El sistema del perro agente - Capítulo 71
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71: Misión Cumplida, ¿Qué Sigue?
71: Misión Cumplida, ¿Qué Sigue?
En el interior de la nave donde viajaba el equipo de Zeus, uno de los guardias notó algo extraño.
Uno de los heridos, que hasta hacía poco había estado inmóvil, parecía ahora hipnotizado, con los ojos fijos en una transmisión que se reproducía en uno de los monitores.
El guardia, curioso, también quedó absorto frente a la pantalla.
Zeus, quien pasaba por el área en ese momento, se percató de la escena.
Al principio, llamó al guardia para atraer su atención, pero este no respondió.
Frunciendo el ceño, Zeus decidió acercarse directamente para sacarlo de su ensimismamiento.
Cuando estaba a punto de mirar hacia el monitor, sintió un tirón en el brazo.
Era Aragón.
—Señor, no mire eso —advirtió con firmeza—.
Alguien está utilizando una frecuencia de control mental para manipular eventos y recuerdos de la batalla.
He logrado bloquearla gracias a mi uso del aura.
Zeus arqueó una ceja, intrigado.
—Esa habilidad tuya resulta ser muy efectiva —comentó, mientras una energía invisible lo envolvía de pronto.
Una sensación cálida comenzó a recorrer su cuerpo—.
¿Qué es esto?
Se siente como… calor.
—Es mi aura —explicó Aragón—.
Ahora está protegido contra el control mental.
Ya puede mirar el monitor sin preocupaciones.
Con esa nueva protección, Zeus volvió su mirada hacia la pantalla.
Su expresión se tornó seria al reconocer lo que estaba viendo.
—Esto es imposible —murmuró—.
¿Cómo es que ella está transmitiendo si todo aparato dejó de funcionar después de ese aullido?
—Señor, no es ella —corrigió Aragón—.
La mujer sigue allá abajo, en la escena de la destrucción.
Puedo ver a través del disfraz de quien aparece en la transmisión.
Es alguien más: una mujer más alta que lleva un casco que oculta su rostro.
No estoy seguro de quién es, pero definitivamente no es la reportera Melisa.
Lo que no entiendo es por qué están haciendo esto.
Es como si quisieran proteger algo de la gente.
Zeus se quedó pensativo, acariciándose la barbilla.
—Interesante…
—murmuró para sí—.
Quizá esto sea una especie de ayuda divina.
Si la transmisión logra convencer a la población, podríamos evitar recurrir a abogados y a esa máquina para borrar memorias.
Esa maldita cosa es tan costosa como dolorosa.
Entonces, Zeus desvió su atención nuevamente hacia Aragón.
—¿Qué decías sobre los desaparecidos y los que perecieron?
—Parece que quieren encubrir todo esto como si se tratara de una obra teatral o algo parecido.
Incluso están sugiriendo que algunos simplemente se fueron de viaje.
—Excelente —dijo Zeus, esbozando una ligera sonrisa—.
Ve con Lady y dile que diseñe un dispositivo que haga que todos los heridos aquí vean esa transmisión de inmediato.
Aragón asintió y salió a cumplir la orden sin perder tiempo.
Cuando encontró a Lady, le transmitió el mensaje de Zeus.
Ella, sin dudarlo, comenzó a trabajar en la nave con las piezas que tenía a su disposición.
En poco tiempo, logró ensamblar un dispositivo que llamó “disipativo”.
Instruyó a los soldados para que colocaran unas pulseras especiales en las muñecas de todos los heridos.
Los soldados obedecieron al instante, sin cuestionar sus órdenes, ya que sabían que Lady era la auténtica líder del equipo técnico.
Uno a uno, comenzaron a colocar las pulseras, incluso en aquellos que estaban conscientes.
—Hemos terminado, señora —informó uno de los soldados una vez que todos los heridos tenían la pulsera.
Lady asintió y, sin más preámbulos, presionó un botón rojo en el control remoto del dispositivo.
En cuestión de segundos, los sobrevivientes comenzaron a mostrar el mismo estado hipnótico que habían visto antes.
La transmisión, proyectada por los agentes del equipo C, se encargó de completar el trabajo.
En el canal de noticias, los eventos tomaron un giro inesperado.
La máquina indicaba: “Enfriamiento total.
Liberando energía.
Apagando sistemas”.
Mientras tanto, el grupo que se encontraba en el mundo real caía rendido por el cansancio.
Margaret, antes de sucumbir al sueño, murmuró con una sonrisa cansada: —Qué bien me haría una probadita del brebaje de ese viejo, aunque sepa horrible… —haciendo referencia a Eduard.
Finalmente, todas quedaron profundamente dormidas.
Dentro de la máquina, las cinco mujeres se miraban entre sí, confundidas.
De pronto, todo el lugar quedó en penumbras, incluso lo que parecía un cielo.
—¿Qué está pasando?
—preguntaron simultáneamente Ada y Rosa.
—Yo te protegeré, Marky —dijo Azulema, colocándose frente a Margaret.
Mientras tanto, Leila observaba los alrededores con atención, buscando algo fuera de lo común.
—¡Lo tengo!
—exclamó finalmente—.
Miren, ese pedazo del cielo parece estar suelto.
Leila señaló una sección del cielo que parecía flotar, ligeramente desprendida del resto.
—Esa debe ser nuestra salida —pensó en voz alta mientras comenzaba a moverse hacia esa dirección, flotando con cuidado.
Las demás, confiando ahora en ella por cómo las había protegido anteriormente, la siguieron.
Durante el trayecto, Azulema se dirigió a Rosa.
—¿Pudiste ver si se completó el estado de la misión?
—No lo sé —respondió Rosa—.
Lo último que vi fue un uno por ciento, pero luego todo se apagó.
—Quizá podamos revisarlo una vez que salgamos de la máquina —sugirió Ada.
Estaban completamente concentradas en alcanzar el pedazo de cielo suelto, cuando Leila se detuvo abruptamente.
Las demás, distraídas, no lo notaron a tiempo y chocaron torpemente con ella.
—¿Por qué te detuviste?
—preguntaron Ada y Rosa, confundidas.
—Estoy tratando de mover esta sección, pero no tengo suficiente fuerza —respondió Leila, señalando el bloque rectangular—.
Quizá si todas tiramos juntas podamos abrirla.
—Buena idea —dijo Azulema, asintiendo—.
¡Vamos, todas, a jalar!
Las cinco comenzaron a tirar del pedazo de cielo, que tenía el tamaño de una baldosa rectangular.
Sin embargo, parecía pesar toneladas, como si intentaran mover un bloque de concreto.
—¡Con fuerza!
—indicó Leila, jadeando por el esfuerzo.
—Espera, ¿por qué no usamos la telequinesis?
—sugirió Mark.
—¡Es verdad!
¡Qué inteligente eres, mi Marky!
—exclamó Azulema, con una sonrisa, halagando al muchacho.
Este se sonrojó visiblemente.
Las cinco intentaron utilizar su telequinesis, pero no lograron mover el bloque ni un milímetro.
—Creo que la máquina drenó toda nuestra energía —dijo Ada, agotada.
—Entonces no queda de otra: ¡a la antigua!
Dame permiso, Leila, yo tiraré, y ustedes me jalan de la cintura.
Tú primero, Marky, y luego las demás —ordenó Azulema.
Leila, resignada, asintió.
Azulema flexionó los músculos de sus brazos y, con toda su fuerza, comenzó a jalar el bloque.
—¡Chicas, se está moviendo!
—anunció, mientras sentía cómo la baldosa cedía ligeramente—.
¡Ahora tiren de mí!
Siguiendo sus instrucciones, los demás formaron una fila: primero Mark, luego Rosa, Ada y, finalmente, Leila.
Juntos tiraron con todas sus fuerzas, hasta que lograron desplazar el bloque.
—¡Apártense!
¡Esto va a caer!
—advirtió Azulema.
Los cuatro retrocedieron rápidamente, jadeando y sudando por el esfuerzo.
El pesado pedazo de cielo se soltó y cayó en un vacío oscuro que se extendía bajo ellos.
—¡Pero si ya no hay suelo!
—exclamó Leila, asustada al ver el abismo.
—Nota mental para la próxima vez: vamos a entrenar no solo nuestras mentes, sino también nuestros cuerpos —dijo Azulema, con determinación.
—Miren, hay un hueco donde estaba la baldosa.
¡Entremos por ahí!
Este lugar parece que está a punto de colapsar —indicó Ada.
Sin dudarlo, las cinco entraron en el hueco.
El interior parecía una madriguera de conejo; tenían que arrastrarse casi a rastras para avanzar.
Finalmente, comenzaron a ver un halo de luz al final del túnel.
Al salir, la intensidad de la luz era tal que tuvieron que cerrar los ojos de inmediato.
Todo a su alrededor había cambiado, sumiéndolas en un brillo blanco cegador.
Cuando abrieron los ojos, se dieron cuenta de que tenían algo colocado en la cara: los visores.
Con rapidez se los quitaron y vieron que estaban de vuelta en el estudio.
Las cinco se alegraron al principio, pero esa alegría pronto se convirtió en preocupación al notar que sus compañeras yacían tiradas en el suelo.
Azulema corrió hacia Margaret, se agachó, la giró con cuidado y, moviéndola suavemente por los hombros, le preguntó: —¿Estás bien?
Margaret abrió los ojos lentamente y, con una débil sonrisa, respondió: —Qué bueno que regresaste, jefa.
Ada, Mark, Rosa y Leila se apresuraron a revisar a las demás.
Poco a poco, todas empezaron a recobrar la conciencia.
—Todas están bien —confirmó Ada con alivio.
—Qué bueno que todas estamos a salvo.
Gracias a ustedes logramos regresar —dijo Azulema con una mezcla de gratitud y orgullo.
Mientras las chicas terminaban de recuperarse, Ada inspeccionó la máquina.
—Jefa, la máquina indica que el proceso se completó exitosamente.
Todas las personas que vieron la transmisión fueron sugestionadas con éxito.
Sin embargo… la máquina está completamente inutilizable ahora.
—Eso es un gran logro —dijo Azulema con una sonrisa de satisfacción.
Luego, añadió mientras miraba al equipo—: Un fuerte aplauso para Leila.
Gracias a ella pudimos salir de ese lugar y completar nuestra misión.
Estoy muy orgullosa del equipo que tengo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad, y el grupo respondió con aplausos y sonrisas.
—Jefa, hay algo más —interrumpió Ada—.
La transmisión terminó cuando salimos de la máquina, pero creo que quedó grabada.
Azulema reflexionó un momento antes de responder: —No te preocupes.
Según lo que me dijeron, la máquina estaba programada para borrar cualquier rastro de la transmisión después de quince minutos.
No debería haber ningún problema.
A pesar de las palabras tranquilizadoras, en su interior aún sentía dudas.
“Espero que eso sea cierto”, pensó Azulema.
—Esto fue muy arriesgado —dijo Margaret, mirando a Azulema con un tono recriminatorio—.
Esa máquina casi acaba con todas nosotras.
—Tienes toda la razón —admitió Azulema con un suspiro—.
Debería haber revisado mejor el equipo antes de usarlo.
Todas sabíamos los riesgos, pero jamás volveremos a usar una tecnología como esta.
Solo espero que no ocurra algo parecido a escala global nunca más.
Las tres chicas iguales se miraron entre sí antes de responder al unísono: —Deberíamos pedir unas vacaciones después de esto.
El comentario provocó risas entre todas.
—Descansen un poco, chicas.
Recuperen energías, que luego nos vamos a casa —ordenó Azulema.
Las chicas buscaron dónde sentarse, mientras otras fueron a lavarse la cara y arreglarse.
Después de un rato, todas salieron del set listas para ir a su nave.
Sin embargo, cuando estaban a punto de partir, Azulema recibió una llamada en su celular.
—¿Jefa?
—preguntó una voz al otro lado de la línea.
—¿Qué tal?
—respondió Azulema—.
Ya completamos la misión.
—Excelente —contestó el jefe—, pero en realidad llamaba para pedirte otro favor.
Azulema escuchó atentamente las instrucciones.
Una vez que el jefe terminó de hablar, respondió: —Entendido.
Colgó la llamada y se giró hacia el equipo, que la observaba expectante.
—Chicas, cambio de planes.
Pensé que podríamos descansar, pero tenemos otra misión que cumplir antes de volver a la base.
El cansancio se reflejaba en sus rostros, pero todas asintieron con determinación.
Una nueva aventura las esperaba.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Cocoelcool38 si desan conversar o charlas sobre la hisotria que escribo pueden hacerlo en mi canal de discord: https://discord.gg/7HS92uqM
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