El sistema del perro agente - Capítulo 43
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43: Las Luces de Neón 43: Las Luces de Neón Continuaron todos por el camino hacia el último piso de esta torre invertida.
Al llegar a la puerta, colocaron la credencial de Dior.
Nuevamente, la luz de la puerta cambió de rojo a verde, y un clic sonó, indicando que ya estaba abierta y lista para que ingresaran.
Mientras esto ocurría en el mismo piso, es decir, en el interior del piso siete, el doctor Laos observaba en el monitor junto a sus tres ayudantes y la doctora Swang los efectos que las sustancias causaban en el cuerpo de Aiden.
Su presión cardíaca, sus neuronas y demás órganos y sistemas inmunológicos estaban en completo movimiento, tratando de luchar contra ellas.
—¿Usted cree que resista el muchacho?
—le preguntó Swang a Laos, naturalmente afirmando su respuesta—.
Este muchacho, según los análisis, es cien por ciento un gran sujeto de prueba.
Uno de sus padres no fue parte de los experimentos de mi padre.
Viene del otro lado, del lugar donde viven unos seres.
Quizá sea uno de ellos.
En las notas de mi padre pude ver mucha información al respecto.
Si todo sigue así, el chico podrá llevarnos a ese lugar y podremos obtener lo que necesitamos para seguir creando más Metalux, como él los llamaba, para nuestra causa.
—¿Así que los Metalux?
¿Y qué son esas cosas?
—preguntó Swang.
—Dentro de ese lugar hay unas piedras de diversos colores, y cada una de ellas, en su forma líquida, tiene la propiedad de otorgar poderes.
Dependiendo del color, pueden conferir fuerza, magia, telepatía, ataques y control de máquinas, e infinidad de cosas.
A estos mi padre los bautizó como Metalux.
Pero si quieres tener algo más, como un ser supremo, tienes que juntarlas.
Según precisa mi padre, esto dará lugar al ser supremo, pero para eso requerimos sujetos de prueba, porque no hay muchas personas que puedan soportarlo.
Ha habido muchos casos que terminaron en fracaso o convirtieron a los sujetos en horrendas criaturas —explicó el doctor—.
A los seres perfectos los llamó Anglux, aunque solo pudo crear uno, pero este no sobrevivió mucho tiempo, según relata en estos escritos.
A los imperfectos o desechos los llamó Reudux, y hay muchos de ellos esparcidos por ahí con formas monstruosas.
Pero si todo sale bien, podemos usar a este niño como estabilizador, por el gen que lleva dentro de esa raza que vivió en ese lugar miles de años atrás y que no se ha vuelto a ver.
Sin embargo, esas piedras siguen creciendo allá, según lo que mi padre indica en estos informes.
Uno de los ayudantes le indicó: —Señor, los niveles del muchacho son críticos, parece que no lo va a lograr y puede que no sobreviva.
—Tonterías, el muchacho es capaz de hacerlo —respondió Laos, molesto.
—¿Todo bien, doctor?
—le indicó Zeus por los monitores.
—Sí, señor, ya casi vamos a tener lo que tanto deseaba mi padre y lo que usted desea.
—Es bueno oír eso, doctor.
Nosotros iremos para allá a ver más de cerca el proyecto hecho realidad.
Estoy esperando la orden de los robots trabajadores, puesto que hubo un desperfecto con el ascensor, pero una vez arreglado, nos veremos y espero ver el gran resultado.
—Sí, señor, y gracias por la oportunidad que me ha brindado —indicó Laos en señal de respeto a Zeus.
—Señor, tenemos intrusos.
La alarma silenciosa de la puerta se ha activado —informó uno de los ayudantes al ver por el monitor al grupo de Podbe ingresar.
—Así que este grupo fue el causante de la destrucción del ascensor…
—se preguntaba Zeus—.
El perro y esa chica están con ellos, así que vienen por el muchacho.
Zeus miró por el monitor a los dos sujetos que capturaron a Aiden y les indicó: —Ya saben qué hacer.
No quiero contratiempos.
Ambos se miraron y fueron directo a recibir a los intrusos.
Aiden seguía con un gran dolor por todo su cuerpo.
De pronto, de él comenzó a emanar un aura siniestra que hizo que todo su cabello se soltara y se dirigiera a todos lados, como si estuviera formando la cola de un pavo real.
La silla en la que estaba se movía como queriendo salirse del suelo.
Los amigos de Aiden entraron y se encontraron con los matones de Zeus, listos para el ataque.
Pero antes de que estos pudieran acercarse a ellos, el aura que rodeaba a Aiden lanzó una gran onda expansiva que los alcanzó, incluso estando a quinientos metros de donde estaba la máquina.
El impacto golpeó a todo y a todos, haciendo que cayeran desmayados, excepto Podbe, que aún tenía activa su habilidad de dureza.
Zeus perdió la visibilidad del cuarto donde estaban realizando el experimento y, a través de otro monitor, llamó a su jefe de seguridad.
Preguntó molesto: —¿Ya está arreglado el ascensor?
El robot de seguridad le indicó: —Sí, justo acabamos las reparaciones y los rieles del ascensor.
—Voy para allá de inmediato con mis ocho socios —indicó Zeus.
Todos siguieron a Zeus para ver más de cerca el resultado del experimento, bajando hasta el estacionamiento donde los esperaban los robots para descender al último piso.
En una de las esquinas se encontraba el robot de Adía, Tron.
Al oír que alguien venía, Tron se escondió en una de las columnas, transformándose en un tacho de basura u objeto similar, camuflándose con el entorno para no ser descubierto.
Los nueve bajaron por el ascensor rumbo al último piso del subsuelo.
Mientras descendían, en el piso siete, Podbe comenzó a olfatear el olor de Aiden.
Caminó por unos cuantos pasillos hasta dar con la habitación, utilizando su habilidad de modo detective.
Llegó donde el chico, quien ya había roto la silla y estaba flotando con un aura muy siniestra.
El perro se acercó a él para ver si podía hacerlo reaccionar, pero fue en vano; el muchacho no respondía.
Aiden estaba en el aire con el casco puesto, los grilletes en las manos y piernas y los tubos con líquidos conectados a él.
Podbe esquivó las ondas invisibles que emanaban de Aiden e intentó utilizar su vínculo con él.
Al hacerlo, Reia tuvo un mal presentimiento y la mente del perro se volvió oscura, transportándolos a ambos dentro de Aiden, al parecer.
Una vez se levantaron del suelo, todo era oscuridad y un haz de luz de neón roja se podía observar en el suelo y las paredes.
Reia y Podbe estaban en su forma humana y gritaban el nombre del muchacho varias veces, sin obtener respuesta alguna.
Unas manos emergieron del suelo, intentando atraparlos, pero Podbe utilizó su cabezazo de fuego para disiparlas un poco.
—Estamos en una mente, puedes imaginar que tus ataques sean más fuertes aquí.
No hay límite de tiempo ni disminución de mana —le indicó Reia.
—Tienes razón —precisó el can, quien lanzó un gran ataque que parecía quemar todo el lugar.
—No te pases tampoco —dijo Reia, mirándolo un tanto enojada—.
Continuemos buscando a Aiden.
Luego de un rato de seguir el camino, una nube en forma de mujer pasó por su lado y la luz roja empezó a disiparse.
Vieron a la misma nube llevando a Aiden en sus manos hacia un camino de color azul neón.
Ambos corrieron para alcanzarlo, gritando su nombre, aunque el chico no escuchaba nada más que a la nube, e ingresó al pozo azul sin fondo.
Cuando Podbe y Reia quisieron ingresar, este se cerró.
Ambos estaban tristes por no poder alcanzar a Aiden.
La nube se acercó a ellos y les habló: —No se preocupen por él, estará bien.
Es hora de que conozca el poder que le pertenece a él —dijo con una voz melodiosa y cálida que hizo que ambos se relajaran.
—¿Tú eres su amigo, no es así?
—le preguntó Podbe a la nube.
—Sí, desde que nos conocimos he tenido la corazonada de siempre conocerlo y estar a su lado —respondió la nube.
—Entiendo, aunque te ves muy diferente a la forma en la que estaba en los recuerdos de Aiden.
Hazme un favor, cuida de él, aún tiene un largo camino que recorrer —le indicó la nube.
—Sí, lo haré.
No lo abandonaré, te doy mi palabra —respondió Podbe—.
No eres enemiga, siento tu aura de una persona amable.
—Ja, ja —rió la nube—, bien entonces deben seguir este camino que los llevará con él.
Del otro lado del pozo, se mostró un hueco con escalones que iban hacia abajo.
—Vayan por él —les encargó la nube.
—Me pareces conocida —indicó Reia, pensativa—.
¿Nos hemos visto antes?
—preguntó.
La nube solo atinó a decirle: —Vayan rápido o el camino se cerrará.
Ya tendremos tiempo para hablar —y se desvaneció en el aire.
Reia y Podbe, en su forma humana, comenzaron a bajar los escalones rápidamente, mientras el hueco se cerraba encima de ellos.
Llegaron al final del camino y vieron a Aiden siendo engullido por la misma luz azul neón.
De pronto, él volteó a ver quiénes lo estaban llamando y por qué lo llamaban por su nombre.
Vio a una joven y al niño que iba con ella.
—¿Quiénes son ustedes?
—preguntó él.
—Somos nosotros, Aiden, Reia y Podbe —señaló la inteligencia artificial—.
Esta es nuestra representación mental.
Soy yo, tu Podbe, he venido a rescatarte.
Los volvió a ver y esta vez sí los pudo reconocer, ya que veía a Podbe como un perrito por la ropa que llevaba.
Cualquiera diría que era un cavernícola o algo así.
—¿Dónde estamos?
—preguntó él, confundido.
—Estamos dentro de tu mente, creo —indicó Reia, un tanto dudosa.
—Ya veo, esto es como un sueño.
Mírenme, estoy brillando —les comentó él.
—No es un sueño —le respondieron Reia y Podbe al unísono—.
Esto está pasando fuera de ti también —le indicó Reia—.
Debes despertar, Aiden.
Vamos, hazlo —le indicó el can.
—¿Y cómo hago eso?
No lo sé —indicó Aiden.
—Quizás si te doy unos toques eléctricos como hago con Podbe cuando no me hace caso —indicó ella de forma sarcástica.
—No lo sé, pero quizás si esto es mi mente, puedo hacer que estalle toda esta luz e irradiar todo el lugar.
Puede que funcione.
—Bueno, no perdemos nada —comentó Podbe.
—Pero para estar seguros, mejor nos colocaremos detrás de ese muro —sugirió Reia.
—Está bien —indicó el perro, y ambos se fueron a esconder mientras Aiden realizaba una explosión de la luz que lo rodeaba.
Todo empezó a tornarse azul, pero de un tono más intenso que antes, e incluso el niño se puso azul.
Dentro de él decía: “esto es un sueño”, repitiéndolo varias veces hasta que lanzó todo el poder por todo el recinto.
Una vez terminado, todo se puso blanco.
Mientras esto ocurría en el exterior, en el lugar donde estuvo parado Aiden, comenzó a dibujarse una especie de portal que se activó y de este se pudieron observar unas piedras como si fueran gemas de colores.
El doctor Laos recobró el conocimiento y, al ver esto, emocionado dijo: —¡Sí, al fin voy a poder continuar con tu investigación, padre!
E incluso, quizá pueda mejorarla.
Una gran sonrisa se dibujó en su rostro, viendo la escena con todos tendidos en el piso, inclusive Aiden y Podbe.
“Cada uno tiene la oportunidad de un nuevo comienzo.
No importa hacia dónde te dirijas; si avanzas con amor y felicidad, siempre encontrarás un nuevo amanecer.”
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