El sistema del perro agente - Capítulo 51
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51: Vida Cero 51: Vida Cero Los líderes voltearon desde sus posiciones para darse cuenta de que la criatura se acercaba al líder supremo, Zeus, y un “¡No!” al unísono se escuchó de ambas partes de lo que quedaba del edificio.
Algunos cerraron los ojos, pensando que era el fin de los planes de su señor con la muerte del niño.
Sin embargo, luego vieron que la criatura lo soltó sin razón alguna y se movió un poco hacia adelante, gritando tan fuerte que ellos la escucharon desde donde estaban.
En ese momento, vieron al can dándole un golpe por la retaguardia a Urion.
“¡Cabezazo de fuego!”, dijo Podbe en su interior, dando un fuerte ladrido por fuera, viéndolo un tanto magullado por la batalla anterior.
Pero ¿cómo es posible que estén vivos?
¿Cómo lograron salir de allí?
se preguntaba Urion mientras veía que su tentáculo caía al piso, soltando a Aiden.
Momentos antes, el piso de arriba se venía encima de Podbe y compañía.
“¡Rápido, todos fórmense detrás de mí!”, indicó ella.
Rápidamente miró hacia todas las direcciones, como buscando algo, y una vez encontrado lo que buscaba, tiró una de las cartas que tenía sobre el lugar donde estaba el caballero oscuro, teletransportándolo a su lado.
Luego, al instante, colocó su bastón en el suelo y creó un gran domo que soportaba la estructura que había caído sobre ellos.
“Pero, ¿qué haces?”, le preguntaron los dos científicos que los acompañaban, exaltados al ver a su lado a la persona que casi los mata.
“Él es uno de los malos”, añadió Dani, secundado por Gin.
“No somos como ellos.
A pesar de que hizo el mal, no puedo dejar que muera aquí.
Sería algo que yo no puedo cometer y eso nos hace diferentes a ellos”, les indicó ella con un tono de voz firme.
“La misma de siempre, queriendo ayudar a los demás”, dijo Eduard, a pesar de que me arrancó el brazo, riéndose en el suelo con la voz un poco apagada.
“¡Está vivo!”, indicaron los niños que querían acercarse a donde estaba Sir Larot.
“No se acerquen”, dijo Marie con su arma apuntando al hombre desmayado.
“Mira, su casco está roto, se puede ver un ojo.
No creo que sea un monstruo como pensábamos, ¿eh, Billy?”, le preguntó María.
“Sí, es cierto, es humano.
Pero debe ser un humano muy fuerte, tan fuerte que casi nos mata a todos, incluso a Podbe”, respondió Billy.
“Sí, es cierto, tiene un ojo azul oscuro”, indicó Elena, asustada pensando que se había levantado Sir Larot.
“En verdad, sí”, dijo Sir Larot, cogiendo a Elena de la pierna, haciendo que los otros dos niños se asustaran y trataran de patearlo, pero ellos fueron los que sintieron el golpe, puesto que su armadura era muy dura.
“Ustedes, ¿cómo siguen vivos si esa cosa era muy fuerte, más fuerte que yo?
¿Y por qué estoy a su lado si estaba lejos?”, se le escuchaba hablando como si le faltara el aliento, con dos voces, porque al parecer usaba un aparato que hacía que su voz se escuchara más siniestra.
“Tranquilo, vaquero”, le indicó Gat, apuntándole con su habilidad de disparo.
“Quizá no puedo darte en la armadura porque es dura, pero puedo darte en esa parte rajada que tienes y con eso sería tu fin”, añadió él.
Ese guardián sí que no entiende razones.
Es muy necio, se parece a alguien que conozco —señaló Reia a Podbe en el espacio mental—.
—¿Así?
¿A quién?
—indicó el can en su forma humana.
—A nadie, olvídalo —le respondió ella—.
A veces no captas las indirectas.
—¿Hay algo que podamos hacer?
—le indicó Podbe a Reia.
Ella comenzó a transformar el sitio blanco en el que estaban en una biblioteca.
—¿Qué es esto, Reia?
—Déjame buscar.
Quizá en esta biblioteca, que está dentro del sistema, pueda ayudarnos.
Más bien, ve y grúñele al caballero oscuro.
Está aquí con nosotros, bueno, al costado de los niños.
Podbe salió del espacio mental y comenzó a gruñirle a Larot, quien tenía sujeta la pierna de Elena.
—Ya oíste al can, suéltala —le indicó Ezequiel, agarrado por Lidia y Rino.
—Tranquilos, paren —decía Adía con la voz sufrida mientras usaba su poder para levantar el domo—.
Así que tú, maga, fuiste la que me trajo hasta aquí y, encima, has puesto una barrera.
Creo que eres la más fuerte de aquí, pero no la más lista al traerme.
Además, la barrera no soportará, ¿cómo piensan salir de aquí?
—preguntó de una manera arrogante Larot.
—Eduard, ¿puedes moverte?
—le preguntó Adía.
—Sí, un poco —le respondió él.
—Bien.
En ese caso, ¿siempre llevas contigo ese control del robot que te di como un repuesto por si se me perdiera?
—le indicó ella.
—Sí, aquí lo tengo —dijo, sacando con la mano que le quedaba uno de los bolsillos de la mochila.
Era un control con un botón rojo en el centro.
—Presiónalo, es una emergencia —le dijo ella.
—Aún no hemos probado esa funcionalidad.
—Sí, pero ese sujeto lo creó, ha de ser bueno y es nuestra única oportunidad —añadió ella.
Eduard apretó el botón.
Ni más ni menos, la luz del botón se intensificó a un rojo más fuerte y brillante, envolviéndolos a todos.
En la parte de arriba, al mismo tiempo en que Urion realizaba su camino de sangre, el robot de Adía, Tron, comenzó a sentir en su estómago una luz parpadear.
Tron, desde los escombros, empezó a volver a su forma casi humana de antes: una cara redonda donde iban sus ojos, que parecían lentes reflejando el exterior, dando la apariencia de que te miraba como si fuera una persona.
No contaba con una nariz, pero sí con una especie de boca, un monitor rectangular en el que, cada vez que hablaba, se veían ondas de frecuencia moverse con cada palabra que decía.
Donde iban sus orejas había dos antenas.
Sus brazos y piernas eran retráctiles, compuestos por una especie de mangueras elásticas, excepto sus manos y pies, que estaban hechos de un material duro pero moldeable, transformándose en lo que él necesitara.
En el centro, donde iba su pecho, había un cuadrado del tamaño de un frigobar y, dentro de este, se levantaba una pequeña ventana que contenía una especie de radio antigua con varios botones, uno de los cuales estaba parpadeando en rojo.
—¡Oh!
Es la señal.
Debo presionar el botón —dijo Tron mientras su boca cambiaba de colores y movimientos en onda.
Presionó el botón y de este se mostró un holograma en el cual pudo ver a Adía y a los demás en problemas.
—¿Qué hago?
¿Qué hago?
—repetía el robot, mientras en el otro lado, Adía y los demás también podían ver a Tron, pero solo se escuchaba estática y no podían entenderse entre ambos lados.
Los niños trataban de decirle algo, al igual que Eduard y Adía con lo que podían.
Lidia y Rino también trataron desesperadamente, pero no recibían ninguna respuesta del robot.
Luego de un rato, agobiados, se rindieron y estaban tristes y desanimados, a punto de tirar la toalla, cuando Eduard se dio cuenta de que el audio no funcionaba.
—Quizá podamos hacerle señas.
Bien, háganlo —dijo, mientras Adía trataba de soportar la enorme roca encima de ellos.
—Nunca fuimos buenos para ese tipo de cosas —decían Lidia y Rino.
Los tres niños tampoco sabían cómo hacerlo.
María y Billy solo dijeron que en el orfanato solo les enseñaron varios idiomas, pero no el de señas.
De pronto, se escuchó: —Marie, tú eres excelente haciendo señas.
Además, fuiste entrenada para poder entender cualquier tipo de lenguaje —era la voz de Ezequiel, aun cansado y agarrado por los dos cadetes.
—¡Pronto, hazlo!
—le indicaron todos—.
No creo que Adía pueda aguantar mucho más tiempo, y él entenderá —indicó Marie—.
Es un robot de la agencia fabricado por el escuadrón D, entiende todos los lenguajes habidos.
—Entiendo —indicó Marie, aunque no sabía de estos robots, por eso su cara de sorpresa.
De inmediato, Marie comenzó a hacerle señas a Tron por el visor del holograma.
El robot entendió que estaban atrapados en lo más profundo del subsuelo, en el último piso para ser exactos, y estaban debajo de muchos escombros.
—¿Y qué quieren que haga?
—indicó el robot haciendo señas a Marie.
—Es verdad, ¿qué quieren que haga él para sacarnos de aquí?
—le preguntó a Adía.
Sir Larot, que se reía, interrumpió: —¿Ese es su plan?
¡Ja!
Todos vamos a morir aquí.
Ese robot no creo que sea tan rápido para sacarnos de aquí.
Adía lo calló por un momento.
—Déjame pensar —dijo, mientras observaba el poco tiempo que tenía y su domo comenzaba a romperse.
Pequeños escombros empezaron a entrar donde estaban.
—¡De prisa!
—le indicó Adía a Elena—.
Pásame el control, tráelo hacia mí.
Elena cogió el control de la mano de Eduard y se lo entregó a Adía.
—Marie, acércate rápido y dile a Tron que me muestre el otro lado, como si fuera un celular que muestra la cámara frontal y trasera.
Cambia de vista, muéstranos tu alrededor —le indicó con señas.
El robot cambió la imagen al desolado sitio de arriba y en eso escucharon: —¡Bingo!
—con una voz un tanto adolorida de parte de Adía—.
Bien, señor Larot, vamos a salir de aquí a pesar de tu pesimismo.
Pero en retribución, nos ayudarás a vencer a esa cosa.
Luego de vencerlo, puedes seguir con lo que tengas que hacer.
Es un trato.
Espero una respuesta rápida.
Larot la miró un tanto escéptico y le indicó con su voz distorsionada: —Está bien, si logramos salir me uniré a ustedes para ver a esa cosa, pero luego volveremos a ser enemigos.
Claro, si nos sacas de aquí.
—Entonces tenemos un trato —dijo Adía—.
Y antes de que el domo se rompa y nos caiga la roca más grande, esto va a gastar mi mana, pero no hay de otra.
Espero que funcione.
Adía dijo unas palabras de un hechizo: —”INTERCAMBIUS”.
De pronto, cayó la roca, pero todos habían desaparecido del lugar, que quedó completamente destruido.
Antes de desaparecer, Sir Larot pensó: Esa magia, creo que la conozco, mientras todos se desvanecían.
Pronto, todos los presentes aparecieron al lado de Tron.
Un aire de alivio se sintió entre ellos, pero no por mucho tiempo, al ver la escena que estaba protagonizando Urion.
Tenía a Aiden con una de sus manos transformadas en una guadaña.
Podbe, un poco golpeado, le ladró a Urion, pero no en forma de querer morderlo o atacarlo.
—¡Ah!
Creo que el can quiere que lo lances hacia dónde está ese individuo lo más fuerte posible —indicó Tron.
—¿Qué, entiendes el idioma canino?
—preguntaron los presentes.
—Un poco.
Fui programado para entender muchas formas y dialectos humanos, animales y otros seres —respondió el robot.
—No hay tiempo, luego hablaremos de eso —indicó Adía, cansada y arrodillada en el suelo, sostenida por su bastón—.
Lo prometiste, Larot.
Apoya al can, quizá tengan una posibilidad.
—Está bien, perro.
Pero es una distancia lejana.
¿Podrás llegar a tiempo?
—Tengo una idea —indicó Adía, llamando a Rino, quien acudió rápidamente, no sin antes dejar a Ezequiel acostado en el suelo con Lida—.
Muchacho, ¿puedes disparar con esa arma y darle a ese monstruo?
—Sí, señora, eso creo —respondió él, un tanto asustado.
—No, ¿qué crees?
¡Debes poder!
—le dijo Adía, dándole fuerzas a Rino—.
Está bien —dijo el muchacho—.
Dame una de tus balas —le indicó ella.
De inmediato, él le dio una bala y ella, con sus últimas fuerzas, activó su habilidad de teletransportación en ese objeto y en los dos, Podbe y Larot.
—Úsala bien —y se desmayó, pero antes de caer, los tres niños la agarraron.
—Maldición, quería preguntarle algo a esa bruja, pero ya se desmayó —se decía en su mente Sir Larot.
—Están listos —les indicó—.
Solo hay una oportunidad.
—¿Por qué no la lanza mejor Gat?
—indicó Marie—.
Es que yo no soy de disparar muy lejos —respondió él.
Lidia interrumpió e indicó que Rino era el mejor de su clase y que, bueno, por la culpa de ella no habían podido ser agentes, pero eso ya se los contaría más tarde, añadió ella.
Rino, un tanto temeroso, sudaba porque habían puesto en él esta gran responsabilidad.
—Vamos, tú puedes, tú puedes —se decía a sí mismo.
Alguien se acercó a él, era Lidia, y cogiendo el arma que estaba temblorosa por el miedo de fallar que tenía su compañero, la sostuvo firme y le dijo: —Tú puedes.
En ese momento, una fuerte determinación entró en él.
Sabiendo que todos confiaban en él, apuntó con su arma, vio por el visor la espalda de Urion y disparó, dando todo en esa bala.
La bala salió con mucha fuerza y, antes de llegar a la espalda de Urion, apareció Larot, quien cogió a Podbe y lo lanzó con más fuerza hacia la espalda de Urion.
El perro activó su habilidad “cabezazo de fuego” y, con la fuerza con la que iba, infligió más dolor del que Urion esperaba, distrayéndolo.
Sir Larot aprovechó el momento y cortó el tentáculo, sacando al niño y moviéndolo lejos del guardián, como si se hubiera teletransportado.
—¿Ustedes?
—dijo Urion, volteando a ver quiénes habían sido—.
¿Cómo se atreven a dañarme y quitarme lo que es mío?
Zeus sintió alivio por no perder la llave del nuevo imperio que iba a crear con Aiden.
Su vida se había alargado un poco más, al igual que la de Laos y Swang.
Sus capitanes estaban tranquilos mientras seguían con la búsqueda de sobrevivientes, sobre todo Aragón, que vio a su discípulo con vida.
La criatura le dio una patada a Podbe, haciéndolo llegar donde se encontraba el caballero oscuro.
—Menos treinta puntos de vida —le indicó Reia a Podbe—.
Podbe, solo te quedan veinte puntos.
No sé qué va a pasar si llegas a cero.
—No puedo rendirme.
Debo seguir peleando —se levantó del suelo el can.
Larot le indicó: —Vaya, admiro tu espíritu de lucha, pequeño animal.
Urion cargó ahora contra ellos con ambas manos convertidas en guadañas, diciendo: —Morirán los tres de una vez.
El enemigo se acercó con tal fuerza que hizo que todo a su alrededor temblara.
Larot pudo coger los dos brazos del guardián, bloqueando el ataque, pero no esperaba que Urion le lanzara un rayo por los ojos, haciendo que saliera disparado lejos.
—Uno menos —indicó Urion mientras se acercaba al perro, casi sin movimiento.
Podbe lanzó su último ataque, aprovechando el momento.
Se activó “corte de garra dorada”, que no le hizo ni cosquillas a Urion.
Este se rió maquiavélicamente y empaló al can con una de sus manos guadaña, lo alzó y lo tiró junto a Aiden.
La sangre se vio por todas partes y Reia, entre lágrimas, indicó: —Cero puntos de vida.
Has fallado la misión.
Aiden, después de un momento, se despertó y se levantó del suelo para ver a su amigo canino tirado con sangre saliendo de su estómago.
No lo podía creer.
Llorando, se acercó a él, diciendo: —Podbe, reacciona, amigo, reacciona.
¿Qué pasó con lo que me prometiste, que iríamos por aventuras y buscaríamos a mi madre?
Le preguntó a Reia en el espacio mental, y ella le confirmó la noticia.
—No, no puede ser.
En el poco tiempo que llevamos juntos te considero parte de mi familia —lo decía entre lágrimas, triste y con una gran pena.
“Ninguno de los presentes podía creer que un perro se sacrificara por alguien, y es por eso que siempre se dice que el perro es el mejor amigo del hombre.
En esta situación, quedó más que demostrado, pensaron todos al unísono mientras miraban la desgarradora escena.
Algunos no conocían el poder del can; otros, como Zeus y Laos, especulaban que quizás ese animal era el producto de algún experimento suyo o que algo le había otorgado sus poderes.” —Ahora es tu turno, muchacho —indicó Urion con una mirada amenazante.
El niño siguió con la cabeza agachada y los ojos parecían no tener el brillo de vida de antes, mientras iba a enfrentar su destino.
El guardián usó la guadaña que utilizó para acabar con Podbe, colocándola a la altura del cuello del niño.
—Este es tu fin —decía mientras bajaba su guadaña hacia Aiden.
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