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El sistema del perro agente - Capítulo 97

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97: Algo de Lux 97: Algo de Lux Antes de que todo se saliera de control, Adrián ya había identificado rápidamente a los sujetos de la fotografía, sorprendiendo tanto al jefe como a Marie.

“Señor Adrián, ¿y usted cree que pueda encontrar dónde están estos sujetos para seguirles la pista?” preguntó el jefe de la agencia supersecreta.

“No lo creo”, respondió Adrián.

“Estoy trabajando en descubrir qué contiene este aparato que trajo el agente B-Doce bueno el envase.” “Bien, ahora está dentro del perro”, comentó Marie.

“Tal vez pueda examinar al perro”, sugirió Adrián.

El jefe estaba a punto de dar su aprobación, pero Marie lo interrumpió con firmeza.

“No.

Lo único que podemos decirte es que hay un sistema con una inteligencia artificial viviente llamada Reia.” “Interesante.

Cuéntame más”, dijo Adrián, inclinándose hacia adelante con curiosidad.

“Pues verá, solo sé eso y que ese sistema le otorga poderes al can.

Pero no vamos a experimentar con ese animal.

No somos como nuestros enemigos”, afirmó Marie con convicción.

“Entiendo, pero no le dolerá.

Se lo prometo.

No haré nada para lastimarlo”, replicó Adrián mientras tomaba muestras del envase donde había estado el sistema.

“Fascinante compuesto.

Esto parece no ser terrestre.

Quizá se lo lleve a los de la unidad E.” Marie miró al jefe, dándole un codazo sutil para que dijera algo.

“Lo pensaré, pero tendría que preguntarle al perro”, respondió Drake, el jefe, con cierta ironía.

“¿En serio?

¿Y cómo le va a preguntar al perro?” inquirió el líder de la unidad D.

“No tengo aún esa tecnología para comunicarme con animales, pero cuando la tenga, sí”, bromeó Adrián.

“Si no vamos a maltratar animales, además de que ahora se encuentra en la parte de cadetes”, añadió Marie.

“Quizá podamos hacer que hable”, propuso Marie pensativa.

“¿En serio?” preguntó Drake, incrédula.

“¿No lo recuerdas?

Podemos decirle a Leila.

Como hizo en el hangar, tal vez pueda contactarse de nuevo con él.” Drake asintió.

“Sí, tienes razón.

Llama de inmediato a donde está Podbe y también a Leila.

Que vayan de inmediato donde Adrián.” “Está bien, a sus órdenes, jefe”, respondió Marie.

Luego, miró a Adrián.

“¿Y qué hay de lo de buscar a esos sujetos?” “Adrián, ¿podrás encontrarlos si cumplimos con lo que solicitas?” preguntó Drake.

“Mientras lo reviso, puedo pedirle a Becky, que es la única disponible, que haga un dispositivo para buscarlos”, respondió Adrián.

“Bien”, dijeron desde la oficina del jefe mientras terminaban su transmisión holográfica con Adrián.

Marie hizo las llamadas, y tanto Rino como Leila, junto con Podbe, fueron a donde la unidad D.

Leila caminaba por los pasillos, preguntándose: ¿Para qué me habrán llamado?

Rino, por su parte, pensaba lo mismo.

Ambos llegaron a la puerta y se saludaron nerviosamente.

“Hola, nos vimos esa vez en el hangar”, dijeron al unísono, riendo un poco mientras ella acariciaba la cabeza de Podbe.

“¿Van a estar conversando todo el día ahí o van a pasar?” indicó Adrián mientras abría las puertas automáticas.

“Lo sentimos, señor”, dijeron ambos al unísono.

“Bien, ¿saben por qué están aquí?” preguntó el científico en jefe.

“Pues la verdad, no, señor”, respondieron.

“Ay, esa Marie se olvida de los detalles”, murmuró Adrián mientras encendía un holograma monitor.

En la pantalla apareció Marie.

“Marie, creo que no les indicaste por qué venían aquí”, dijo Adrián.

“Pues verá, no pensé prudente decírselos porque si lo hacía, no iban a venir”, respondió ella con una sonrisa traviesa.

“Bien, no importa.

Se los diré aquí mismo”, intervino el líder de la unidad D.

“Este es el lugar donde vino lo que sea que el perro tiene dentro, y queríamos su consentimiento para realizar algunas pruebas”, explicó Adrián.

“Entiendo.

Por eso me hicieron venir”, dijo Rino.

“¿Y yo por qué?” preguntó Leila.

“A ti porque lo que hiciste en ese momento fue genial: contactarte con él y su IA.

Tal vez puedas volverlo a hacer”, respondió Marie.

La muchacha se quedó pensativa por un momento, pero sabía que aquella vez había sido pura casualidad.

“Le indico que, por favor, es importante”, insistió Marie.

Ella suspiró.

“Trataré”, dijo mirando a Podbe.

Mientras tanto, dentro del espacio mental de Podbe, él y Reia, en sus formas humanas, observaban cómo en la mesa estaba el envase donde había venido el sistema.

“¿Qué es eso?” preguntó Podbe.

“Es el envase en el que fue puesto el sistema que tienes dentro”, respondió Reia.

“¿Cómo era?” preguntó el perro niño.

“Pues verás, el sistema no es tangible; es solo un haz de luz que ingresa a la primera forma viva que ve.” “¿Pero ese día estaba ese agente y yo?

¿Por qué no entró en el sujeto que estaba junto a mí?” “Lo vio malherido quizá al borde de la muerte.

Al sujeto no pudo ingresar, en cambio te eligió a ti por ser el único ser vivo cerca.” “¿O sea que fue pura casualidad que fuera seleccionado?” “No te lo quería decir, pero sí.

La verdad es que sí”, admitió Reia, sintiéndose un poco culpable.

“Bueno, no importa.

Ahora lo importante es encontrar a Aiden, y si estos poderes me pueden ayudar, los usaré para encontrar a mi amigo.” “Está bien”, respondió Reia, aliviada por la madurez de Podbe.

“Entonces le diremos que sí.” Fuera del espacio mental del can, Podbe dio un ladrido de felicidad, como aprobación.

“Vaya, nunca había escuchado un ladrido así.

Parece que es como si aceptara lo que vamos a hacer”, dijo Rino.

“Bien”, dijo Leila, colocando su mano firmemente en la cabeza de Podbe y cerrando los ojos para concentrarse.

“Creo que no pasa nada”, dijo ella, pero en ese momento se vio inmersa en un espacio blanco.

“Creo que ya hicieron conexión”, dijo Rino, notando que los ojos de la chica se pusieron blancos.

“Hola”, se escuchó emanar de la voz de ella, pero no era su voz, sino la de dos personas: Reia y Podbe.

“Hola, tú debes ser Podbe”, preguntó Adrián.

“Sí y no”, respondieron las voces.

“Somos Reia, la IA del sistema, y Podbe, con la voz de al que ustedes dicen agente B-Doce.

Bueno, eso es lo que dijo Marie”, dijeron las voces conjuntas.

“Guau, eso es maravilloso”, pensó el científico, quien siempre estaba sumergido en sus pensamientos, viendo nada más que nueva tecnología crear.

“Bien, y ¿qué nos quieres preguntar?” dijeron las voces unidas.

“En ese caso, comencemos”, indicó el líder de la unidad D.

Las voces de Podbe y Reia comenzaron a contarles qué era el producto que traía el envase, para qué servía el sistema que había dentro y lo que había pasado durante su trayecto hasta llegar a las manos —o patas— de Podbe.

Todos se quedaron atónitos al escuchar la historia.

Las voces explicaron que esta arma provenía de muy lejos y había sido creada por una antigua y escondida raza: los Lux.

“Y ese material que ves ahí es irrompible y raro”, dijo Reia, escaneando el material en la mesa desde el cuerpo de Podbe.

“Se llama Luxteno para extraer ese material se necesita un equipo especial es muy difícil de retirar con las herramientas que ustedes usan actualmente y para amoldarlo para cualquier cosa que deseen hacer con el material también, se encuentra en las lunas de Lux, un planeta muy lejano al que nos encontramos actualmente.

No sé su ubicación exacta, pero es lo único que te puedo decir por ahora.” “Qué genial”, dijo Adrián, impactado por el lado científico.

“¿Y puedo hacer un experimento con tu cuerpo, Podbe?” Las voces le respondieron que no encontraría nada más de lo que ya le habían dicho, pero si quisiera hablar directamente con Reia, podrían intentar traer de vuelta a Aiden, quien podría materializarla en este plano terrenal.

Decepcionado por no obtener más respuestas, Adrián dio un “ok” sin fuerza y dijo: “Pueden retirarse.” “Cualquier otra cosa que sepamos, te lo haremos saber”, dijeron las voces antes de apagarse, y Leila volvió en sí.

“¿Qué pasó?” preguntó Leila, desorientada.

“Lo lograste, chica”, dijo Rino, sosteniéndola para que no se cayera.

La sentó en una silla.

“¿Cómo te sientes?” preguntó el chico, dándole un vaso con agua.

“Bien, pero esta vez sentí que estaba en un espacio blanco y había dos figuras: una mujer y lo que parecía un niño con orejas de perro.” “Creo que te pegó mal ese viaje, chica”, dijo Rino, riéndose.

“Yo creo que sí me estoy volviendo loca”, respondió ella, devolviéndole la risa.

“Bien, chicos, ya pueden retirarse.

Tengo trabajo que hacer”, indicó Adrián mientras volvía a examinar el extraño elemento.

En su mente, pensaba: Así que Lux…

Me pregunto si Eduard, con su conocimiento alienígena, sabrá del tema y cómo llegar hasta allá.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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