El sistema del perro agente - Capítulo 89
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89: El pasado de Adía (3) 89: El pasado de Adía (3) Una vez que la agonía de los tres terminó, cayeron en un estado similar al coma mientras escuchaban voces que decían: “Fue todo un éxito”.
Luego, se sumieron en un sueño profundo.
“Vaya, no pensé que lograríamos crear los primeros Metalux.
Bueno, los Anglux como les podrías llamar tú porque fue un lote bueno con estos humanos”, dijo Gol.
“Entonces ya veo: la edad límite es la del joven Milo, de diecisiete años.
Debo anotarlo en mis registros”, indicó Eros Laos.
“Sí, esta vez no se convirtieron en cosas amorfas ni se desintegraron.
Quizá también podríamos probar con algunos animales más adelante.
Nos haría bien tener un ejército de monstruos, como unos dinosaurios”, comentó Laos con tono sarcástico.
“Lleven a los individuos a la sección clínica y monitoreen sus signos vitales.
No se olviden de encadenar a la joven”, ordenó Laos.
“No se olviden de avisar cuando despierten”, añadió Gol.
“Ya regresaron los sujetos con más piedras para crear Metalux.
Bien”, dijo Gol.
“Lo malo es que el portal se cerró y el sujeto ya murió.
Tendré que traer a otro porque este era muy débil”.
“Vaya, siempre tienes que colocar a uno de los tuyos en esa máquina para que funcione”, comentó Laos.
“Pues claro, los únicos que pueden activar las energías de esas piedras son mi raza, pero no cualquiera, solo los de descendencia real.
Por suerte para ti, Laos, hice un transmisor falso para atraer a algunos, pero ya se me está acabando la reserva.
Tendré que atraer más.
Hay muchos de la realeza en tu mundo, ¿verdad?”, preguntó Gol.
“Sí, no es como aquí en tu tierra, donde ya solo unos pocos ejercen ese título.
Allá son varias casas que tienen ese título.
Solo necesito engañarlos para que vengan a este asteroide habitable, disfrazar la Tierra para que piensen que es otro planeta y atraparlos con el rayo paralizante.
Todas esas cosas, déjamelo a mí”, explicó Gol.
Pasaron un par de días.
“Señor, ya despertaron los sujetos de prueba”, informó un asistente.
“Bien, vamos para allá”, dijo Laos.
Ambos científicos fueron al ala clínica y vieron que los tres habían despertado.
“¿Sienten algo diferente, niños?”, preguntó Gol.
“No, nada, señor.
Solo sentí un gran dolor y luego mi cabeza comenzó a dar vueltas”, respondió Milo, quien jaló el equipo médico y lo rompió en el acto.
“¡Guau, hermano!
¡Tienes super fuerza!”, exclamó Drake emocionado.
“Tú y tus cómics, hermano, pero parece ser que sí.
Super fuerza”, anotó Laos en su informe.
“Bien, tú, joven Drake, ¿qué habilidad has adquirido?
¿Quizá también super fuerza?”, preguntó Gol.
Pero Drake no pudo mover el aparato al que estaba conectado.
“Yo creo que no”, dijo Gol.
“Quizá vendrá más tarde, muchacho.
Suerte para la próxima”, bromeó Milo en tono burlón.
“Y usted, señorita, ¿tiene algo que compartir?”, preguntó Gol.
Adía no respondió, sino que lanzó una bola de fuego de una de sus manos.
“Así que fuego”, anotó Laos.
“Qué mal, los dos tienen superpoderes y yo nada”, indicó Drake triste.
“Bien, dos que tienen poderes y uno que salió normalito a nada”, comentó Gol.
“Sí, dos de tres no está mal”, dijo Laos.
En ese momento, entró Ras White y dijo: “Ah, ustedes, hijos míos, veo que sobrevivieron.
Son fuertes como su padre y mantendrán mi linaje”.
“Señor, solo su hijo mayor, Milo, obtuvo poderes”, informó Laos.
“Ah, bueno, Drake siempre me lo podía esperar.
Es un débil; siempre fue uno.
Mi esposa siempre lo malcriaba y lo defendía de todo”, replicó Ras.
El chico se levantó de donde estaba y se retiró.
Adía quiso decirle que no se fuera, pero no le salió ninguna palabra de la boca.
“Déjenlo que salga como el cobarde que es”, indicó Ras.
“Bien, entonces iniciaremos la fase dos, señores.
Debemos entrenarlos para que sean los supersoldados que salvarán a este país y ganarán la guerra contra nuestros enemigos.
Serán nuestra carta de triunfo, pero necesitaremos más, doctor”, dijo Ras.
“Sí, señor, de inmediato.
Pero necesitaremos más jóvenes que quieran enlistarse en su cruzada”, respondió Laos.
“Déjeme eso a mí.
Ustedes encárguense de tener todo preparado para más reclutas”.
“Ser una soldado otra vez, pero en esta época…
No lo sé.
Pelear por gente que ni conozco”, reflexionó Adía.
“Me pregunto dónde está Drake”.
“Toma, si quieres salir de esta celda, colócate este uniforme y te llevaré al campo.
Necesitarás entrenamiento o prefieres quedarte aquí encerrada toda tu vida”, indicó Laos.
“Así que la joven tiene el poder del fuego.
Interesante.
Bueno, yo la entrenaré”, dijo Gol, mirando a un puñado de gente que parecían mercenarios.
“Ustedes pueden encargarse del muchacho”.
“A ver, chica, te liberaré.
No hagas alguna estupidez”, advirtió Gol mientras la soltaba.
La chica intentó salir de lo que parecía un campo de entrenamiento, pero fue repelida por un campo eléctrico que la hizo retroceder.
“Vaya, no está mal.
Tienes más resistencia a la electricidad.
Demuestra que vales algo, niña”, le dijo Gol.
Y así fueron pasando los días, que se convirtieron en meses y luego en años.
Adía había estado entrenando mientras más reclutas llegaban al lugar.
El equipo ya contaba con unos veinte miembros.
Una vez que terminó el entrenamiento, Adía salió a escondidas del lugar y se encontró con alguien que llegaba en una moto.
El conductor se bajó de la moto y era Drake, que se había convertido en un apuesto joven.
“Hola, Drake”, le dijo ella, acercándose para darle un gran beso en los labios.
“¿Qué tal, Adía?
¿Cómo te va con tu entrenamiento?”, preguntó él.
“Bien, todo va con viento en popa.
Ya he logrado dominar el fuego, y no solo eso”.
Adía sacó de sus cuatro dedos diferentes elementos: agua, fuego, aire y tierra, además de electricidad en sus cinco dedos.
“Eso es increíble, amor.
Yo pensé que solo tenías el fuego, pero veo que tienes todos”, dijo él emocionado.
“Sí, pero al parecer soy la única.
Hay otros que solo tienen uno”, respondió ella.
“¿Cómo está mi hermano?”, preguntó Drake.
“Bueno, triste porque te fuiste, pero no ha dejado de presumir su super fuerza y resistencia ante los demás”, respondió Adía.
“Sí, como siempre, todo un presumido”, dijeron ambos.
“Las cosas aquí no son lo mismo sin ti.
Extraño que pasen las horas para verte.
Sé que no obtuviste poderes, pero al menos estás vivo”, dijo ella.
“Sí, lo sé, pero decepcioné a mi padre y hice el ridículo.
Pero gracias a que te tengo a ti, no puedo dejar esa carga atrás, aunque seas mayor que yo”.
“Tengo diecisiete”, dijo ella.
“Sí, pero debes agregarle algunos ceros a eso”, le dijo él.
Ella le dio un coscorrón a Drake.
“Vaya, vaya, mira lo que trajo el ratón.
El cobarde de mi hermano ha vuelto”, indicó Milo.
“Ah, eres tú, Milo”, dijo Drake.
“Así que por eso no me querías nada conmigo, Adía.
Estabas saliendo con el inútil de mi hermano”.
“Oye, déjalo tranquilo”, dijo Adía.
“¿Qué?
¿Ahora necesitas que te defienda una mujer?”, dijo Milo.
“No lo necesito.
Puedo ganarte aquí y ahora”, le dijo Drake.
“Tengo super fuerza, hermanito.
Te puedo aniquilar en cualquier momento”, indicó Milo.
“¿Así tú y cuántos más?”, dijo Drake.
“Esperen”, dijo Adía, pero fue tarde.
Ambos se enfrentaron.
“Eres ágil, hermanito.
Veo que estuviste entrenando tus estiramientos, pero no va a ser suficiente contra mí”, dijo Milo, rompiendo un par de paredes de algunos edificios que estaban por el callejón, así como el pavimento.
Ladrillos y grava caían por todas partes, pero Drake era ágil.
“Deténganse, los dos”, decía Adía, pero ambos no le hacían caso.
Milo agarró una señal y golpeó con ella a Drake en la espalda en un descuido.
Drake cayó al suelo con sangre en la boca y un gran dolor en la espalda.
“Eres débil, hermanito”, dijo Milo mientras se acercaba a él.
Cuando lo tuvo cerca, le cogió el brazo y, sin medir su fuerza, se lo arrancó.
Adía, horrorizada, golpeó a Milo con una pared de energía eléctrica que hizo que saliera volando.
Ella trató de curar la herida de Drake, pero no poseía magia curativa.
Milo se volvió a parar y ya iba a por los dos, pero escucharon un disparo.
“Ya es suficiente, los dos”, dijo Ras.
“No necesito hacerte caso”, dijo Milo, pero antes de avanzar sintió una descarga en la espalda que lo hizo retorcerse de dolor.
“Quizá tengas poderes, hijo, pero yo tengo los mejores juguetes”, dijo el padre.
“Dejen de estar jugando que mañana tienen su primera misión”.
“La campana te salvó, hermanito.
Espero que no vuelvas”, dijo Milo, molesto, mientras se levantaba del suelo.
Al parecer, Milo sentía algo por Adía, pero fue rechazado por alguien débil que llevaba su misma sangre.
“Y tú, muchacho, no vuelvas por aquí.
Que esta sea una advertencia”, dijo Ras mientras el muchacho seguía gritando de dolor por perder el brazo completo.
“Adía, ¿a dónde vas?”, preguntó Ras.
“¿Que no le importa su hijo?
Lo voy a llevar a un hospital o morirá aquí”, respondió ella con lágrimas en los ojos.
“No seas dramática.
Además, él ya no es mi hijo.
Dejó de serlo el día que se fue”, replicó Ras.
“Entonces quizá yo no pertenezca a su escuadrón o lo que sea que esté creando”, dijo Adía.
“No hay necesidad”, respondió Ras, sacando un teléfono grande con una batería que colgaba en su cinturón.
“Te quiero aquí con el equipo médico Maos”, dijo.
De inmediato llegó un auto con un joven doctor Maos, experto en medicina y bio-implantes.
“Haga lo que tenga que hacer para salvarlo, y una vez que esté estable, que se retire de mi empresa”, dijo Ras.
“Sí, señor”, indicó Maos mientras unos médicos cargaban a Drake a una camilla.
Maos miró sonriendo a Milo, y el también se cruzaron sonrisas que maquinaban algo.
“Ven aquí, Adía.
Tenemos que seguir con el entrenamiento”, dijo Ras.
“O no lo salvo”.
Ella dejó que se llevaran al chico, a quien aplicaron algo para dormirlo.
El carro se fue con el muchacho rumbo desconocido, mientras Adía volvía al lado de Milo y Ras.
Maos comenzó a trabajar en el brazo del muchacho, colocando una prótesis de metal como un brazo mecánico.
Encima de este, le colocó una especie de guante grande que llegaba a cubrir lo que le quedaba de hombro y donde iba el resto del brazo.
“Tienes suerte de seguir con vida, y con esta maravilla adelantada a su época que tienes en el brazo, es como si estuviera viva conectada a tu cuerpo.
Bien, es hora de dejarte por ahí”, dijo Maos antes de dormirlo nuevamente.
Dejándolo tirado en un callejón.
El muchacho se paró adormilado, desorientado.
Lo primero que se le vino a la mente fue: “¿Y dónde está Adía?
Pero qué ha pasado.
Esta cosa negra, ¿qué es?”.
Se tocó la cabeza y dijo: “Ah, ya lo recuerdo.
Mi hermano me sacó el brazo y fui vencido.
No me daré por vencido.
Deberé hacerme más fuerte por ella, así no tenga poderes”.
Se levantó del lugar y se retiró sin rumbo.
Pobre Drake.
No tenía buena suerte en la vida, aunque más adelante su futuro iba a cambiar radicalmente.
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