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El sistema del perro agente - Capítulo 60

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60: León-Mantis vs Lobo Galáctico (2) 60: León-Mantis vs Lobo Galáctico (2) ¿Quién es?

¿Quién me está llamando?

—preguntó el can.

Soy yo, tu amigo Aiden —le respondió el muchacho.

¿Eres tú, Aiden?

¿Dónde estás y dónde estoy yo?

—indicó Podbe.

Sí, soy yo.

No sé dónde te encuentras, pero estoy dentro de ti porque me comiste.

Bueno, pero estoy bien, no te preocupes.

Ahora estoy en tu cerebro, más precisamente en tu mente, en el núcleo central del sistema.

¿Estás en mi cerebro?

Te comí…

lo siento mucho, Aiden.

Solo recuerdo que perdí el conocimiento una vez que el ente del portal me empaló con su arma y luego todo se puso negro.

Estoy en un lugar oscuro lleno de agua —expresó el cachorro.

Pensé que te perdía, amigo, cuando pasó eso, pero luego cambiaste tu forma a la de un animal muy grande, como un león, pero con la forma de un lobo que tiene el universo en su cuerpo, como si el cosmos estuviera en movimiento en ti.

Dijiste lugar oscuro con agua, como un pantano.

¡Guau!

Eso suena loco.

¿Yo convertido en lobo?

Quién lo diría, quisiera verlo, aunque donde estoy no veo nada.

Sí, estoy en una especie de pantano, ¿por qué la pregunta?

Quizá estés en el mismo lugar en donde estamos.

¿Puedes encontrarnos?

¿Puedes utilizar tus habilidades?

—le consultó Aiden.

Voy a hacer la prueba —respondió el cachorro.

El perro comenzó a llamar a sus habilidades, como cabezazo de fuego y modo detective, pero sin efecto alguno—.

Voy a volver a probar, pero igual que antes, nada.

No funcionan, nada parece servir aquí —le exteriorizó el can, ofuscado.

¡Oh, qué pena!

—le indicó el muchacho, suspirando de impaciencia por no poder tener a su amigo cerca.

Comenzó a pensar y repensar qué solución dar, pero no se le vino nada a la mente.

Luego de un rato, a Chad le vino una idea a la mente: Tú eres un perro, ¿por qué no utilizas tu nariz para encontrar al muchacho?

Es verdad —le respondió Reia—.

Me había olvidado de eso.

Ella le indicó a Aiden si le podía escuchar: Aiden, ¿puedes oírme?

Claro que te oigo —le respondió él.

¿Es Reia?

—le preguntó el perro.

Sí, está conmigo y otro sujeto más, pero luego hablaremos de eso.

Dile a Podbe que utilice su nariz como todo un perro y te encuentre por tu aroma —le indicó ella.

Está bien —le contestó Aiden.

Oye, Podbe, tú eres un perro, ¿no?

—le indicó el muchacho.

Sí, pero ¿qué tiene que ver?

—le respondió el can.

Pues, ¿por qué no haces a la antigua y utilizas tu nariz para encontrarme?

Tal vez siguiendo ese rastro puedas encontrarme.

Conoces mi aroma, ¿verdad?

—le preguntó Aiden a Podbe.

Tu aroma…

claro, siempre hueles a barras de fresa con mezcla de miel, como las que me diste cuando nos encontramos en la estación del tren.

Y a veces, un poco a chocolate y…

un poco a pies sudados —se rió Podbe.

Bueno, ¿puedes o no?

Ya no des más detalles, lo bueno es que yo puedo escuchar —se sonrojó de vergüenza el niño.

De acuerdo, voy a intentarlo.

El perro comenzó a olfatear por todo el lugar, poniendo todos sus sentidos en acción, hasta que pudo dar con una dirección de donde provenía el olor inconfundible de Aiden—.

Te encontré, Aiden, voy para allá —y el can comenzó a seguir el rastro.

Qué bueno, Podbe viene hacia acá —indicó Aiden, y los otros dos dijeron: Qué bueno, lo esperamos aquí.

Podbe, te esperamos aquí.

Apresúrate —le comentó el muchacho, y el perro le dio un ladrido como señal de que iba en camino.

La habitación en donde se encontraban los tres aún seguía con mensajes de alerta y emanando el color rojo de peligro.

Eso no decía el manual —indicó Chad.

¿Cuál manual?

—preguntó Reia.

El que está en el cajón.

Chad fue al escritorio que estaba a su costado, y del tercer cajón sacó un libro y le dijo: Este.

A ver, préstamelo —dijo Reia, comenzando a ojearlo.

En el exterior, Urion seguía azotando al gran lobo galáctico con más rapidez en sus ataques, sin darle tregua para realizar ningún contraataque.

Se mofaba el guardián: Ja, ja, perro tonto, yo soy un ser superior.

Sabía que no ibas a poder contra mí, y ahora haré que sufras lentamente hasta que me aburras y te daré la estocada final.

Los brazos retráctiles de Urion iban y venían a mucha velocidad, acumulando mucha fuerza con cada ataque, como látigos, pero con garras al final.

Debemos hacer algo —exteriorizó Gat—, pero, ¿qué podemos hacer?

Ninguno de nuestros ataques le ha hecho efecto.

Es un ser de otro mundo.

Incluso el caballero oscuro fue enviado lejos y lo trataron como a una piñata —se manifestó Adía, aún cansada y en el suelo por usar uno de sus poderes prohibidos para teletransportarlos allí.

Tranquila, no te esfuerces —le decían Lidia y Rino, que fueron a verla.

No importa lo que digas, señora Aida, pero debo hacer algo.

¿A quién le dices señora, mocoso?

—le indicó ella, mientras trataba de pararse agarrándose de su bastón.

Señorita Adía, tranquila, relájese.

No se esfuerce mucho, debe recuperar sus energías —le indicó Lidia, mientras que Rino le decía a Gat que respetara a las damas y a todos.

No digo nada malo, solo lo que veo —dijo Gat.

Gat, siempre eres insolente —le gritó Ezequiel—.

Cuando me recupere, ya verás.

Todos ellos estaban empezando a armar una discusión cuando escucharon: Yo podría pelear —se escuchó una voz.

Gat volteó y era Tron, el robot.

No lo creo.

No tienes algún armamento fuerte como para hacerle daño.

Sin embargo, si utilizas esa arma que llevas en tu centro…

—le expresó Adía, agotada.

—Si podría funcionar —dijo Eduard—.

Al menos puede hacer una oportunidad para que Urion se distraiga y el lobo tenga una posibilidad.

Pero necesitaremos tu ayuda, muchacho —mirando a Gat.

—Cuente conmigo para lo que sea, anciano de la montaña —le respondió el joven.

—Ese chico nunca va a entender ni respetar.

Es muy impulsivo a veces, pero es bueno, siempre dispuesto a ayudar a su manera —se decía a sí mismo Ezequiel.

—Bien, ¿qué es lo que tengo que hacer?

—le consultó Gat—.

¿Ese poder que lanzas con tus dedos, puedes aumentar la potencia?

—Pues claro que puedo, aunque no le hará daño a ese monstruo.

—No, pero lo podemos aturdir y darle tiempo de recuperarse a Podbe con el arma de Tron.

Es un misil creado por el equipo de tecnología, con una ojiva muy potente que puede hacer explotar a cien metros a la redonda.

Pero su impacto es muy potente, como la bomba más potente que hayas visto.

Lo bueno es que solo en ese rango es la explosión; fue diseñada para no herir más allá de ese rango.

El único problema es que si ese sujeto la ve, la destruirá de inmediato y puede que acabe con nosotros.

—¿Y para qué quiere que yo haga un rayo más grande?

—le preguntó Gat.

—Porque si lanzas primero tu ataque como un cebo, no se dará cuenta.

Pero tiene que ser tan grande como una bola de pilates, que cubra el artefacto.

Es nuestra única oportunidad de hacer algo, y también debe ser rápida como el misil, o más rápido aún —le señaló Eduard.

—Bien, ¿qué esperamos?

Me suena como un plan.

La puedo hacer rápida como quieres —dijo el joven.

De inmediato, Gat comenzó a recargar su habilidad de rayos rojos en sus cinco dedos de la mano derecha.

Chispas comenzaron a salir de su mano y unas bolas del tamaño de una moneda se empezaron a notar.

Estas cinco bolas se juntaron en el centro, transformándose en una bola de boliche que siguió creciendo de a poco hasta obtener el tamaño deseado por Eduard—.

Listo, se notaba una esfera grande roja con rayos recorriendo su centro de arriba abajo y a los costados.

A esta la llamo mi bola roja —indicó él con una sonrisa—.

Dime cuándo disparo, viejo de la montaña.

—Excelente.

Tron, activa tu protocolo de ataque.

—Entendido —dijo el robot, que activó unos botones en su pecho—.

Secuencia activada.

Cambiando a modo de disparo —y su pecho se abrió, y de este salió una pequeña nave en forma de misil—.

A mi señal.

En eso, Eduard, con la mano que le quedaba, comenzó a hacer señas como tres, dos, uno…

¡ya!

De inmediato, Gat lanzó su bola roja con fuerza y, seguido de esta, Tron lanzó su misil, entrando en modo de suspensión para recuperar energía, ya que esa arma gasta todo su poder.

El ataque de Gat fue a toda velocidad, seguido por el misil en forma de avioncito de papel, hacia donde estaba Urion.

Este no se percató de la bola que venía hacia él, por estar distraído lanzando sus ataques hacia Podbe lobo.

De pronto, a unos metros, vio la esfera de energía y dijo: —Tontos humanos, ya vendrá su turno.

No sean impacientes —y con un rayo de sus ojos le disparó, acabando con ella.

El ataque dejó una nube de polvo que fue aprovechada por el misil, que se camufló y fue directo a la cara del guardián, que no pudo reaccionar.

Una fuerte explosión se pudo observar mientras los brazos de Urion pararon de atacar al lobo por unos instantes.

—¡Sí, lo conseguimos!

—estaban celebrando los presentes que se encontraban con Gat.

—Resultó —indicó Eduard.

—Qué bueno —dijo Adía, que se volvió a recostar.

Dentro de Podbe, Reia estaba leyendo el manual, pasando las hojas rápidamente para ver si había alguna sección sobre cómo activar el protocolo que sugerían los mensajes.

Era hábil leyendo, lo hacía rápido, como si de una máquina se tratara.

Mientras ella iba pasando página por página, Chad le quitó el casco y los guantes a Aiden, que se bajó rápido de la silla porque escuchó unas pisadas que provenían de la puerta.

Corrió hacia esta y vio a su amigo Podbe.

Los dos se abrazaron; bueno, Podbe lo lamió y comenzó a decir: —Qué bueno que estés aquí, nunca te abandonaría, amigo.

El cuarto comenzó a temblar de un lado a otro.

—¿Qué pasa?

—decía Reia mientras continuaba leyendo el manual.

—No lo sé, es la primera vez que pasa esto desde que estoy aquí —dijo Chad.

El manual se cayó al suelo, pues Reia perdió el equilibrio producto del movimiento.

Una vez que pasó el movimiento: —¿Todos están bien?

—preguntó Chad.

—Sí —respondieron de un lado Podbe y Aiden, y del otro Reia.

Rápidamente, Reia fue a recoger el libro y, cuando lo logró obtener, lo volteó y pudo ver que justo apareció una página nueva en la que tenía como título “Protocolo de Reactivación”.

Decía que el can debía ir en la silla y colocarse el equipo.

—Qué raro, apareció justo cuando entró Podbe —se preguntaba ella.

—¡Chicos, no hay tiempo que perder!

Podbe debe sentarse en la silla y activar el protocolo para solucionar esta emergencia, sino podría morir ahora sí, para siempre —les gritó ella desde su posición.

—¡No!

No te quiero perder, amigo, no otra vez —dijo Aiden entre lágrimas—.

Entonces démonos prisa para hacer lo que indica —le respondió el can, mirando a Chad a un lado—.

¿Quién es este?

Puedes hablar, ¿y por qué utilizas mi voz?

—le preguntó.

—No hay tiempo, debes subir aquí ya —le dijo Reia—.

Luego habrá tiempo de abrazos y reuniones.

Pronto, el perro se subió a la silla.

Aiden y Reia le ayudaron a colocarse los objetos.

—¿Pero los guantes, ¿dónde los coloco?

—preguntó Aiden.

—En sus patas delanteras deben ir —le respondió Reia a Aiden, mientras ella le colocaba el casco.

Al colocarle todo a Podbe, la luz del casco cambió de color rojo a verde.

El perro se contrajo de dolor y lanzó un aullido que ensordeció a los tres que estaban presentes con él.

De pronto, el can comenzó a transformarse en su versión humana y en la pantalla un mensaje indicaba: “Protocolo activado.

Secuencia de carga realizada.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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