El sistema del perro agente - Capítulo 54
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54: Terror Televisado (2) 54: Terror Televisado (2) El sheriff prendió el aparato y pudo ver al muchacho en la televisión.
—Jeff, no puede ser.
Condenado muchacho, ¿qué haces en la televisión y lo peor en Italia?
¿Y qué es esa cosa que te retiene?
—se decía a sí mismo Jeff—.
¿Cómo puede ser que esté en otro país el muchacho, cómo puede ser posible?
—le decía a Tecro.
De vuelta en el orfanato, Elsa les pidió a las otras hermanas que trajeran agua para levantar a la madre superiora mientras intentaba despertarla en la silla en la que se encontraba.
—Madre superiora, ¿se encuentra bien?
—preguntó Ana.
La madre volvió en sí y respondió que sí, pero le dolía mucho ver a Aiden en esa forma.
—No puede ser que maten a ese muchacho.
Es un poco distraído y alocado, pero buen muchacho —se decía ella mientras tomaba el agua, y las otras hermanas le hacían aire con hojas de papel.
—Mire, madre, aún sigue la transmisión —indicó Elsa, y todas miraron la pantalla.
Los demás niños estaban atentos al alboroto, porque todas las demás hermanas iban corriendo a la oficina de la madre superiora.
Algunos niños que estaban cerca escucharon de qué se trataba la noticia.
—Dice que Aiden está en el país vecino y que una libélula gigante lo quiere matar —comentaban.
La noticia se regó por todo el campus, pero cambiaba cada vez que se contaba.
Algunos decían que un león gigante lo iba a matar, otros que un monstruo se lo iba a comer, y así.
Al mismo tiempo, la noticia seguía y en la escena de los hechos, Melisa seguía narrando cuando vieron que la bestia fue golpeada y algo cortó el tentáculo que tenía atrapado al niño, siendo rescatado en el acto.
La audiencia estaba feliz, incluso en el orfanato y en la comisaría.
La cámara comenzó a enfocar a quien había sido el que había golpeado al monstruo, cuando mostró un pequeño cachorro con algunos golpes y con un ojo entrecerrado.
Era de color entre medio marrón claro y anaranjado, más como un beige, y sus orejas eran un poco raras: una parada y la otra hacia abajo (la que tiene parada es la izquierda), comentaba Melisa.
En la perrera, los dos trabajadores, Er y Timmy, junto con el veterinario, se quedaron boquiabiertos al ver en la televisión al perrito que en algún momento estuvo en sus instalaciones enfrentándose a ese monstruo.
—Lo sabía, ese perro tenía algo desde la vez que lo traje —indicó Er.
—Seguro al demonio —añadió el otro trabajador.
El veterinario no sabía qué hacer ni decir, solo seguía apuntando cosas en su cuaderno.
—Ese perro es fuerte —solo se escuchó al público decir.
La transmisión continuaba y los televidentes seguían escribiendo, asombrados por el perro que había salvado la situación.
Aunque el animal se veía en mal estado, se preguntaban cómo un perro podía hacer eso o si realmente era un perro.
Se hacían varias interrogantes.
—Ve hacia allá rápido, mueve la cámara —le indicó ella, señalando a las nuevas personas que entraron al campo de batalla—.
Son lo que parece ser un grupo de personas conformado por dos ancianos, una señora, cuatro jóvenes, dos científicos y tres niños.
Rápido, haz zoom en esa zona.
—¡Oh!
Miren, están filmando al parecer —indicó Lidia, mirando hacia donde estaban Creg y Melisa.
—Sí, es cierto —dijeron los niños que estaban con ella.
—¿Quieren escuchar?
—dijo Tron.
—Bueno —indicaron los niños.
Tron apretó algunos de sus botones y activó la función televisión, y un holograma con la noticia salió.
Comenzaron a escuchar lo que decía Melisa.
—Eduard, indicó que si Adía hubiera escuchado que le dijeron “señora” se hubiera molestado, pero está durmiendo —comentó uno de ellos.
—Esto es malo —indicó Marie—.
Si esto sale a la luz, vamos a tener un gran problema.
—Sí, lo sé —indicó Gat, y lo secundó Ezequiel—.
El viejo va a estar muy molesto.
—Creí que tú eras el viejo —indicó Gat.
—Ah, te refieres al más viejo, el jefe.
—Oye, respeta a tus mayores —le decía Rino.
Al mostrar a todas estas personas, otra vez el alma se le fue del cuerpo a la madre superiora que no podía creer que María y Billy estaban en ese lugar.
—De inmediato, vayan a buscarlos —le indicó Elsa a algunas novicias.
Las novicias, como eran jóvenes, comenzaron su búsqueda por el recinto de los otros dos niños que, al parecer, estaban también desaparecidos.
Preguntaron a profesores y huérfanos por igual, así como a los demás colaboradores.
Nadie se había percatado de ellos, no los habían visto en varios días.
Uno de los niños, que era muy chismoso, así le decían la mayoría, era Juan y tenía siete años, pero sabía todos los pormenores y cada cosa que pasaba en el orfanato, ya que contaba con su red de soplones.
En un primer momento, no quería decir nada porque los demás lo miraban feo siempre que abría su boca, más aún los chicos que ayudaron a María a salirse.
Pero fue llevado donde Elsa, que hizo que cantara todo e indicó que ellos se fueron a buscar a su amigo Aiden y que se subieron en el carro de esos dos sujetos que vinieron a preguntar por el chico.
—Pero, ¿cómo puede ocurrir todo esto?
Ahora hay tres niños perdidos y en grave peligro en otro país y no podemos hacer nada —dijo Ana, la madre.
Elsa, debemos reforzar las medidas de seguridad en el orfanato porque parece que cualquiera puede escaparse delante de nuestras narices añadió ella.
—¿Y qué hay con la frase que siempre dicen ustedes, la cual es “Cada uno tiene la oportunidad de un nuevo comienzo?
No importa hacia dónde te dirijas; ¿si avanzas con amor y felicidad, siempre encontrarás un nuevo amanecer”?
—preguntó el niño.
—Eso no tiene nada que ver aquí —le indicó Elsa con voz fuerte—.
Ve con los demás, y ustedes, hermanas, vayan y hagan cuentas de todos los niños.
No podemos perder a otros.
Las hermanas querían seguir viendo las noticias, pero le tenían un poco de miedo a Elsa.
Además, ella las estaba mirando con una mirada muy amenazadora.
No les quedó de otra que hacer lo que ella decía.
Todos salieron de la oficina de la madre superiora, menos Elsa y la madre, que seguían viendo el programa.
Las personas seguían comentando en el directo y felicitando al caballero oscuro y al can por haber salvado al niño, pero su felicidad fue fugaz, ya que el monstruo golpeó a Sir Larot con su rayo, haciendo que este saliera disparado.
El perro comenzó a defenderse lanzando algunos ataques, pero sin efecto.
Luego, todos se quedaron asustados y tristes al ver que el ser monstruoso había empalado al can y lo había tirado al suelo.
Cuando Aiden se despertó, se pudo ver que se acercó al can y lloró por él, mientras Urion iba hacia un niño indefenso para cortarle la cabeza.
Los que miraban el en vivo no lo podían creer.
Colocaban emojis de tristeza e impotencia, al igual que algunos memes de incomodidad y algunos gifs sintiéndose impotentes ante la escena que acababan de presenciar y ahora ver lo que se venía.
Algunos amigos de los animales escribían que deberían ir las fuerzas del orden a acabar con esa cosa y colocar una demanda por maltrato animal y un montón de cosas más.
El jefe de Melisa y los demás en el estudio también estaban preocupados y conmocionados por la noticia que estaban presenciando, al igual que todos en sus hogares.
Los ratings se dispararon a niveles nunca antes vistos.
Solo se escuchó de fondo a Melisa narrar: —No podemos hacer nada ante tal acto de salvajismo y yo también me siento impotente de no haber podido salvar al cachorro y ahora solo ver cómo van a acabar con el muchacho —mientras Urion iba bajando su arma hacia el cuello de Aiden.
Pasamos a una gran habitación oscura.
En ella había personas que también estaban viendo la escena en una gran pantalla.
Frente a la pantalla había una persona en un sillón, y la persona sentada hacía unos sonidos de fastidio mientras los otros colaboradores y científicos miraban preocupados.
Se volteó hacia los presentes en la sala y se pudo observar a un hombre mayor con algo que parecía un guante largo negro que cubría su brazo derecho desde el hombro hasta la punta de sus dedos.
En el hombro del guante había una inscripción que decía “BOSS” dentro de un escudo con lo que parecían espadas incrustadas.
El hombre tenía unos bigotes blancos que brillaban con la poca luz de tipo inglés y una barba larga y en punta hasta el pecho que hacía que parecieran dorados, combinando con su tez clara.
Era una persona de estatura normal y vestía un smoking de color azul oscuro y una camisa blanca con una corbata roja.
En uno de los bolsillos del pecho llevaba una especie de pañuelo rojo.
Se sacó las gafas negras que llevaba puestas y mostró sus ojos transparentes como el cristal.
—Pronto, pásenme el teléfono, necesito contactarme con Marie de inmediato —dijo el hombre furioso.
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