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El sistema del perro agente - Capítulo 61

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61: León-Mantis vs Lobo Galáctico (3) 61: León-Mantis vs Lobo Galáctico (3) “Protocolo activado, secuencia iniciada,” decía el monitor mientras Podbe terminaba su conversión a humano.

“Usuario ingresado en el sistema, iniciando activación de la bestia,” se vio una barra moverse de cero a cien rápidamente.

“Anfitrión aún sigue en shock, proceso de curación aún en curso,” se veía en la pantalla una barra como las patas de un perro corriendo desde cero lentamente hasta el veinticinco por ciento.

“Ya veo, creo que esta forma de Podbe es como un resguardo,” decía Reia.

“¿Como un resguardo?” preguntaron Aiden y Chad.

“Sí, es como una especie de protección en caso de que el anfitrión se encuentre grave, como los anticuerpos en el sistema humano,” dijo Aiden.

“Exacto,” dijo ella, “están protegiendo a Podbe, tratando de curarlo y estabilizarlo.” “¡Guau!

Es lo más loco que he escuchado y a la vez es genial, ¿no lo crees, Aiden?” indicó Chad.

“Sí, es genial.

Eso quiere decir que mi amigo es invencible y no puede morir,” añadió Aiden.

“Yo no diría eso,” indicó Reia, “siento ser aguafiestas, pero si muere en esa forma, muere para siempre.” Los dos, el chico y el adulto, bajaron la cabeza y dijeron, “qué mal” al mismo tiempo.

El lobo en el exterior comenzó a sanar sus heridas de a pocos.

Mientras tanto, al lado de la explosión, se estaba disipando la nube de polvo.

Se alzó donde estaba el guardián, y se pudo ver su rostro, estaba molesto.

Retrayendo sus manos, exclamó: “¡Malditos humanos!

Ese ataque me hizo mover el cerebro un poco.

Me agarraron desprevenido.

Bueno, si aún tienen ganas de pelear, serán los primeros en morir,” y lanzó su rayo hacia los amigos de Podbe.

“¡Ah, no!” dijo Lidia.

“Debemos movernos o todos vamos a morir.” “Qué bueno que estén bien.

¿Aún se pueden mover?” les indicó Zeus a los sobrevivientes.

Uno de los presentes, un señor de unos cincuenta años, asintió y dijo que sí, pero que otros no tuvieron la misma suerte y están graves.

“La mayoría no lo logró, señor.

Si me lo permite, ¿qué es esa cosa desatada?

¿Es alguna arma biológica o han desenterrado a un ser que ahora busca venganza desenfrenada?” preguntó el hombre, mirando adolorido y nervioso a Zeus.

“No lo sé, pero lo que sí sé es que voy a velar por su seguridad.” “Pero, señor,” interrumpieron los demás trabajadores, alzando la voz.

Zeus se molestó un poco y los miró con una mirada muy amenazante.

Luego pensó por un momento: “Si elimino a estos, no puedo dejar cabos sueltos, pero son demasiados y debo aparentar.

Además, está la reportera que puede servir de testigo, pero luego puedo cambiar las cosas con mis abogados y mi personal principal.

También está esa cosa que puede acabar con todo.” “Está bien,” se decía a sí mismo.

Luego exteriorizó: “Si tanto quieren saber, aquí los doctores Laos y Swang les pueden dar más detalles,” y volteó a ver a los científicos para que les comunicaran lo ocurrido, guiñando el ojo como diciendo que traten de mentir en algunos aspectos.

Se retiró con sus otros líderes detrás de él.

“Bueno, este…

yo iba a decir algo,” dijo Laos, pero Swang se adelantó y comenzó a contarles lo ocurrido, cambiando algunas cosas.

“Ese sujeto o monstruo, como le digan, fue enviado por terroristas.” “¿Terroristas?” dijeron los presentes, aunque sin poder moverse.

“Sí, terroristas,” dijo ella.

“¿Y saben de dónde vienen estos terroristas?” indicó el primer hombre que había hablado con Zeus.

La doctora se quedó pensando porque no sabía qué decir; ya estaba hasta el cuello con la mentira cuando Laos interrumpió y dijo: “Venían de una de las compañías rivales.

Habíamos recibido un presente de la compañía Ala Negra y, al parecer, querían acabar con nosotros.

Sabían que el señor Zeus se encontraría en esta sede,” continuó con su relato.

Laos sabía que, si decía el nombre de esa compañía, todos estarían de acuerdo, porque dicha compañía siempre tenía rivalidad con la compañía de Zeus.

“Pero ¿cómo está tan seguro de eso?” escuchó una voz.

El doctor volteó para ver de quién se trataba y era Melisa, la reportera, quien se unió al grupo de los heridos junto con los que estaban con ella.

Creg traía un botiquín para ayudar a los heridos, ya que el profesor que los acompañaba también había sido médico antes.

“Pues recibimos un presente con el logo de esa empresa, y luego de ahí salió esa cosa,” respondió Laos.

Los heridos que podían moverse cuchicheaban entre ellos.

“Si ha de ser así, esa otra compañía es capaz de todo, como lo que le pasó a uno de los empleados que desapareció, ¿no se acuerdan?” dijo uno.

“Sí, es cierto,” indicaron los otros.

Todos estaban de acuerdo con lo dicho por Laos, excepto Melisa, quien no se tragaba tal mentira, pero dejó pasar el asunto para apoyar al profesor en cuidar y ayudar a los heridos.

El profesor interrumpió los pensamientos de Melisa y le indicó: “Mejor hay que ayudar a los heridos con este botiquín que había en tu auto, que es propiedad de Creg.” “Sí, vamos,” dijo ella.

El profesor comenzó a revisar a cada uno de ellos, colocando vendas y demás, con el apoyo de Creg, su ayudante, e Ian, mientras Melisa iba recopilando información de los presentes que no estaban tan heridos.

De repente, escucharon la explosión que Tron había lanzado sobre Urion, y todos dirigieron sus miradas hacia la gran nube de polvo que se había alzado.

Al desaparecer la nube, vieron que un rayo fue lanzado hacia las personas que se encontraban del otro lado, es decir, al equipo que acompañaba a Podbe.

“Va a acabar con ellos, y veo que hay niños por allá,” indicó Melisa.

El rayo fue lanzado con tal rapidez que no les daba tiempo de actuar a Marie y a los demás.

Gat trató de crear su ataque para contrarrestar el rayo, pero le iba a tomar mucho tiempo.

“Maldición,” dijo el joven mientras seguía incrementando su poder.

Antes de que el rayo de Urion llegara hacia ellos, otro rayo de color amarillo lo chocó, cambiando su dirección y enviándolo hacia el cielo.

Ellos se quedaron pensativos y aliviados por lo que pasó, pero querían saber quién los había salvado.

Cuando pusieron su mirada en la dirección del disparo, se dieron cuenta de que había venido de donde estaba el lobo.

“¡Miren, Podbe nos salvó!” dijeron María y Billy a la vez.

“Sí, es verdad,” dijo Marie, aún con Elena en sus brazos.

“¿Nos querrá apoyar o nos querrá guardar para su cena?” decían Gin y Dani, un poco confundidos.

Urion volteó a ver a Podbe y le dijo: “Así que aún sigues vivo y te recuperaste.

Eres más difícil de matar que una cucaracha.

Terminaré lo que empecé,” y comenzó a alargar sus extremidades para volver a hacer el mismo truco hacia el can.

“Eso estuvo cerca,” dijo Reia.

“Gracias a tus amigos tuvimos una oportunidad.

Si no fuera por ellos, hubiera sido tu final, Podbe.” “Sí, ¿verdad?

Esas personas que me acompañan son geniales, como dirías tú, Aiden.

Además, les devolvimos el favor con ese rayo.” “Sí, creo que menos uno,” dijeron, refiriéndose a Elena.

Cambiaron la conversación de inmediato para evitar que le dijeran nada.

“¡Miren, ahí están María y Billy!

No recordaba que estaban aquí,” dijo Podbe.

“Sí, ellos vinieron a buscarte.

¡Qué buenos amigos tienes!” le dijo Reia.

“Sí, ¿y quiénes son los demás?

Algunos conozco, como Adía y Eduard, pero no a los demás.

¿Quiénes serán?” se preguntaba el muchacho.

“Luego te los presentamos,” indicaron Reia y Podbe a la vez.

“Mira, Reia, Urion quiere hacer lo mismo que la vez anterior,” señaló el muchacho, mirando el monitor.

“Tranquilo, esta vez me encargo yo,” dijo Podbe en su forma humana, moviendo los guantes con una sonrisa.

Comenzó a esquivar los ataques del guardián, haciendo uso de más velocidad.

“Puedes mover a este gran animal como si de un videojuego se tratase.

¿Y sabes qué es genial?

Que puedas moverte dentro de tu propia mente a una versión gigante de ti,” indicó Aiden emocionado.

“Sí, así parece, pero no es tiempo de halagos.

Es hora de combatirlo y acabar con él de una vez por todas,” dijo el perro firmemente.

“Sí, debes acabar con él antes de que vuelvas a tu forma de perro nuevamente,” dijo Reia, quien estuvo leyendo el manual.

“En este libro dice que, si la barra de curación llega al cien por ciento, volverás a tu forma normal, y en esa forma no podrás ganarle al guardián endemoniado.” El perro movió su cabeza hacia ella y Aiden también la miró en señal de disgusto.

“¿Qué?

¿Por qué me miran así?

¡Ah, por eso!” pensó Reia, que luego dijo: “Ok, ok, lo siento por ser pájaro de mal agüero, pero tienes que acabar ya con este ser de una vez.

La barra en la pantalla está en cincuenta por ciento.” “Entiendo, entonces es momento de terminar esta pelea,” y dio un pequeño ladrido Podbe.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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