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El sistema del perro agente - Capítulo 64

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64: El Eco de la Batalla 64: El Eco de la Batalla Desesperado, Aiden trató de volver a abrir la puerta, pero no recordaba a qué destino había enviado a Podbe, puesto que el portal estaba oscuro del otro lado.

Cada vez que abría uno, volvía a ver la cueva donde se encontraban las piedras y la guarida de Urion.

—Vamos, Podbe, resiste.

¿Dónde estás, amigo?

¡Te voy a encontrar!

—decía Aiden, abriendo y cerrando el portal a lo loco, desgastando su poder y sudando por el agotamiento.

—Tranquilo, Aiden, ya no lo hagas más.

Detente, te estás poniendo en riesgo.

Mira tu nariz —le dijo Reia.

De inmediato, el chico tocó su nariz con una de sus manos y pudo ver sangre.

—No me había percatado de eso.

Solo tengo una cosa en la cabeza: traer a Podbe de regreso.

No se puede haber ido, así como así —dijo Aiden.

—Lo siento, pero él se sacrificó por nosotros —respondió Reia.

—Un momento, Reia, si tú sigues aquí, eso significa que él está vivo —pensó Aiden mientras se paraba del suelo.

—Puede ser una posibilidad, pero no nos asegura nada —le respondió ella.

—¿Qué vamos a hacer?

¿Dónde estás, Podbe?

—decía Aiden, afligido.

Su equipo comenzó a acercarse hacia él después de toda la pelea que habían observado.

—¿Es seguro?

—preguntaron Dani y Gin.

—Sí, al parecer ya no siento la presencia abominable de ese tal Urion —dijo Ezequiel, utilizando su habilidad de los ojos para observar.

—Bien, vamos donde está Aiden —indicó Adía mientras la ayudaban a pararse María y Billy.

Todos juntos fueron a la posición de Aiden.

El campo de batalla, o lo que quedaba del lugar, eran puras ruinas de lo que algún día fue el edificio de la sede de Radar, y cráteres por doquier se podían observar producto de los enfrentamientos.

Casi todo parecía un desierto.

—Aiden —le indicó Adía—, qué bueno que estés bien, pequeño —le dijo, agarrándose de su bastón, mientras María y Billy se acercaron a él para abrazarlo—.

¡Qué genial que puedas abrir portales!

No sabíamos que tenías poderes —añadieron, pero el chico no tenía expresiones en su rostro más que de tristeza.

—¿Por qué estás llorando?

Deberías estar contento por haber vencido a ese sujeto —le indicaron ambos.

—No puedo estar alegre, acabo de perder a Podbe y creo que esta vez es en serio.

Se fue en uno de esos portales y no voy a volver a verlo.

Luego de que ese Urion explotara, seguramente se lo llevó consigo en la explosión —expresó Aiden, mientras muchas lágrimas le seguían saliendo de los ojos.

Reia también estaba angustiada y preocupada, pero no lo expresaba porque trataba de ser fuerte por haber perdido a Podbe.

Haber ganado y salir al mundo, ¿pero a qué costo?, se decía ella, mientras miraba donde Aiden había creado el portal por última vez.

Los dos huérfanos siguieron abrazando a Aiden para tratar de consolarlo.

—Tranquilo, ya volverá —atinó a decir Reia.

Los dos muchachos le preguntaron: —¿Quién es usted?

—Pues yo soy Reia, mucho gusto —respondió.

No les podía decir que era una inteligencia de un sistema, se decía a sí misma.

—¿Así que Reia?

Qué bonito nombre, como la persona que estoy viendo con mis ojos.

Yo me llamo Gat —dijo el chico.

Reia no le hizo caso porque seguía mirando a los niños.

Gat solo se dio la media vuelta, apenado.

—Resultó ser todo un galán este mocoso —le indicó Ezequiel a Marie, haciendo que brotara una pequeña sonrisa en su rostro.

Eduard también se acercó donde Aiden: —Muchacho, qué bueno que lograste algo imposible.

Creo que también te podemos llamar como nosotros, un Metalux.

Aiden volteó y le dijo: —¿Un Metalux?

¿Qué es eso?

—Un Metalux es un ser con poderes producto de los experimentos del doctor Laos padre.

Veo que Laos hijo también lo hizo, aunque nunca había visto uno con esa habilidad.

¿Tú te acuerdas de uno, Adía?

—le preguntó Eduard a Adía.

—No, ahorita no recuerdo muchas cosas, todo me da vueltas —le respondió ella.

—Yo sí recuerdo una —indicó Ezequiel—.

Justo cuando trabajábamos con B Doce en un caso, pero no recuerdo mucho el rostro de esa mujer.

—¿Una mujer?

—indagó Aiden desde su posición.

—Sí, una mujer.

Iba siempre con una máscara y nos ayudó en muchas batallas, pero luego desapareció misteriosamente —indicó Ezequiel.

Aiden se puso a pensar.

No había que ser un genio para deducir la respuesta.

—¿Podrá ser que ella sea mi madre y por eso el sistema de Podbe nos trajo hasta acá?

No creo que haya sido una coincidencia —se preguntaba el muchacho—.

Señor, ¿y no sabe cómo contactarla o buscarla?

—le indicó Aiden mientras se secaba las lágrimas y volteaba su mirada a Ezequiel, con María y Billy a su lado.

—Lastimosamente, como te dije, no la volvimos a ver más —respondió Ezequiel—.

Hay alguien que puede saber, el agente B Doce, pero él no se encuentra en posibilidades de hablarte.

—¿Por qué?

—preguntó Aiden—.

Si es algo importante, él puede responder algunas inquietudes que tengo.

—Lo siento, muchacho, pero él se encuentra en coma —le respondió el agente.

—Pero a ti sí que te tenemos que hacer unas preguntas —se acercó a Aiden Marie—.

¿Por qué tu perro tenía la voz de B Doce?

—le preguntó Marie.

—¿Te refieres a Chad?

—le dio la descripción del sujeto—.

¿Es un agente?

¿A él te refieres?

—le indicó el muchacho, sorprendido.

—Chad…

no, él no se llama así.

Y bueno, no te puedo decir su nombre porque es confidencial —le respondió ella firmemente—.

¿Pero cómo sabes la descripción del agente?

¿Dónde lo has visto?

—Cuando estuvimos dentro de Podbe en su versión de lobo, nos topamos con ese sujeto que no sabía cómo se llamaba, así que le puse Chad —le indicó el muchacho.

—Ezequiel, ¿podrá ser que la mente del agente esté dentro del perro y por eso no despierta?

—le indicó Marie, mirando a Ezequiel.

—No sería raro, pero todo puede pasar en este mundo —respondió él.

Ambos se quedaron pensando.

Aiden miró de nuevo a Eduard y lo vio sin un brazo.

—¿Y qué te pasó?

—preguntó Aiden.

—¡Ah, muchacho, pasaron muchas cosas!

Vinimos a rescatarte y tus amigos se unieron en el trayecto.

Bueno, se escaparon del orfanato para buscarte y formamos un equipo para rescatarte.

En una pelea dentro del subsuelo, lo perdí —explicó Eduard.

—¡Oh, lo siento!

—dijo Aiden.

—No tienes por qué —le contestó Eduard.

—¿Así que se escaparon del orfanato?

—les indicó Aiden.

—Bueno, siguiendo tus pasos —le indicó Billy—, además María me arrastró porque estaba preocupada por ti.

Los dos, entusiasmados, le contaron que se habían subido a la camioneta de Lidia y Rino, los cuales eran los dos que estaban por allá.

Ambos cadetes lo saludaron.

—Luego llegamos donde Eduard, que nos apoyó para venir a buscarte, y bueno, el resto es historia.

Lo bueno es que estamos contigo otra vez —le indicó María.

—¿Y quiénes son los demás?

—preguntó Aiden.

Elena quería disculparse en ese momento e ir donde Aiden, pero no podía moverse.

Tenía miedo, así que se quedó atrás de todos.

—Bueno, te presento: ellos dos eran científicos de la empresa Radar, la que te tenía cautivo, pero ahora son nuestros amigos.

El más alto es Gin y el más bajo es Dani.

El que rechazó tu amiga es Gat —dijo María.

Gat escuchó y bajó la cabeza, avergonzado, diciendo un tímido “hola”.

—El señor con el que estaba hablando se llama Ezequiel, o eso es lo que escuchamos —le susurró María al oído de Aiden—.

Y la señorita que te hacía preguntas es Marie, pero es muy seria.

Quizá le salga un par de arrugas por eso.

Marie, desde su posición, quiso darle un coscorrón a María, pero Ezequiel la detuvo diciéndole: —Tranquila, es solo una niña.

Además, te puedes arrugar como dice —se rió un poco.

Ella le dio un golpe en la cabeza, dejándole un chichón como se ve en los animes.

—Y por último, ella es Elena.

Su padre murió al tratar de ayudarnos a entrar a la empresa.

Elena, atrás, quería acercarse a él, pero las palabras no le salían de la boca.

—Sí, sé quién es —indicó Aiden.

—Reia, ¿verdad?

—le indicó Eduard.

—Sí, así es —respondió Reia.

—¿Y cómo conoces a Aiden?

No te hemos visto.

¿También viniste a salvarlo?

—le preguntó Eduard.

—La verdad, lo conozco desde que nos vimos con Podbe la primera vez.

Yo soy una inteligencia artificial que estaba dentro del perro —respondió Reia.

Todos los demás, menos Aiden, se quedaron boquiabiertos por lo que acaba de decir Reia.

—Reia, ¿no que no ibas a decirles nada?

—le increpó Aiden.

—Así que una IA dentro de un sistema.

¿Acaso eso era lo que se solicitó traer a B Doce?

—interrumpió Marie con su pregunta.

—Sí, así es.

Provengo de un sistema llamado JORGS, creado en otro plano existencial, y fui robada no sé cómo por alguien y traída a este planeta.

Me imagino que para encontrar la forma de activarme y tomar el poder que trae el sistema para fines malignos.

Pero gracias a su amigo no pudieron completar su misión, aunque el sistema cayó en manos, digo en patas, de un héroe inusual —explicó Reia.

—¿Dijo de otro plano existencial?

—Aiden se tocó la barbilla, pensando—.

Es verdad, nunca pregunté de dónde venía.

—¡Ah, ya veo!

—decía Marie—.

¿Y qué significan esas siglas de tu sistema?

—preguntó Ezequiel.

—Pues las siglas significan lo siguiente: Justicia, Orden, Gratitud y Servicio, para dar esperanza y apoyo al que lo necesite.

—¡Guau!

Eso suena interesante —indicó Ezequiel—.

Así que hay una organización que se encarga de velar por el bienestar del prójimo, aunque no la hemos visto por aquí —dijo él.

—Bueno, no tengo mucha información por el momento, pero hemos viajado por todos los confines del universo y más allá, dando este don a quienes lo necesitan.

A su planeta hemos llegado un par de veces, creo —indicó Reia.

—Pero si eres una IA, ¿qué haces aquí?

Además, ¿eres de carne y hueso?

—le tocó la mano María, que era muy curiosa.

—Bueno, eso se lo debo a Aiden.

Al parecer, pudo materializarme en su mundo, pero lo que no sé es hasta cuánto tiempo estaré presente.

—¡Qué loco!

—dijo Billy emocionado—.

Amigo, tienes otra habilidad: materializas objetos mentales en nuestro mundo.

O bueno, eso es lo que creo.

—Bueno, no lo sé.

Solo se dio y me gusta.

La llamaré “materializar” —se rió Aiden.

—Qué buena imaginación tienes —le dijo Reia sarcásticamente, y los demás se rieron.

Ya se habían olvidado del asunto de Podbe cuando Aiden vio algo en el cielo: una especie de nave grande del tamaño de un dirigible y de color negro, con dos alas en cada lado y turbinas en el centro, descendiendo donde se encontraba Zeus y su grupo.

Todos miraron y se preguntaron quiénes eran.

De pronto, de la nave bajaron cinco sujetos con ropas oscuras y le indicaron: —Señor Zeus, hemos llegado por usted.

—Bien, aunque se demoraron un poco —indicó Zeus, frunciendo el ceño.

—Lo sentimos, señor —le indicaron los cinco—.

Vayan con los enfermos y súbanlos.

Es una orden.

—De inmediato —dijeron—.

Sí, señor.

Trajeron unas especies de camillas flotantes en las que comenzaron a colocar a los más heridos.

Estas máquinas tenían la opción de mantener al individuo a salvo, administrándole el medicamento correcto, una de las tantas creaciones de Lady.

Zeus se reunió con sus líderes y les indicó que ya todo había acabado.

El gran mal, Urion, había sido eliminado.

Nos vamos —dijo, y todos asintieron y lo siguieron.

Laos y Swang se preguntaban si ya todo había acabado.

—Al parecer sí —le indicó Swang a Laos.

—Qué mal, quería estudiar a ese perro.

Pero ni modo, murió junto con el guardián —respondió Laos.

Los sujetos subieron a todos los sobrevivientes mientras Zeus y sus líderes se iban acercando a la nave.

Aragón llegó al lugar y le indicó a Zeus que no encontró nada.

—Lo siento —dijo.

—No hay problema, ya vino la ayuda.

Más bien, presientes a Sir Larot —ordenó Zeus.

Aragón comenzó a utilizar su aura para buscar a Larot.

—Sí, lo encontré.

Aún está con vida.

—Bien, quiero que me lo traigas.

Aún nos puede servir.

Ve —indicó Zeus, y Aragón se fue en la búsqueda de Larot.

Todos iban subiendo a la nave, menos los de la prensa y el profesor, que decidieron no ir con el detestable Zeus.

—¿No vamos a ir con ellos?

—preguntó Ian.

—No —dijo rotundamente Melisa—.

No iremos con un asesino, que secuestra niños y genocida.

Eso último es lo que creo —precisó ella.

—Está bien —indicó el profesor, y su ayudante asintió con la cabeza, igual que Creg.

—Pues bueno, ya que…

—respondió el joven Ian, de forma sarcástica—.

Esperaremos al siguiente.

Todos iban subiendo a la nave, incluso Zeus y los dos doctores que estaban con él.

Aragón corrió a toda velocidad y llegó al punto donde vio que Larot estaba.

Había muchas rocas que lo habían sepultado.

Sacó su espada de su cintura, era pequeña, y la lanzó hacia las rocas.

Estas comenzaron a partirse y a desintegrarse; le había impregnado un poco de su aura.

Vio a Larot inconsciente, con el casco roto.

Le puso un pañuelo que le tapaba desde la nariz hasta la boca; solo sus ojos se podían ver.

Lo cargó y se lo llevó a toda velocidad, utilizando aura en sus piernas.

Llegó a la nave antes de que la compuerta se cerrara y le indicó a uno de los guardias: —¿Tiene una habitación privada?

—Sí, por aquí, señor —le indicó el sujeto.

Aragón lo siguió y, cuando estuvo cerca de la habitación, le dijo al guardia que se retirara.

En la habitación había una mesa en la que colocó a Larot y activó un botón que hizo que una especie de caja lo envolviera.

Una computadora decía “Signos vitales bajos, se procederá con tratamiento de curación”.

—Resiste, amigo —le decía Aragón, mientras cerraba la puerta.

La nave despegó y Laos se acercó a Zeus.

—Señor, necesito al muchacho.

Y ahí también hay unos niños más que pueden ser parte del experimento.

—Está bien —dijo Zeus.

Llamó a uno de los sujetos que venía en la nave y le indicó—.

¿Tiene robot en la nave?

—Sí, señor —respondió el trabajador.

—Excelente, tráelos —le indicó Zeus.

De inmediato, el sujeto trajo un carrito con cuatro especies de frascos y un control.

Zeus le dio el control a Laos, quien se lo puso en la muñeca y activó con voz a los frascos.

Estos tomaron formas de robots del tamaño de una persona normal, con pinzas en vez de manos que eran retráctiles.

Los robots se activaron y preguntaron: —¿En qué podemos ayudarlo, señor?

—¿Ven esos cuatro niños?

Tráiganmelos vivos, ¿entendieron?

—Entendido, señor.

Orden recibida —respondieron los robots, que empezaron a despegar e ir por la misión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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