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El sistema del perro agente - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Qué Conejos más Monos
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6: Qué Conejos más Monos 6: Qué Conejos más Monos Regresamos a las vías del tren, donde solo se podía ver al gran ferrocarril de cargas descarrilado por el fuerte impacto.

Este tren transportaba diversos materiales dentro del país y hacia los países vecinos: leña, acero, materiales preciosos y otros elementos esenciales.

Era un tren impresionante, con doce vagones de carga y cinco operarios que trabajaban en la cabina de máquinas, ubicada en el primer vagón.

—¿Muchachos, se encuentran bien?

—preguntó Reia con una voz preocupada pero firme.

—El césped de este lado amortiguó la caída —respondieron los dos hombres casi al unísono, aunque sus voces denotaban cierto desconcierto.

El pantalón de Aiden estaba rasgado en las rodillas, al igual que su chaleco, dejando entrever unos cuantos moretones y golpes producto de la violenta caída.

Una pausa de parte del autor: Me olvidé de especificar algunas cosas.

No todos ustedes están en mi mente como para saber cómo son los personajes, así que ahora les daré más detalles.

Aiden, el día que se escapó, llevaba puesto un chaleco rojo vibrante, un polo negro ajustado, un pantalón jean desgastado y unas zapatillas negras impecables.

Además, claro está, de su mochila azul marino que combinaba perfectamente con su atuendo.

En ella llevaba algunas provisiones: comida, ropa interior, medias, pantalones de repuesto y otros objetos esenciales.

Si se preguntan en qué país nos encontramos en esta historia, estamos en Austria, un país lleno de arquitectura barroca, deportes de invierno (aunque ahora estamos en otoño), música cautivadora y paisajes impresionantes.

Nuestros protagonistas se encuentran casi llegando al límite con Italia.

Bien, luego de compartir esta información adicional, volvamos a la historia principal.

—Podbe, ¿te encuentras bien?

—preguntó Aiden mientras observaba al pequeño canino con atención.

—Sí, no me dolió mucho.

Tengo más resistencia al dolor, o eso creo yo —respondió Podbe con una mezcla de orgullo y confianza.

En ese momento, ambos se levantaron del suelo y giraron para contemplar, horrorizados, la escena frente a ellos.

El tren estaba prácticamente partido por la mitad, con todo lo que transportaba esparcido por doquier.

El área en la que se encontraban era casi desértica, un lugar remoto donde apenas vivía alguien, si es que había alguien en absoluto.

Los trabajadores del tren también se pusieron de pie, tambaleándose un poco debido al impacto.

Corrieron hacia donde estaban Podbe y Aiden, pero antes de que pudieran acercarse, unas enredaderas gruesas y afiladas emergieron del suelo con rapidez inusitada, atrapando a los cinco operarios y arrastrándolos bajo tierra.

—Pero, ¿qué ha pasado?

—exclamaron los tres al unísono, con asombro pintado en sus rostros.

De los tres huecos dejados por las enredaderas surgieron tres conejos blancos pequeños, con ojos negros como los de cualquier conejo común.

Estos animales habían sido enviados por el extraterrestre que atacó al agente, guiados por la energía que emanaba el artefacto fusionado dentro del cachorro que ahora residía en Podbe.

—¡Qué ternuritas de animalitos!

—dijo Podbe con entusiasmo, moviendo su cola dorada.

—Son los animales más tranquilos y mansos que pueda haber —añadió Aiden con una sonrisa inocente.

—Lamento aguarles la fiesta, muchachos, pero no creo que sean una ternurita —replicó Reia con tono serio y algo sarcástico.

—¿Por qué?

—preguntaron ambos al unísono, mirándola con curiosidad.

Los ojos de los conejos comenzaron a tornarse rojos, tan rojos como la sangre que late en las venas.

Sus pequeños dientes se alargaron hasta convertirse en colmillos afilados, y sus tiernas patas se transformaron en garras filosas como cuchillas.

Reia recibió un mensaje del sistema que decía: Acaba con los conejos endemoniados mientras proteges a tu nuevo dueño.

Recompensa: subir instantáneamente de nivel, más un punto por cada conejo exterminado.

—Ya oíste, Podbe, hay que exterminarlos —dijo Reia con tono firme.

—¿Exterminarlos?

—repitió él, confundido—.

¿Cómo puedo exterminarlos si solo tengo un poco más de fuerza y soy un poco más rápido que antes?

Ese sistema sí que es un loquillo al ponerme este tipo de misiones.

El conejo del hueco del medio lanzó un ataque directo hacia ellos, corriendo con sus garras extendidas como dagas mortales.

Aiden y Podbe lograron evitarlo en el último momento gracias a que Podbe empujó a Aiden con un cabezazo certero.

Los otros dos conejos comenzaron a sacar enredaderas de sus hocicos, desplegándolas como tentáculos oscuros.

—Ay, ahora ya sabemos de dónde venían esas plantas —manifestó Reia con una mezcla de sarcasmo y preocupación.

—Aiden, ve hacia ese árbol que está detrás de nosotros.

No hay tiempo que perder.

¿Puedes caminar y escalarlo?, ¿verdad?

—le indicó el can con voz apresurada pero decidida.

Aiden asintió rápidamente y comenzó a correr hacia el árbol, aunque su mirada reflejaba angustia por dejar a Podbe solo.

—¿Qué vas a hacer, Podbe?

—preguntó el niño, preocupado por el pequeño canino.

—Reia, ¿qué puedo hacer?

—preguntó Podbe, buscando orientación.

—Tienes más fuerza, defensa y agilidad que un perro normal.

Trata de separar a los conejos.

El primero que se lanzó debe ser el líder; ve por él primero —respondió Reia con rapidez.

El perro, un poco más grande que los conejos, corrió hacia el conejo principal y lo embistió con un cabezazo, pero los otros dos conejos rápidamente se interpusieron en su camino, formando una barrera impenetrable.

—¿Cómo voy a diferenciar cuál es cuál si todos lucen iguales?

—dijo Podbe, visiblemente frustrado.

—No lo creo —le respondió Reia—.

Mira, el primero tiene una gorra.

—Para mí todos son grises —replicó el perrito, recordando que, según dicen, los perros ven todo en blanco y negro o en escala de grises.

Sin embargo, algo cruzó por su mente—.

Pero hay algo que tenemos los perros, y es el olfato.

Me había olvidado de eso.

Comenzó a olfatear el aire con atención, moviendo su nariz con precisión.

—Ya sé —dijo finalmente—.

El primer conejo despide un aroma diferente a los otros dos.

Huele a tierra húmeda, mientras que los otros dos huelen a tierra seca.

—Pero no puedo atacarlo porque los otros dos se ponen de escudo —reflexionó Podbe, analizando la situación.

—Quizá si hacemos una finta —sugirió Reia con astucia.

—Sí, ¿por qué no?

—respondió el canino, decidido.

El perro se acercó a los conejos fingiendo que iba a atacar al líder.

Justo cuando los otros dos conejos se pusieron en posición defensiva para protegerlo, Podbe retrocedió de golpe y, con un movimiento rápido de sus patas traseras, golpeó al conejo que estaba más alejado del líder, haciendo que este se cruzara con el otro que hacía de escudo.

Aprovechando el caos momentáneo, Podbe corrió nuevamente hacia el líder y esta vez se lanzó contra él sin titubear.

El conejo líder sacó sus afiladas garras y se abalanzó hacia él, pero antes de que pudiera tocarlo, Podbe bajó la cabeza y le propinó un fuerte golpe con las patas traseras, enviándolo al suelo con un impacto seco.

—Le has bajado la mitad de la vida al conejo —anunció Reia con tono profesional.

—¿Cómo sabes eso?

—preguntó Podbe, mirándola con curiosidad.

—Puedo visualizar la vida que tienen tus enemigos y el nivel en el que se encuentran.

Por ahora, eso es todo lo que necesitas saber.

Ve y dale otro golpe para acabarlo —respondió ella con un deje de confianza.

Pero antes de que Podbe pudiera asestarle otro golpe, los otros dos conejos lanzaron sus enredaderas desde los hocicos hacia él.

Las enredaderas, afiladas como látigos, capturaron las patas traseras del cachorro y comenzaron a arrastrarlo hacia ellos mientras su líder se ponía de pie y huía rápidamente hacia uno de los agujeros.

Sin embargo, Podbe no se rindió.

Con un mordisco certero, rompió una de las enredaderas, liberando una de sus patas.

—¡Bien, funciona!

—exclamó Reia con entusiasmo—.

Creo que son como sus lenguas.

Dale a la otra también.

—¡Ah, no te vas a escapar, conejito!

—gruñó el cachorro con determinación.

Una vez libre, corrió hacia el conejo que aún sostenía las enredaderas y, con un cabezazo poderoso, golpeó al animal en la espalda.

Este desapareció instantáneamente, convirtiéndose en humo frente a sus ojos.

Los otros dos conejos quedaron inmóviles, como si estuvieran desconcertados.

Seguramente se comunicaban por telepatía o algo similar, pensó Reia.

—Bien, vamos por los otros dos —dijo Podbe con decisión.

Sin pensarlo dos veces, regresó y le propinó un cabezazo a cada uno, primero a uno y luego al otro.

Ambos conejos desaparecieron de la misma manera que el primero, dejando el campo libre de amenazas.

—¡Qué bien, lo lograste, Podbe!

—lo felicitó Reia con orgullo—.

Veamos la recompensa que obtuviste.

Aiden, ya puedes bajar del árbol.

Aiden descendió con cuidado y corrió hacia Podbe, abrazándolo con fuerza.

—Gracias por salvarme, pequeño héroe —dijo Aiden con gratitud en su voz.

—Esos conejitos no eran nada para mí —respondió Podbe con un tono juguetón, aunque su cola dorada se movía con orgullo.

—Sí, tú eres mi héroe, pequeño cachorro —añadió Aiden con una sonrisa cálida.

Reia interrumpió, siempre práctica: —Sí, qué bueno que has podido vencerlos.

Eran de nivel tres, un nivel más que el tuyo.

Bueno, ahora que has completado la misión, podemos actualizar tus habilidades.

—¿Habilidades?

—preguntó Aiden, intrigado.

—Sí, habilidades.

Como te comentó Reia, cada vez que completo misiones puedo subir de nivel y ganar nuevas habilidades.

Ya veo por qué las necesito.

En el sistema aparece una pantalla con todas las cosas que puedo mejorar —explicó Podbe con entusiasmo.

—Ah, pero yo no puedo ver ninguna pantalla.

Creo que eso solo lo pueden ver Reia y tú —dijo Aiden, un tanto decepcionado.

—Pero me puedes escuchar a mí —intervino Reia con dulzura—.

Te iré comentando lo que aparece.

—Está bien —respondió Aiden, aceptando la situación.

—Bien, ahora Podbe eres nivel tres.

Tienes un punto en fuerza, uno en vitalidad y cero en las otras dos, que son intelecto y percepción.

—¿Cuántos puntos has ganado, Podbe?

—preguntó el niño, interesado.

—Tres.

¿Qué te parece si coloco uno en cada uno de los faltantes y uno más en fuerza?

—sugirió Aiden, pensativo.

—Bien, como tú digas, amo —respondió Podbe con una sonrisa traviesa—.

Entonces, uno para cada uno de los faltantes y uno para fuerza.

—Actualización realizada —anunció Reia con firmeza—.

Hay un ataque activo: Cabezazo de fuego.

—¿Cabezazo de fuego?

¿De qué se trata?

—preguntó Aiden en tono burlón—.

Debe ser por todos los cabezazos que lanzaste durante tu enfrentamiento.

—Bien, explícanos qué es este nuevo ataque —dijeron al unísono Aiden y Podbe, mirando expectantes a Reia.

—A ver, parece ser que al aumentar la fuerza y activar el intelecto has desbloqueado esta habilidad, la cual gasta veinte puntos de mana cada vez que la usas —explicó Reia con tono didáctico.

—Interesante —dijeron Aiden y Podbe al unísono, intercambiando miradas llenas de curiosidad—.

Hay que activar más ataques, sí que sí.

Vamos a por ellos.

Ambos comenzaron a caminar con determinación, pero Reia los detuvo con una pregunta inesperada: —¿Y a dónde exactamente van?

Los dos se miraron, desconcertados.

La verdad era que no tenían ni idea de hacia dónde dirigirse.

—Seguramente esas criaturas seguirán apareciendo —reflexionó Aiden—.

Necesitarás más poder, eso sí es cierto, pero… ¿hacia dónde continuar?

No es como si tuviéramos un mapa en la cabeza.

—¡Esperen!

¡Sí tengo uno en el sistema!

—exclamó Reia, revisando rápidamente la información—.

¡Ajá!

Estamos en Austria, casi llegando al límite con Italia.

Si seguimos hacia el sur, llegaremos allá.

—¿A dónde deberíamos seguir?

—se preguntaron ambos, mirándose con incertidumbre.

—Necesito alguna pista de mi padre —dijo Aiden con voz pensativa—.

No sé ni cómo es él.

Mi madre, en esa carta, no dejó ninguna pista.

¿Y qué hay de las personas que te hicieron daño, Podbe?

—Pues… tampoco lo sé —respondió el cachorro con un tono de frustración apenas disimulado.

En ese momento, una notificación parpadeó frente a ellos: Ve al sur de Italia y encontrarás las pistas que necesitas para entender tu pasado.

Gana veinte puntos de experiencia si encuentras lo necesario.

—Vaya, ese sistema sí que es oportuno —comentó Podbe con una mezcla de sarcasmo y asombro—.

Bueno, yo no tengo ninguna pista sobre mí, ni siquiera sé por dónde empezar.

Más abajo del mensaje decía: Requiere que ambos vayan a encontrar pistas.

—¿Es en serio?

—preguntó Aiden, sorprendido—.

Al parecer estás enlazado al sistema, no sé cómo.

Pero es una buena señal, ¿no?

—Pues que no se diga más, ¡en marcha!

—exclamó Podbe con entusiasmo renovado.

Con un gran “sí” resonando en sus corazones, comenzaron a avanzar hacia el sur, decididos a enfrentar lo que fuera necesario para descubrir sus verdades ocultas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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