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El sistema del perro agente - Capítulo 42

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42: De Frio a Fuego 42: De Frio a Fuego Cuando la inmensa nube de polvo comenzó a disiparse, se hizo visible el estado en el que había quedado el área de combate.

Lo que antes era un jardín congelado ahora se había transformado en un caos de agua derretida y pequeñas grietas en el suelo, que formaban patrones similares a las huellas de un ave gigantesca.

Todos los presentes estaban protegidos por un escudo cristalino que Adía había invocado en el último momento, un campo de fuerza brillante y vibrante.

Ella permanecía al frente, con su bastón firmemente plantado en el suelo frente a ella.

Adía, Ezequiel y Gat observaban incrédulos cómo el animal había causado semejante devastación.

Solo gracias a la insistencia de Eduard y la confianza que Adía depositó en él, a pesar de su pasado compartido, habían logrado sobrevivir.

“Eso fue increíble,” murmuraron los presentes, sus voces cargadas de asombro.

Pero entonces Eduard rompió el silencio: “¿Dónde está el can Podbe?” Solo podían ver al robot ave en el suelo, inerte.

De repente, Dior apareció entre los escombros, su rostro cubierto de hollín y una expresión de furia desbordante.

En una de sus manos sujetaba a Podbe del cuello.

“Tú, animal, has frustrado mis planes por última vez,” gruñó con una voz ronca y profunda.

“Es momento de que mueras,” añadió, apretando aún más fuerte.

Los niños —Marie, Lidia y Rino— junto con los dos científicos, se levantaron lentamente, sus rostros reflejando miedo e impotencia.

“¡Oh, no!

¿Qué piensa hacer con el pobre perro?” exclamaron en un susurro angustiado.

Los compañeros de Podbe comenzaron a avanzar hacia él, decididos a liberarlo antes de que el agarre de Dior terminara con la vida del can.

Sin embargo, algo extraño estaba ocurriendo: Dior apretaba con todas sus fuerzas, pero el perro no parecía afectado.

“¿Cómo puede ser que no te mueras si te estoy apretando con toda mi fuerza?” gritó, usando ahora ambas manos, pero seguía sin resultado.

Podbe movió lentamente su cabeza hacia Dior y lo miró con una expresión desafiante.

Dior retrocedió, asustado, y soltó al perro de golpe.

Antes de que pudiera reaccionar, Podbe lanzó un cabezazo directo a la mandíbula de Dior, derribándolo al suelo inconsciente.

Con ese golpe, el ave de acero fue finalmente derrotada.

Al vencerla, Podbe subió de nivel, recuperando todos sus puntos de vida y mana hasta alcanzar su valor máximo de cien.

Además, su habilidad de dureza había hecho imposible que Dior lo lastimara con el agarre, y el golpe que le propinó fue tan poderoso que lo noqueó al instante.

Los compañeros corrieron hacia Podbe, llenos de alegría y alivio.

Incluso los niños se acercaron para acariciarlo, mientras Gin y Dani, quienes inicialmente desconfiaban del can, también mostraban cariño hacia él.

Marie lo observaba con curiosidad, preguntándose qué secreto guardaba aquel perro para poseer tal fuerza.

Quizás algo en el objeto que llevaba el agente B Doce había otorgado superpoderes al can.

Estaba absorta en sus pensamientos cuando Ezequiel la llamó, sacándola de su trance.

“Veo por qué este perro es tan importante para ti,” dijo Ezequiel, su tono cargado de comprensión.

“Debe tener la clave para ayudar a Nick.” Marie asintió.

“Quizá.

Sería cuestión de hacerle algunas pruebas cuando regresemos a la base.” Aunque Podbe parecía estar en perfecto estado —sus heridas habían desaparecido tras subir de nivel—, Eduard decidió darle un trago de su brebaje mágico como precaución.

Mientras tanto, Lidia encargó a los niños que buscaran la tarjeta de acceso entre los escombros.

Los tres pequeños, liderados por Rino, partieron en busca del preciado objeto.

“¿Qué hacemos con este individuo?” preguntó Gat, señalando a Dior, quien yacía inconsciente con los ojos en remolino y sin un par de dientes debido al golpe de Podbe.

“Creo que ya no nos causará problemas,” respondió Adía con seguridad.

El equipo de búsqueda comenzó a inspeccionar cada rincón hasta que Elena divisó un destello bajo una de las alas del ave gigante.

Se acercó con cautela y tomó la tarjeta.

“Aquí está,” anunció con un brillo de triunfo en sus ojos.

“¡Sí!” celebraron los otros tres, emocionados por el hallazgo.

“Muy buen trabajo.” Con la tarjeta en su poder, todos se prepararon para continuar el camino.

“Pero, ¿cuál es el camino?” preguntó Marie, mirando a su alrededor.

“Si bien destruimos todo, no sé cuál es la salida,” admitió Adía.

“Déjenos a nosotros,” intervino Gin.

“Dani y yo vamos a solucionar ese inconveniente.” “¿Cómo podemos confiar en ustedes?” cuestionó Marie, cruzando los brazos.

“Esta organización está patas arriba,” añadió Dani.

“Así que se bajan rápido del barco cuando todo anda mal,” señaló Lidia con una mirada penetrante que dejó a los dos científicos nerviosos.

Tragando saliva, Gin y Dani respondieron: “No se preocupen, no haremos nada de daño.

Después de compartir estas experiencias, además, la compañía ya nos debe haber fichado como traidores, así que no nos queda otra que apoyarlos.” “Bien,” dijo Marie, aunque aún dudaba.

“Pero lleven a Rino consigo.” Rino murmuró sarcásticamente entre dientes: “Otra vez en un día voy a ser niñero, genial.” “¿Dijiste algo?” preguntó Lidia, fulminándolo con la mirada.

“No, no,” respondió él rápidamente, bajando la cabeza y siguiendo a los dos científicos hacia la sala de control, subiendo las escaleras que apenas se mantenían en pie.

Al llegar arriba, encontraron la puerta medio abierta.

Rino y Gin tuvieron que hacer fuerza para abrirla por completo, y solo Dani pudo pasar debido a su menor estatura.

Una vez dentro, Dani comenzó a examinar los paneles de control.

Presionó un botón y, efectivamente, las cámaras se activaron, mostrando todas las áreas del piso excepto donde ellos estaban, ya que las cámaras habían sido destruidas por la explosión.

“Y ahora, a buscar la salida de aquí,” dijo Dani, concentrado.

Los otros dos, sosteniendo la puerta, le indicaron que se apresurase.

“Paciencia, no conozco mucho de este panel, cada piso es diferente,” respondió Dani, mientras Gin asentía en acuerdo.

Después de varios intentos fallidos, durante los cuales activó bocinas y abrió y cerró puertas, Rino perdió la paciencia.

“¡Ya llevamos un buen rato, apresúrate!

Debemos ir al último piso a buscar al niño.” “¡Ya voy!” respondió Dani.

Finalmente, presionó un botón que reveló una puerta idéntica a la entrada por la que habían llegado.

“Listo, la encontré,” anunció con una sonrisa triunfal, saliendo rápidamente mientras Rino y Gin soltaban la puerta.

“¿Por dónde es?” preguntó Rino.

“Según el mapa de los monitores, es por esa pared,” replicó Dani, señalando una pared de color azul.

“Pero, ¿cómo vamos a pasar por allí?

Necesitaríamos algo para romperla, ¡grandísimo tonto!” le indicó Gin, elevando la voz.

“No me grites, creo saber quién puede hacer eso,” respondió Dani, señalando a Podbe.

Los tres se acercaron al grupo, y Gin le indicó al can, aunque manteniéndose detrás de Lidia por desconfianza.

“Pequeño perro, ¿puedes destruir esa pared?

Bueno, no destruir, sino derribar la cáscara de esta, ya que es una pared hueca, pero con un material de concreto duro.” El perro gruñó ligeramente, pero Adía se acercó y le pidió amablemente.

El can confiaba en ella y le dio una lamida en la mano en señal de aceptación.

Primero intentó con su habilidad de dureza, que aún estaba activa, pero solo logró hacer un hueco.

Reia le sugirió: “Quizá debas utilizar tu otro ataque.” “Bien,” dijo él.

“Cabezazo de fuego,” y se lanzó contra la pared, destruyéndola al instante.

“Es increíble, creo que la dureza y el cabezazo de fuego juntos dan un mayor poder de ataque.” “Así parece,” comentó Reia.

Una vez derribada la pared, se divisó un camino y, al final de este, una puerta.

Todos comenzaron a caminar hacia ella, y al llegar, vieron las escaleras por las cuales empezaron a descender.

Mientras tanto, Podbe y Reia conversaban en su espacio blanco, revisando las notificaciones del sistema en una pantalla.

“Felicidades, ahora eres nivel siete.

Has ganado un punto de habilidad y, por la misión extra, has activado un nuevo ataque llamado corte de garra dorada,” indicó Reia.

“Suena interesante,” comentó Podbe con entusiasmo.

Reia continuó explicando: “Es cuando usas tus garras, se bañan de un color dorado como el sol y pueden cortar una estructura sólida como si fuera mantequilla.

Pero como aún es de nivel uno, no creo que llegue a mucho,” añadió, intentando no desilusionarlo.

“Queda el punto, ¿a dónde lo colocamos?” preguntó ella para cambiar de tema.

“Pues coloquémoslo en vitalidad para que podamos ser más rápidos y quizá aumente nuestros puntos de salud,” respondió Podbe, con ojos grandes y esperanzados.

“Está bien, pero no sé si suba algo de la barra de vida.” Una vez asignado, no hubo efecto visible.

Reia no dijo nada para no bajar la autoestima del can.

Cambió nuevamente de tema: “Bien, ya estamos cerca de donde está Aiden.

Pronto nos volveremos a ver.” “Sí, así será,” le respondió el can con una sonrisa sincera.

¿Podrán salvar a Aiden a tiempo o alguien o algo los detendrá en su misión en el último minuto?

Acompáñenos en el siguiente capítulo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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