” El pájaro apenas podía moverse, con una rajadura visible en su pecho.

“Como dije, perro, lo pagarás”, declaró Dior.

Presionó un botón en la espalda del pájaro, y este creció hasta convertirse en un gigantesco robot de acero.

Dentro de la cabina, Dior desafió a Podbe: “A ver si puedes con esto, perrucho”.

“Atención, Podbe, una notificación ha llegado”, indicó Reia.

“Misión: destruye al pajarraco que tienes enfrente.

Recompensa: sube inmediatamente de nivel.

Misión adicional: protege a tus amigos que se están descongelando”.

“¡Vaya!

Por fin una misión.

Este pajarote debe ser fuerte”, dijo Podbe, preparándose para el combate.

“Recuerda, Podbe, que ya has usado casi el ochenta por ciento de tu maná.

Necesitarás tiempo para recargarte”.

“Eso complica las cosas”, respondió el perro, preocupado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo