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El sistema del perro agente - Capítulo 50

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50: Tormenta de Destrucción 50: Tormenta de Destrucción Urion seguía volando a toda velocidad por la gran abertura que había creado en los pisos de la pirámide invertida, es decir, el subterráneo, para llegar hasta la superficie.

Destruía más y más estructuras, disparando rayos mientras tenía a Aiden atrapado con uno de sus tentáculos.

El niño trataba de zafarse, pero era inútil; gritaba y forcejeaba con desesperación.

Incluso llegó a morder el tentáculo, logrando que se aflojara un poco, pero pronto este se ajustó nuevamente y lo apretó con más fuerza.

Antes de que perdiera el conocimiento, el guardián le indicó mentalmente: “Aún es muy pronto para morirse.

No morirás por una caída; tendrás el privilegio de ser terminado por un guardián.

Eres valioso para ese sujeto, pero peligroso para nosotros”.

Aiden dio su último suspiro, preguntándose quiénes eran “nosotros” y si había más de ellos, antes de desmayarse por la presión del tentáculo.

Mientras tanto, los robots de la empresa de Zeus, al escuchar la orden del robot líder dada por el gran jefe, comenzaron a evacuar a la gente de las oficinas de manera ordenada y tranquila.

Sin embargo, cuando el edificio empezó a moverse como si un gran sismo estuviera ocurriendo, el caos se desató.

Los trabajadores entraron en pánico, pasando por encima de los robots de seguridad y corriendo hacia las escaleras como una estampida.

Algunos se caían y otros pasaban encima, hiriéndose entre ellos, mientras que algunos robots eran destruidos en el tumulto de gente que intentaba evacuar.

Durante el caos, menos de la mitad de las personas que trabajaban en el edificio habían logrado salir.

Los restantes aún permanecían en el recinto cuando la mitad del edificio comenzó a destruirse.

La gran estructura se partió en dos, cada parte yendo una hacia la derecha y otra hacia la izquierda, aplastando a quienes se encontraban en el medio.

La gente estaba horrorizada mientras la parte en la que se encontraban caía al suelo, levantando una gran nube de polvo a su paso.

Zeus, al percatarse de la situación, indicó a sus generales: “Pronto, busquen a los sobrevivientes”.

Mientras se colocaba un reloj en la muñeca, de este salió un holograma para comunicarse con el robot jefe de seguridad.

Zeus era malo, pero valoraba a sus trabajadores, o al menos a aquellos que podían serle útiles.

Del centro del edificio partido surgió un gran rayo rojo que comenzó a ser lanzado hacia el cielo, disipándose.

Una vez que terminó, se vio una figura humanoide: era Urion, con el niño en uno de sus tentáculos, con los ojos cerrados.

Los presentes, que habían logrado salir del edificio a tiempo, miraron al cielo y vieron aquella figura, asustándose aún más.

Algunos decían que era el demonio, otros que era un hombre topo o quizá un invento que salió mal y quería cobrar venganza de quien lo creó.

Una vez disipada la nube de polvo, Urion abrió sus ojos y miró fijamente donde estaba Zeus.

Comenzó a descender del cielo y a posicionarse en la tierra, transformando su brazo en una guadaña.

Empezó a abrirse camino entre los presentes para llegar hasta Zeus.

Gritos se escuchaban por doquier mientras rebanaba a quien se interponía en su camino, ya fueran máquinas o humanos por igual.

La gente, que pensó que se había salvado, empezó a correr como si no hubiera un mañana, pero era en vano.

Urion convirtió su otra mano en una hoz y comenzó a lanzar su ataque de hoces hacia la izquierda y la derecha, bañando su camino de un color carmesí.

Caminaba lentamente hacia Zeus, disfrutando de la carnicería.

Mientras se acercaba, Urion activó su telepatía y le indicó a Zeus: “Te recuerdo.

No creía que los humanos duraran tanto tiempo vivos en este mundo.

Han pasado unos cien años, quizá.

La última vez escapaste, encerrándome en el mundo de donde provengo, llevándote algunas cosas de mi lugar de protección.

Pero esta vez fuiste demasiado lejos, llevándote algo muy peligroso para los humanos.

Solo nosotros tenemos acceso a su conocimiento.

Primero haré que paguen estas personas que trabajan contigo y, una vez que no quede nadie, acabaré con el niño que tengo aquí conmigo.

Él es para ti la llave de lo que quieres hacer”.

Urion se rió diabólicamente.

Zeus, que nunca se le había visto asustado, comenzó a estarlo.

“Esa cosa tiene recuerdos o quizá hurgo en mi memoria.

Supongo que debo acabar con él antes de que él acabe conmigo”, pensaba, rechinando los dientes.

Los doctores Laos y Swang estaban detrás de su jefe, mirando la escena con horror mientras Urion destruía todo a su paso.

Urion se acercaba cada vez más, destruyendo robots y personas.

Pequeñas explosiones y una lluvia roja caían al suelo, bañando al guardián.

En cuanto a los generales, se repartieron en dos grupos para revisar el edificio, o lo que quedaba de él, y ver si había algún sobreviviente.

Led, Irina y Aragón se dirigieron a la parte que cayó hacia la izquierda, mientras que Lady, Aldos, Eliot y Jeti se dirigieron al lado derecho.

Antes de irse a sus respectivos lugares de búsqueda, Led, el líder general, indicó: “Busquen a todos los que puedan y sáquenlos de los escombros.

Nos encontraremos aquí en media hora”.

Todos respondieron afirmativamente y procedieron a retirarse.

Led Wargen era un hombre ruso con una cicatriz prominente en su ojo derecho, cubierta por un parche oscuro, que destacaba por su apariencia imponente.

A sus cincuenta años, mantenía una musculatura impresionante y una forma física envidiable para su edad.

Vestía un uniforme militar negro con franjas rojas, complementado con un kepi del mismo color, que acentuaba su aura de autoridad.

Con su cabeza completamente despejada y su porte recto, emanaba una presencia fría y autoritaria.

Su voz grave resonaba con un tono de mando, y su frase favorita, “La disciplina es el camino hacia la victoria”, encapsulaba su firme creencia en el orden y la rigidez.

Bajo su exterior severo, se ocultaba una mente táctica aguda y un compromiso inquebrantable con sus principios, convirtiéndolo en un líder respetado y temido por igual.

Su figura no solo imponía respeto, sino que también transmitía una sensación de seguridad y control absoluto.

Lady Ria, segunda al mando, era una mujer en sus cuarentas, latinoamericana, que utilizaba lentes y tenía un cabello rojo oscuro y ojos verdes penetrantes.

Aunque prefería mantener las interacciones sociales al mínimo, su habilidad para construir cosas demostraba su destreza y conocimiento, asegurándose de que nadie la subestimara.

Su apariencia tranquila podía engañar, ya que era meticulosa en todo lo que hacía.

Sin embargo, cuando alguien la irritaba en exceso, podía convertirse en la persona más despiadada, reafirmando el dicho de que los más callados son los peores.

Su carácter reservado y decidido, combinado con una fuerte ética de trabajo y una capacidad implacable cuando se enfrentaba a provocaciones, la convertía en una figura formidable.

Siempre llevaba una bata blanca científica que cubría casi todo su cuerpo, junto con un pantalón negro, botas negras y unos guantes negros.

Su frase favorita era: “No confundas mi tranquilidad con debilidad; en mi silencio reside mi fuerza”.

Aragón Barns, de la división Americana, era un atractivo hombre americano de cuerpo atlético, conocido por su cabellera rubia y sus ojos azules cristalinos como el océano, que encantaban a las damas.

Diestro en la esgrima y en el combate cuerpo a cuerpo, Aragón era el maestro de Sir Larot, a quien le había enseñado todo lo que sabe.

Su inteligencia aguda y astucia lo hacían un formidable adversario, y su capacidad para convencer a otros era casi hipnótica.

Además, poseía la habilidad de manejar el aura, lo que le permitía medir la fortaleza de su oponente con solo sentirla y anticipar ataques ante cualquier peligro inminente.

Hombre de mundo, Aragón conocía muchas formas de combate, lo que incrementaba aún más su peligrosidad en batalla.

La mezcla de su apariencia encantadora, habilidades marciales, persuasión innata y percepción aural lo convertían en un individuo muy admirado y respetado.

Su armadura marrón cubría su pecho, hombros, brazos y piernas, y llevaba un cinturón en el medio donde guardaba sus dos espadas, una más larga que la otra.

Su lema era: “Mi aura revela la verdad oculta; cada movimiento, cada palabra, es una extensión de mi voluntad”.

Irina Agos es la líder de la división de Oceanía, una australiana de treinta años con el cabello largo negro y ojos cafés.

Alta y elegante, prefiere usar tacones y siempre se viste de manera impecable y exótica, destacando con un lápiz labial rojo que la hace irresistible para los hombres.

Irina siempre lleva consigo un par de guantes de boxeo en forma de canguro, que se coloca en la cintura y utiliza cuando entra en batalla, además de un látigo de cuero que maneja con destreza.

Su presencia es una mezcla de sofisticación y peligro, con una actitud firme y segura de sí misma.

Su estilo único y su habilidad en combate la convierten en una figura tanto admirada como temida.

Su frase característica es: “Elegancia en la batalla, implacable en la victoria.” Aldos Etron, líder de la división de África, proviene de Marruecos y es un hombre de cuarenta y cinco años con una presencia imponente y ojos amarillos.

Siempre lleva su cabello oscuro en rastas recogidas, lo que le da un aire distintivo.

Su complexión robusta y su aspecto formidable, acompañado de su rudo carácter, le han ganado respeto y temor a partes iguales.

Es valiente y tiene una gran experiencia en el cargo.

Viste muy elegante, como si de un rey se tratase, y lleva consigo unas hachas en los costados de su chaleco.

Además de ser parte del equipo selecto de Zeus, Aldos es el hijo no reconocido del rey de su país, lo que ha marcado su vida de manera significativa.

Ha estado trayendo caos y destrucción contra el régimen que su padre estableció y que ahora es presidido por su medio hermano, en su intento de coronarse como el rey del país.

La familia no es una prioridad para Aldos, y es capaz de tomar medidas extremas para sobrevivir, mostrando su determinación y resiliencia en un entorno hostil.

Su frase particular es: “La supervivencia es un arte, y yo soy su maestro.” Eliot Page es el líder de la división de Europa y el más joven del grupo, con veinte años.

Es el encargado de las conexiones de la empresa en Europa, y desde muy joven fue reclutado por el mismo Zeus, quien vio su potencial.

Eliot es un joven muy hábil y futurista, siempre pensando en el mañana.

Prefiere vestir ropa ligera y un buzo deportivo, y le gusta la música, por lo que siempre anda con auriculares.

De estatura promedio, es el más rápido del equipo; algunos piensan que es más rápido que una moto en movimiento.

Le gusta cambiar el tono de su cabello, que normalmente es azul con la parte superior verde y dorado debajo.

Tiene la piel bronceada, dos ojos verdes con pecas en la nariz, lo que le da un aspecto juvenil y vibrante.

Su energía y rapidez, combinadas con su capacidad para adaptarse y su visión futurista, lo convierten en un miembro valioso del equipo.

Siempre dice: “El futuro no espera, y yo tampoco.” Jeti Fin es el líder de la división de Asia, proveniente de una parte olvidada del continente.

Su apariencia combina una cabellera dorada heredada de su padre y ojos oscuros, con uno de ellos mostrando un misterioso tono rojo en el centro, una característica con la que nació.

A sus veinticuatro años, Jeti ha sido moldeado por las conexiones de su madre, la reina de la banda criminal más conocida de Asia, que le han proporcionado los recursos necesarios para sus actividades ilícitas.

Mantiene en secreto su doble vida de su prometida, que desconoce sus acciones.

Jeti es conocido por su estilo distintivo que incluye un gorro de lana negro y un traje azul con franjas blancas, reflejando su dualidad entre lo común y lo extraordinario.

Su lema es: “Entre las sombras y la luz, encuentro mi propio camino.” Sir Larot es el encargado de las cosas imposibles y se ocupa de los negocios cuando no se llega a un acuerdo con la otra parte, haciendo todo lo posible por cumplir la palabra de su señor Zeus.

Es un personaje enigmático y siempre anda con una armadura oscura que, aunque parece pesada, es ligera y lo recubre de pies a cabeza.

Nunca muestra su cara en público; las únicas personas que saben quién se esconde debajo de esa armadura son su maestro Aragón y Zeus, su jefe supremo.

No se sabe de dónde llegó ni se conoce su lugar de origen.

Simplemente apareció de muy joven en las manos de Zeus y fue puesto a disposición de Aragón para su entrenamiento.

Sir Larot es una figura envuelta en misterio, cuyo compromiso y lealtad son inquebrantables.

Su lema es: “En el misterio, encuentro mi fuerza; en la lealtad, mi propósito.” Una vez presentados apropiadamente, los presentes se repartieron buscando sobrevivientes.

No sé qué era lo que hacía que este grupo singular de personas siguiera a Zeus; ¿sería acaso el dinero o que les había prometido algo que les hiciera lo imposible por seguirlo a todas partes sin negarse?

Mientras los líderes de Zeus seguían la búsqueda de los sobrevivientes, Urion se acercaba hacia Zeus.

Ya casi estando cerca, cogió al niño y, apuntando con una de sus manos de guadaña al cuello de este, le indicó al hombre viejo delante de él: “Aquí se acaba tu sueño iluso y, una vez que acabe con ese sueño, acabaré contigo”.

Pero antes de que el arma cortara el cuello de Aiden, sintió un fuerte golpe en la espalda que lo hizo tambalear y, al mismo tiempo, algo cortó el tentáculo que tenía al niño.

La criatura comenzó a chillar de enojo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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