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El sistema del perro agente - Capítulo 66

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  3. Capítulo 66 - 66 Alerta Roja Misión Imposible 1
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66: Alerta Roja: Misión Imposible (1) 66: Alerta Roja: Misión Imposible (1) Mientras la pelea entre Podbe y Urion continuaba, el jefe llamó al líder del escuadrón C para solucionar el asunto de la noticia que ponía en peligro su trabajo como agencia secreta y resarcir el problema a la brevedad posible.

“Haz todo lo que tengas que hacer para arreglar la situación,” dijo el jefe.

“Como siempre, jefe, déjemelo todo a mí,” respondió la persona en la otra línea, y ambos colgaron.

“Bien, equipo, tenemos luz verde.

Debemos actuar de inmediato; hay un en vivo que ha sido puesto en todos lados,” dijo el líder del equipo C, sentado en una silla con poca luz y con un escritorio frente a él.

Su voz era fuerte, aunque no autoritaria, pero a veces un poquito.

En una sala de una ubicación secreta, dos personas estaban con el líder.

El líder del equipo se dirigió a una de sus miembros: “Tú, Leila, llama a alguien de la unidad D para que te ayude con estas cosas que tengo escritas en este documento.

Es de suma urgencia,” le pasó el papel a Leila.

“Sí, lo haré de inmediato,” respondió la joven.

Leila Ringo, la asistente y número ocho en la unidad C de la agencia, es una de las pocas jóvenes que ha sobrevivido el proceso de Metalux del doctor Laos, padre del actual doctor.

Rescatada por la agencia, juró trabajar con ellos.

A su corta edad, se convirtió en la número ocho, o como dicen en la agencia, la agente C-ocho.

Hoy, con quince años, apoya en todo al líder del escuadrón C, a quien ve como su héroe, pues fue la persona que la salvó.

Leila es distraída, aunque trata de no aparentarlo; tiene una cabellera corta, de color marrón castaño, que hace juego con sus ojos negros.

“¿Qué era lo que me dijo?” se preguntaba ella misma antes de salir de la oficina.

“¿Pues qué, no oíste, niña?

Dijo que vayas y llames a alguien del equipo de tecnología.

Menos mal que no pierdes la cabeza porque la tienes pegada al cuerpo,” le comentó Rachel Mark, la agente C-cinco, que estaba a su lado.

Rachel es una mujer cuya tez brilla con un tono profundo y cálido, similar al ébano pulido bajo la luz del sol.

Su cabello es una corona de rizos apretados y voluminosos, que enmarcan su rostro con una elegancia natural.

Sus ojos, grandes y expresivos, son de un marrón oscuro que refleja una sabiduría y profundidad emocional que cautivan a quienes la miran.

Sus labios, llenos y bien definidos, se curvan en una sonrisa que ilumina su rostro y transmite una calidez contagiosa.

Rachel tiene una figura esbelta y atlética, con una postura que irradia confianza y gracia.

Cuenta con treinta y cinco años y es muy aplicada en su trabajo.

“Apúrate, niña, esto es urgente,” le dijo Rachel.

Leila fue corriendo a su cubículo y llamó por teléfono al equipo de tecnología.

“Buenas, del departamento de tecnología, soy Leila del equipo C.

Por favor, con suma urgencia, necesitamos las siguientes cosas a la brevedad posible en el hangar siete.

Es una orden directa del jefe,” dijo Leila, pasando la hoja por un puerto de teletransportación.

La persona en la línea le indicó que ya había recibido el documento con las especificaciones y que de inmediato iba a hacer lo solicitado.

La jovencita corrió a la oficina de su líder.

La puerta de madera estaba cerrada; tocó y tocó, y luego de un momento, alguien le dijo del otro lado: “Sí, buenas, ¿quién es?” “Soy yo, Leila.

Vengo a reportarme.” “¡Oh!” respondió la voz.

“Pasa,” dijo la persona que estaba detrás de la puerta.

Cuando la puerta se abrió, la oficina estaba llena de gente.

Al parecer, ya habían llegado sus otros compañeros.

El líder hablaba por teléfono con la agente C-dos, Brea Heart, que estaba viendo algunos aspectos del caso del tren.

“Señora Brea, ¿ya terminó de arreglar los asuntos en Austria?

La necesito lo antes posible.

Debemos hacer un viaje a Italia y luego un pequeño cambio, ya sabe,” insinuó el líder.

“Líder, aún sigo con el caso y estoy esperando al agente I-cinco, que salió en busca de una pista y aún no regresa.” “Está bien, termine con esa misión lo antes posible, y si puede, nos da el alcance allá,” dijo el líder.

Se despidió y colgó.

“Vaya, debe ser algo grande para que el líder esté impaciente,” decía Brea mientras buscaba noticias en internet.

“Hola, Leila.

Soy yo, Ada Feng,” saludó Ada.

Ada Feng es la agente C-nueve, una mujer de veintisiete años con una presencia tranquila y reconfortante.

De estatura mediana, su figura es esbelta y bien proporcionada, proyectando una imagen de elegancia natural.

Su cabello, largo y lacio, cae suavemente sobre sus hombros, con un brillo negro azabache que resalta su juventud y vitalidad.

Su rostro es ovalado, con pómulos altos y definidos que le dan una apariencia delicada y armoniosa.

Sus ojos, de un marrón cálido y profundo, tienen una forma ligeramente almendrada, lo que añade un toque exótico a su expresión.

Reflejan una amabilidad y empatía que la hacen muy accesible y fácil de confiar.

Ada tiene una sonrisa suave y sincera, que ilumina su rostro y transmite una sensación de paz y bienestar a quienes están a su alrededor.

Sus labios, bien definidos, se curvan en una expresión amigable que suele poner a los demás a gusto.

Es conocida por su carácter afable y su disposición siempre dispuesta a ayudar a los demás.

Su estilo personal es sencillo y elegante, optando por prendas que combinan comodidad y buen gusto.

De ascendencia china, es muy buena amiga de Leila.

“Hola, Ada, ¿qué tal?

Veo que también fuiste llamada aquí,” indicó Leila.

“Sí, bueno, todos en verdad,” interrumpieron Martha Rojas y Sheila Dávila.

“¡Ay, son esas pesadas!” decía Leila en su mente, ya que no se llevaba bien con estas dos porque eran muy mandonas y criticonas.

Martha Rojas es una mujer latina vibrante y decidida de treinta años, con una energía contagiosa que ilumina cualquier habitación en la que se encuentra.

De estatura mediana y complexión atlética, su cabello ondulado y castaño oscuro enmarca su rostro lleno de vitalidad y determinación.

Sus ojos son grandes y expresivos, de un color marrón profundo que refleja su pasión y su espíritu resiliente.

Martha es conocida por su liderazgo natural y su capacidad para inspirar a los demás.

Aunque puede ser bastante mandona, siempre está dispuesta a ofrecer una mano amiga, y su risa alegre es un sonido familiar para sus amigos y familiares.

Es originaria de Brasil.

Sheila Dávila es una mujer latina de carácter fuerte y decidido, de treinta años de edad, aunque aparenta menos.

Tiene una presencia imponente que no pasa desapercibida.

De estatura mediana y figura robusta, su cabello rubio, que algunas dicen que es pintado, brilla bajo la luz del sol y cae suavemente sobre sus hombros.

Sus ojos, de un tono avellana, transmiten una intensidad y determinación que dejan claro que no teme enfrentarse a los desafíos.

Sheila es conocida por su franqueza y su capacidad para abordar los problemas de frente.

Aunque su carácter pueda parecer áspero, quienes la conocen bien valoran su lealtad y firmeza.

Su estilo es elegante y clásico, optando por prendas que combinan simplicidad y buen gusto, reflejando su personalidad decidida y directa.

Sheila es proveniente de México.

Ella y su colega eran la agente C-tres y la agente C-cuatro, respectivamente.

Siempre se la traían con Leila.

“Vaya, parece que también fuiste invitada…

o te colaste,” le indicaron las dos en tono burlón.

Leila ya iba a ir hacia ellas cuando Ada la tomó fuerte del brazo y del otro brazo la tomó la agente C-seis, Rosa Mass, otra de las amigas de Leila.

Rosa, una mujer de treinta y cinco años, siempre le daba consejos a Leila y la trataba muy bien.

Ella sí era rubia natural y tenía unos ojos azules muy cristalinos que no se podían dejar de ver, incluso con sus gafas, porque tenía problemas de vista no tan fuertes, pero necesitaba los lentes para ver cosas de lejos.

Era delgada y su voz era dulce.

“No vale la pena, amiga,” le dijo Rosa, haciendo que Leila se relajara inmediatamente, ya que quería mucho a Rosa y la veía como un ejemplo a seguir.

Leila posó su mirada sobre el otro lado de la sala, donde estaban las agentes C-siete, C-diez y C-once.

Tres jóvenes que siempre andaban juntas.

Muchos pensaban que eran hermanas o incluso trillizas raptadas para los experimentos, ya que se parecían mucho.

Todas tenían un físico envidiable, ojos cafés que resplandecían con su piel canela.

La única forma de diferenciarlas era por el color de su cabello.

C-siete, o Alicia Ruiz, tenía el cabello rosa corto y veinte años.

Teresa Alba, agente C-diez, también tenía veinte años y su cabello verde largo hasta el abdomen, siempre recogido en una trenza.

Por último, Samanta Gómez, agente C-once, tenía una abundante cabellera de color púrpura, y también tenía veinte años.

Las tres eran muy buena onda, pero siempre estaban juntas a todas partes.

No hablaban mucho, pero tenían muchos seguidores, casi como un club de fans en la base.

“Hay, ellas también… quiero tener una figura así de envidiable,” decía Leila, porque no contaba con una buena delantera.

“Aún eres joven, cariño, ya crecerán,” le indicó Ada.

“No, no… no dije nada.

Pensé que lo había dicho en mi mente,” Leila estaba ruborizada y se soltó de ambas porque todas en la oficina sí lo tenían, incluso sus amigas.

Se dirigió a un rincón cuando alguien chocó sus dos manos, como aplaudiendo, lo que la hizo mirar al frente.

“Préstenme su atención, señoritas,” dijo una voz fuerte y firme.

Era la sublíder o agente C-uno, Margaret Bright, una señora de cuarenta y cinco años, más o menos, porque nunca le gusta hablar de ese tema.

Era una mujer fuerte y se le notaban los músculos incluso con el traje que traemos todos, es decir, el traje de detective de la agencia: un saco negro, camisa blanca, falda y botas negras.

Era una persona de cuidado, aunque se hacía la ruda.

“Creo que tiene sus sentimientos muy en el fondo,” pensó Leila.

Margaret se aclaró la garganta y dijo: “Bueno, chicas, estamos aquí reunidas porque nuestra líder tiene un anuncio importante que darnos y es de prioridad uno, como muchos ya lo saben o lo suponen.” Leila estaba casi en la puerta cuando alguien la abrió de golpe y la empujó.

La chica cayó al suelo y una voz dijo: “Lo siento, discúlpame Leila, es que vine a decirles que vi una transmisión sobre algo que pasó en las montañas en Italia, creo que deberían saberlo.” Todos lo quedaron mirando con una cara de pocos amigos, haciendo referencia a que ya sabían.

Leila se volteó para gritarle.

Así era Mark Lake, el último en ingresar a nuestro equipo.

Es el agente C-doce y el único hombre en toda la unidad.

Tiene el cabello naranja y los ojos anaranjados, lo que lo hace parecer una zanahoria.

A veces le decimos así, aunque él no capta la indirecta.

Le gusta comer mucho, aunque no engorda.

Es mayor que yo por un año, aunque se comporta como un niño chiquito, y su estatura lo ayuda a pasar como uno; es casi de mi tamaño.

Además, siempre se entera de las cosas a última hora; es peor que yo, creo.

“¿Interrumpo su amena conversación?” dijo C-uno.

Leila pidió disculpas, bajando la cara al ver la expresión de furia de Margaret.

Lo mismo hizo Mark, asustado.

Le daba miedo Alicia solamente porque las demás lo trataban como un rey por ser el único hombre, incluso las tres chicas iguales.

Y sí, todos en la unidad C son mujeres, hasta la líder.

“Como decía…” iba a decir Margaret cuando todos sintieron un golpe fuerte en la mesa que dejó un hueco en ella.

Se prendió la luz que alumbró en la mesa una silueta de mujer.

Era la líder, su nombre es Azulema White.

Azulema White es una mujer cuya edad es un misterio.

Aunque si tuviera que adivinar, rondaría los cincuenta años, aunque no los aparenta en absoluto.

Es una persona extravagante y enérgica, y su risa es tan potente y contagiosa que todos a su alrededor la escuchan reír a carcajadas.

Le encanta hacer lo que le plazca, aunque sabe que hay límites, especialmente impuestos por su jefe.

Sin embargo, siempre da la cara por su equipo y hará todo lo que esté en su poder para lograr su cometido.

No es mandona, pero su seriedad y firmeza son tan impresionantes que asustan más que las de Margaret.

Con Mark, en cambio, tiene un trato especial, casi maternal, como si fuera su propio hijo y le concede todos sus caprichos.

Incluso una vez lo vi sentarlo en su regazo y darle de comer pastel en la boca como a un niño pequeño.

Azulema tiene el cabello ensortijado y de color azul, que combina perfectamente con sus hermosos ojos azules oscuros.

Es la más alta de todas y siempre usa tacones, destacando aún más su personalidad única y llamativa.

“Bueno chicas, menos cháchara y más acción,” llamó fuerte la líder.

“¡Leila!” “Sí, señora,” respondió Leila.

“¿Hiciste lo que te pedí?” preguntó la líder.

Leila, tartamudeando un poco, le dijo que sí.

“Excelente.

Y deja de molestar a Marky,” le dijo, utilizando el apodo cariñoso que tenía para Mark.

“Pero, pero yo…” dijo Leila, ofuscada porque no había sido su culpa interrumpir.

Mientras veía con una mirada molesta a Mark, él solo se sobaba la cabeza en señal de pena.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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