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El sistema del perro agente - Capítulo 62

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  3. Capítulo 62 - 62 León-Mantis vs Lobo Galáctico 4
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62: León-Mantis vs Lobo Galáctico (4) 62: León-Mantis vs Lobo Galáctico (4) “Entiendo, terminemos con esto de una vez”, dijo el can.

El lobo comenzó a moverse nuevamente hacia Urion; en esta ocasión, la velocidad del perro lobo se incrementó y los brazos retráctiles del guardián no lograban ni atinar un ataque.

A la izquierda, a la derecha, se movía como una estrella fugaz, esquivando cada ataque que Urion lanzaba con sus brazos como látigos, mientras lanzaba discos desde sus patas en forma de galaxias dirigidas hacia el ser ruin.

Urion trataba de asestar un golpe, pero era en vano y, al estar descubierto, recibía cada impacto de los discos galaxia que lanzaba Podbe, el lobo.

El guardián comenzó a acumular heridas en el cuerpo producto de los constantes ataques.

Al ver que ya no podía usar la misma estrategia y que lo dejaba sin defensas, retractó sus brazos y lanzó un gran rayo desde sus ojos, más fuerte que el anterior.

Este rayo parecía contener todo el odio del guardián por no poder acabar con ese animal.

El rayo crecía con cada momento hasta alcanzar el tamaño de un elefante.

“¡Muere de una vez!”, gritaba Urion con desesperación en la voz.

“Setenta por ciento y contando para acabar con la curación”, indicaba el monitor dentro de la mente del can.

“Vamos, Podbe, debes acabarlo antes de que regreses a tu forma canina”, le decía Reia.

“Tengo una pregunta,” dijo Aiden.

“A los otros usuarios que tuviste, Reia.

¿Fue así?

¿Había un sistema de respaldo o algo parecido?” “Nunca había visto un sistema de seguridad como este.

Anteriormente, los otros anfitriones en los que estuve no tenían esta clase de cosas o, bueno, no lo recuerdo porque cada vez que cumplía el ciclo con ellos y tenía que ser puesta en otro usuario, mis comandos automáticamente borraban la memoria de la vivencia con ellos.

Creo que es una especie de seguro”, le respondió Reia a la pregunta de Aiden.

“Entiendo”, dijo el muchacho, frustrado por la respuesta que le dio la inteligencia artificial.

“Vamos, Podbe, no queda mucho tiempo.

¡Defiéndete y acaba de una vez con él!”, le indicó firmemente el muchacho a su can amigo.

“De acuerdo”, indicó el can.

De inmediato, Podbe el lobo, al recibir el rayo de Urion, lo aspiró por la nariz como si estuviera tomando aire.

Urion dejó de lanzar su rayo al ver que el can lo estaba absorbiendo sin problema.

Una vez que el rayo pasó completamente por la nariz del lobo, lo expulsó por el hocico con mayor intensidad hacia el guardián, quien trató de detenerlo con las dos manos.

Pero la fuerza era demasiada, y lo hizo retroceder poco a poco hasta chocar con la montaña, perforando un túnel a través de ella.

El profesor, al ver esto, comentó: “Bueno, ahora podrán pasar por esta zona en auto en lugar de rodearla en algún aparato volador.” Y, a pesar de toda la pena, el dolor y el sufrimiento, los demás pudieron reírse un poco con el comentario.

“¿Se terminó?”, se preguntaban todos los presentes, tanto el equipo de Zeus como la reportera y compañía, así como los acompañantes de Podbe.

“Creo que lo lograste”, le indicaron Reia y Aiden, pero Podbe aún seguía impaciente.

“No lo creo, puedo sentir algo”, dijo.

“¿Qué cosa es Podbe?”, le preguntó Aiden.

“Miren en la pantalla,” les dijo el can.

Los tres, Reia, Aiden y Chad, miraron la pantalla y vieron que algo venía a toda velocidad, corriendo como si de un guepardo se tratase.

“Es él,” indicó Chad.

“Aún sigue vivo,” añadió.

“¿Cómo puede estar pasando esto?

Maldito animal, yo soy un ser supremo, no puedo perder ante una cosa inferior.

No me queda de otra, tendré que usar toda mi energía para acabar contigo.

Has manchado mi honor y roto mi espíritu.

Si los otros se enteran, seré la burla.

Por eso acabaré con todo este planeta,” se decía a sí mismo Urion, muy enojado y herido.

Llegó frente al lobo otra vez, pero esta vez comenzó a emanar un aura roja llena de maldad.

Aragón pudo sentirla desde donde estaba e indicó: “Esto no es bueno.

Va a destruir el planeta si sigue aumentando su poder desenfrenadamente.

Es como si una gran bomba estuviera a punto de estallar.

¿Qué vamos a hacer?

Si ese lobo no lo acaba, todo el planeta será destruido,” se decía Aragón mientras seguía buscando lo solicitado por su señor Zeus entre los escombros.

“Me da pena decirlo, pero lo dejo en tus manos, pequeño perro,” y siguió con su búsqueda.

Urion empezó a cambiar de color a un rojo intenso como la sangre, emanando grandes olas de fuego a su alrededor.

Miró al Podbe lobo y le indicó: “Mira lo que me has hecho hacer, ahora todos morirán, todos, absolutamente todos en este planeta.

No puedes tocarme o golpearme porque igual explotaré,” se rió desenfrenadamente el guardián.

“Ahora ya no puedes hacer nada para vencerme.” “¿Qué acaba de decir ese individuo?”, dijo Reia.

“¿Que va a explotar?

Eso son patrañas.” “Creo que sí es verdad, Reia, mira el monitor,” indicó Chad.

“Alerta, alerta,” indicaba el monitor.

“Una energía muy peligrosa se está formando frente a ti.

Si continúa, acabará con todo a la redonda.

Peligro inminente.” La pantalla también mostraba el progreso de la curación: “Noventa y cinco por ciento para terminar la curación.” “Para, Podbe, no lo ataques,” le indicó Reia, y el can le dijo: “¿Por qué?” “Si lo haces, todos moriremos,” le respondió ella angustiada.

“Está bien,” dijo, e hizo que su forma de lobo dejase de atacar y diera un par de pasos hacia atrás para alejarse de Urion.

“¿Qué vamos a hacer, Reia?”, le decía Aiden, y ella le respondió: “No lo sé, creo que este sí es el fin porque si lo tocamos explotará, aunque si no lo tocamos, de todas maneras, explotará.

Lo tenía todo muy bien planeado en caso de fallar, ese maldito,” indicó Reia.

Aiden se quedó pensativo por unos instantes y le dijo a Reia: “¿Qué tal si quizá haya una alternativa?” “¿Cuál?”, dijo ella y Podbe también.

“Pueda que abra un portal para que explote allá.

Lo malo es que no sé cómo lo hice la última vez, solo fue por esas cosas que me inyectaron en el laboratorio de ese doctor Laos.” “¿Puedes abrir portales?

Qué loco, creo que yo también conocí a una persona que lo hacía,” dijo Chad.

“Puedes intentarlo, Aiden, nosotros creemos en ti,” y le dio un codazo a Chad que no dijo nada.

Él lo quedó mirando, y dijo con un poco de falta de aire, entendiendo la situación: “Sí, también yo creo en ti.” “Pero, ¿crees que funcione desde aquí?”, le preguntó Aiden a Reia.

“No lo sé, pero puedes intentarlo porque no hay forma de salir de aquí a menos que Podbe te vomite, creo,” dijo ella un tanto escéptica.

“¿Y recuerdas cómo hacía esa persona que conocías, Chad?”, le preguntó Aiden a Chad.

“La cosa es que no sé cómo funciona, pero esa persona se sentaba en posición de meditación, se relajaba, respiraba y, bueno, luego su energía fluía y creaba una conexión con otro lugar o algo por el estilo.” “Habrá que intentarlo,” dijo el muchacho, que se sentó en el suelo como le indicó Chad y comenzó a respirar.

“No está funcionando,” decía él.

“¿Qué tal si cierras tus ojos y piensas en lo que pasó la última vez, en ese camino azul neón que te hizo abrirlo esa vez?

Piensa,” le decía ella.

“Pues creo que sentía el dolor y todos los pensamientos de tristeza que se entremezclaron hicieron que la luz roja me atrapara, pero gracias a que esa nube en forma de mujer me salvó y me enseñó el camino de la oportunidad y esperanza, pude enlazarme con el azul y por fin abrir el portal,” explicó el chico.

“Pues bien, intenta eso,” dijo Chad.

“Tómate tu tiempo, aunque no tenemos mucho tiempo; Urion se está volviendo más rojo que de costumbre.” “Hazlo, Aiden, yo sí creo en ti,” ladró Podbe.

“Es algo chocante escuchar mi propia voz saliendo de otra persona,” decía Chad, extrañado.

Aiden comenzó a pensar en las cosas buenas que le habían pasado con sus amigos del orfanato y en los buenos momentos que pasó con Podbe y Reia.

En su mente divisó un punto muy brillante que comenzó a hacerse como si de una estrella fugaz se tratara.

La estrella se iba acercando y se convertía en un color azul muy fuerte que lo engulló.

De pronto, en el lugar donde estaban, se abrió un portal, pero pequeño.

“¡Hey, Aiden!

Lo estás haciendo bien, pero ¿no crees que es un portal muy pequeño?

Además, está adentro; no creo que puedas meter a Urion aquí,” indicó Reia.

Aiden abrió los ojos y pudo ver el portal.

“Bueno, creo que fue lo único que pude hacer, no lo culpes,” indicó Chad.

“Seguro debe ser por lo que estamos aquí adentro,” indicó Reia.

“Alto, no,” dijo Aiden.

“La luz me explicó que debo entrar, volver a mi cuerpo y desde fuera abrir uno más grande.” “Entiendo,” indicaron los tres que lo acompañaban.

“Ve, Aiden, no hay mucho tiempo,” le indicó Reia.

“Yo estaré bien,” le dijo Podbe.

“Nos vemos del otro lado.” “Está bien, no te olvides de liberarme de tu interior, Podbe, bueno, de tu otro interior, ja,” señaló Aiden, “para poder realizar nuestro cometido.” “Cuenta con ello,” y en la pantalla apareció una mini pantalla donde se veía a Aiden en una especie de capullo.

El chico se despidió de Chad dándole las gracias por su apoyo y esperaba verlo algún otro día.

Chad solo le dio un abrazo que le hizo sentir algo familiar al muchacho, dejándolo pensativo.

A Reia le indicó: “Ojalá puedas venir conmigo, pero si no, nos vemos del otro lado,” dándose también un abrazo, pero con mayor fuerza que con Chad.

Ella le sonrió y el muchacho entró en el portal con un aura azul que lo acompañaba.

De pronto, se encontró en su cuerpo.

Aiden abrió los ojos dentro del capullo en el que estaba envuelto y le hizo una seña a los que estaban en el núcleo central.

Desde la sala central, Chad indicó: “Reia, avísale a Podbe que libere a Aiden.” Chad volteó a ver porque no contestaba, pero ella no estaba presente en el lugar.

“Qué raro, ¿a dónde pudo haberse ido esa señorita?

Quería preguntarle algo,” dijo el adulto, y le indicó al can: “Podbe, expulsa a Aiden de tu cuerpo para que realice su magia.” “Entendido,” dijo el perro en forma de niño.

Chad decía: “Aún no me acostumbro a seguir escuchando mi propia voz fuera de mi cuerpo.” Podbe, en su mente, le mandó señales a su yo físico, quien por fuera comenzó a querer vomitar.

Billy se percató de que algo andaba mal con el lobo y les indicó a los demás: “Miren, está raro el Podbe crecido.” “Sí, es cierto,” indicó Gat.

“Parece que quiere vomitar, ese perrote.” En ese momento, el lobo galáctico vomitó una especie de capullo que se abrió y, de este, salió una persona.

Era Aiden, todo cubierto de baba.

“Creo que ha botado una bola de pelos,” dijo Gat.

Billy le respondió: “No puedo distinguir desde aquí, pero es un lobo, no un gato.

Ellos son los únicos que botan pelos.” “Yo tampoco puedo ver lo que es a esta distancia,” dijo María.

“Toma, niña, de mi mochila saca unos binoculares,” indicó el señor Eduard.

La niña rápidamente sacó de la mochila los binoculares y pudo ver con claridad.

“Sí, es él.

Es Aiden, está vivo.” A Elena le regresó el alma al cuerpo al saber que el muchacho seguía con vida.

Se levantó, limpió sus ojos y se movió de los brazos de Marie hacia María para pedirle el visor.

Ella se lo prestó y vio que, en efecto, era él, pero había otros brazos saliendo del mismo sitio.

“Parece ser una señorita,” dijo ella.

“¡Una señorita!” dijeron todos al unísono.

“¿Pero en qué momento entró esa mujer?” se preguntó Elena.

Aiden escuchó unos ruidos detrás de él, como de alguien despertándose.

En ese momento, volteó y no lo podía creer: era ella, era Reia la que estaba a su lado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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