El sistema del perro agente - Capítulo 70
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70: Alerta Roja: Último Respiro 70: Alerta Roja: Último Respiro Al colocarse el casco, Leila sintió una fuerza que la apretaba mientras trataba de concentrarse y no perder el equilibrio de sus emociones.
Sheila y Martha la veían desde lejos, un poco más compuestas, diciendo: —Qué mal, ahora sí nos llegó la hora.
Seguro que con esto nos despiden y traemos abajo la agencia —decían resignadas, porque no podían hacer nada al respecto.
Con el casco puesto, Leila sentía las voces y las mentes de todas las personas, incluso de sus compañeros que también llevaban los visores y estaban sufriendo mucho por la potencia de la máquina, que drenaba sus energías con mayor intensidad que antes.
Dentro de ella, comenzó a decirse: —Vamos, concéntrate, relájate.
Un recuerdo vino a su mente, en el que se oía: —Leila, transforma el dolor en felicidad, relájate, pon más atención a lo que te rodea.
No dejes que tu poder te consuma, es tuyo y es parte de ti, úsalo —recordaba a su jefa Azulema enseñándole a controlar su poder.
Azulema sabía que el poder de Leila era enorme pero incontrolable, por eso buscaba maneras y formas para que la muchacha no fuera una bomba de tiempo que destruyera todo a su paso, sino que dominara lo que llevaba dentro y no la dominara a ella.
Siempre practicaba con ella una y otra vez, casi todos los días sin cesar, para que lograra ser una con su poder antes de la llegada de Mark.
Ella era su consentida, al parecer.
—Vamos, vamos, tú puedes.
No eres una inútil.
Yo soy fuerte y puedo controlar mi fuerza psíquica —se decía una y otra vez a sí misma.
Luego de un rato de recuerdos y sentimientos encontrados, sintió como si varias redes neuronales se juntaran en una sola, dando así la sincronización que necesitaba con el aparato.
Las imágenes y toda la realidad creada por Azulema volvieron a la normalidad.
—Estamos de vuelta —indicó Leila.
—Bien hecho, muchacha.
Casi no te tenía fe —admitió Rachel, levantando su pulgar y mandando una imagen mental a Margaret, que estaba casi desmayada en el suelo.
—¿Cómo vamos con el conteo?
—preguntó la jefa.
—Ya estamos recuperando al público: cuarenta, treinta, veinte y reduciéndose la brecha —decía alegremente Rachel.
En la base militar, se estaban olvidando del asunto antes de volver a mandar a más gente a la batalla, puesto que estaban viendo la transmisión mientras continuaba la batalla entre Podbe y Urion.
Los tres que acompañaban a Leila en la máquina estaban casi arrodillados en el suelo, incluso Mark, con sangre en la nariz igual que las otras dos.
Azulema les indicó: —Marky, retírate ese visor.
—No, jefa, debemos apoyar a Leila.
Ella no podrá sola.
—Sí, es verdad —indicaron las otras dos a su jefa—.
No podemos dejarle todo el trabajo a Leila.
Seguiremos apoyándola.
La jefa estaba contenta, y una lágrima de emoción rodó por su mejilla al saber que todo su equipo era unido.
—Qué alegría me dan mis chicas —indicó—.
Y mi Marky —añadió.
Al escuchar esa conversación, Sheila estaba molesta por cómo le hacían porras a Leila.
Consumida por la cólera, sin querer movió su dedo índice y salió una pequeña ráfaga de poder telequinético que hizo que la máquina subiera de nivel nueve a diez, el más fuerte y crítico.
—Alerta, alerta.
Más crítica en aumento.
Nivel diez activado.
Se cierra todo comando.
La máquina se enfriará en cinco minutos.
Durante ese tiempo no se podrá usar ninguna función, solo ver los resultados.
Se recomienda sacar a los usuarios de la máquina.
—Pero, ¿cómo pudo pasar?
—se preguntaba Rachel mientras veía que la consola de la máquina se cerraba y dejaba solo ver la pantalla con la cantidad de personas que iban aceptando esta nueva verdad.
Las cinco personas, incluida Azulema, comenzaron a sentirse mal, con ganas de vomitar y mareos, haciendo que todos cayeran por completo al suelo.
La transmisión seguía, pero la imagen de Melisa se veía congelada, al igual que las personas creadas a su alrededor.
—Pero, ¿cómo puede ser esto posible?
¿No hay algo para desactivarla?
—gritaba Rachel desesperada al ver a sus amigos en ese estado.
Fue a tratar de sacar el visor del muchacho, pero sintió una gran corriente que la empujó fuerte hacia una pared.
—Pero, ¿qué hiciste?
—le increpó Martha, que vio a Sheila mover el dedo.
—No, yo nada —indicó ella.
—No mientas, yo te vi.
Hiciste algo con el dedo y la máquina se cambió a nivel diez —indicó Martha, mirándola seriamente.
—Yo no quería, fue sin querer.
Fue culpa de esa niña, ella tiene la culpa de todo esto —respondió Sheila, demasiado nerviosa y tartamudeando.
—Sheila, yo soy tu amiga, pero no pensé que llegarías tan lejos con tu necedad y llegar a tanto.
La venganza no está bien, quizá un juego tranquilo como los que hacíamos, pero esto…
Ahora también están pagando los demás por tus tonterías.
Yo te acompañé a hacer un par de cosas pequeñas, pero esto es ir demasiado lejos.
—Perdón, perdón —decía Sheila, agarrándose de los pelos y arrodillándose—.
Es que yo…
—A mí no me tienes que pedir nada.
Solo espero que ellos salgan vivos de esta y luego de eso le pedirás perdón a Leila por todo.
Margaret alcanzó a escuchar la conversación de ambas y les dijo: —Luego hablaré con las dos más tarde.
Las dos tragaron saliva.
—Ahora quiero que me ayuden a crear un campo de contención, como un escudo, para poder retirarles esos cascos.
No creo que aguanten ese dolor cinco minutos —expresó Margaret.
—¿Y la misión?
—dijo Sheila en voz baja.
—¿Todavía preguntas?
Puede que no se haya concretado y hemos fallado, al parecer —respondió Margaret.
En tanto dolor, Leila comenzó a tratar de crear un escudo mental en todo su cuerpo, que al final resultó siendo una armadura, mientras escuchaba la alarma de peligro mencionada por la máquina en su mente.
Lo que había creado la estaba protegiendo del dolor mental, pero no del físico, y exteriormente se retorcía como si tuviera un demonio adentro, al igual que los otros.
—Chicos —indicó ella mientras veía a los otros tres temblar y a su jefa tratando de pararse—.
¿Y ahora qué hago?
—dijo—.
Quizá si les creo un escudo como el mío les pueda aliviar el dolor.
La chica trató de crear lo mismo que ella tenía, pero sin éxito alguno.
Decidió acercarse a ellos para tocarlos, quizá con eso podría envolverlos y protegerlos.
Flotó y flotó hacia cada uno de ellos, tocó a Rosa, quien al ser tocada ya no sintió dolor.
—¿Cómo hiciste eso?
—le dijo Rosa.
—No sé, solo lo pensé —respondió Leila.
—Déjame ver si puedo crear uno —dijo Rosa, y lo intentó, creando una armadura similar a una medieval.
—¡Guau!
Rosa, eres increíble —indicó Leila.
—Bien, solo es concentración y técnica, pero no hay tiempo que perder.
Vamos por los otros —indicó Rosa.
—Sí —respondió Leila.
Rosa se dirigió hacia Ada y Leila hacia Mark.
Ambas hicieron lo mismo que Rosa, pero no la armadura transparente de Leila.
—¿Por qué la mía es transparente?
—indicó Leila.
—Bueno, pero está genial que hayas hecho eso —dijo Mark.
—No quiero tu lástima —respondió Leila, mirándolo acongojada.
—Vamos donde la jefa —indicó Ada.
Los cuatro, tomados de la mano, se acercaron a Azulema o, bueno, a su representación mental y se unieron a su alrededor, lo cual hizo que ella reaccionara e hiciera una armadura roja más grandiosa que la de todos.
—No se vale —indicó Leila.
—¿Cómo lograron hacer este bloqueo?
—preguntó la jefa.
—Esto fue gracias a Leila —respondió Rosa.
—Vaya, vaya, jovencita, sí que tienes tus trucos —dijo Azulema, sonriendo y abrazando a Leila.
—Gracias, señora, pero me está ahogando —indicó la chica, casi sin aire.
Luego, al ver a Mark, lo abrazó también.
El chico se sonrojó mucho.
—Bien, ¿dónde estamos?
—indicó Azulema.
—Por lo que veo, estamos dentro de la máquina en sí —le contestó Ada.
—¿Y cómo salimos de aquí?
—Según veo, hay un contador.
Hay que resistir cinco minutos —dijo Rosa, al ver lo que parecía un cielo de color amarillo.
—Con estas barreras podemos resistir —indicó Azulema—, pero no sé si nuestros cuerpos aguanten —añadió.
—Miren, ahí hay una pantalla donde se ve el número de personas que falta.
Al parecer es un tres por ciento —indicó Ada.
—Sí, ese tres por ciento es duro —indicó Rosa.
—Pero tenemos que completar la misión —indicó Leila, nerviosa.
—Pero, ¿cómo piensas hacer eso?
Nuestras mentes están dentro de la máquina —le dijo Mark.
—Miren, se prendió otro monitor en el cielo.
Son nuestras amigas, están tratando de crear algo.
Es Margaret, Martha y Sheila.
Me pregunto si nos podemos comunicar con ellas para que creen con su telekinesis una armadura como la nuestra en el mundo real —indicó Ada.
—Pues es cuestión de intentarlo —dijo la jefa, concentrando su mente para hacer un llamado a Margaret—.
Margaret, Margaret, ¿me escuchas?
—No, nada, no recibo respuesta —indicó Azulema.
—Prueba otra vez —le indicó Ada.
Azulema volvió a llamar a sus amigas del exterior, pero no hubo respuesta.
—Ya sé —indicó Rosa—, si lo hace Leila, ella debe tener más rango.
Además, usted, jefa, siempre dijo que sus poderes son grandes.
—Pues bueno, ya que… —indicó Azulema—.
Prueba, chica, contacta con alguna de las chicas.
Leila se concentró y llamó a Margaret, pero no recibía nada, hasta que escuchó una voz asustada: —¿Eres tú, Leila?
—¡Eh, sí!
¿Quién eres?
—preguntó Leila.
—Soy yo, Sheila.
¿Dónde estás?
¿Te moriste?
¿Ahora tu alma me está acosando desde el más allá psíquico?
—preguntó asustada Sheila.
—No, aún estoy viva, bueno, dentro de la máquina con los demás —le respondió Leila.
—Hola —indicaron los demás por el enlace de Leila.
—Lamento haberte hecho mucho daño en el pasado y lamento haber aumentado el nivel de la máquina sin querer por mi fastidio hacia ti —le indicó Sheila, triste y llorando—.
¿Me puedes perdonar?
Lo siento mucho —añadió.
—Así que fuiste tú —dijo Ada, molesta.
—Pues no te perdono —indicó Leila.
—Leila… —le dijo Rosa, mirándola y llamándole la atención, sabiendo que ella no era así y siempre perdonaba todo.
—Sí, Sheila, te perdono —dijo Leila.
—Luego hablaremos, Sheila —indicó Azulema—, pero ahora quiero que hagan lo siguiente a cada uno de nuestros cuerpos.
—¿Con quién hablas, Sheila?
Concéntrate en crear los guantes y sacarlas de esas cosas —le indicó Margaret, enojada porque ya habían intentado hacer los guantes, pero estos eran repelidos.
—Con Leila y los demás.
—¿Cómo así?
—le preguntó Martha.
—Están atrapadas sus mentes en la máquina.
Me dijeron que trataron de contactarse contigo, Margaret, pero no pudieron.
No sé cómo, pero conmigo sí.
Ahora necesitan que hagamos lo siguiente.
—Seguramente porque mi poder está bajo no pudieron contactarse conmigo.
Pero qué bueno que están vivas, o al menos sus mentes.
Aquí sus cuerpos se mueven como contorsionistas —dijo Margaret.
—Es por eso que debemos hacer lo siguiente para cubrir sus cuerpos mientras pasan esos cinco minutos —indicó exaltada Sheila.
—Bien, ¿qué es lo que quieren?
—preguntó Margaret.
—Debemos crear una especie de armaduras —indicó Sheila.
—Quizá en el plano en el que están sí se pueda, pero aquí a lo mucho llegaremos a campos de fuerza protectores —indicó Margaret.
—Eso puede que sirva —indicó Ada a través de Sheila, quien pasó el mensaje a las otras del exterior.
—No hay tiempo que perder —indicaron las tres, comenzando a crear campos de fuerza con su telequinesis.
—Quedan cuatro minutos —indicó Sheila, mientras proyectaba el campo a Leila y a Rosa.
Martha lo hacía a Mark y Ada, y Margaret a su jefa.
—No creo que pueda aguantar tanto tiempo —indicó Margaret, que se estaba cayendo producto del uso prolongado del visor.
En eso vio que alguien la levantaba.
Era Rachel, que se había compuesto después de la descarga que le dieron, y preguntó: —¿Qué debo hacer?
También escucharon la voz como nunca de las tres que solo hablaban entre ellas.
Sheila les pasó la información por el chat mental y todas empezaron a apoyarlas.
—Tres minutos para enfriamiento —comenzó a decir la máquina.
—Señora, aún no hemos terminado con el trabajo.
Parece que ese tres por ciento se está incrementando y hay algunos que ya van a pagar o cambiar la noticia porque se ha congelado la imagen —indicó Ada.
—Aún podemos lograrlo —indicó Leila.
—¿Así?
¿Cómo piensas hacerlo, niña?
—le dijo su líder.
—Si estamos aún dentro de la máquina o conectadas a ella, aún podemos continuar con la transmisión.
Lo único que deben hacer es proyectarse en mí y lo lograremos, como hice para conectar con Sheila.
La jefa la miró.
—Bien, niña, me gusta tu plan.
Has madurado un poco en tan poco tiempo.
Me alegro.
—Bueno, pasaron tres años, jefa —indicó riendo Rosa.
—Bien, manos a la obra, todos.
Las cinco se cogieron de la mano y cerraron sus ojos, pensando en cómo podían terminar la historia que habían creado y que fuera creíble por todos.
Si hubo fallecidos, debían ser olvidados o mandados a unas largas vacaciones.
Claro, todos estaban tristes y con cierta culpa por tener que ocultar esas cosas a la gente o desaparecer gente como si nunca hubieran existido, aunque la mayoría de los trabajadores de Radar eran solteros o vivían su vida alejados de sus familias.
Pero su jefa les dio el coraje para hacerlo y aceptaba toda esa responsabilidad, y si necesitaban olvidarlo, ella los podía ayudar.
—Un minuto —comenzó a decir la máquina.
Los dos equipos, unos dentro de la máquina luchando por cambiar la historia y el de afuera protegiendo a sus compañeros, estaban al límite de sus fuerzas.
—Ya casi terminamos, solo falta un uno por ciento —dijo Rosa.
La cuenta comenzó a ser regresiva: diez segundos.
—Apúrense, muchachas —indicó Azulema, mientras Leila transpiraba de tanta fuerza que tenía que usar.
—No se preocupen, siga, jefa —le indicó Leila, guiñándole un ojo.
Ambos equipos se estaban agotando.
El equipo de Margaret estaba cansado de usar su poder con las que estaban en la máquina, sentían ganas de desmayarse y rendirse, pero ella, al ser la segunda al mando, les dio fuerzas para que siguieran.
—Secuencia de enfriamiento iniciada en tres, dos, uno… REFLEXIONES DE LOS CREADORES Cocoelcool38 gracias por leer mis historias.
Voy a hacer una pausa dado que he recibido un contrato con MEgaNovel.
Pero tranquilos si les gusto mi historia y quieren que continue me escriben para poder brindarles mas de mi historia.
La historia en español la estoy pasando a https://getinkspired.com/story/560243/el-sistema-del-perro-agente.
Si deciden seguirla y apoyarme estoy por alla.
Saludos y gracias a todos los que miran la historia
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com