El Sistema Genio Sin Igual - Capítulo 654
- Inicio
- Todas las novelas
- El Sistema Genio Sin Igual
- Capítulo 654 - Capítulo 654: Un monstruo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 654: Un monstruo
Xiao Luo movió los labios, pero no dijo nada. Aquel hombre caucasiano, Ian, le daba mala espina. Tenía la sensación de que un peligro latente acechaba en su interior, esperando para atacar como una víbora. Si Huang Ruoran saliera con otra persona, no se habría molestado en detenerla, pues todo el mundo tenía derecho a salir con quien quisiera. Pero era incapaz de leerle la mente y nunca lograba comprender sus verdaderos sentimientos.
Quizás le estaba dando demasiadas vueltas al asunto, y puede que Ian resultara ser el hombre que Huang Ruoran había descrito. Aunque pareciera un playboy, era posible que de verdad sintiera algo por Huang Ruoran.
Xiao Luo cambió de tema para evitar más conflictos y dijo: —Dejando todo lo demás a un lado, ¿no sería difícil mantener esta relación a distancia con él?
—¿Por qué iba a serlo? Mientras estemos enamorados de verdad, la distancia solo hará que el cariño crezca. Estamos en la era de internet y puedo verlo todos los días —replicó Huang Ruoran mientras daba un sorbo al café.
—Está bien, entonces te deseo lo mejor —respondió él.
Xiao Luo no sentía nada romántico por Huang Ruoran, y solo porque eran amigos se sentía en la obligación de velar por ella. No deseaba verla sufrir a una edad tan temprana. De todos modos, decidió no entrometerse en sus asuntos. Si al final Huang Ruoran e Ian acababan casándose, lo acusarían de hacer el papel de Fahai, el monje malvado de La Leyenda de la Serpiente Blanca.
—¡Gracias!
Huang Ruoran lo dijo y asintió con una sonrisa. Era complicado, pues su afecto se había desviado de repente de Xiao Luo a Ian. Todo comenzó cuando Ian la salvó, apartándola de un coche que se aproximaba justo a tiempo. Y sucedió la misma noche en que Xiao Luo le rompió el corazón. Ian era un hombre guapo, orgulloso y romántico, extremadamente atento con ella, y eso hizo que se enamorara de él.
******
******
Xiao Luo no tardó en dejar atrás el asunto de Ian y Huang Ruoran. Ya era muy tarde y se alojaba en una villa cerca de los suburbios del oeste.
El dueño de esa villa no era otro que el líder de la Pandilla Coja de la nación Mei. Xiao Luo lo había derrotado de forma contundente en una pelea y, desde entonces, lo trataba como si fuera un ser divino. Sentía un profundo respeto por Xiao Luo y se había convertido en su recadero.
Xiao Luo era muy consciente de la maldición que portaba, y cualquiera que se volviera cercano a él acabaría indefectiblemente en peligro. Sin embargo, no tenía reparos en atraer problemas hacia la Pandilla Coja. Eran gánsteres que se dedicaban al narcotráfico, los robos, los homicidios, los chantajes y los hurtos. Atraer el peligro hacia ellos no hacía más que satisfacerlo.
—Señor, ¿necesita una mujer para pasar la noche?
El líder de la Pandilla Coja dio una palmada y un tropel de mujeres hermosas entró en la habitación. Había bellezas asiáticas, caucasianas y africanas de todo tipo: delgadas, sexis, voluptuosas. El líder se rio y dijo: —Señor, puede elegir a la que le plazca. Puede usar a estas perras como quiera. Satisfarán todas sus necesidades y le darán un grato recuerdo de la nación Mei.
Sus subordinados asentían repetidamente, como pájaros carpinteros.
—¡Joder, largo de aquí!
Xiao Luo estaba sentado ante el escritorio, tecleando afanosamente en el ordenador. Ni siquiera se molestó en mirarlos. —¡Largaos todos de aquí, joder!
—Sí… De acuerdo.
Xiao Luo había rechazado su oferta de plano, y la Pandilla Coja al completo se quedó en la habitación, sintiéndose bastante incómoda. No se atrevieron a oponerse a Xiao Luo, así que se retiraron con las mujeres y cerraron la puerta en silencio.
—Jefe, para él no somos más que unos perros. Siento que hemos perdido nuestra dignidad como pandilleros —se quejó un subordinado.
—¡Cállate, no sabes nada! —espetó el líder de la Pandilla Coja.
—Mientras consigamos que ese maestro se quede con nosotros, garantizará nuestra seguridad. Su presencia nos ayudará a derrotar a las otras pandillas, y la Pandilla Coja acabará siendo la más importante del país. Sois unos zoquetes cortos de miras. Ninguno ve lo que yo he previsto. Dejad que os diga una cosa: ¡tenemos un futuro increíblemente brillante!
Todos sus subordinados asintieron, pues sabían que Xiao Luo podía incluso esquivar una bala. Era un monstruo, y si la Pandilla Coja tenía a semejante bestia en sus filas, ninguna otra pandilla podría comparárseles.
El líder de la Pandilla Coja frunció el ceño y miró la puerta cerrada. —Pero este maestro es muy difícil de complacer. Ha ignorado a todas estas mujeres y las grandes sumas de dinero que le hemos ofrecido. No tiene ningún interés en los dos mayores deseos de un hombre. Va a ser difícil retenerlo.
—Jefe, ¿cree que… cree que podría ser gay? —dijo otro subordinado, especulando.
—Mmm, es posible. Más tarde te haces una lavativa, te vistes sexi y vas a la habitación del maestro —ordenó el líder de la Pandilla Coja, excitado con la idea.
—¿Eh?
—¿Qué protestas? Es por el futuro de la pandilla. ¿Qué tiene de malo hacer un pequeño sacrificio por un bien mayor? Si consigues que se quede, te nombraré mi segundo al mando —dijo el líder mientras le daba una palmada en el hombro al subordinado.
Aquel subordinado no sintió más que desesperación, y se le notaba en la cara.
******
******
La habitación estaba bien iluminada. El incesante tecleo del teclado llenaba la silenciosa estancia.
De repente, un tremendo estruendo resonó fuera de la ventana. Xiao Luo sintió un aura poderosa cerca y se giró para mirar. ¡Vio un gigantesco tronco de árbol que volaba hacia él desde el exterior! Era tan grueso que harían falta los brazos extendidos de dos hombres para rodearlo.
Xiao Luo entrecerró los ojos. Saltó de su asiento en un instante. Clavó los dedos en el tronco que avanzaba, hundiéndolos como si fueran dagas, y detuvo su trayectoria. Pero la fuerza del impacto era inmensa, y la ventana y parte de la pared quedaron destrozadas. Los dedos de Xiao Luo habían dejado cinco profundas marcas en el tronco.
—¿Quién anda ahí? —gruñó Xiao Luo.
—Eres bueno. El kung-fu de la Nación Hua es impresionante.
Una voz burlona con acento de la nación Mei llenó la habitación. Alguien había entrado por el hueco que había abierto el tronco. No era otro que el apuesto y peligroso Ian. Sin embargo, en ese momento tenía un aspecto un tanto inusual. Sus ojos emitían un extraño brillo verde, como los de un lobo hambriento acechando en la oscuridad.
—¿Cómo sabías dónde encontrarme? —preguntó Xiao Luo.
—Eso no es asunto tuyo. Tengo mis métodos.
Ian sonrió y, a continuación, su rostro se ensombreció. —Estoy enamorado de verdad de Huang Ruoran. Has intentado convencerla de que rompa conmigo. ¿Sabes que lloró después de verse contigo? Eso me ha dolido mucho, y he venido a advertirte. No vuelvas a ver a Huang Ruoran. No vuelvas a cuestionar nuestra relación. Si lo haces, ¡te daré caza y te mataré, vayas donde vayas!
—¡Odio que me amenacen!
Xiao Luo miró a Ian con frialdad, y sus ojos resplandecieron con una luz carmesí. La atmósfera de la habitación cambió cuando el demonio de su interior despertó. Ian se quedó desconcertado por lo que vio. —Así que… ¡tú también eres un monstruo! —exclamó.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com