Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El sistema del perro agente - Capítulo 47

  1. Inicio
  2. El sistema del perro agente
  3. Capítulo 47 - 47 Alma Robada
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

47: Alma Robada 47: Alma Robada En la cueva donde ingresó el agente I-Cinco y de la que aún no sale, nos encontramos con Xen, una inteligencia artificial contenida dentro de un robot cuyo diseño recordaba a un esqueleto metálico envuelto en placas blindadas.

Sobre una mesa fría y oxidada, incapaz de moverse, yacía el agente, con un casco conectado a una máquina que parecía una computadora antigua, tan grande como si fuera un servidor industrial de otro tiempo.

El aire estaba cargado de electricidad estática y el zumbido constante de los ventiladores hacía eco en las paredes húmedas de la caverna.

—Aún no encuentro nada valioso; será mejor seguir indagando —dijo Xen con frialdad mientras observaba al agente maniatado, sus ojos mecánicos brillando con un destello rojizo—.

Y me gusta infligir dolor a los demás —añadió con una risa frívola que resonó como metal rasposo.

Mientras seguía escarbando en los recuerdos del cerebro del agente, una alarma estridente rompió el silencio.

En la pantalla de la computadora central se mostró una alerta: las criaturas mutadas, conocidas como los topos, habían sido derrotadas.

Xen apretó los puños metálicos y cubrió rápidamente la pantalla con su mano robótica.

Dentro del tubo de contención, el monstruoso ser oscuro abrió lentamente los ojos, su mirada ardiente atravesando la penumbra.

Con una voz grave y amenazadora, preguntó desde su prisión líquida si ya habían obtenido lo que tanto anhelaba.

El robot respondió con nerviosismo, tratando de ocultar su temor: —Aún no tengo respuesta de las criaturas, mi señor.

Seguramente siguen en la búsqueda.

Xen cambió la imagen en la pantalla por una noticia local sobre un descarrilamiento de tren.

Sabía que, si su jefe se enteraba del fracaso, podría desatar un caos catastrófico en un arranque de ira.

Hubo una pausa tensa antes de que el ser oscuro respondiera con un tono bajo pero cargado de peligro: —Entiendo.

Pero luego, desde el interior del tubo, el ser oscuro murmuró para sí mismo, su voz reverberando como un trueno lejano: —¿Qué pasó?

¿Acaso el artefacto se movió fuera de nuestro alcance?

¿Cómo puede moverse si creí haber acabado con ese individuo?

Xen, consciente de la furia que comenzaba a brotar, respondió rápidamente: —Mi señor, no se preocupe.

Su fiel sirviente se está encargando de todo.

El ser oscuro clavó su mirada en el agente inmovilizado sobre la mesa.

—¿Y qué hace ese humano allí?

—Por Eliot, no es nada de qué preocuparse, señor —respondió Xen, su tono ahora más apagado y nervioso—.

Estoy tratando de conseguir información ingresando en su cerebro.

Sé que te gusta hacer ese tipo de cosas, pero no quiero que haga mucho ruido ese sujeto; tengo que pensar algunas cosas para cuando esté operativo.

—En seguida, señor.

Le daré un sedante al agente.

Xen presionó un botón en la consola y el cuerpo del agente se relajó, sumido en un sueño profundo.

Luego, colocándose un casco idéntico al del prisionero, Xen inició una conexión directa con su mente.

Comenzó a navegar por los recuerdos de Eliot, empezando por el momento en que ingresó a la cueva y todo lo que había ocurrido desde entonces.

—No, esto es muy reciente —murmuró Xen, frunciendo su rostro metálico—.

Quizá necesite ir más atrás.

Las imágenes cambiaron, mostrando a un niño de cinco o seis años aprendiendo a andar en bicicleta, riendo con inocencia.

—No, es demasiado atrás, y odio este tipo de cosas —dijo Xen con desagrado, levantando el casco de su cabeza.

Se detuvo un momento, ajustó algunas palancas a su costado y en la pantalla comenzaron a desfilar escenas de la vida de Eliot.

Un niño de nueve años apareció frente a un espejo, vestido con un uniforme escolar.

—Mi nombre es Eliot Rodríguez y cuando crezca quiero ser un oficial de policía —decía el niño con entusiasmo.

—¡Esto no!

—gritó Xen, ofuscado, pero bajó la voz de inmediato al recordar la presencia de su maestro.

Movió otros botones con rapidez, como si jugara con una máquina tragamonedas.

Las imágenes cambiaron nuevamente, esta vez mostrando a un adolescente de quince años, con el cabello rapado y una expresión decidida.

Había ingresado a la academia de agentes especiales, un chico de estatura promedio, pero lleno de determinación.

—Aunque no tenga habilidades especiales como los otros postulantes, he ingresado con las justas.

No dejaré que nada me derrote y seguiré avanzando.

Puedo ser diestro en combate y aprender cosas para protegerme, como utilizar armamento especializado y quizá kung fu, para poder estar a su nivel —pensaba el joven mientras observaba a un grupo reducido de compañeros con habilidades sobrehumanas—.

Quiero ser tan grande como el agente B Doce y sus grandiosas proezas que se susurran por la agencia.

Una figura mayor, imponente y con una cicatriz en el rostro, se acercó a él.

—Muchacho, desde ahora ya no te llamarás Eliot Rodríguez.

Desde ahora te conocerán como agente I Cinco.

—¡No, no, no!

¡Estas son cursilerías y tonterías!

—exclamó Xen, molesto, pero de inmediato bajó la voz al sentir una mirada escalofriante desde el tubo.

El brazo derecho de su robot se partió en dos debido a la energía oscura que emanaba el ser oscuro.

—¡Ups!

Lo siento, maestro, no va a volver a pasar.

Por favor, perdóneme —rogó Xen, inclinándose como si fuera a romperse en pedazos.

El maestro volvió la mirada hacia el interior de su tubo, sumido en sus pensamientos.

Xen, temblando ligeramente, ajustó una última palanca.

—Quizá faltó jalar esta palanca —murmuró para sí mismo.

Con el brazo que le quedaba, activó una nueva secuencia.

Se colocó el casco de nuevo y finalmente pudo ver el momento en que Eliot, o agente I Cinco, discutía con el agente B Doce sobre la ubicación del artefacto que debía recuperar.

—Eso es.

Desde aquí puedo empezar.

Pero también creo que debo ver todo su historial —pensó Xen, concentrándose profundamente.

Durante horas, Xen navegó por los recuerdos del agente, absorbiendo cada secreto, cada debilidad, cada triunfo.

Finalmente, se quitó el casco y soltó un suspiro.

—Bien, ya sé todo sobre ti, aunque eres un poco patético e inútil por no saber aprovechar las armas que pienso tener en mi poder.

Se puso de pie con dificultad, su brazo roto colgando inerte.

Se dirigió a una mesa llena de herramientas y materiales, y comenzó a trabajar en un reemplazo.

Chispas volaban mientras soldaba piezas, y el sonido de líquidos cayendo en una fragua ardiente llenaba la cueva.

—Mucho mejor.

Con un solo brazo no puedo hacer muchas cosas.

Además, no tengo otro robot que usar; estos no crecen en los árboles —murmuró, probando su nuevo brazo con movimientos precisos.

Finalmente, Xen construyó un dispositivo pequeño, similar a un reloj sin correas, pero con tentáculos delgados que emergían como los de una medusa.

—¡Eureka!

—exclamó mentalmente, aunque no estaba seguro de si alguien aún utilizaba esa palabra.

Se acercó al agente, le quitó el casco y las ataduras con un solo botón, y colocó el artefacto detrás de su oreja derecha.

Este se implantó perfectamente, camuflándose con la piel del agente.

—¡Excelente!

Ahora que la pieza está en su sitio, podré activarlo.

Solo necesito actualizarme y transferirme hacia el dispositivo.

Del antebrazo robótico, Xen abrió un panel que reveló un teclado holográfico.

Presionó unas cuantas teclas y una pantalla flotante apareció frente a él.

—Modo de transferencia activado.

Inicia actualización de sistema —anunció la voz electrónica.

—Bien, espero que funcione —pensó Xen.

La actualización avanzó rápidamente, alcanzando el cincuenta por ciento en menos de veinte minutos.

Cuando la actualización terminó, la pantalla mostró una opción: —¿Desea iniciar la transferencia?

Xen presionó “Sí” y comenzó el proceso.

Una risa baja escapó de sus labios metálicos: —Ahora seré humano.

El sonido de su risa hizo que el ser oscuro en el tubo despertara de golpe.

Con un rugido ensordecedor, comenzó a despedazar el cuerpo de Xen con pura fuerza mental.

—Te especifiqué que quiero silencio para planear mis cosas —gritó el maestro a través del micrófono del tubo.

Antes de que el robot fuera completamente destruido, una voz electrónica resonó desde los restos: —Transferencia completada.

Que tenga buen día.

Los fragmentos del robot cayeron al suelo, y en su lugar se alzó una figura humana.

Era Eliot, vestido con una bata clínica.

Xen, ahora en el cuerpo del agente, se miró las manos con asombro.

—Vaya, vaya, así que así se siente ser un ser humano.

Esta piel es muy débil y se siente este líquido, como agua.

A la sudoración humana.

¡Qué asco!

Lo malo es que siento y tengo los sentidos de este sujeto.

Será mejor que me acostumbre y empiece a planear lo que quiero hacer.

Regresó a la mesa, bajó el escudo de sonido y celebró en silencio, saboreando su victoria.

Sin embargo, antes de avanzar, su maestro lo observó con una sonrisa siniestra.

—No me puedes engañar, máquina.

Puedo ver tu aura.

Así que lograste ingresar dentro de ese sujeto.

Quizá pueda servir para algo lo que has hecho.

Ambos rieron, sus carcajadas resonando en la cueva mientras la oscuridad los envolvía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo