El sistema del perro agente - Capítulo 77
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77: Plan fallido 77: Plan fallido El teniente Paul Fernández conducía junto a su equipo hacia el lugar donde se encontraba el orfanato donde había venido Aiden.
La nave que lo transportaba aterrizó en la ubicación asignada.
Con un siseo metálico, la puerta se abrió lentamente.
Paul descendió con paso firme, seguido de cerca por una compañera cuyo rostro también había sido alterado gracias a la avanzada tecnología de Lady.
Era una mañana fresca, aproximadamente las diez, con un cielo despejado que prometía un día soleado.
Ambos vestían trajes diseñados para parecer una pareja común, disfrazados como personas ansiosas por adoptar un niño.
Su vehículo, una furgoneta azul modesta pero cuidada, se detuvo frente a la entrada principal.
Paul, quien estaba al volante, bajó la ventanilla y se dirigió al portero con tono amable: —Venimos para realizar una adopción —explicó, aunque su expresión cambió rápidamente de cordial a seria, casi molesta, cuando el hombre preguntó si tenían cita previa.
La mujer, percibiendo el repentino cambio en Paul, intervino con rapidez.
Esbozó una sonrisa cálida mientras respondía al portero: —No tenemos cita, pero estamos muy entusiasmados por adoptar.
¿Podría ayudarnos?
—Su voz era dulce, pero cargada de determinación, y acompañó sus palabras con una mirada que invitaba a confiar en ella.
El portero asintió y regresó a su caseta para hacer una llamada.
Una de las hermanas del hogar contestó al otro lado de la línea, indicándole que podían pasar.
Antes de colgar, le recordó que debía pedirles sus datos personales.
El hombre regresó con un cuaderno en mano y les pidió que anotaran sus nombres.
Paul escribió “David White” y ella, “Erika White”, nombres falsos creados específicamente para esta misión.
Una vez completado el registro, el portero abrió la verja y permitió que el vehículo ingresara.
Al estacionarse, ambos bajaron del auto.
Paul lucía diferente; su piel ahora tenía un tono más claro, y su cabello castaño reemplazaba el oscuro habitual, otorgándole una apariencia europea.
Su compañera, por su parte, llevaba el cabello recogido y teñido de un marrón claro, ocultando su verdadero color rubio y su tono de piel cálida y morena.
Juntos caminaron hacia la entrada principal de la gran casa-hogar.
Una de las hermanas los esperaba en la puerta.
Les dedicó una sonrisa acogedora y los saludó con cortesía: —Bienvenidos, síganme por aquí, por favor.
Mientras seguían a la joven hermana, observaron a su alrededor.
Niños, adolescentes y jóvenes deambulaban por los pasillos y jardines del lugar.
Gracias a los lentes especiales que llevaban, Paul y Erika podían escanear el entorno, contabilizando cada rostro y registrando detalles invisibles para el ojo humano.
Además, Erika dejó caer discretamente unas pequeñas partículas que simulaban basura, pero que en realidad eran nano robots programados para analizar toda el área.
Estos diminutos dispositivos no solo contabilizaban a todos los huérfanos, sino que también identificaban sus edades y condiciones físicas.
—Por aquí está la oficina de la madre superiora, quien es la directora del lugar —indicó la hermana antes de abrir la puerta y retirarse con discreción.
Al entrar, vieron a la madre superiora sentada detrás de un imponente escritorio de madera oscura.
A su lado, su fiel mano derecha, Elsa, permanecía atenta.
Ambas mujeres estaban absortas viendo las noticias en un televisor antiguo colocado sobre un mueble cercano.
Justo antes de apagarlo, una reportera apareció en pantalla, anunciando con entusiasmo: —Esperamos con ansias la obra teatral que se llevará a cabo esta noche… Paul y Erika intercambiaron una mirada rápida pero significativa.
Sabían que cada detalle, por pequeño que fuera, podía ser crucial para su misión.
—¿Muy buena es esa obra?
¿La conocen ustedes?
—preguntó Elsa con entusiasmo, rompiendo el breve silencio que había quedado tras apagar el televisor.
—No, no vemos mucha televisión debido a nuestro trabajo —respondió David, cuyo verdadero nombre era Paul Fernández, con un tono casual pero firme.
—¿Y de qué trata?
—indagó Erika, inclinándose ligeramente hacia adelante como si estuviera genuinamente interesada.
Elsa sonrió ampliamente antes de responder: —Bueno, hace unos días pasaron una noticia sobre un supuesto incidente en una región montañosa del país vecino.
Todos creyeron que era real, pero luego se descubrió que era parte de una obra teatral.
Ahora, todo el mundo espera con ansias la gran puesta en escena.
Las entradas están volando… ¡Es increíble!
—Vaya, eso es fascinante —comentó Paul, aunque su tono sugería lo contrario.
Luego, sin perder tiempo, añadió—: Pero a lo que venimos… Vaya, sí que es directo y cortante, pensó Elsa, frunciendo levemente el ceño ante la brusquedad del hombre.
—El señor tiene razón.
Vayamos al grano —intervino la madre superiora, asintiendo con seriedad.
Miró a Paul fijamente y preguntó—: ¿Y quién es usted exactamente?
Paul abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera decir algo, Erika le dio un sutil codazo en el costado.
Él captó la indirecta y rectificó rápidamente: —Soy David White, y esta es mi esposa, Erika White.
Venimos desde el oeste del país para adoptar.
Nos han dicho que este es un lugar excelente para encontrar niños que necesiten un hogar.
—Encantados —dijo la madre superiora con una sonrisa educada, aunque sus ojos permanecían atentos, evaluando cada palabra y gesto.
—Bien, entonces… ¿Qué tipo de niño están buscando?
—preguntó la madre, mientras los nano robots enviaban información precisa a través de los lentes de contacto de Paul y Erika.
En cuestión de segundos, ambos tenían acceso a datos detallados sobre la cantidad de huérfanos presentes en el lugar y sus respectivas edades.
—Excelente —murmuró Erika para sí misma, apenas moviendo los labios.
—¿Disculpe?
—la madre superiora la miró con curiosidad, sospechando algo en su tono.
—Oh, perdón, madre —se disculpó Erika rápidamente, fingiendo nerviosismo.
Inspiró profundamente y continuó—: Verá, tengo una condición médica que me impide tener hijos.
Mi esposo y yo…
—hizo una pausa dramática y tomó la mano de Paul, quien respondió con una expresión comprensiva— hemos soñado siempre con formar una familia numerosa.
Tenemos los medios para cuidar de muchos niños.
Las palabras salieron acompañadas de lágrimas falsas, fabricadas gracias a la tecnología avanzada de sus lentes de contacto.
Erika bajó la cabeza, cubriéndose el rostro con el torso de Paul, quien la abrazó protectoramente.
Por dentro, Erika sonreía triunfante: Qué buena actriz soy.
—Oh, me apena mucho escuchar eso, señora White —dijo la madre superiora con genuina empatía—.
Veo que tiene un corazón enorme y desea darles hogar a muchos niños.
—Así es, madre —respondió Erika, levantando la vista y limpiándose las lágrimas con delicadeza—.
Quisiera adoptar a todos los chicos menores de diecisiete años.
Son los que menos problemas dan, si usted me entiende.
La madre superiora parpadeó sorprendida.
Intercambió una mirada rápida con Elsa, quien también parecía desconcertada.
—¿Está segura de que podrá manejar tantos niños?
Hay más de cien muchachos y muchachas con esa característica —dijo la madre, con cautela, pero también con un destello de esperanza en su voz.
—Sí, no se preocupe.
Tengo mucho amor que dar —aseguró Erika, dejando escapar otra lágrima estratégica.
Su actuación estaba dando frutos; podía sentir cómo tocaba el corazón de la madre superiora y, poco a poco, incluso el de Elsa, quien solía ser estricta y desconfiada.
—Bueno, somos una familia millonaria que viaja mucho por el mundo.
Tenemos los medios necesarios para cuidar de muchas personas —añadió Paul, tomando el relevo con un tono convincente pero controlado.
—Entiendo, señor White —dijo Elsa, interviniendo con un tono más frío y profesional—.
Si me permite, necesitaré algunos documentos que respalden lo que acaba de decir.
Elsa no terminaba de confiar en él.
Algo en su actitud le resultaba incómodo, como una sensación persistente de que algo no encajaba del todo.
Sin embargo, Erika le inspiraba confianza.
Había algo en su vulnerabilidad fingida que tocaba fibras profundas, incluso en alguien tan precavida como Elsa.
—Sí, claro.
Aquí tiene todo lo que necesita —dijo Erika con una sonrisa tranquila mientras extendía una tableta donde estaban organizados todos los documentos falsos que había preparado durante el vuelo.
Elsa tomó la tableta y comenzó a revisarla meticulosamente.
Sus ojos se abrieron un poco más al ver las cifras que aparecían en las cuentas bancarias.
—Es increíble… ¡Ganan tanto dinero!
—comentó Elsa, impresionada, aunque su tono seguía siendo profesional y algo receloso.
—Así somos nosotros —respondió Erika con naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo—.
Y cuando tenemos, ayudamos a diversas organizaciones.
Fue precisamente en una de esas instituciones donde nos hablaron maravillas de ustedes.
Por eso estamos aquí.
De hecho, les podemos hacer una generosa donación para apoyar su noble labor.
La madre superiora y Elsa intercambiaron una mirada rápida pero significativa.
La madre superiora asintió lentamente antes de hablar: —Si todo está en regla, podemos iniciar el proceso.
Sin embargo, después del papeleo oficial, serían necesarias entre dos y tres semanas para completar todo.
—¿Dos a tres semanas?
No tenemos tanto tiempo —interrumpió David, cuyo rostro comenzaba a cambiar nuevamente hacia una expresión seria y molesta.
Sabía perfectamente que, si no cumplía con lo indicado, Zeus no dudaría en darle una lección que nunca olvidaría.
Erika, percibiendo la tensión creciente, intervino rápidamente para salvar la situación: —Lo que mi esposo quiso decir es que estamos tan emocionados por tener a estos pequeñines lo antes posible con nosotros, para darles todo nuestro amor.
Es comprensible, ¿verdad?
La madre superiora sonrió amablemente, aunque su postura seguía siendo firme: —Oh, ya veo, señora White.
Lamento mucho la demora, pero así son las cosas por aquí.
La ley es la ley.
Erika mostró entonces una pantalla en su tableta con una cantidad de dinero exorbitante, dejándola visible para ambas mujeres.
Su voz fue suave pero cargada de intención: —Incluso si les damos un pequeño incentivo… La madre superiora, sin inmutarse, respondió con firmeza: —Aun así, señora, debemos ser estrictos con los procedimientos.
La ley debe respetarse para proteger nuestra reputación y la seguridad de los niños.
Por dentro, Erika hervía de frustración: Maldita vieja, ya me las pagarás.
Pero por fuera, mantuvo su fachada de paz y amor.
Tomó la mano de David con fuerza, tratando de calmarlo mientras decía con dulzura fingida: —Entiendo, madre.
Bueno, estaremos hospedados en la plazuela, en el hotel.
Este es nuestro número por si necesitan comunicarse con nosotros.
David, cuya mirada era ahora aterradora, logró contenerse gracias a la presión firme de Erika en su brazo.
—Bueno, nos retiramos —anunció ella con una última sonrisa cortés.
Elsa acompañó a la pareja hasta la salida.
Una vez que cerraron la puerta de la oficina de la madre superiora tras ellos, Elsa se volvió hacia esta última: —¿Qué le pareció, madre?
—Me pareció muy extraña la visita de estos dos.
Es singular que quieran llevarse a casi todos los niños de esta institución —reflexionó la madre superiora—.
Viendo lo que nos enviaron, todo parece estar en orden, y no hay ningún problema con la información.
Pero sobornarme… Tú sabes que siempre sigo las reglas.
Las reglas son las reglas.
—Tiene razón, madre.
Voy a investigar un poco más sobre estos dos supuestos millonarios —dijo Elsa con determinación—.
No me dio buena espina que quisieran adoptar tan rápido.
En el coche, ambos estaban visiblemente enojados mientras salían de las instalaciones del orfanato.
—Casi lo arruinas —le reprochó Erika con un tono bajo pero afilado.
—¿Y qué hay de tu fachada?
Tampoco fue perfecta.
La madre es muy estricta y se apega a las normas y las leyes.
¿Cómo se te ocurrió intentar sobornarla?
—contraatacó él.
—Mi actuación fue digna de un Oscar —replicó Erika con arrogancia—.
No tengo la culpa de que esa mujer sea inmune al dinero.
A mis encantos, sin embargo, no creo que hubiera podido resistirse.
—Ni tanto, Vera —dijo Paul, usando su verdadero nombre para recalcar su punto—.
No seas tan vanidosa.
Erika lo miró directamente a los ojos, desafiante: —¿Estás celoso?
Además, siempre eres tan temperamental, Paul.
Continuaron discutiendo hasta que llegaron a la nave.
Una vez dentro, se pusieron en contacto con el general de la operación.
En un monitor grande apareció la figura imponente del general.
—¿Cómo les fue?
—preguntó el general sin rodeos.
Antes de que Paul pudiera hablar, Erika se adelantó: —Tendremos que esperar dos o tres semanas.
Ese sería el camino óptimo, aunque podría extenderse a meses si el papeleo se retrasa.
Claro, si no fuera por culpa del teniente.
—¿Cómo te atreves?
—exclamó Paul, y ambos comenzaron a discutir nuevamente.
El general levantó una mano con autoridad: —¡Suficiente!
No importa quién tenga la culpa.
Sabíamos que por las buenas no iba a funcionar.
El señor Zeus quiere que completemos la misión lo antes posible.
Todas las unidades en el mundo han reportado lo mismo.
Incluso a mí me fue mal.
Hizo una pausa antes de continuar: —Esta noche daremos inicio al Plan B.
Todos los presentes respondieron al unísono: —¡Sí, señor!
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Cocoelcool38 Me ayudarian con un comentario en la pagina se los agradeceria
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