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El sistema del perro agente - Capítulo 95

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95: Minutos antes 95: Minutos antes —Oye, ¿qué te pasa, Floud?

¿Por qué estás todo temeroso?

—preguntó Eduard con un tono suave pero firme mientras observaba al niño aferrarse a sus ropas como si fueran un refugio seguro.

El pequeño lo miró con los ojos vidriosos, sus lágrimas brillando bajo la luz tenue del lugar.

Su voz temblorosa rompió el silencio: —Señor Eduard, no me volvía a mandar con ese grupo de personas… —¿Por qué dices eso?

—preguntó Eduard, inclinándose para estar a la altura del niño.

—Es que todos en ese lugar están locas —dijo el niño entre sollozos, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.

Eduard esbozó una leve sonrisa, aunque sus ojos reflejaban preocupación.

Sacó una paleta de su bolsillo y se la ofreció al niño, intentando calmarlo.

—Tranquilo, me olvidé de contarte sobre ellas.

Pensé que no se iban a alocar contigo, pero veo que les urge tener hijos…

Todas ellas tratando de consolarte dándote dulces.

Floud aceptó la paleta con desconfianza, lamiéndola lentamente mientras murmuraba: —No crea que con esto me va a comprar.

Tendrá que esforzarse más.

En el camino hacia la sede del equipo B, Ezequiel caminaba con paso tranquilo, acompañado por Gat.

El aire estaba cargado de una quietud casi palpable, interrumpida solo por el eco de sus pasos.

De pronto, una puerta frente a ellos se abrió de golpe, sumiendo el lugar en una oscuridad absoluta.

Antes de que pudieran reaccionar, algo frío y metálico rozó el cuello de Ezequiel.

—Vaya, por poco no la cuento —dijo Ezequiel con calma, esquivando la hoja de la espada justo cuando la luz se encendió, revelando a un hombre vestido como un samurái.

Sus ropas eran de un azul tan oscuro que parecían tragarse la luz.

—Así saludas a tu líder —comentó Ezequiel con una mezcla de diversión y reproche.

—Ah, es usted, señor.

Pensé que alguien entraba de improviso —respondió el hombre, guardando la espada en su funda con un movimiento fluido.

Ray Miyamoto, agente B-Uno, era un hombre de cincuenta años con un cabello plateado recogido en un moño alto, siguiendo la tradición de los antiguos samuráis.

Aunque había nacido ciego, sus otros sentidos se habían agudizado hasta límites extraordinarios.

Era calmado, preciso y poseía una serenidad que inspiraba respeto.

Desde los ocho años, cuando fue llevado a convertirse en un Metalux, Ray había adoptado el código del guerrero samurái como su filosofía de vida.

—Claro que sé quién es usted, señor.

Lo hizo a propósito por dejarlo al cuidado durante sus vacaciones —dijo Gat con una sonrisa burlona, cruzándose de brazos.

—Ese sí sé quién es: el mocoso chismoso de Gat —replicó Ray sin perder su compostura.

Gat frunció el ceño.

—Oigan, estoy aquí, por si acaso.

Mientras tanto, en otro rincón de la base, dos niños entraron corriendo y agarrados de la mano.

Uno de ellos llevaba una máscara de lobo que cubría sus ojos cafés, combinando con su cabello castaño.

El otro tenía el cabello rubio y unos grandes ojos color naranja que parecían absorber la luz del lugar.

—¡Oigan, son ustedes el fenómeno y el fenómeno más rarito!

—exclamó Gat con su habitual sarcasmo.

—¿Por qué me dices rarito?

—preguntó Benjamín, señalando su máscara con gesto defensivo.

—¿Quién trae una cosa así?

No somos superhéroes, ¿o es un fetiche tuyo?

—respondió Gat con una sonrisa traviesa.

—No, no es eso.

Me gusta usarla —replicó Benjamín, mientras Riota añadía: —Y a quién le dices fenómeno.

Riota Kano y Benjamín Key, ambos de ocho años, eran inseparables desde que fueron encontrados juntos en una misión.

Aunque físicamente podían pasar por gemelos, sus personalidades eran opuestas.

Riota, ágil y rápido como un rayo, era conocido por su habilidad para aprender cualquier técnica en cuestión de días.

Benjamín, por su parte, soñaba con ser un héroe y siempre llevaba su máscara como símbolo de esa ambición.

—Además, ¿qué haces tú aquí?

Este no es tu escuadrón.

Además, ya tu líder volvió —dijo Gat, señalando a Ezequiel.

—¿De verdad?

¡El señor Eduard volvió!

¡Qué genial!

Ya vengo —exclamó Riota, soltando la mano de Benjamín para correr hacia donde estaba Eduard.

—¡Oye, espérame!

Mejor voy contigo —dijo Riota, persiguiéndolo.

Gat suspiró exasperado.

—Niño, ¿acaso el jefe está pintado o qué?

—Bien, pueden ir, pero regresen de inmediato —ordenó Ezequiel con un gesto indulgente.

Mientras tanto, en otra parte de la base, Adía emergió de una habitación tras completar un ritual para recuperar sus poderes.

Apenas cruzó el umbral, una mujer con cabello rojo como las llamas apareció frente a ella, sus ojos brillantes como brasas.

—Así que los rumores son ciertos.

Has vuelto, jefa —dijo la mujer antes de lanzar una bola de fuego directamente hacia Adía.

Con un movimiento elegante, Adía congeló la bola de fuego al instante, dejando escapar una risa suave.

—Pero cómo… —murmuró la mujer, asombrada.

—He recuperado mis poderes —respondió Adía, haciendo danzar pequeños destellos de energía entre sus dedos.

La mujer, Ramona Hex, era la maga de fuego más poderosa que existía.

Con treinta y cinco años, su presencia imponía respeto.

Su cabello rojo y sus ojos anaranjados parecían arder incluso cuando estaba en reposo.

—Bien, maestra.

Ahora que ha vuelto, ¿retomará su posición como líder del equipo A o tendré que retarla por la posición?

—preguntó Ramona con una sonrisa desafiante.

Adía la miró con una expresión serena.

—Ahora que tengo todos mis recuerdos y mi magia, no creo que sea necesario, agente A-Uno.

Ramona inclinó la cabeza en señal de respeto.

—Como quiera, señora.

¿Necesita algo?

—Sí.

Necesito tu ayuda para una misión.

Tenemos que salvar a un niño de un lugar peligroso.

¿Dónde están las demás?

—Una misión, ¿eh?

Puede ser.

En cuanto al resto del equipo, las envié a misiones en varias partes del mundo.

No creo que regresen pronto.

Antes de que pudieran continuar, una llamada resonó por toda la base, solicitando la presencia de todos los agentes ante el jefe White.

Los dos niños llegaron corriendo donde Eduard, quien los recibió con una sonrisa cálida.

Benjamín saltó a sus brazos emocionado, mientras Riota lo saludaba con entusiasmo.

Todos sabían que algo grande estaba por suceder.

Mientras tanto, en las sombras, el agente I-Cinco maquinaba un plan para infiltrarse en una bóveda secreta.

Sin embargo, antes de que pudiera actuar, una emergencia lo obligó a abandonar su objetivo y unirse a los demás en la nave asignada.

Todos los miembros comenzaron a reunirse, listos para enfrentar los desafíos que los esperaban.

Los nuevos grupos incontrolados de Metalux estaban causando estragos, y cada equipo tendría un papel crucial en restaurar el orden.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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