El sistema del perro agente - Capítulo 55
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55: Un Haz de Esperanza 55: Un Haz de Esperanza Ya casi se podía ver el arma de Urion sobre el cuello de Aiden cuando, de repente, algo empujó al guardián del portal.
Era Sir Larot, que se abalanzó sobre él con todo su cuerpo.
Los televidentes y los presentes se sintieron aliviados al no presenciar otra muerte más.
Algunos escribían “bien, quien quiera que seas”, otros “ese caballero oscuro sí que da pelea” y unos más “¿cuánto más podrá pelear contra esa cosa?”.
Además, otros decían “pobre cachorro” refiriéndose a Podbe.
Las opiniones en la red eran mixtas.
Sir Larot tenía que salvar al muchacho por dos razones: una, porque lo necesitaban para llevar a cabo la creación de los nuevos Metalux, y la segunda, porque tenía que acabar con Urion por habérselo prometido a Adía.
Melisa trataba de cubrir todos los detalles de la historia mientras iba de un lado a otro filmando la pelea de Larot y Urion.
Observaba el cuadro del pequeño niño y su perro sin vida en el suelo.
Larot comenzó a activar las habilidades especiales de su traje.
“No me queda de otra, necesito acabar con ese monstruo”, se decía a sí mismo mientras sus manos comenzaban a ponerse rojas como el fuego y golpeaba a Urion.
La gente seguía apoyándolo con cada golpe que acertaba al ser.
Una gran nube de polvo se levantó entre los dos debido a los potentes ataques del caballero oscuro.
Aiden, cogiendo a Podbe en sus brazos, lo comenzó a sacudir para ver si aún estaba con vida, pero sin ninguna reacción.
Reia le indicaba que lo sentía cuando, de repente, recuerdos de todos los momentos que había pasado Aiden con Podbe desde que se encontraron comenzaron a proyectarse en su mente hasta llegar al fatídico momento en el que se encontraba.
“Levántate, abre tus ojos, pequeño amigo”, le decía primero en voz baja y luego gritó de dolor el nombre del can.
Todos se sintieron tristes por lo que veían tanto en sus casas como en la zona de batalla.
En la mente del chico, Reia iba a hablarle cuando su voz comenzó a distorsionarse y apagarse poco a poco, como si el sistema se hubiera esfumado.
Aiden no podía escucharla más en su mente y con eso sabía que su mascota había fallecido.
Los amigos de Aiden, María y Billy, querían acercarse, incluyendo a Elena, pero los científicos les indicaron que no era seguro.
Incluso los dos cadetes, Eduard y Gat, y el mismo Ezequiel.
“Pero no podemos dejar solo a nuestro amigo, no en una situación así”, dijo Billy golpeando el suelo con su puño de impotencia porque sabía que si se acercaba mucho podría terminar igual que el perro.
En ese momento, el teléfono de Marie, que no había funcionado en el subsuelo, comenzó a sonar.
Era el jefe, que había estado viendo la transmisión.
Ella contestó con voz temblorosa y dijo: “Hola, jefe, ¿qué pasó?
Dígame”.
“Marie, ¿qué es esto?
No pueden estar transmitiendo esto, el mundo no debe saber de este tipo de cosas.
Nosotros nos encargamos de velar por la seguridad de las personas y del mundo, y ahora todo se viene abajo.
El equipo C no va a poder controlar esto, ya se salió de control”, le decía el jefe muy molesto desde el celular.
Marie no sabía qué contestarle al jefe cuando Lidia y Rino trajeron a Ezequiel cerca del teléfono.
Él comenzó a hablarle al jefe con un tono rudo y serio: “Jefe, tranquilícese, no puede ser que le eche la culpa a la pobre chica.
Esto es algo que escapa de sus manos.
Además, debería preguntar cómo estamos, porque a todos nos molieron a golpes.
No somos máquinas, somos humanos”, indicó Ezequiel.
Marie le hizo una seña de gracias con el pulgar arriba por salvarla de la situación mientras tenía la cabeza agachada por pena.
El jefe tomó un breve respiro y dijo: “Lo sé, lo siento.
¿Están todos a salvo?”.
El agente B indicó que sí, que por poco no lo contaban y que ese animal era la clave de algo muy poderoso.
“Pero ahora no es tiempo de hablar de eso.
¿Puede enviar algún equipo de contención para acabar con ese guardián que se salió de control?
Ni nuestro enemigo puede con él”.
“Lo siento, pero no puedo enviar a nadie, no hay nadie en la oficina.
Los demás agentes están en diversas misiones por el mundo.
Si les envío transporte…”, indicó el jefe.
“No creo, jefe, si nos vamos igual ese sujeto nos encontrará.
Va destruyendo el mundo”, respondió Ezequiel.
En ese momento fueron interrumpidos por un ruido en el ambiente: las fuerzas armadas del país, unos cuantos helicópteros y soldados dentro de ellos, y desde las montañas descendían unos tanques de guerra con más soldados que se iban acercando al lugar.
“Gracias, jefe, por la ayuda”, indicó Gat, que se unió a la llamada.
El jefe le respondió: “¿Hablas de mí?
Yo no solicité refuerzos militares.
Seguramente decidieron enviar gente para verificar la veracidad de la transmisión”, pensaba el jefe.
Pero lo cierto fue que quien llamó al ejército fue el jefe de Melisa, que quería velar por la seguridad de su equipo de reporteros.
Una vez la nube de polvo se disipó, se pudo observar que los golpes de Larot no le hicieron nada a Urion.
Este último lo pateó con tal fuerza en el estómago que hizo que botara sangre por la boca y lo lanzó al suelo, apretando con sus dos piernas los brazos del caballero negro con tal fuerza que gritó de dolor.
Larot decía que era la primera vez que le habían infligido tanto dolor mientras maldecía a Urion.
Melisa miró al ejército llegar e indicó a sus televidentes: “Por fin tenemos un peso pesado.
El ejército ha venido a apoyarnos para destruir a ese insecto”.
Los televidentes comentaban en la red, unos decían: “¡Qué bien, el ejército llegó a salvarnos!”, mientras otros opinaban: “Creo que solo le han traído más juguetes para romper y gente para matar al monstruo”.
Una persona que parecía ser el encargado del equipo que había llegado en uno de los tanques tomó una radio y, con su mano, indicó a los soldados que se acercaran para atacar al monstruo.
De inmediato, unos cincuenta soldados comenzaron a descender de las naves con sus armas en las manos.
Se acercaron al monstruo y empezaron a dispararle con sus ametralladoras y escopetas.
De nuevo, emergió una gran nube de polvo.
Todos los soldados presentes pararon cuando su líder les indicó con señas.
Al disiparse el polvo, no había nada en ese lugar más que un gran hueco.
Todos pensaron que habían logrado acabar con esa cosa, sin embargo, no fue así.
Del cielo vieron caer al caballero oscuro sobre uno de los tanques y, cuando levantaron la mirada, vieron a Urion sin ningún rasguño, con sus dos manos convertidas en armas y sus alas moviéndose.
Conectándose telepáticamente, dijo: “Tontos humanos, pagarán por haberme enfrentado a mí, al gran Urion”.
Los presentes que no sabían de dónde venía la voz se quedaron atónitos, preguntándose quién era ese Urion, mientras que Zeus y el grupo de Adía sí sabían quién era.
“¿Qué habrá sido eso?” se preguntaron Melisa y Creg.
“No lo sé, pero fue una voz muy amenazadora.
¿Tú crees que sea esa cosa la que habló?”, se cuestionaban.
“¡Rápido, filma por allá en lo alto!”, indicó Melisa a Creg mientras veían a Urion volando rápido hacia los helicópteros, destruyendo todos los artefactos a su paso.
Explosiones se podían ver en el aire y algunos pilotos lograban salir, pero rápidamente eran interceptados por Urion y eliminados.
El guardián loco seguía uno por uno, para luego bajar como un águila buscando su presa, cortando a los soldados en el suelo.
Otra vez, un baño de sangre se podía ver.
El líder del ejército estaba horrorizado al ver a todos sus soldados ser masacrados, pronto indicó a los tanques: “¡Disparen toda la artillería!”.
Los tanques obedecieron y lanzaron misiles, además de disparar sus ametralladoras, pero era en vano.
Urion, con sus dos armas, cortaba los misiles y las explosiones que causaban ni cosquillas le hacían; las balas solo rebotaban en su pecho.
De pronto, se paró delante del tanque líder y lanzó su rayo por los ojos, primero acabando con su líder y luego moviendo su ataque hacia los demás, acabando con todo el pelotón en el acto.
Otra vez, activó su telepatía para comunicarse con todos: “Así que estábamos con el muchacho.
Es hora de que mueras”, y comenzó a correr hacia Aiden.
Larot esta vez no podía hacer nada, estaba tan golpeado que apenas se podía levantar.
Solo gritó “¡Maldición!”, mientras veía al monstruo dirigirse hacia el niño otra vez.
“Esta vez sí acabaré contigo de un solo tajo”.
Todos los televidentes estaban asustados por ese ser todopoderoso que había acabado con un gran número de soldados y armamento como si cortara papel.
Algunos escribían: “Es nuestra hora del juicio”, otros: “Estamos condenados, primero ese niño y después todos los demás”.
El que menos, estaba asustado, algunos solo se abrazaban en sus casas, otros cerraban sus ojos.
Urion ya estaba cerca de Aiden de nuevo, quien seguía llorando, derramando sus lágrimas sobre el cuerpo inerte de Podbe, repitiéndole: “Ya levántate, despierta, Podbe”.
Estaba a punto de cortarlo cuando se detuvo unos metros antes de llegar a él.
“¿Qué es eso?
¿Qué es esta presencia que siento?
¿Por qué me paralicé?”, todos también se preguntaban lo mismo.
¿Por qué se paró estando tan cerca de realizar su cometido?
Incluso Zeus se preguntaba.
Aiden quedó boquiabierto cuando del lado de Podbe comenzó a emanar un aura como la formación de una galaxia.
El niño observó asombrado cómo el perro irradiaba una luz etérea que envolvía su cuerpo.
Lentamente, el cuerpo de Podbe se elevó hacia el cielo desde las manos de Aiden, y él levantó la mirada, hipnotizado, al ver cómo toda esa luz galáctica surgía del corazón del can.
De repente, la luz envolvió por completo a Podbe, transformándolo en una majestuosa criatura similar a un lobo.
Su cuerpo estaba cubierto de pequeñas galaxias que parecían arder en sus cuatro patas, mientras que constelaciones de estrellas brillaban en su pelaje, revelando el oscuro y misterioso espacio entre ellas.
Sus ojos eran dos nebulosas brillantes, y en el centro de su frente resplandecía una media luna luminosa.
El animal, que era del tamaño de un tigre, de pronto dio un gran y fuerte aullido hacia el cielo.
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