El sistema del perro agente - Capítulo 99
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
99: Busca y Encontraras (2) 99: Busca y Encontraras (2) Oye, ¿qué haces?, le indicó Choy a Michele mientras comía una manzana.
No oíste, ¿verdad?
Hola, tierra llamando a Michele.
Tu tío dijo que nos vayamos.
Hay que hacerle caso; además, daba un poco de miedo su mirada.
¿Ah?, ¿sí?
Lo siento, no te presté atención.
¿Qué decías?, respondió ella, saliendo de sus pensamientos.
Dijo tu tío que nos vayamos, así que mueve esas piernas, le indicó él.
Bien, pero primero vamos a llenar el tanque.
Mientras Michele y Choy estaban en el avión, Jeff y su equipo avanzaban en dos jeeps hacia una dirección que su contacto le había indicado al sheriff.
Se detuvieron en un lugar que parecía peligroso.
Bien, es aquí.
Vamos, indicó el sheriff.
Los demás bajaron y lo siguieron hasta una puerta roja, a la que tocaron dos veces.
La mirilla se abrió, y una voz ronca preguntó: ¿A qué vienen?
Vengo a buscar a Ace.
El sujeto cerró la mirilla, y un momento después, la puerta se abrió.
Un hombre de casi dos metros, con músculos marcados y cicatrices en los brazos, les dijo: Está bien, pasen.
Lo siguieron y llegaron a una especie de tienda clandestina.
De ahí salió un hombre de la edad de Jeff, con un turbante en la cabeza, un bigote espeso y una barba larga y canosa.
¡Ah, eres tú, viejo amigo Jeff!, exclamó, dándole un abrazo.
¿Qué puedo hacer por ti, viejo amigo?, preguntó Ace.
Como te comenté por teléfono, necesito tu ayuda.
Necesito armas.
Ace apretó un botón, y del suelo emergieron góndolas llenas de armas, municiones, granadas y todo tipo de equipo.
Por ti, amigo, lo que sea.
Elige lo que quieras.
Y lamento lo de tu equipo, los policías caídos…
y lo de tu amiguita, Ana.
Jeff asintió con solemnidad.
Gracias, amigo.
Llamó a dos hombres para que lo ayudaran a cargar todo a los vehículos.
Antes de irse, el hombre jaló del brazo a Jeff y le dijo: Ten mucho cuidado.
Esos sujetos son muy peligrosos.
Sí, lo tendré, Ace.
Gracias, respondió Jeff antes de retirarse.
¿De dónde conoces a ese tipo, jefe?, preguntó Tecro mientras viajaban.
Esa es una larga historia, indicó Jeff.
Oh, entiendo, dijo el muchacho, aunque en su mente pensaba que el jefe tenía secretos.
La versión corta es que me necesitó, lo defendí y, por eso, me prometió su apoyo incondicional.
Eso es genial, indicó el joven, aunque seguía sospechando que había más detrás de esa relación.
Bien, hemos llegado al desierto de Nyeri.
Según esto, ellos fueron vistos por última vez aquí, indicó Tecro con la tableta en la mano.
Mire, señor, por allá, entre esos dos montículos de arena, parece ser un edificio.
Jeff sacó sus binoculares y confirmó que, efectivamente, era un edificio.
Dice Radar.
¿Crees que estén escondidos por ahí?
No lo sé.
Deberíamos acercarnos, indicó el joven.
Equipo, hemos encontrado un edificio con el nombre Radar.
¿Alguien sabe algo de eso?, indicó Jeff por la radio.
Uno de los miembros respondió: Sí, es una empresa que fabrica tecnología y avances para la salud.
Entiendo.
Debemos acercarnos un poco, dijo Jeff, y comenzaron a moverse a una distancia prudente para no ser vistos.
En ese momento, Jeff le indicó a uno de sus hombres que observara con la mira del rifle de francotirador que traía.
El hombre comenzó a observar, pero no había movimiento en la puerta.
De repente, aparecieron los dos sujetos que buscaban.
Señor, los tengo en la mira.
¿Los acabo?, preguntó el francotirador.
Son ellos, pero no.
Eso sería demasiado benevolente para esos dos malditos.
Es mejor acabar con ellos de frente.
Bien, necesitamos hacer algo para sacarlos de ahí.
Sacarlos será difícil; esa cosa parece fortificada.
No es una estructura normal, indicó otro por la radio.
Será mejor disparar y acabar de una vez con ellos.
Tenemos la oportunidad, dijo el francotirador, molesto.
Sin esperar órdenes, disparó.
La bala fue directa hacia donde estaban ambos, pero antes de impactar, se activó un protocolo de seguridad que colocó una barrera que repelió el proyectil.
¿Qué hiciste, Jon?, le preguntaron sus compañeros.
Lo siento, pero quería acabar con ellos.
Sí, pero ahora saben nuestra posición y vendrán por nosotros, indicaron los demás.
Será mejor que no nos movamos, dijo Jeff.
Todos iban de regreso a los autos cuando, de pronto, vieron a la mujer parada sobre uno de los vehículos.
Era Erika Vera.
Hola.
Algunos de ustedes me resultan conocidos.
¿Dónde los he visto?
Bueno, no importa, dijo, pensativa.
¿Cómo llegaste tan rápido si estabas allá abajo?, preguntó uno de los presentes, asustado.
Pues, como llegué rápido, fue por un tubo cápsula que da al exterior en caso de intrusos.
Bien, ya me aburrí de ustedes, y ahora los tendré que matar.
Los hombres comenzaron a disparar hacia la mujer, gritando: ¡Esto es por nuestros amigos en Arnoldstein!
Vaciaron todas las balas hacia la posición de Vera, pero cuando el polvo se disipó, no había ni rastro de ella ni del vehículo que explotó.
Bien, señor, hemos acabado con ella.
Ahora solo falta el otro sujeto, indicaron orgullosos los acompañantes de Jeff.
De repente, de debajo de la arena emergió Erika, atacándolos sin piedad con unas espadas cortas.
Abrió y destripó a los presentes con movimientos precisos y letales.
¿Qué hacemos?
¡Ella es una sola!
¡Recarguen y disparen!, indicó uno de los hombres, pero ella los acabó a todos, dejando solo a Jeff y Tecro.
Ah, ya los recuerdo.
Ustedes son los del día del orfanato, los que embistieron a ella, dijo Paul, quien apareció detrás de los dos.
Tecro y Jeff sacaron sus pistolas para apuntar a ambos.
Es inútil, indicó Paul.
Así que ustedes dos fueron los que me atropellaron ese día.
Pues los acabaré de una vez y para siempre.
¿Cómo está la madrecita?, dijo Erika, refiriéndose a Ana, con una mirada desquiciada.
¡Maldita, morirás!, gritó Jeff, comenzando a disparar, pero ella esquivó todas las balas.
Ríndanse, y acabaré rápidamente con sus vidas.
O mejor no, me gustan cuando dan pelea, indicó ella, acercándose a ambos.
Este es el fin, señor.
Me alegro de haber sido parte de su equipo, dijo Tecro.
En ese momento, algo los tomó por sorpresa, lanzando a ambos enemigos muy lejos.
Una voz desconocida resonó: Vaya, creo que llegué a tiempo.
Vayan, suban a su vehículo y váyanse lo antes posible si quieren vivir.
La voz provenía de una especie de remolino.
Que paso por los cadáveres y cargó los cuerpos de los compañeros caídos de ambos en la parte trasera del vehículo.
Vamos, señor, le indicó al ver que Jeff no respondía.
Estaba atónito, sumido en sus pensamientos, lamentando la pérdida de más personas que le importaban.
¡Señor!, gritó el muchacho una y otra vez, pero Jeff no reaccionaba.
Finalmente, la voz dentro de un remolino lo metió rápido al auto.
¡Arranca, chico!, indicó la voz mientras veían cómo cinco sujetos cubiertos hasta el rostro lanzaban fuego y levantaban arena.
Por su estatura, parecían jóvenes.
¿No serán los huérfanos?
No, no creo, indicó Tecro, encendiendo el auto y saliendo del lugar.
La voz en el remolino les dijo: Buena suerte.
Nos volveremos a ver.
Por un instante, pudieron ver a un hombre de complexión robusta que se preparaba para enfrentar a lo que venía.
Jeff, sentado en el asiento del copiloto, murmuraba para sí mismo con la mirada perdida en el horizonte.
Les fallé a todos.
Los trajes a morir.
¿Cómo puedo hacer esto otra vez?
Se lamentaba el hombre, mientras sus pensamientos se entrelazaban con una profunda culpa.
No podía creer que él fuera el único sobreviviente.
Su mente estaba sumida en un torbellino de emociones: dolor, rabia, impotencia.
Señor, guarde la compostura.
Reaccione.
Al menos me tiene a mí.
Debemos salir de este lugar lo antes posible, dijo Tecro con firmeza, tratando de sacar a su jefe de ese abismo mental.
El joven mantenía los ojos fijos en el camino, pero no dejaba de vigilar a Jeff por el rabillo del ojo.
La tensión era palpable dentro del vehículo, mientras una gran nube de arena comenzaba a formarse detrás de ellos, como si algo o alguien los persiguiera.
Al llegar al aeropuerto, Jeff ya no hablaba.
Su silencio era ensordecedor, un reflejo de la tormenta interna que lo consumía.
Tecro, por su parte, se apresuró a buscar ayuda entre la multitud.
Necesitaban regresar a casa después de esa amarga situación.
Justo cuando el muchacho comenzaba a desesperarse, una voz femenina lo llamó desde la distancia.
Hola, Tecro, dijo la agente Mina, acercándose junto a un grupo de hombres armados.
Tecro volteó rápidamente y la reconoció al instante.
Era una figura conocida, aunque no precisamente bienvenida en ese momento.
Pudimos rastrear sus conversaciones para ver si hacían algo estúpido, explicó ella con calma, cruzándose de brazos.
Y estaba en lo correcto.
Yo también hubiera hecho lo mismo por Carlo.
Por eso vine.
Pero creo que no será posible, viendo los cadáveres que traen en la parte trasera del auto.
Tecro bajó la mirada, incapaz de enfrentarla directamente.
No, señora.
No creo que podamos contra ellos.
Esa gente es demasiado poderosa.
Además, veo que venían de una compañía llamada Radar.
La mención del nombre hizo que Mina frunciera el ceño.
Radar, ah… esos malditos.
Están metidos en esto.
No podemos hacer nada entonces.
¿Por qué?, preguntó el muchacho, confundido.
Porque esos bastardos controlan todo.
Va a ser difícil ponerles un dedo encima.
Será mejor irnos de aquí.
Tenemos un avión esperando por aquí.
Síganme.
Los agentes que acompañaban a Mina comenzaron a moverse con eficiencia, colocando los cuerpos sin vida en bolsas negras.
Jeff, aún en shock, se arrodilló ante los cadáveres, con los ojos llenos de lágrimas contenidas.
En ese preciso momento, alguien tomó una fotografía.
Era la misma imagen que más tarde aparecería en el pizarrón que manejaba Melisa.
Cuando levantó la vista, Jeff notó que el avión frente a ellos era el de Michele.
Ella había ido a buscar a su tío, quien ahora estaba en un estado catatónico.
Chong, uno de los presentes, preguntó preocupado: ¿Qué le pasó?
Pero al ver las bolsas negras, pudo imaginarse lo peor.
Suban todos, indicó Mina con autoridad.
Mientras tanto una vez que el avión ya estaba en el aire y por llegar a Arnoldstein, Michele recibió una llamada inesperada.
Era el profesor, quien le dijo al otro lado de la línea: Oye, niña, tienes tiempo.
Hay trabajo esperando por ti.
En otro lugar, lejos de allí, en la base secreta de los villanos, Maos regresó por Aiden una vez más.
Sus amigos intentaron detenerlo, argumentando que el joven estaba exhausto.
Él está cansado, déjalo, protestó Elena, pero sus palabras cayeron en oídos sordos.
Sin importar sus súplicas, Aiden fue llevado nuevamente a la máquina.
Esta vez, Geros, el ente oscuro, estaba listo para recibirlo.
Todos los líquidos combinados fueron transferidos a su cuerpo, provocando un grito desgarrador de dolor.
Cuando el proceso terminó, Geros sintió cómo su cuerpo se reestructuraba, pero no se destruía.
Esto es excelente.
Siento fluir el poder en mi interior, declaró Geros con una sonrisa maligna.
Lo malo es que eso es momentáneo, señor, señaló Maos con cautela.
Si creo que no lo sé, respondió el ente oscuro con arrogancia.
Vamos al portal por la bendita piedra negra.
Ambos entraron al portal, mientras Aiden seguía conectado a la máquina, indefenso y vulnerable.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Cocoelcool38 Un capitulo mas y viene el especial del 100
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com