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El sistema del perro agente - Capítulo 92

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92: Un nuevo ejercito 92: Un nuevo ejercito Luego de sesiones de intenso entrenamiento, Maos declaró con firmeza: “Están listos”.

Con la aprobación de Zeus, envió a un grupo selecto a cumplir una misión crucial.

Su objetivo era enfrentar a un grupo de insurgentes en una región remota de África, donde Aldos Etron no lograba imponer control debido a sus múltiples ocupaciones.

“¡Atención!

Estamos llegando a la zona indicada”, anunció uno de los jóvenes desde el interior de un avión en movimiento.

Llevaba puesto un traje táctico militar negro con franjas doradas y un casco que le cubría el rostro.

Era evidente que se trataba del líder de la expedición.

En una sala de monitores, ubicada en un lugar desconocido, Zeus, Maos, Lady y Brenda observaban atentamente el despliegue de los chicos.

Desde el cielo, el líder y varios compañeros, vestidos de manera similar, pero con máscaras plomizas en forma de demonios, descendieron al campo de batalla.

Al tocar tierra, divisaron a varios sujetos intentando forzar la entrada de una empresa, armas en mano.

Uno de ellos sostenía una bomba molotov, pero cada vez que intentaba encenderla, la mecha se apagaba.

Desesperado, no sabía qué hacer.

Un ayudante del líder invasor se acercó, murmurando con desdén: “Eres un inútil.

Presta acá esa cosa, te voy a enseñar cómo se hace”.

Tras arrebatarle la bomba, intentó encenderla con su cigarro, pero en ese instante, su cuerpo comenzó a arder en llamas.

Horrorizado, corrió sin rumbo hasta desplomarse, víctima de un agujero enorme que se abrió en su estómago.

Los demás insurgentes, paralizados por el miedo, no supieron cómo reaccionar cuando varios sujetos con máscaras de demonios emergieron de las sombras.

Con manos que parecían contener fuego, derretían los estómagos de quienes osaban enfrentarlos.

Los enemigos abrieron fuego, pero sus balas resultaron inútiles.

De la nada, otro enmascarado apareció y, con movimientos precisos, cortó tanto las armas como los brazos de quienes las empuñaban.

“¿Qué son esas cosas?”, se preguntó el líder de la incursión mientras lograba acercarse a uno de los enemigos y dejarlo fuera de combate.

Al levantarle la máscara, descubrió algo sorprendente: era un niño.

Sin embargo, antes de que pudiera procesarlo, sintió un fuerte impacto en el pecho.

Una barra de metal atravesó su corazón, matándolo al instante.

Detrás de él, el joven con el casco que ocultaba su rostro manipulaba el metal a su antojo.

Rápidamente, los invasores fueron neutralizados.

“Señor, concluimos”, informó el muchacho del casco a Maos a través del auricular.

“Excelente”, respondió Maos con satisfacción.

“Sin bajas, señor Zeus, ¿qué opina?”.

Zeus sonrió complacido.

“Lo has hecho muy bien, Maos.

Siempre tuve confianza en ti.

Además, adaptar al ejército en tan poco tiempo es un logro impresionante”.

Los demás líderes, observando la transmisión compartida por Maos, aplaudieron fascinados.

“Como ven, con este ejército de super soldados, o Metalux, como los llamaba Laos padre, podremos alcanzar nuestro objetivo.

Nadie se interpondrá en nuestro camino”, declaró Zeus, encantado con los resultados.

“Es hora de llevarlo al siguiente nivel”, continuó Zeus.

“Desplieguen a los soldados en todas las áreas donde tenemos operaciones y acabemos con la competencia.

Es una orden”.

Maos asintió sin dudar.

Mientras tanto, Zeus le preguntó a Lady: “¿Ya están listos los super trajes para todo este ejército?”.

Ella confirmó: “Sí, se están fabricando en masa”.

Zeus sonrió para sí mismo, pensando: “Excelente.

Todo va de acuerdo al plan, mejor de lo que esperaba.

Pronto seré el soberano del mundo”.

En otra parte, en las instalaciones de los agentes, Margaret expresó su incredulidad: “No puedo creer que haya pasado más de una semana desde que realizamos ese ritual psíquico”.

Mark, con calma, respondió: “Así es el paso del tiempo, señora”.

Las demás mujeres presentes en la sala protestaron: “¡No es justo!

Perdimos nuestro día con Mark.

¿Podemos hacer un nuevo sorteo?”.

Azulema, la jefa, intervino: “No creo que sea necesario”.

Margaret, calculando rápidamente, señaló: “Pero usted también perdió su turno”.

Azulema, con lágrimas en los ojos, exclamó: “¡Ah, no!

Mejor hagamos un nuevo sorteo”.

Adía, la maga, fue blanco de las críticas de las demás: “¡Todo es tu culpa!”.

Antes de que pudieran continuar, una alarma resonó por toda la base: “Todos los agentes especiales disponibles, por favor, vengan de inmediato a la sala del jefe”.

Adía, aprovechando la distracción, escapó rápidamente.

“Oigan, no pueden irse sin pagar por habernos hecho perder nuestro turno con Marky”, gritaron las otras mujeres.

Azulema, tratando de calmar los ánimos, sugirió: “Ni modo, tendremos que rehacer los turnos”.

Las tres chicas que parecían gemelas protestaron: “Eso no es justo.

Ustedes dijeron que no habría cambios, además, hoy nos tocaba con él”.

Azulema, riendo, replicó: “Bueno, yo soy la jefa, ¿no?”.

Ada, molesta, señaló: “No es justo usar su poder así”.

Finalmente, decidieron alistarse y dirigirse a la oficina del jefe.

Mientras tanto, en el área asignada al equipo D, Gin y Dani llegaron con batas nuevas y una insignia que los identificaba como parte de la unidad O, apoyando a los tecnópatas.

“Ese examen fue complicado, pero lo pasamos, amigo”, comentó Dani.

Ambos entraron a la unidad donde Becky estaba revisando un robot defectuoso.

“Agente D-Doce, le traemos uno de los robots que indicó estaba defectuoso”, informó Gin.

Becky utilizó su habilidad para comunicarse con las máquinas y descubrió algo alarmante: “Este robot fue pirateado.

Pasó de estar en un nivel avanzado a un nivel oculto que aumentó su poder”.

Dani, confundido, preguntó: “¿Pirateado?

¿Cómo es posible?”.

Becky explicó: “Alguien interfirió con su programación.

Podría haber matado a los cadetes”.

“No, gracias a un gran elemento, todos salieron ilesos”, respondió Dani.

“¿Un gran elemento?

¿Qué fue?”, preguntó Becky.

“Fue Podbe, el perro”, respondió Gin.

Becky, sorprendida, exclamó: “¿Un perro hizo esto?

Nunca pensé ver a un animal con tanta fuerza para destruir estas máquinas creadas por nuestro jefe Adrián”.

Ambos asintieron: “Podbe es un super perro y el mejor”.

Antes de que Becky pudiera investigar más, la alarma sonó nuevamente.

Se despidió rápidamente, no sin antes pedirles que averiguaran quién había hackeado las máquinas.

Mientras caminaba por uno de los pasillos, se cruzó con el agente I-Cinco, quien levantó la mano y trató de reír de manera extraña.

Becky pensó: “Qué raro, él no suele actuar así”, pero no le dio importancia debido a la prisa.

En la oficina del jefe, Brea se emocionó al ver a su equipo, especialmente a Mark.

En la sala también estaban Ezequiel, Gat, Ray (un hombre con una espada en la espalda), Adrián, Becky, Adía y otros agentes.

El jefe interrumpió las conversaciones amenas con una noticia grave: “Tenemos problemas serios.

Ya no se trata solo de salvar al pequeño Aiden.

Esta organización criminal ha creado más Metalux que les sirven y están comenzando a tomar control de territorios.

Debemos reclutarlos si es posible o neutralizarlos.

No podemos permitir que esto escalone a nivel mundial.

Nuestra misión es evitar cualquier encuentro que pueda poner en riesgo la paz mundial”.

Gat preguntó: “¿Qué poderes tienen?”.

El jefe respondió: “No sabemos mucho, pero parece que son similares a los de algunos de ustedes.

Los usan abiertamente, acabando con sus adversarios sin piedad”.

Adía, incrédula, insistió: “Quizá están bajo un embrujo”.

El jefe negó: “No podemos arriesgarnos.

Azulema y su equipo investigarán si algo los controla”.

Adrián sugirió: “Podríamos usar armas con somníferos para capturar a uno y examinarlo”.

Finalmente, White tomó la palabra: “Nos dividiremos en grupos para resolver esta amenaza global.

Yo iré con Podbe; quizá pueda usar su conexión con Aiden para encontrarlo.

Marie, tú te quedas aquí monitoreando y actualizándonos sobre cualquier novedad”.

Todos asintieron y se dispersaron hacia sus respectivos destinos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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