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El Soberano de las Cenizas - Capítulo 28

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  3. Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 — La Herramienta del Encanto
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28: Capítulo 28 — La Herramienta del Encanto 28: Capítulo 28 — La Herramienta del Encanto Dos meses.

La rutina había tomado la forma de algo permanente — Lei Kang al amanecer, sin excepciones, con el pincel y el cuerpo trabajando juntos cada vez con más fluidez.

La Forja Absoluta del Ser cada noche, el dolor igual de brutal que el primer día pero sostenible de una forma que antes no lo era.

Los talismanes saliendo de su cuarto en pequeñas cantidades y regresando como Méritos de Hierro que se acumulaban en el medallón con una constancia que no dependía de ningún combate ni ninguna misión.

El Cuerpo de Bronce estaba consolidado.

Los hornos de Lei Kang lo habían comprimido y la Forja lo había refinado desde adentro hasta que la primera capa ya no era algo que Jaha sentía — simplemente era parte de lo que era.

Su piel tenía esa densidad específica que los cultivadores corporales tardaban décadas en conseguir.

Los tatuajes del cuello y el hombro izquierdo habían ganado definición con cada sesión, como si el avance del cuerpo fuera vistiéndolo gradualmente.

La red de talismanes se había expandido sin que él tuviera que forzarlo.

Había discípulos que los compraban para entrenar, otros para combate, otros que simplemente los llevaban porque sentían algo diferente cuando los tenían encima y no sabían explicar qué.

Wei Lian y Shu Mei — las dos discípulas del corredor que lo habían abordado por primera vez semanas atrás — habían vuelto más veces de las que era estrictamente necesario para comprar artefactos.

Siempre juntas al principio.

Después Wei Lian sola, con cualquier excusa que pareciera suficientemente casual.

Y los Méritos eran suficientes.

* * * La idea llegó durante una sesión de refinamiento ordinaria.

Jaha tenía frente a él un trozo de hierro espiritual volcánico que había conseguido a través del sistema de Méritos — denso, oscuro, con esa textura específica de la roca que ha estado bajo presión extrema durante siglos.

Lo estaba trabajando para crear un talismán reforzado cuando de repente se detuvo y miró el pincel en su mano.

Si podía hacer que el metal fluyera como tinta bajo el Dao de la Pintura — si podía darle forma a cualquier material con la intención del trazo — ¿por qué no podía aplicar ese mismo proceso al propio pincel?

No era una idea que hubiera leído en ningún texto.

Era simplemente lógica llevada hasta el final.

Compró materiales de sobra previendo los fallos.

Y fallaron.

El primer intento produjo una reacción que el artefacto rechazó — el pincel llevaba demasiado tiempo absorbiendo la comprensión de Jaha para aceptar sin resistencia que lo trataran como material en bruto.

El segundo intento fue más suave, más paciente, dejando que el Dao de la Pintura encontrara los bordes del artefacto en lugar de imponerse.

Tampoco funcionó del todo.

El metal no se integró de forma homogénea.

Al tercer intento Jaha entendió algo que los dos anteriores le habían enseñado sin querer: el pincel no podía ser tratado como material porque no lo era.

Era un artefacto vivo.

Había que hablarle en su propio lenguaje — no imponerle una forma nueva sino ofrecerle una que pudiera reconocer como evolución de lo que ya era.

El cuarto intento funcionó.

El hierro espiritual volcánico se integró en el pincel como si siempre hubiera estado ahí esperando ese momento.

No se añadió encima — se fundió con la estructura existente, reforzándola desde dentro, cambiando la densidad del mango y la sensibilidad del pelo sin alterar ninguna de las dos.

Cuando Jaha lo sostuvo después, la diferencia fue inmediata — más firme, más vivo, como si el artefacto hubiera tomado un primer aliento profundo después de haber respirado superficialmente durante meses.

—No habías leído esto en ningún lugar —dijo Aethon.

No era pregunta.

—No —confirmó Jaha.

Hubo un silencio largo.

Cuando Aethon habló de nuevo, su voz tenía algo que Jaha no le había escuchado antes — no exactamente emoción, sino la densidad específica de alguien que acaba de ver algo que lo obliga a recalibrar lo que creía saber.

—En el Dao de la forja yo me considero uno de los mayores que han existido —dijo Aethon—.

He visto métodos que el mundo mortal todavía no conoce.

He refinado con técnicas del Reino Superior que aquí serían incomprensibles.

—Una pausa—.

Lo que acabas de hacer no lo había visto nadie.

Ni yo.

Jaha no respondió.

—Tu talento supera el mío —dijo Aethon—.

No en nivel.

En originalidad.

En la forma en que tu comprensión encuentra caminos que no existen todavía.

—Otra pausa, más larga—.

Eres mi heredero real.

No porque yo lo haya decidido — sino porque el Dao dentro de ti ya lo es.

En ese momento algo resonó.

El Dao de la Soberanía Primordial y el Linaje del Primer Trono se alinearon de una forma diferente a todas las anteriores.

No fue dramático — fue como cuando una cerradura y una llave finalmente coinciden.

Un clic suave.

Y después la sensación de que algo que antes pertenecía a otra persona ahora era completamente suyo.

Jaha sostuvo el pincel un momento más antes de dejarlo sobre la mesa.

Todavía le quedaban materiales sobrantes del proceso.

* * * Los pendientes de piedra oscura llevaban semanas sin ofrecerle casi nada.

Los había creado en la Qingtian Zong — estabilidad mental, mejora de comprensión del Dao, efectos que entonces eran valiosos.

Su nivel los había dejado atrás.

Seguía llevándolos por costumbre.

Con los materiales sobrantes los transformó — no los reforzó, los rehízo desde el principio sabiendo lo que hacía.

El Dao de la Pintura redefinió su estructura, los caracteres amplificaron los efectos originales hasta hacerlos relevantes, y el poema que les dio añadió algo que el Dao consideró correcto aunque Jaha no lo hubiera planeado exactamente.

El efecto nuevo: cuando absorbía fragmentos de Dao ajeno, la comprensión se asentaba más rápido y con menos resistencia.

Pequeño y constante — el tipo de ventaja que acumulada durante meses cambia mucho.

Guardó los pendientes y salió del cuarto.

Era tarde y Wei Lian llevaría un rato esperando en el jardín.

* * * Wei Lian era una de las dos discípulas que llevaban semanas buscando excusas para acercarse a Jaha.

La más directa de las dos — siempre la primera en hablar, la que había propuesto venir juntas la primera vez y la que después había seguido volviendo sola.

Era conocida en el sector externo de la Tiexin Ge por dos cosas: su técnica de qi corporal, sólida para su nivel, y su apariencia, que llamaba la atención de forma natural sin que ella tuviera que hacer nada para conseguirlo.

Rasgos limpios, proporciones que el cultivo corporal había afinado con meses de entrenamiento.

Nivel dos avanzado.

Dieciséis semanas en la Tiexin Ge.

Jaha había propuesto quedar en los jardines de roca volcánica esa tarde.

Ella había dicho que sí con una rapidez que lo decía todo.

Llegó antes que él.

Estaba de pie junto a los escalones de piedra oscura cuando Jaha apareció — con el cabello suelto en lugar del recogido que llevaba para entrenar, y una ligera tensión en los hombros que desapareció en el segundo en que lo vio.

Ese ajuste breve, casi invisible, que hace la gente cuando algo que esperaba finalmente llega.

Se sentaron.

Ella se inclinó levemente hacia adelante cuando Jaha habló — no de forma dramática sino de ese modo en que el cuerpo sigue la atención sin que la mente lo decida.

Sus respuestas llegaban un segundo más tarde de lo normal.

Cuando Jaha la miraba directamente ella sostenía la mirada pero sus dedos se movían levemente sobre la piedra del escalón, como buscando algo donde apoyarse.

Hablaron.

De la secta, de los hornos, de un instructor que aparentemente había hecho llorar a tres discípulos esa semana.

Wei Lian era graciosa cuando no intentaba impresionar — tenía un humor seco que Jaha encontró genuinamente interesante.

Y cuando él mencionó de pasada que estaba considerando una misión de caza conjunta, ella no reaccionó con la incomodidad habitual que producía ese tipo de misión en discípulos de su nivel.

Preguntó qué rango de bestias, qué zona, cuántos participantes.

Preguntas prácticas de alguien que evalúa posibilidades, no de alguien que escucha por cortesía.

Jaha lo notó todo.

El interés en él era real — pero debajo había algo más: un hambre genuina de volverse más fuerte que Wei Lian no anunciaba pero que aparecía cada vez que bajaba la guardia.

Las dos cosas juntas eran una combinación que podía aprovechar de formas que todavía estaba empezando a calcular.

Pero debajo de eso Jaha estaba construyendo otro mapa en paralelo.

Los detalles que ella no controlaba — la dirección de sus pies apuntando hacia él todo el tiempo, la forma en que repetía levemente algunos de sus gestos sin darse cuenta, la sonrisa que llegaba una fracción de segundo antes de que terminara de decir algo gracioso, como si ya supiera que lo sería.

Y mientras leía todo eso, vio de reojo una silueta en el corredor que daba al jardín — figura masculina, quieta, observando.

Sostuvo la mirada en esa dirección un segundo sin interrumpir lo que decía.

La silueta se alejó.

Wei Lian no lo notó.

Era información.

El tipo de información que no se puede falsificar porque el cuerpo no pregunta al dueño antes de producirla.

En el Clan Yeon le habían dicho que su apariencia era lo único que tenía.

Lo habían dicho para reducirlo.

Pero ahora, sentado frente a Wei Lian en ese jardín mientras ella trataba de no mostrar demasiado, entendió algo que ninguno de los que lo habían insultado había calculado: una herramienta no deja de serlo porque la usen para humillarte.

Solo cambia quién la usa.

Su apariencia generaba disposición.

La disposición podía convertirse en influencia, en acceso, en Dao compartido voluntariamente.

Los talismanes eran hilos invisibles.

Esto era otro tipo de hilo — más directo, más personal, más difícil de rastrear hasta su origen.

Cuando se despidieron, Wei Lian se fue con esa energía de quien cree que algo está empezando.

Jaha la observó alejarse — el cabello suelto moviéndose levemente, los pasos más lentos de lo habitual como si no tuviera prisa en llegar a ningún lado.

Lo dejó creer.

Por ahora era lo más útil que podía hacer con eso.

Al día siguiente fue al Pabellón de Encargos.

Era una sala amplia en el nivel central de la Tiexin Ge, con las paredes cubiertas de tablillas de madera oscura donde estaban grabados los encargos disponibles.

Cada tablilla tenía el nivel recomendado, la recompensa en Méritos de Hierro, el tiempo límite y una descripción breve de lo que se pedía.

Los discípulos que ya conocían el sistema se movían con eficiencia — tomaban una tablilla, la presentaban en el mostrador, y el encargado les entregaba el sello de misión que activaba el medallón.

Jaha recorrió las tablillas con calma.

Había misiones de recolección — materiales raros en las zonas volcánicas del sur, fragmentos de artefactos antiguos en ruinas marcadas.

Había misiones de patrulla — proteger rutas comerciales de cultivadores menores.

Y había misiones de caza — bestias espirituales que habían salido de sus territorios naturales y estaban causando daños en aldeas y rutas de paso.

Estas últimas eran las que le interesaban.

No por los Méritos, aunque eran buenos.

Sino porque en el mundo cultivador las bestias que atacaban territorios habitados habían cruzado una línea que hacía la caza moralmente justificada — no eran criaturas en su territorio propio que no habían hecho nada, eran bestias que habían elegido expandirse a costa de los que vivían en esos territorios.

Esa distinción importaba, al menos de momento.

Encontró la que buscaba en el tercer panel.

Una misión conjunta con discípulos de sectas aliadas — la Tiexin Ge no era la única con interés en la zona.

Nivel recomendado: dos inicial a dos perfección.

Objetivo: un grupo de bestias espirituales de ese rango que habían tomado control de un paso de montaña al noreste, cortando el acceso a tres aldeas de cultivadores menores.

La tablilla especificaba las recompensas por bestia — veinte Méritos por cada una de nivel dos inicial, cuarenta por nivel dos intermedio, setenta por nivel dos avanzado, y ciento veinte por cada una de nivel dos perfección, más una bonificación base de doscientos Méritos por completar la misión.

El hecho de que fuera conjunta significaba además que habría cultivadores de otras sectas — Daos que Jaha todavía no conocía.

Tomó la tablilla y la presentó en el mostrador.

El encargado activó el sello en el medallón con eficiencia — aunque cuando levantó la vista hacia Jaha hizo una pausa breve antes de volver al trabajo.

Al salir entendió quién había sido la silueta del jardín.

Fang Zhentian — número diez del ranking de discípulos externos, el último del top — estaba frente al Pabellón con otros dos discípulos.

Lo miraba con esa evaluación específica que producen las personas que sienten que algo que antes era suyo está cambiando de manos sin que nadie les haya pedido permiso.

Las discípulas hablando de Jaha, los talismanes circulando, y ahora una misión de caza — todo eso leído en la cara de alguien que no sabía disimular bien lo que sentía.

—El del pincel —dijo en voz baja mientras Jaha pasaba—.

Dos meses aquí y ya quiere ser el centro de atención.

Jaha lo miró el tiempo justo.

Lo suficiente para que Fang Zhentian entendiera que había sido escuchado, evaluado, y descartado en ese orden.

Después siguió caminando.

La misión salía en mes y medio.

Jaha salió del Pabellón con el medallón activo y ese peso específico en el pecho que produce saber que algo nuevo está a punto de empezar.

Fin del Capítulo 28

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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