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El sistema del perro agente - Capítulo 57

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  3. Capítulo 57 - 57 Transformación y Entrañas
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57: Transformación y Entrañas 57: Transformación y Entrañas —No, espérate, perrito —le indicaba Gat.

—Ese no es un perro —le contestó Billy—, es un lobo gigante.

—Bueno, como sea —dijo Gat mientras veían que el gigantesco animal se les acercaba a toda velocidad.

Antes de llegar frente al equipo, el lobo se detuvo y volteó con una mirada de alerta hacia donde había lanzado al guardián.

—¡Uf!

Qué alivio —indicó Billy, que casi se orina los pantalones y se echó al suelo.

Los demás también sintieron cómo que el alma se les regresaba al cuerpo luego de casi haber sido comida para perro, como fue el caso de Aiden.

Las rocas que habían sepultado a Urion comenzaron a moverse una por una hasta que se elevaron en el aire, revelando nuevamente al ser de otro universo, ahora con sangre en lo que se suponía era la boca y las piernas, sin brazos, y con una mirada de maldad pura.

Comenzó a chillar fuerte y todo su cuerpo se llenó de un aura roja oscura y espesa como la sangre, que lo envolvió por completo mientras en su mente decía: Me las pagarás, animal.

Yo soy uno de los guardianes más poderosos del universo, y esto no se va a quedar así.

Te lo juro, nunca nadie me hizo llegar a este estado y salir ileso.

Ahora tendré que usar todo mi poder para acabar contigo.

Los ojos de insecto de Urion comenzaron a contraerse y desaparecer; sus tentáculos de la cintura empezaron a salirse de su cuerpo y flotar a la altura de sus hombros.

La piel de mantis comenzó a despellejarse, al igual que la de león.

Todo su cuerpo reveló una especie de músculos y huesos sin piel que lo cubriera, para luego envolverse nuevamente en la oscura aura, pasando de un chillido a un grito más humano.

Cuando terminó de escucharse el grito, la oscura aura comenzó a desaparecer poco a poco, convirtiéndose en humo, que se transformó en vapor y se elevó hacia el cielo, dejando ver la figura de Urion.

Ahora tenía una apariencia más humana que su versión anterior: su piel era de color amarillo, sus ojos rojos y su cabellera parecía la melena de un león.

Tenía facciones felinas: la nariz de un felino y una boca más humana, pero con grandes colmillos de león.

Donde estaban sus brazos ahora había tentáculos que daban la impresión de ser brazos en cada lado, unidos.

En sus manos tenía tres dedos con garras filudas.

Sus piernas seguían siendo como las de un león, pero sus pies parecían zapatos en punta de color verde, haciendo referencia al insecto verde que era antes.

En su cintura tenía un calzoncillo como los que usan los luchadores, de color verde, y en su pecho un protector verde en forma de alas de mantis que cubrían hasta sus hombros y la parte alta de la espalda.

Donde estaban sus orejas tenía dos pinzas como la boca de la mantis.

Ahora que tenía boca, se le podía escuchar el habla, y gritó: —¡Maldito animal!

Nunca muestro esta forma, así como así.

Acabaré contigo por llevarme al límite y después con toda la raza humana por osar desafiarme.

El nuevo Urion comenzó a correr debido a que ya no contaba con alas en esta nueva forma y se dirigió hacia donde estaba Podbe.

Sin embargo, al verlo, este también corrió a su encuentro.

Mientras ambos iban a enfrentarse, dentro del lobo se podía ver a Aiden dentro de una esfera, conectado con una especie de tentáculos adheridos a su cabeza.

El chico estaba en posición fetal y dentro de su mente, Aiden con su bata de hospital se encontraba en una especie de cuarto oscuro con vapores que emanaban de él.

Comenzó a mirar a su alrededor, pero todo era oscuridad por todas partes y no había ninguna puerta.

Se acercó a lo que parecía una pared y la tocó para ver si era real o no.

Le dio unos pequeños golpes, pero era muy sólida.

¿Dónde estoy?

—se preguntaba—.

Solo recuerdo que estaba en la batalla con ese guardián y luego Podbe murió y se convirtió en un lobo para después tragarme.

Es lo último que recuerdo.

Eso quiere decir que estoy dentro de él, pero es así de oscuro y solitario.

No creo que sea así.

Tocó las tres paredes restantes, pero con el mismo resultado.

En la última pared, decidió agacharse y sentarse en el piso pegado al muro.

Pensó por un rato y dijo: —Ya sé, y si digo su nombre no pierdo nada.

Empezó a gritar: —¡Hola, Podbe!

¡Podbe!

¡Podbe!

Dijo su nombre tres veces, pero solo escuchaba el eco de la habitación.

Iba a decirlo una cuarta vez cuando escuchó a alguien decir su nombre.

—¿Aiden, eres tú?

—la voz comenzó a decir.

—¿Quién eres y dónde estás?

Muéstrate, que no puedo ver mucho en esta oscuridad —indicaba el niño.

De pronto, una vela comenzó a acercarse desde una de las paredes y una silueta de mujer se pudo ver.

—Hola, soy yo —indicó con una voz femenina la persona que se iba acercando con cada paso que daba.

—¿Quién, yo?

—dijo el muchacho, parándose y colocando sus manos como agarrando la pared.

La silueta se siguió acercando y le indicó: —¿Cómo que quién, yo?

Pues, Reia —y dejó ver su rostro tal y como cuando estaban en el espacio mental de Podbe.

—¿Reia, eres tú?

—le decía el muchacho.

—Claro que sí, soy yo.

¿A quién esperabas, a Elena?

—lo indicó con tono sarcástico.

—No, lo siento —el muchacho se puso un poco rojo.

Aún sentía algo por Elena, aunque ella lo había traicionado de esa manera—.

No pensé encontrarte aquí.

Pensé que había perdido todo rastro tuyo una vez que Podbe se convirtió en esa bestia y ya no pude contactarme con ninguno de los dos —le comentaba el chico.

—Pues yo también quedé atrapada en este lugar oscuro y pantanoso —mostrando el suelo con la vela que traía en un plato en la mano derecha.

Lo que antes era sólido ahora tenía agua que le llegaba hasta los tobillos—.

Mira mi traje blanco, ahora está sucio por culpa de esto que parece fango —añadió ella, molesta.

Aiden se irguió de donde estaba y le dio un abrazo a Reia.

—¿Y esto por qué fue?

—le preguntó ella.

—Bueno, para cerciorarme de que eres real —y ambos se rieron.

Ella también lo abrazó con el brazo que tenía libre.

Una vez terminado el abrazo, Aiden le preguntó a Reia: —¿Sabes dónde estamos?

Este no es el mismo espacio mental.

A lo que ella le respondió: —Sí, solo que cuando Podbe llegó a cero en sus puntos de vida, se activó una luz negra y apagó todo, incluso el sistema.

En uno de los monitores apareció “ERROR” con letras mayúsculas y signos de admiración.

Después, todo comenzó a apagarse y mis libros y toda la información se restringieron.

No puedo acceder a nada y luego fui expulsada, vagando por varios cuartos como este —explicó Reia.

Aiden trataba de entender y procesar lo que ella decía y, luego de un rato, le preguntó: —¿Y sabes cómo salir de aquí y recuperar a mi amigo de cuatro patas?

Reia pausó por un minuto y sacó un reloj de su brazo.

—Esto es lo único que se salvó.

Pude ver que Podbe, en su forma de lobo galáctico, te engulló y te colocó en una esfera, conectándote a su mente.

—Yo pensé que me había muerto o algo así una vez que Podbe me comió, pero al ver que eres real, eso quiere decir que sigo vivo —comentó el muchacho, un poco sorprendido—.

Además, ¿cómo que lobo galáctico?

—Sí, al parecer, el último mensaje del sistema decía: “Has perdido y tus puntos de vida llegaron a cero.

Comienza la activación de protección del sistema.

Comienza la transformación a lobo galáctico”.

Y bueno, ya conoces el resto.

—O sea, que me encuentro en las entrañas de Podbe y, a la vez, en el interior de su mente, conectado por esas cosas —indicó Aiden.

Reia le dijo que sí: —Es algo raro, pero sí.

El niño le preguntó, preocupado: —Pero, ¿no hay nada que podamos hacer para que vuelva en sí y recuperar a Podbe, verdad, Reia?

—No lo sé, Aiden.

Quizá podríamos continuar el camino hasta llegar a su central neuronal y hacer que vuelva en sí, aunque el mensaje decía que su forma estará activa mientras recupera sus puntos de vida —le expresó ella.

—Entonces, con lo que me dices, es que no está muerto.

¡Qué bueno!

Hay una esperanza de volverlo a ver y abrazar a mi amigo peludo —indicó Aiden, emocionado y esperanzado.

—En su nueva forma, él es más errático, como un animal primitivo con sus únicos instintos de pelear por supervivencia y cazar —le comentó ella—.

Quizá deberíamos ir a su centro neuronal de todas maneras, para poder conversar con él y hacerlo entrar en razón para que no vea a todos como su enemigo.

—Pues sí, ¡vamos allá!

¿Qué esperamos?

—dijo el niño, impulsivamente.

—Pero no tengo ni idea de cómo llegar.

Por suerte pude llegar a este lugar y encontrarte por tu voz cuando gritaste por Podbe, pero nada más —le señaló ella.

Ambos bajaron la cabeza en señal de fastidio por no poder encontrar la solución, cuando escucharon una voz que dijo: —¿Desean llegar al núcleo central?

Yo los puedo llevar.

Ambos levantaron la mirada y Reia alumbró por donde pensaba que venía la voz, y vieron a un tipo con traje negro y una sonrisa de oreja a oreja, guiñándoles un ojo.

¿Quién era ese tipo?

—se preguntaban ellos, que nunca lo habían visto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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