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El Soberano de las Cenizas - Capítulo 31

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Capítulo 31: Capítulo 31 — La Primera Grieta

El territorio los recibió en silencio.

No el silencio de un lugar vacío sino el de un lugar que espera — sin viento, sin movimiento visible entre los árboles, con ese peso específico en el aire que los dieciocho cultivadores sintieron al mismo tiempo sin que ninguno lo nombrara. El grupo se había detenido en el borde la noche anterior. Ahora, con la primera luz del amanecer filtrándose entre las ramas peladas, había llegado el momento de entrar.

Fue entonces cuando Ren Huo lo dijo.

Ren Huo — el discípulo de los Vientos del Este, de constitución ligera y movimientos que delataban años de técnicas de desplazamiento — miraba el artefacto de Jaha con esa expresión entre curiosa y divertida de quien acaba de notar algo que no encaja.

—¿Un pincel? —dijo, en voz suficientemente alta para que los que estaban cerca lo escucharan—. Nunca había visto eso en una misión de caza. ¿Qué hace un erudito aquí?

Uno de sus compañeros de secta se rio. No con crueldad — simplemente porque le pareció gracioso.

—Es increíblemente guapo —dijo una de las discípulas de los Vientos del Este, con un tono que pretendía ser comentario en voz baja y no lo era—. Pero eso no sirve de mucho cuando una bestia espiritual te carga encima.

Fang Zhentian — número diez del ranking externo de la Tiexin Ge, el mismo que había mirado a Jaha con esa evaluación cargada desde el primer día en el Pabellón de Encargos — no dijo nada. Miraba hacia el territorio con los brazos cruzados. Pero la comisura de su boca se movió levemente, de la misma forma que se mueve cuando alguien escucha algo con lo que lleva tiempo de acuerdo.

Cao Feng, el discípulo de la Hoja Silente con la espada siempre en posición de extracción inmediata, no reaccionó en absoluto. Era el tipo de persona que reservaba todos sus juicios para el combate.

Jaha escuchó todo sin cambiar la expresión. La subestimación no era un insulto — era una ventaja. Una que pensaba usar con cuidado.

* * *

Las bestias llegaron antes de que el grupo terminara de organizarse.

Catorce. Salieron del interior del territorio en dos oleadas separadas por treinta segundos — la primera de ocho por el frente, la segunda de seis flanqueando desde ambos lados simultáneamente. Era una coordinación que ningún cultivador del grupo esperaba de bestias de rango dos, y ese momento de sorpresa inicial costó caro. Dos discípulos de los Vientos del Este recibieron impactos antes de poder reaccionar. Uno de los hermanos Bai quedó fuera de posición y tardó demasiado en recuperarla.

Fang Zhentian intentó tomar el control del combate desde el primer segundo. Gritó algo sobre formación defensiva con la autoridad de quien está acostumbrado a que en la Tiexin Ge su ranking signifique algo. El problema era que aquí no estaba en la Tiexin Ge, y los discípulos de tres sectas distintas que nunca habían entrenado juntos no iban a reorganizarse en mitad de un ataque porque alguien del que no sabían nada les diera una orden. Sus propios secuaces tardaron en reaccionar. Los demás directamente no lo miraron.

Ren Huo desapareció del flanco derecho sin avisar y reapareció treinta metros más adelante, habiendo eliminado una bestia él solo con una velocidad que era impresionante y completamente inútil para el grupo que acababa de perder cobertura en ese flanco.

Cao Feng no habló en ningún momento. Simplemente se movió — dos pasos, un ángulo, la espada trazando un arco que terminó en el punto exacto donde la bestia más cercana no podía defenderse. Una. Pausa. Otra. No desperdiciaba ni un movimiento.

Jaha entró en el combate de la misma forma en que había aprendido a entrar en todo — observando primero, eligiendo después. El Trazo Cortante (锋) apareció en el aire frente a una bestia que iba directa hacia Bai Chen por el flanco izquierdo, desviando el impulso del ataque sin neutralizarlo del todo — suficiente para que Bai Chen pudiera reaccionar, no suficiente para que la bestia cayera por el trazo solo. Después el Sello Silencioso (镇) dibujado sobre el suelo justo delante de otra bestia que había acumulado qi para algo — la supresión interrumpió la técnica en el momento en que ya no podía reorientarse. La bestia siguió moviéndose pero sin el ataque que iba a lanzar. Alguien de los Vientos del Este la eliminó sin saber exactamente por qué había fallado.

Jaha no reclamó ninguna de las dos. Simplemente estaba en el siguiente punto donde hacía falta.

Fue en el noveno minuto cuando el grupo estuvo a punto de perderlo del todo.

Tres bestias que habían estado en el perímetro sin atacar se lanzaron simultáneamente hacia el centro — donde los heridos habían quedado fuera de formación y donde la cobertura era más delgada. Era una lectura táctica del combate que no debería ser posible en bestias de ese nivel. Bai Shu cayó de rodillas con un impacto en el costado antes de que nadie pudiera cubrirlo. Uno de los secuaces de Fang Zhentian recibió un golpe que lo lanzó tres metros hacia atrás y no se levantó. Por casi dos minutos el grupo entero perdió el ritmo — cada cultivador respondiendo a su amenaza inmediata sin ver el conjunto, exactamente lo que las bestias habían esperado.

Jaha activó el Dominio del Lienzo (界) — el círculo de amplificación trazado en el suelo en el punto exacto del centro. Dentro de ese radio sus trazos siguientes costaban menos y golpeaban más. El Sello Silencioso (镇) simultáneo en las tres bestias del centro no las detuvo del todo pero las ralentizó lo suficiente para que el grupo tuviera margen de reorganizarse. Cao Feng cubrió el flanco de Bai Shu sin que nadie se lo pidiera. Ren Huo tardó un par de minutos en flanquear pero cuando llegó terminó con dos de las tres en el mismo movimiento.

El grupo aguantó. Pero todos sabían lo cerca que había estado de no aguantar.

El combate duró diecisiete minutos. Al final quedaban cuatro bestias huyendo hacia el interior del territorio y dieciséis cultivadores de pie — dos con heridas serias, cuatro con heridas menores. El suelo tenía marcas de técnicas de cuatro estilos distintos que nunca habían coordinado entre sí.

Ren Huo se limpió una mancha de sangre de la mejilla y miró a Jaha con una expresión diferente a la del principio. No admiración — algo más parecido a la reconsideración de alguien que acaba de darse cuenta de que había leído mal una situación.

—Para un erudito —dijo—, eres increíblemente útil en el apoyo. Hay cosas que hiciste ahí dentro que tardé en entender mientras pasaban. —Una pausa—. No es un insulto.

Cao Feng no dijo nada. Pero sus ojos se detuvieron en Jaha un momento antes de moverse al siguiente punto, con esa forma de mirar de quien acaba de añadir algo a una lista que lleva mentalmente.

* * *

El problema llegó cuando alguien preguntó cómo se repartían los méritos.

Era una pregunta legítima — la misión tenía un sistema de recompensa por bestia eliminada, y en un combate tan caótico nadie había llevado cuenta exacta de quién había matado qué. Cada secta tenía su versión. Ninguna coincidía con las demás.

—Los Vientos del Este eliminamos seis —dijo uno de los compañeros de Ren Huo.

—Cuatro —dijo Bai Shu del Yunque Blanco—. Las otras dos las interrumpimos nosotros. Sin esa interrupción no habrían caído.

—Una interrupción no es una eliminación —respondió el primero.

—En el sistema de méritos de la misión, el daño decisivo cuenta —dijo Bai Shu.

Fang Zhentian se cruzó de brazos.

—La Tiexin Ge tiene derecho a las tres del centro. Yo las vi caer bajo mis ataques.

—Bajo los tuyos y los de otros dos —dijo Ren Huo, con ese tono neutro que es más ofensivo que la hostilidad directa.

La conversación siguió en ese tono durante varios minutos. Jaha escuchó todo desde donde estaba, sentado en una roca a distancia suficiente para no parecer parte del debate. Cada secta defendiendo su versión. Cada versión ligeramente diferente a las demás en los puntos que convenían. Era la primera grieta — pequeña, manejable todavía, pero real.

Al final acordaron un reparto provisional que no dejó completamente satisfecha a ninguna parte. Ese tipo de acuerdo era peor que el desacuerdo abierto — guardaba el resentimiento para después.

Jaha se quedó al margen de todo el debate. Cuando alguien le preguntó cuántas reclamaba, dijo dos — menos de las que podría haber argumentado. Nadie discutió eso. Algunos lo miraron con algo que se parecía a la aprobación, sin entender que acababa de comprar credibilidad a un precio mínimo.

* * *

El campamento se montó cuando la luz empezó a bajar. Las sectas se separaron en sus zonas naturales — los Vientos del Este en el lado más abierto, la Tiexin Ge cerca del sendero de entrada, la Hoja Silente en el perímetro opuesto con esa preferencia por tener las espaldas cubiertas que sus practicantes desarrollaban sin pensarlo.

Jaha encontró a Lian Yue — la discípula del Ojo Inmóvil, la que llevaba la cicatriz en el cuello y había tenido su artefacto en la mano antes que nadie — donde esperaba encontrarla: en el borde del campamento, mirando el interior del territorio con esa atención que no era visual sino de otra cosa. No buscaba peligro. Leía.

Se acercó y se sentó a su lado sin pedir permiso. Ella no se movió.

El silencio duró suficiente para que fuera cómodo. Eso en sí mismo era información — la mayoría de personas llenaban el silencio cuando alguien desconocido se sentaba cerca. Lian Yue no.

—Las bestias estaban coordinadas —dijo Jaha finalmente.

—Sí —dijo ella.

—Demasiado para su rango.

Ella giró levemente la cabeza hacia él. No del todo — lo suficiente para mirarlo de reojo.

—¿Cuánto tiempo llevas notando esas cosas? —preguntó.

—¿Cuánto tiempo llevas tú notando lo que notas? —respondió Jaha.

Lian Yue volvió a mirar al frente. Algo en la comisura de su boca sugirió que eso le había parecido una respuesta aceptable.

—El territorio tiene algo —dijo después de un momento—. Las bestias no están aquí por instinto.

—No —dijo Jaha.

—¿Sabes qué es?

—Todavía no. —Era verdad a medias. Tenía una hipótesis suficientemente sólida para actuar sobre ella, pero Lian Yue no necesitaba saber eso—. ¿Y tú?

Ella tardó más en responder esta vez. Miraba en una dirección específica — no el centro visible del territorio sino algo ligeramente al noreste, donde los árboles eran más densos y el qi tenía una densidad diferente que Jaha había notado pero no podido ubicar con precisión.

—Hay una concentración —dijo finalmente—. De qi. Muy densa. Más profundo.

Lo dijo en voz baja. No porque le importara que alguien lo escuchara — el campamento estaba demasiado lejos para eso. Sino porque era el tipo de información que se dice despacio, con el peso que merece.

—¿Cuánto profundo? —preguntó Jaha.

—Medio día de camino. Quizás menos.

Jaha asintió. No preguntó más. Lian Yue tampoco añadió más.

—Pronto va a ser diferente —dijo.

Jaha asintió. Era suficiente por ahora.

Se levantó y volvió al campamento dejándola sola. En ese intercambio ninguno de los dos había revelado lo que sabía de verdad. Pero ahora los dos sabían que el otro guardaba algo, y eso era el inicio de un tipo de conversación diferente.

* * *

Esa noche Fang Zhentian intentó algo que Jaha había anticipado — reunir a los de la Tiexin Ge aparte para hablar de estrategia para el día siguiente, usando ese momento para posicionarse como voz del grupo ante las otras sectas sin que nadie se lo hubiera pedido.

Ren Huo lo interrumpió antes de que terminara de empezar.

—Esta misión no tiene líder designado —dijo, desde donde estaba sin moverse—. Cada secta toma sus decisiones.

No era hostilidad. Era simplemente la realidad del sistema de misiones conjuntas, enunciada en voz alta en el momento menos conveniente para Fang Zhentian. La diferencia entre los dos era visible — Ren Huo no necesitaba el reconocimiento. Fang Zhentian lo necesitaba demasiado.

Fang Zhentian no respondió. Pero la forma en que miró a los suyos después decía que eso no había terminado.

Jaha observó todo desde su sitio y después cerró los ojos.

La sesión de la Forja Absoluta del Ser llegó sola, como llegaba cada noche. Pero esta vez había algo diferente — el cuerpo todavía cargaba el peso del combate de esa tarde, los músculos con esa tensión específica que produce haber sido exigido de verdad. La presión de la Forja encontró ese estado y lo amplificó. La segunda capa se sentía más cerca que nunca — no como posibilidad sino como inevitabilidad. El cuerpo sabía que podía, y resistía porque todavía no había llegado el momento.

Jaha sostuvo la presión hasta que el amanecer empezó a filtrar luz por el horizonte.

Necesitaba un combate más. Uno de verdad, donde el cuerpo llegara al límite real. La misión tenía que dárselo — y todo lo que había visto ese día le decía que mañana habría algo capaz de hacerlo.

Fin del Capítulo 31

El amanecer llegó con más silencio del que debería haber.

No era el silencio de la noche anterior. Era otro — el de un lugar que ha retirado algo. Las bestias que habían huido al final del primer combate no habían vuelto. Ningún movimiento en el perímetro, ningún sonido desde el interior del bosque. Solo los árboles sin hojas y el qi que se sentía más pesado con cada hora.

Fang Zhentian lo interpretó como lo que le convenía interpretar.

—Las bestias de ayer se retiraron —dijo, con el tono de quien constata una victoria—. El camino al interior está despejado.

Ren Huo lo miró un momento sin responder. Cao Feng ajustó la posición de su espada de una forma que no era casual. Lian Yue tenía los ojos en el noreste desde que había amanecido. Jaha no dijo nada.

El grupo avanzó.

El qi en el sendero era más denso con cada paso. El suelo había cambiado — más blando, como si la energía acumulada durante décadas lo hubiera modificado desde dentro. La luz llegaba filtrada y tenue. Respirar se sentía diferente.

Jaha caminaba observando a Lian Yue mientras ella observaba el noreste. Nadie lo observaba a él. Le venía bien.

Ren Huo — velocidad y ego, tan predecible en lo segundo como en lo primero. Cao Feng — frío y eficiente, se mueve por lógica no por emoción. Los hermanos Bai — una sola unidad, separados no son nada. Fang Zhentian — fuerza real, pero necesita que alguien lo vea usarla. Y Lian Yue, que valía más que todos los demás juntos porque tenía información y ningún poder para defenderla. Cada pieza en su lugar. Cada debilidad visible.

* * *

Las bestias los encontraron cuando llevaban dos horas de marcha.

Las siete. Seis de nivel avanzado y una que Jaha distinguió de inmediato — más grande, con un qi más denso, con esa forma de moverse que tienen las cosas que saben que son peligrosas y no necesitan demostrarlo todavía.

Las seis avanzadas se abrieron primero — tres a la izquierda, tres a la derecha — cortando las rutas de retirada hacia los flancos antes de que el grupo terminara de posicionarse. La bestia grande se quedó atrás, en el centro, esperando. No era instinto. Era táctica. Y esa táctica venía de algún lugar más profundo en el territorio, de algo que las dirigía sin aparecer.

—La grande es mía —dijo Fang Zhentian, avanzando sin esperar respuesta.

Nadie le discutió. Nadie quería enfrentarla.

Las seis avanzadas atacaron al mismo tiempo. El grupo respondió como siempre — cada uno a lo suyo, sin coordinación real. Los discípulos de menor nivel se llevaron la peor parte: uno de los compañeros de Bai Shu cayó en los primeros minutos con un impacto en el pecho, dos de los Vientos del Este quedaron fuera de posición cubriendo flancos que nadie más cubría.

Ren Huo desapareció del flanco derecho sin avisar.

Tres minutos después estaba en el extremo opuesto del combate, donde dos bestias habían acorralado a un discípulo de la Tiexin Ge sin que nadie pudiera llegar. La velocidad que desplegó no era solo rapidez — era la reescritura de la distancia entre dos puntos. Las dos bestias cayeron antes de poder reorientarse. El discípulo lo miró con la expresión de quien acaba de ser salvado por alguien que no le debe nada y no sabe cómo procesar eso.

Cao Feng no se detuvo a mirar nada. Dos bestias en su zona — un ángulo, dos movimientos, ninguno de más. Cuando terminó con las suyas buscó la siguiente amenaza y se movió hacia ella sin pausa.

Fang Zhentian y la bestia grande llevaban varios minutos en un intercambio que no se parecía a los combates del día anterior. Cada golpe de martillo que él lanzaba, ella lo absorbía distribuyendo la fuerza en lugar de resistirla. No cedía terreno pero tampoco avanzaba. Lo estaba midiendo. El número diez del ranking externo empujaba con todo el Cuerpo de Hierro y la bestia no caía — eso decía más sobre el nivel de lo que enfrentaban que cualquier descripción.

Jaha trabajó los flancos. El Trazo Cortante (锋) desviando ataques que iban a conectar con cultivadores que no habían visto el peligro. El Sello Silencioso (镇) interrumpiendo acumulaciones de qi justo antes de que se activaran. El Dominio del Lienzo (界) dibujado en el centro del combate, amplificando el efecto de cada trazo dentro de ese radio. Nada espectacular. Solo que los demás rendían más de lo que habrían rendido solos, sin saber exactamente por qué.

Entonces Aethon habló desde adentro.

—La grande va a cambiar de objetivo.

Jaha lo vio medio segundo después de sentirlo — la bestia dejó de medir a Fang Zhentian y giró hacia los cultivadores más desgastados del perímetro. Una lectura fría del campo: eliminar los recursos antes que al combatiente principal.

—¡Flanco izquierdo!

Cao Feng ya se movía. Ren Huo llegó desde el ángulo opuesto dos minutos después. Fang Zhentian aprovechó que la bestia había girado y lanzó el golpe más potente de toda la pelea — el martillo con todo el qi del Cuerpo de Hierro concentrado en un punto. El impacto no solo sacudió a la bestia. El suelo se fracturó bajo ella en un radio de tres pasos, y por un instante el qi del territorio respondió desde abajo como si algo más profundo hubiera sido rozado — una vibración breve que subió por las plantas de los pies de todos los que estaban cerca y que no tenía nada que ver con el combate. La bestia retrocedió. El suelo siguió vibrando levemente durante varios segundos.

Lo que siguió no fue elegante. Cuatro cultivadores atacando desde ángulos distintos sin coordinación real, chocando entre sí por el espacio, cada uno buscando el mérito de la eliminación. La bestia recibió impactos de tres estilos que no tenían lógica conjunta y siguió resistiendo más de lo que debería. Cuando cayó, lo hizo por acumulación, sin que nadie pudiera señalar un golpe decisivo.

Nadie lo dijo en voz alta. Pero todos sabían lo cerca que había estado.

* * *

El grupo se detuvo. Tres fuera de combate, cinco con heridas que limitarían su capacidad al día siguiente.

Jaha se alejó lo suficiente para tener silencio y habló hacia adentro.

—La coordinación de esas bestias no tiene sentido para su nivel.

—Porque no viene de ellas —respondió Aethon—. Hay algo más adentro que las dirige. Con inteligencia real. Con lectura del campo de batalla.

—El guardián.

—Sí. Pero lo que más me interesa no es el guardián. —Una pausa—. Lo que hay en el centro de este territorio no es una concentración ordinaria. El qi tiene capas — la superficial es lo que todos sienten, energía acumulada y densa. Debajo hay algo más antiguo. Qi primordial cristalizado. El tipo de material que tarda siglos en formarse y que los imperios llevan generaciones buscando sin encontrar.

Jaha miró al grupo mientras escuchaba. Los heridos atendidos, Fang Zhentian hablando en voz baja con sus secuaces, Ren Huo sentado solo recalculando algo, Cao Feng con los ojos cerrados y la espada en las rodillas.

Diecisiete cálculos distintos. Cuando vieran el nodo, todos iban a converger en uno solo. El instinto cultivador haría la mitad del trabajo sin que Jaha moviera un dedo — nadie en ese territorio iba a renunciar a algo de ese valor por lealtad a una misión que ya había dejado de importar. La pregunta no era si el grupo se rompería. Era cuándo y en qué orden. Y quien controlara el orden controlaba el resultado.

El guardián dirigía su manada desde atrás sin aparecer nunca. La fuerza que no se ve no puede ser anticipada.

Había algo en esa lógica que Jaha reconocía como propio.

—¿Nivel del guardián? —preguntó hacia adentro.

—Tres inicial —dijo Aethon—. Suficiente para hablar si quisiera. Suficiente para haber dirigido cada ataque que recibieron desde el primer día.

Jaha volvió al grupo sin decir más.

* * *

Tardaron otra hora en llegar al perímetro.

El cambio no fue un momento — fue una acumulación. El qi espesándose hasta dejar de ser ambiental. La luz entre los árboles con un tono diferente. El suelo brillando levemente, saturado de energía hasta que la había modificado.

Y entonces lo vieron.

En un claro donde los árboles habían crecido hacia afuera formando un círculo, el qi primordial estaba cristalizado en una formación del tamaño de un hombre. Orgánica, viva, con capas que se superponían y brillaban con una luz que no venía de ninguna fuente. El aire alrededor tenía una pureza que hacía que todo lo que habían respirado antes pareciera agua comparado con vino.

El qi en los meridianos de Jaha se movió por sí solo — no por su voluntad, sino como si el cuerpo reconociera algo que la mente todavía estaba procesando. La Forja Absoluta respondió desde adentro, la segunda capa vibrando levemente como si la energía del claro la llamara.

Nadie habló.

No por acuerdo — porque el lugar lo imponía. Uno de los discípulos de los Vientos del Este dio un paso involuntario hacia el cristal y se detuvo sin saber exactamente por qué se había movido. Otro apretó su arma con una fuerza que blanqueó los nudillos. Alguien contuvo la respiración y no la soltó durante un tiempo que fue demasiado largo. Dieciocho cultivadores de tres sectas distintas, con sus rivalidades y sus resentimientos de dos días, quietos al mismo tiempo mirando lo mismo.

No hacía falta saber el nombre técnico. El instinto cultivador lo reconoce de inmediato — algo que no debería existir en el mundo ordinario, que las grandes sectas llevan generaciones buscando y que los imperios han comenzado guerras por obtener en cantidades menores.

Ninguno de ellos había visto algo así antes. Ninguno de ellos iba a marcharse sin intentarlo.

Jaha los fue leyendo uno a uno. Ren Huo fue el primero en terminar el cálculo — rápido en todo, incluyendo esto. Cao Feng el segundo, con la misma economía que ponía en el combate. Lian Yue ya lo había hecho antes de llegar. Fang Zhentian tardó más — necesitaba que la imagen de liderazgo que llevaba construyendo dos días sobreviviera al cálculo, y esas dos cosas no encajaban bien. Cuando llegó, apretó el mango del martillo y no lo soltó.

Todos pensaban lo mismo. Todos sabían que los demás pensaban lo mismo. Era el silencio que precede a las guerras — no de palabras, ese otro, el de antes, donde todos ya decidieron y solo esperan que alguien mueva primero.

Jaha no iba a mover primero. Nunca era el primero en mover.

Fue entonces cuando llegó lo otro.

No del cristal. Del interior del bosque. Una presión de qi diferente a todo lo que habían sentido — no energía acumulada sino algo vivo, con peso y con intención. Algo que llevaba ahí mucho tiempo y que había decidido reducir la distancia.

Dieciocho cultivadores lo sintieron al mismo tiempo. Ninguno se movió.

El guardián estaba más cerca de lo que cualquiera había esperado.

Fin del Capítulo 32

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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