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El Sistema Genio Sin Igual - Capítulo 770

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Capítulo 770: El Clan de Sangre Chupasangre

La cantinela del Emperador Pato molestó profundamente a los miembros del Grupo Mercenario Ala Plateada. La canción era bastante provocadora, y continuó burlándose de ellos con su horrible zumbido. El pato desató la ira de los mercenarios, que se empeñaron en acabar con el Emperador Pato hasta el punto de olvidarse momentáneamente de Xiao Luo.

¡Fiu! ¡Fiu! ¡Fiu!

Una lluvia de flechas surcó el cielo y se abalanzó sobre el Emperador Pato. Los atacantes incluso le arrojaron sus cuchillos y lanzas.

El Emperador Pato no tenía miedo, pues era lo bastante rápido como para esquivar los proyectiles. Incluso siguió cantando alegremente mientras maniobraba por el aire. —No podéis alcanzarme, ¿a que no? Simplemente soy demasiado fuerte. ¿Qué vais a hacer al respecto? La, la, la, la, la…

El Emperador Pato siguió burlándose de los mercenarios con sus letras provocadoras e incluso meneó la cola con chulería al compás de la melodía.

—¡Maldito pato! ¡Si no te mato, llámame Lemac! —gruñó Camello.

Sus ojos, inyectados en sangre, se hincharon de rabia y parecían a punto de explotar. Saltó en el aire, haciendo varios intentos de atrapar al Emperador Pato.

—¡Maldita sea! ¡En cuanto te pille, te sacaré las tripas y haré un estofado de pato contigo!

—¡Maldito pato! Haremos que llores. ¡Ya lo verás!

—¡Demonios! ¡Joder!

Los mercenarios de Camello estaban igual de enfurecidos y, uno tras otro, se unieron al intento de atrapar al Emperador Pato.

—No podéis atraparme. No podéis atraparme. Cuac. Cuac. Cuac —el pato continuó con su burla mientras volaba por los aires.

El Emperador Pato empezó a gastarles bromas a los mercenarios, ya que no podían volar y era imposible que lo atraparan. El Emperador Pato se desenvolvía en el aire como pez en el agua, y además era muy rápido. Se burlaba de ellos esperando en un punto, incitándolos a que se abalanzaran sobre él para luego salir disparado. Tenía a los mercenarios corriendo en círculos.

—Jaja, jaja… ¡Patito, eres increíble! —lo animó Fantasma.

Sus travesuras divertían a Fantasma y, a pesar de sus graves heridas, le encantaba ver cómo el Emperador Pato jugaba con ellos. Lo instó: —¡Vamos, Patito!

Las payasadas del Emperador Pato también dejaron perplejo a Xiao Luo. «Bueno, supongo que servirá…».

Después de todo, el irritante pato no era del todo inútil. Sus acciones le dieron a Xiao Luo la oportunidad de curarse y recuperar la movilidad. Y como los dos mercenarios que vigilaban a Fantasma estaban distraídos con las payasadas del Emperador Pato, él encontraría la oportunidad de liberarla. Una vez que Fantasma estuviera libre, el Grupo Mercenario Ala Plateada estaría en serios problemas.

—¡Este pato me está volviendo loco!

Camello apenas podía acercarse lo suficiente para tocar al Emperador Pato. Estaba tan irritado que saltaba en el sitio una y otra vez para intentar alcanzar al pato.

No era el único. El Emperador Pato también estaba sacando de quicio a los demás mercenarios. Deseaban poder descuartizar el cuerpo del Emperador Pato y moler sus huesos hasta convertirlos en polvo. Pero no podían desahogar su frustración con el pato, ya que no podían atraparlo. Las burlas los enfurecían tanto que sentían ganas de escupir sangre.

—Vamos. Venid a atraparme, idiotas. Cuac. Cuac. Cuac… —graznó el Emperador Pato con desdén mientras volaba por el aire.

—Maldito pato. ¡Jódete! ¡Baja aquí si eres tan gallito! —maldijo Camello. Su rostro se puso lívido de rabia.

—¡Eso es! ¡Baja aquí si eres tan gallito!

—¡Te haremos picadillo! ¡Un tajo de cada uno!

—¡Maldito pato! ¡Caradura! ¡Baja aquí ahora mismo!

Los demás miembros del Grupo Mercenario Ala Plateada lo secundaron. El pato era exasperante a más no poder.

—Eh, ¿queréis irritar a vuestro Abuelo Emperador Pato?

El Emperador Pato ignoró sus comentarios. En su lugar, les hizo una peineta. —¿Por qué no subís vosotros si sois tan gallitos? Vuestro Abuelo Emperador Pato os arrancará las pollas a picotazos.

¿Acababa de decir ese pato que quería arrancarles las pollas a picotazos?

¡Maldita sea!

Los musculosos mercenarios se enfurecieron aún más.

—¡Baja aquí! ¡Solo sabes fanfarronear! —gritó Camello.

—¡Subid vosotros, idiotas!

—¡Baja tú!

—¡Sube tú!

…

La pelea se convirtió en un cruce de insultos entre el Emperador Pato y Camello. El hombre y el pato no dejaban de gritarse. Las venas de la frente de Camello estaban marcadas y su rostro, congestionado. El pato tenía todas las plumas erizadas y los ojos inyectados en sangre.

—Jaja, jaja…

Fantasma no podía parar de reír. —Patito, eres muy gracioso. Te daré un beso como premio.

Sin embargo, a Xiao Luo no le hacía tanta gracia. Sentía que algo no iba bien. Faltaban algunos mercenarios. ¿Adónde habían ido? ¿Se estarían escondiendo en alguna parte para capturar al Emperador Pato, mientras Camello se limitaba a distraerlo?

De repente, sin previo aviso, dos mercenarios saltaron desde la densa copa de un árbol. Sostenían una red gigante que arrojaron sobre el pato.

El Emperador Pato seguía en su cruce de insultos con Camello y no se percató del peligro que se le acercaba desde arriba. Le estaba gritando con arrogancia a Camello: —Sube si eres tan gallito. Imbécil sin agujero en el culo. ¡Tu Abuelo Emperador Pato no dejará que le toques ni una pluma!

—¡Patito, cuidado arriba! —gritó Fantasma.

Solo entonces el Emperador Pato se dio cuenta del aprieto en que se encontraba. Miró hacia arriba y vio una red gigante que caía sobre él. Pero ya era demasiado tarde para esquivarla y quedó atrapado en ella. El Emperador Pato batió las alas para escapar y arrastró consigo a los dos mercenarios.

Los otros mercenarios que acechaban en el árbol respondieron rápidamente y saltaron uno tras otro, agarrándose a la red.

Dos hombres. Cuatro hombres. Seis hombres.

Entonces saltaron más para agarrar la red y, cuando diez de ellos se aferraron a ella, el Emperador Pato ya no tuvo fuerzas para seguir volando.

—¡Hijos de pata! ¡Pedazos de mierda! ¡Esto es trampa!

El Emperador Pato gritó, pero finalmente dejó de forcejear y su cuerpo se aflojó. Todos cayeron en picado al suelo. El Emperador Pato, ya agotado, quedó atrapado en la red.

Camello agarró el cuello del pato y lo arrancó de la red. Con voz cruel, Camello gruñó: —Venga, adelante. Sigue volando y cantando. ¿Creías que no podía atraparte? No eres más que un maldito pato. ¿Cómo te atreves a engañarme? ¿Es que no temes a la muerte?

Mientras hablaba, apretó con más fuerza el cuello del Emperador Pato. El pato se retorcía de dolor, asfixiándose. La lengua se le salió y sus ojos se pusieron en blanco. Solo se le veía la esclerótica.

—¡Patito!

Fantasma no soportaba verlo. Quería ayudar, pero no podía. Si usaba su fuerza, los dos mercenarios que la vigilaban tirarían con más fuerza de la cadena de la garra. Se le clavaría más profundamente en el cuerpo y le causaría un dolor insoportable.

Cuando Xiao Luo vio que Camello estaba a punto de estrangular al Emperador Pato, suspendió su proceso de curación para rescatarlo.

En ese momento, Xiao Luo oyó el familiar sonido de los murciélagos. Los alrededores se oscurecieron y se volvieron tétricos de repente, y una energía siniestra invadió el lugar.

—Rayos, ¡es mi hermano! —Fantasma palideció al instante.

¿El hermano de la chica vampiro?

Los mercenarios se estremecieron al oírla. Ya les había costado mucho someter a Fantasma. Si se encontraban con un miembro adulto del Clan de Sangre Chupasangre, no serían rival para él. El sol ya se había puesto y la noche había caído en el bosque. El Clan de Sangre Chupasangre dominaba la noche.

Muchas antorchas iluminaron el bosque, y de repente rodearon a los mercenarios.

Cuando los portadores de las antorchas se acercaron, los mercenarios se dieron cuenta de que eran miembros del Clan de Sangre Chupasangre. Su piel era pálida como la de un espectro y parecían exangües. De sus bocas sobresalían afilados colmillos y, en el momento en que posaron la vista sobre los hombres, los vampiros salivaron, sedientos de sangre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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