El sistema del perro agente - Capítulo 58
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58: El Viaje al Núcleo Central 58: El Viaje al Núcleo Central Los dos se acercaron al sujeto bien vestido, apoyado en la pared.
Conforme se aproximaban, se percataron de que era un señor de más o menos treinta años, en buena forma física, de ojos azules y piel bronceada.
Su cabello castaño caía con un rizo en el medio.
—¡Oye, no apuntes esa vela a mi cara!
¿No te enseñaron que puedes quemar a la gente?
—indicó el sujeto.
—Hola, tú.
¿Quién eres y cómo llegaste aquí?
—preguntó Aiden.
El sujeto respondió: —Bueno, mi nombre es…
mi nombre es…
Cada vez que intentaba decir su nombre, no podía.
Tras varios intentos fallidos, justo cuando iba a pronunciarlo, un nudo se le formaba en la garganta.
—Lo siento, no sé por qué no puedo decir mi nombre.
O quizá lo olvidé.
Aiden lo miró de pies a cabeza y dijo: —Bueno, te llamaremos Chad.
Tienes cara de Chad, como un personaje que salía en una serie que veíamos en el orfanato, a escondidas.
Era un sujeto que parecía una especie de espía.
Reia seguía mirando con desconfianza.
El hombre, ahora llamado Chad, dijo: —Está bien, llámame como quieras, niño.
—Tengo doce años.
Ya no soy un niño, soy casi un adolescente —respondió Aiden, frunciendo el ceño mientras lo miraba fijamente.
—Una disculpa, niño adolescente —dijo Chad, un poco nervioso y sarcásticamente—.
¿No me presentas a tu madre?
—Ella no es mi madre —dijo Aiden firmemente.
—Oh, lo siento —dijo Chad, mirando a Reia con la poca luz que daba la vela—.
Tienes razón, es muy joven para serlo.
Entonces, ¿es tu hermana?
—añadió entre risas.
Aiden, ofuscado, replicó: —No, ella no es ni mi madre ni mi hermana, es una amiga.
Reia se sonrojó un poco al escuchar que Aiden la consideraba su amiga.
—Está bien.
¿Y cómo se llaman?
—preguntó Chad.
Pero antes de que Aiden pudiera responder, dijo: —Yo soy el que hace las preguntas.
Mirándolo sospechosamente, levantó la mirada hacia él para que tuvieran contacto visual, como si de un interrogatorio se tratara.
—Está bien, chico.
Sobre tu segunda pregunta, pues no sé.
Yo me desperté, vi todo apagado y comencé a caminar por los diferentes ambientes hasta que escuché algunas voces.
Bueno, me alegra ver otros humanos aquí.
Este lugar es muy inestable; a veces está seco, otras se forma una especie de pantano.
No sé dónde estoy ni cómo se llama este lugar.
¿Ustedes saben?
—preguntó Chad.
—Bueno, estamos dentro de la mente de un perro —respondió Aiden.
—Es algo raro, pero ahora tiene sentido que este lugar se llame así —pensó Chad, aunque un poco escéptico—.
¿Seguro que no es un sueño?
No me extrañaría, puesto que he estado en muchos lugares raros —añadió Chad.
—¿Que no?
—le dijo Aiden, mirándolo otra vez—.
Está bien, tranquilízate, niño.
—¡Que no soy un niño!
—indicó Aiden alzando la voz—.
Bien, si no quieres que te siga diciendo así, ¿cuál es tu nombre?
El muchacho pensó un rato si decirle o no su nombre o inventarse alguno, pero Reia se adelantó antes de que él hablara.
—Bien, Chad, mi nombre es Reia y él es Aiden.
—Mucho gusto, los dos —dijo Chad—.
Un segundo —dijo Reia—, tú suenas como la voz que se instaló en el sistema de Podbe.
—Sí, es cierto —respondió el adolescente—.
¿Eres su conciencia acaso?
Como ese grillo de una novela que leí o de una película que adaptaron —añadió el niño.
Chad los miró y se rió un poco.
—¿Te refieres a esa película?
Ja, no creo que yo sea una conciencia.
Además, no tengo patas de grillo —les indicó mientras se movía de la pared y movía las piernas de un lado a otro, haciendo que Aiden soltara una pequeña risa.
—Bien, eso fue gracioso, Chad —dijo Aiden mientras se le dibujaba una sonrisa—.
¿Verdad?
—le indicó el supuesto Chad.
—Pues, si quieren ir al núcleo central como les comenté, conozco el camino.
Pueden seguirme, es por aquí.
De pronto, se levantó la pared como si de una cortina se tratase.
Se volteó y, de su bolsillo, sacó una especie de objeto que al apretar un botón se encendió como una linterna y comenzó a caminar por el nuevo camino que se mostraba.
Reia puso una mano delante de Aiden para detenerlo y le indicó: —No sé si confiar en este sujeto —le susurró al oído a Aiden.
—A mí me cayó bien —dijo él—, aunque tú ya le dijiste nuestros verdaderos nombres porque yo pensaba decirle unos falsos.
—Sí, lo sé, pero él no sabrá si son verdaderos o no.
Además, no le indiqué que era una inteligencia parte de un sistema.
Es algo que mejor no decirle hasta saber qué trama.
—En eso fuiste astuta —indicó Aiden.
—Bueno, tú a veces eres muy ingenuo, niño.
¿No te quedó lección de lo ocurrido antes?
—le regañó ella, mirándolo fijamente a los ojos.
—Sí, tienes razón, pero ahora te tengo a ti, así que nada nos podrá pasar.
Eso creo —dijo el muchacho.
—Está bien, aunque no tengo mis defensas como los pequeños pulsos eléctricos que le daba a Podbe cuando hacía algo malo o no me hacía caso.
Debemos ir con cautela —le indicó ella.
—Está bien —le respondió Aiden.
El sujeto, que había avanzado un tramo regular, retrocedió y les indicó: —¿Qué tanto cuchichean?
¿Están esperando una invitación?
¿No que tenían prisa por llegar?
—les recalcó—.
Y creo que mejor apagas esa vela, joven dama.
No te vayas a quemar; con este objeto puedo iluminar más el lugar —añadió, y comenzó a caminar de vuelta.
Al mismo tiempo, Reia apagó la vela y, cogiendo de la mano a Aiden como si fuera una madre llevando a su hijo pequeño, fueron detrás de Chad.
Aiden, que no estaba acostumbrado a eso pues nunca había conocido a sus padres y no tuvo la suerte de que alguien lo llevara de la mano, se paró y le hizo un gesto, como diciendo “¿qué fue eso?”.
Ella se percató del fastidio del muchacho y le indicó: —Perdón, pensé que así se hacía en la Tierra cuando descargué algunas formas de interactuar de los humanos.
Así protegen o llevan a los chicos pequeños.
Lo siento —y lo soltó.
—Lo siento más bien yo —respondió Aiden—.
No estoy acostumbrado a ese tipo de cosas —bajó la cabeza, avergonzado, y añadió—: Mejor continuemos.
—Sí, mejor —dijo ella, también sintiendo pena, y continuaron caminando.
Caminaron por varios pasajes, aunque todo se veía casi igual a la habitación en la que estuvieron, solo que más larga, como un corredor sin fin.
—¿Ya llegamos?
—decía Aiden desde su posición, mientras Chad seguía caminando iluminando el camino.
—No, aún falta —le respondió Chad.
—Ay, ya me cansé de ver siempre lo mismo.
¿Cuánto más falta?
—un poco aburrido, el adolescente se sentó en el suelo.
Aunque estaba húmedo por el agua, no le importó mojarse toda la bata.
—Vamos, Aiden, muévete.
No hagas berrinche, no eres un niño pequeño.
Te vas a resfriar —le señaló Reia.
—Esto no es real, está todo en la mente de Podbe —le indicó él—.
Además, ¿cuánto más falta?
No me voy a parar, quiero descansar.
—Todo es real aquí y tú lo sabes —le indicó ella, un poco fastidiada y molesta a la vez, porque se sentía real en este lugar.
Mientras tanto, Chad se decía a sí mismo: “Y así no quieren que lo llamen niño”, y se rió por lo bajo.
—Bien, llegamos —dijo Chad.
—¿En verdad?
—gritó Aiden sentado.
—Sí, en verdad —le respondió Chad, mientras con su mano libre comenzaba a girar una especie de rueda en el centro de lo que parecía una puerta, como si se tratase de una escotilla de barco.
Sonó un clic y la puerta se abrió.
Aiden se paró del suelo y corrió hasta la puerta, empujando a Chad, que casi se cae, menos mal que no perdió el equilibrio.
—Niño, no seas maleducado.
Tienes que aprender a respetar a tus mayores.
No puedes correr y empujar a la gente, debes pedir permiso primero.
Y si hubiera alguna trampa…
claro, no la hay, pero si fueras mi hijo, me habría molestado contigo y te habría regañado —dijo Chad.
Reia se acercó a él y le dijo: —Es huérfano, el mundo es una experiencia nueva para Aiden.
—Sí, pero de seguro alguien le debió haber enseñado modales —indicó Chad, un tanto rudo por el accionar del adolescente.
Ingresaron y Chad activó un botón.
De pronto, toda la sala se encendió y él apagó su linterna.
—Ahora que los veo mejor, eres muy hermosa, Reia, con ese traje blanco, aunque un poco sucio por el lodo.
—Gracias por los halagos, no me hagas sonrojar —respondió Reia.
Luego Chad puso su mirada sobre Aiden, que se quedó maravillado con el sitio.
—¿Y tú qué haces en bata y descalzo?
¿Vienes de un examen clínico o algo por el estilo?
Además, por haberte tirado en el suelo, estás todo sucio desde la espalda hasta los pies —añadió Chad.
En el lugar en el que estaban, al prenderse la luz, se pudo ver una especie de cables que irradiaban energía, colocados por todas partes del lugar en diferentes colores.
Un sonido como de electricidad recorría por ellos.
Había una mesa con una silla, como la de un gerente, en la que Aiden se sentó, reclinándola hacia atrás como si fuera una silla de juegos, y puso sus pies encima de la mesa, relajándose.
También había otra mesa en el medio y varios tableros en las paredes con palancas y botones, como si fueran consolas de videojuegos antiguos.
Reia observó todo a su alrededor y dijo, sorprendida: —Así que este es el lugar, ya veo.
En eso se percató de que había un botón con una inscripción que decía “reinicio aquí”.
Reia iba a presionar ese botón, pensando que con eso podría reiniciar el sistema y contactarse con Podbe, pero escuchó que Chad se le acercó y muy seriamente le indicó: —No te aconsejaría tocar nada ni apagar al perro, puesto que se encuentra en una batalla.
—¿Por qué?
—preguntó ella—.
Lo sabía, no eres de confiar, no quieres que recuperemos a Podbe.
—No es eso —respondió Chad, y con el mismo aparato que utilizó para alumbrar, apretó otro botón que hizo que del techo bajara una especie de monitor gigante.
Este se encendió y comenzó a mostrar el exterior, en donde Podbe y Urion empezaban su pelea.
—Mira, Reia, parece Podbe y lo que parece el guardián, aunque su apariencia ha cambiado indico Aiden.
Aiden se levantó de la silla para ver más de cerca tal acontecimiento.
Al igual que él, Reia y Chad también se acercaron, aunque ella aún tenía sospechas sobre la ocurrencia de las cosas.
—Sí, es cierto, es él y también ese detestable Urion que se ha transformado en algo del tamaño de Podbe.
Presiento que se ha vuelto más fuerte con ese cambio.
¿Tú crees que Podbe pueda ganarle?
—dijo Aiden, mirando a Reia preocupado.
—No sé si en su estado errático Podbe pueda acabar con él.
Recuerda que tiene los instintos animales primarios y no se dará por vencido hasta vencer a su oponente o morir en el intento.
Espero no equivocarme y que nuestro amigo pueda derrotarlo.
Debemos encontrar la forma de contactarlo para ayudarlo —expresaba Reia.
—Si solo quieren comunicarse con él, puede que haya una manera —dijo Chad.
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